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IN THE HOUSE OF FLIES / Canadá / 2012
Golfos y golfas, comienza NOCTURNA, el recién parido Festival de Cine Fantástico de Madrid. NOCTURNA en su primera edición apuesta claramente por un perfil serie B en detrimento de grandes títulos. Excepto su inauguración y clausura, de carácter mucho más mainstream, con la regulera SILENT HILL REVELATION 3D (de la que ya cayó reseña por estos lares) y la esperada nueva propuesta de James Wan, THE CONJURING, todo el grueso de la programación nos invita a bucear por las procelosas aguas del fantastique independiente, ese tipo de películas cuya única oportunidad de ver en pantalla grande es un festival como éste. Y con el valor añadido de que, como aperitivo a cada pase, se nos regala un cortometraje. Tras el curioso y jodidamente abstracto corto IN BETWEEN, un sincero homenaje al maestro H. P. Lovecraft con protagonista inglés rodado en Toledo, arrancamos con IN THE HOUSE OF FLIES, que arrastra cierto hype que, posiblemente y como suele ocurrir, juegue en su contra por las exageradas expectativas creadas. Anunciada como una revolución en el trillado subgénero del torture porn (que no, no se lo inventó la saga SAW, aunque sí lo popularizó a nivel planetario), la opera prima del canadiense Gabriel Carrer se desvincula por completo de la representación de la tortura como pueril espectáculo (que se lo digan a bodrios como HOSTEL y derivados) y se zambulle en las turbulentas aguas de la psicología extrema. Tras un desconcertante prólogo cien por cien ochentero, mazazo en la base del cráneo del respetable y despertamos encerrados en un sótano mugriento. Otra vez. Carrer no pretende desligarse demasiado del qué, puesto que el desarrollo de los acontecimientos se adivina desde los primeros minutos, pero sí toma las riendas del cómo con un plus de elegancia y sabiduría en la puesta en escena (magnífico el partido visual que saca de un espacio tan reducido y la hermosa fotografía) que exprime sus minimalistas recursos hasta el final. No se regodea en exceso en los elementos más duros y escabrosos (que los hay) y trata esta brutal historia hasta con cierto hálito de pudor, respetando a sus dos criaturas en vez de convertirlas en carne para la picadora. Si Carrer desestima el camino fácil, que discurre por lo explícito, pone énfasis en el sórdido juego psicológico que el psicópata se trae con sus víctimas, destilado hasta sus elementos más esenciales: una voz en un teléfono, y nada más. Y funciona. Logramos sentir verdadera aversión por este tipo sin cara ni nombre (¡con la voz de Henry Rollins, señoras y señores!) a la par que la situación, cada vez más degradada, consigue tensar los nervios. Los abundantes planos cortos acentúan la claustrofobia y la sensación de asfixia va in crescendo poco a poco. Lástima que la resolución de la película sea más bien facilona y que su proverbial susto final, tan ochentero por otra parte, no aporte gran cosa. Sin ser la maravilla que muchos jalean, ni el bodrio insufrible que otros anuncian, IN THE HOUSE OF FLIES es un digno ejercicio de suspense extremo que da sopapos de calidad a muchos otros ejemplos del género, pero que tampoco consigue escalar a los altares de lo inolvidable porque, en el fondo, le falta un plus de riesgo y empuje. Interesante.

Rollins "the voice" y Gabriel, maquinando

- Lo mejor: su apuesta por la contención, la sobriedad y hasta cierto pudor en tan terrible historia

- Lo peor: raspando su cuidada factura, nada nuevo bajo el sol

  CABEZAS





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