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REC / España / 2007
Directores: Jaume Balagueró y Paco Plaza
Guión: Jaume Balagueró y Jordi Galcerán
Producción: Julio Fernández para Filmax
Fotografía: Pablo Rosso
Montaje: David Gallart
Dirección Artística: Gemma Fauria
Intérpretes: Manuela Velasco, Ferrán Terraza, Jorge Serrano, Pablo Rosso, David Vert, Akemi Goto



Una edición de ESPAÑA DIRECTO de hora y media en Barcelona (y que me perdonen los amigos independentistas, pero la película está rodada en español). Una intrépida reportera con ganas de comerse el mundo mientras busca su mejor perfil. Un cámara-ente infatigable al que jamás veremos el rostro, pero que son nuestros ojos y nuestra voz. Un grupo de fornidos bomberos, hormonando primero, gritando después, desagrándose al fin. Un viejo edificio en el Rabal barcelonés a punto de descomponerse. El vecindario encerrado en su colmena, zumbando arriba y abajo, huyendo del horror cotidiano. La rabia. Las inyecciones. Los alaridos. La sangre. El ático. La niña Medeiros...

El fotomatón del puto infierno

Sexta película firmada por Jaume Balagueró y segunda colaboración con su colega Paco Plaza tras ese otro docudrama de terror de encargo, OPERACIÓN TRIUNFO: LA PELÍCULA, documental que, curiosamente, parece mucho más falso e impostado que este [REC] que nos ocupa. Alerta con lo que pasa a su alrededor y bien consciente de lo que se cuece en el mundo audiovisual ahora mismo, el catalán calvo de mirada torva y su cómplice barbudo agarran THE BLAIR WITCH PROJECT como base ideológica, el formato televisivo sección sucesos "en directo" como base formal y la saga 28 DAYS LATER como excusa genérica para mantenernos pegados a la butaca a base de incertidumbre, tensión, distanciamiento irónico y, sobre todo, por un certero y contundente directo a la mandíbula final que rubrica una victoria contra el espectador por un certero K.O. in extremis que le deja a uno temblando mientras los créditos se suceden rockanroleando en la pantalla negra.


La superabuela en acción

Rodada de tapadillo en Barna en escenarios naturales (convenientemenete retocados para la ocasión, of course), con un ridículo presupuesto de 1,5 millones de euros, escaso hasta para los estándares nacionales, un plantel de actores desconocidos (= baratos) para la gran masa que acoquina en taquilla, y un trailer que no muestra una sola imagen de la película, resulta que junto con EL ORFANATO (ambas de género, recuerden), REC ha salvado la recaudación patria este año estrenándose a finales de noviembre tras su fulgurante y sorpresivo paso por Sitges, donde ya le compraron los derechos para EEUU, tratando de sobrevivir a esa huelga de guionistas. Dos películas de terror en la cumbre de la taquilla española. Una, vibrante, eléctrica, arriesgada y postmoderna (3 míseras nominaciones a los Goya); la otra, un debut clasicote y previsible, pero honesto (14 nominaciones a los Goya). Es evidente: las apuestas comerciales de calidad aquí también venden y atraen al público digan lo que digan los más agoreros que se pasan la vida llorando por las esquinas porque nadie quiere ver "cine español". ¿Logrará algún proyecto de género trincar esas subvenciones tan cacareadas de la nueva Ley del Cine? ¿Las "grandes firmas" de la crítica continuarán ninguneando el género para regocijo de gafapastas cuarentones? ¿Seguirá LOS CRONOCRÍMENES, ópera prima del geniecillo Nacho Vigalondo, sin encontrar distribución en España a pesar de dejar alucinado al respetable allá donde se estrena?


