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NON SI DEVE PROFANARE IL SONNO DEI MORTI
España-Italia / 1974
- Dirección: Jorge Grau
- Guión: Juan Cobos, Sandro Continenza y Marcello Coscia
- Música: Giuliano Sorgini
- Fotografía: Francisco Sempere
- FX de maquillaje: Giannetto De Rossi
- Intérpretes: Ray Lovelock, Cristina Galbó, Arthur Kennedy, Jeannine Mestre, José Lifante, Fernando Hilbeck, Aldo Messasso


El tiempo es el único juez imparcial. Tras su necesaria recuperación en Barcelona por la gente de El Buque Maldito, el miércoles pasado tuvimos, al fin, la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de este pequeño clásico del fantaterror español, que ha pasado del olvido más absoluto a un potente estatus de culto que sigue creciendo (sobre todo fuera). Además, gracias al equipo de Artistic Metropol, Jorge Grau recibió en persona su "Butaca de Honor" y, de postre, pudimos ver BACK TO THE MORGUE, un curioso documental sobre el rodaje de la película guiado por el propio Grau con interesantes (y alcoholicas) anéctodas, incluido en los extras de la edición inglesa del Bluray de la película. Porque, amigos, esta joyita no se ha editado todavía en condiciones en España, así de triste, así de lamentable. Francotirador todoterreno, famoso en su día por haber dirigido el primer desnudo integral del cine español (la Cantudo en LA TRASTIENDA), Jorge Grau es uno de tantos cineastas ninguneados (por no decir despreciados) por la elitista y algo cegata crítica de la época (que no por el público). 

Grau, escoltado por la gente del Artistic Metropol y El Buque Maldito

Sin más problemas ni análisis, NO PROFANAR..., coproducción italo-española, acabó en el mismo saco que todos esos subproductos pestilentes (y tan divertidos) que surgieron a raíz de la fundacional LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES del visionario Romero. Y, francamente, no se lo merece. Además de ser una de las primeras exploit del mítico título romeriano (si no la primera), por estilo y pretensiones la película de Grau está a años luz de la caterva de enfermos italianos. Aunque con carencias, NO PROFANAR... es una película insólita en el subgénero zombie, principalmente por su tremenda elegancia en la puesta en escena y su interesante tratamiento del color. Jorge Grau se trabajó muy mucho la paleta cromática de la película, jugando con el contraste entre los intensos rojos de la amenaza (la máquina experimental, los ojos de los muertos) y los hermosos verdes de la espectacular campiña inglesa, de una belleza inaudita en este tipo de films. Además de rendir tributo, lógicamente, a la opera prima de George A. Romero, NO PROFANAR... también reivindica cierto clasicismo gótico muy anterior a la irrupción de los zombies (el asfixiante ataque en la cripta podría estar en una novela de vampiros, una fantástica set-piece que justifica por sí sola el visionado de la película) y, sobre todo, el subtexto ecológico que impregna toda la función y que queda plasmado en la magnífica secuencia de apertura.


Sin embargo, lo más flojo de la peli lo traen las interpretaciones. El rubiales guaperas protagonista es poco más que una percha resultona, la chica-comparsa es una actriz terrible, y el tremendo policía que interpreta Arthur Kennedy, visto hoy, sólo puede provocar la carcajada. También sufre NO PROFANAR... de un ritmo un