Paco, Manuela y Jaume: culpables

Regresando al infierno, cuanto menos se sepa de [REC] cuando uno entra en la sala, mucho mejor. Remarco: la sala. Si bien el formato imita al televisivo, a la telerrealidad, el disfrute colectivo en pantalla grande resulta grandioso. Tal es el grado de verosimilitud y autenticidad que logra todo el equipo de esta película que un tipo algo constreñido comentaba a la salida: "Al principio pensaba que me había equivocado de sala"... y efectivamente. Si los 20 minutos iniciales pasarían por un publireportaje sobre el cuerpo de bomberos (tal cual), el resto es una versión hardcore con premeditación, alevosía y nocturnidad de un hipotético "Sucedió en Barcelona", un juguete metaligüístico con muy pocas fisuras, fabricado con pasión, empuje, mala leche, sabiduría cinematográfica y un aura de diversión retorcida y sórdida que trasciende la pantalla. La apariencia de verdad, que es el armazón de este edificio, se mantiene casi todo el metraje, algo digno de elogio, y los momentos en los que el invento chirría son muy puntuales (algún griterío colectivo, algún secundario poco afortunado y alguna caída de ritmo). Por lo demás, elogios sin fin para Manuela Velasco, chiquilla televisiva con origen en los 40 Principales y que ahora se pasea por las teleseries de moda, que aquí se curra un trabajo que supura verdad, energía y naturalidad en todos sus matices, que los tiene, y que hace imposible la tarea de separar lo que estuvo escrito en guión y lo que fue pura improvisación (que presupongo mucha dada la naturaleza del proyecto). Ella es capaz de componer un personaje tan enérgico y vital como ansioso de carnaza, basculando en todo momento entre la identificación con el espectador y su repulsa. Vitoreos para todo el equipo técnico, que logra crear la atmósfera precisa, desde la iluminación hasta la dirección artística y el sonido, cuyo tour de force sin duda está en el ático. Y, por supuesto, enajenación y alaridos entusiastas para el tándem Balagueró/Plaza, que han sabido levantar codo con codo un proyecto insólito en el panorama español, un pequeño juguete aterrador que, además, acaba por confluir de pleno con las obsesiones estilísticas del señor Balagueró, en especial en su última secuencia, una apoteosis de terror puro y texturas sórdidas en la oscuridad, 10 minutos finales prodigiosos que por sí solos merecen el visionado de este auténtico perro verde del cine español. Esta peli es la caña, amigos.

"Grábalo todo Pablo, grábalo, por tu puta madre"

- Lo mejor: el planteamiento, Manuela y la secuencia final, por la gloria de mi madre!

- Lo peor: alguna caída de intensidad a mitad de la función, algún "testimonio" que chirría y todo lo relativo al asedio exterior, bastante cutre

CABEZAS


VACANCY / EE.UU. / 2007
Dirección: Nimród Antal
Guión: Mark L. Smith
Producción: Hal Lieberman
Música: Paul Haslinger
Fotografía: Andrzej Sekula
Montaje: Armen Minasian
Diseño de producción: Jon Gary Steele
Vestuario: Maya Liebermen
Interpretación: Luke Wilson (David Fox), Kate Beckinsale (Amy Fox), Frank Whaley (Mason), Ethan Embry (mecánico)


Sin que sirva de precedente, Sesión Golfa presenta hoy una película de estreno, para que luego murmuren las lenguas viperinas sobre el caos espacio-temporal que reina en este blog. El caso es que VACANCY, título original de HABITACIÓN SIN SALIDA (cuyo eslogan, en un alarde de imaginación, reza: "Cuando entras, no hay escape"), VACANCY digo, es otra de terror que, de no ser por esa neurona excéntrica que habita en las mentes de algunos distribuidores, habría terminado en la estantería de algún videoclub (si es que queda alguno en pie), sección "Estreno en DVD".



Pretendo que este comentario sea un pequeño homenaje a la no-genialidad. No a la mediocridad ni a la insipidez, sino al buen oficio y al perfil artesano sin estridencias a la hora de narrar historias, sin mirar su género. Por ahí han encuadrado VACANCY como una muestra más de gorno, un palabro que un crítico beodo tartamudeó en algún garito de L.A. tratando de fusionar porno y gore, y que hace referencia a esa tendencia de cierto sector del terror actual (yanqui sobre todo) obsesinado con las torturas explícitas, el regodeo en la casquería gratuita y la mitología snuff como esqueleto argumental de cosas ingeniosas y entretenidas como SAW, de mediocridades presincibles como SAW 2, 3 y 4, y de excrementos audiovisuales de la catadura de HOSTEL 1 y 2. Si quieren gorno de verdad, busquen alguna cosa de los 80 (¿dirigida por Andrew Blake?) donde un Rocco Sifredi cubierto por toneladas de látex daba un nuevo significado a la expresión "cuando el Diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo".





Para no variar, nos engañan. VACANCY tiene bien poco de gore, las torturas están tratadas de una forma elíptica mayormente, y lo más desagradable queda sugerido, nunca explicitado. Cómo mola poner etiquetas, ¿eh? En realidad la película busca un tipo de terror más cercano al suspense ortodoxo y a las formas clásicas y elegantes sin demasiadas estridencias, algo que sin duda juega a su favor y la distingue de la avalancha de supuestos gornos y survival-horrors que nos invaden, llenos de casquería barata y directorcetes videocliperos que se creen el sumum de la originalidad. VACANCY es una digna muestra de saber hacer y buena planificación, actuación y puesta en escena, reforzado por un guión resultón (con sus agujeros, claro) y, ¡oh sorpresa!, una buena construcción de personajes (la pareja protagonista) y diálogos precisos. ¿El pretexto argumental? Nada del otro mundo, pero tan sencillo y transparente que llama la atención: pareja en crisis a punto de divorciarse cruza los EE.UU. por carreteras secundarias (¿por qué esa obsesión generalizada?) para asistir a una última cena familiar como marido y mujer. El coche se jode en medio de la nada, por supuesto, y si la existencia humana se moviese por la lógica, ambos hubiesen preferido pasar la noche en un estercolero radiactivo antes que en ESE motel regentado por ESE encargado. Una vez en la habitación (recuerden la fastuosa traducción española), la pareja descubre que: A) las películas de video de encima del televisor no se estrenarían nunca en unos multicines, B) si salen de la habitación se van a convertir en el ingrediente secreto del escabeche texano y C) en medio de los alaridos, su amor mutuo se va a reforzar en esta dantesca situación.



Nada nuevo sobre la faz de la tierra, un argumento que a priori puede dar lugar a dos tipo de películas: las buenas y las malas. VACANCY es de las buenas, gracias sobre todo a la precisa y elegante labor tras las cámaras del húngaro Nimrod Antal, otro de los directores europeos que la industria yanqui está fagocitando sin piedad para algarabía y regocijo de los fans del terror yanquis (y por ende mundial). El tipo sabe perfectamente cómo dosificar la intriga y cómo crear suspense y tensión, sí, tensión, ese palabro tan olvidado por los directores de género actuales, más preocupados en filmar videoclips a base de hachazos que otra cosa. Puestos a inspirarse (y a copiar, ¡claro que sí!), mucho mejor utilizar a Hitchcock y su mítico motel regentado por Norman Bates que a la MTV. Y si además trata con respeto a sus criaturas, que, ¡albricias!, esta vez no son un par de adolescentes imbéciles que llevan el "mátame" grabado en la frente, sino una pareja de seres humanos con un mínimo de profundidad psicológica, mejor que mejor. Aunque amigos, esto no es MACBETH, nunca lo olvideis. No hay que cometer el error de reprocharle a una buena tortilla de patatas que no es una delicatessen de angulas. Lo dicho, la chiquitina Kate Beckinsale se aleja de sus papeles de vampiras/action-womans con las que últimamente nos venía dando la vara (LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS, VAN HELSING, las UNDERWORLD) y sale airosa del envite, aunque por momentos le cuesta desprenderse de esa constante mueca de estar oliendo a heces. Luke Wilson tiene la suerte de no ser su hermano Owen, lo que le permite abandonar el registro cómico inherente a sus genes y componer un personaje resultón y con un agradable tono de "hombre corriente", al que por fin las hostias le duelen. Los que esperen sorpresita final o explicación rocambolesca de los hechos se van a quedar con un palmo de narices. Y además es breve y concisa (85 minutos). Puf, gracias señor guionista.

- Lo mejor: su falta de pretensiones y la exquisita planificación de secuencias de Antal, que domina el oficio
- Lo peor: originalidad cero, sólo para amantes del género


CABEZAS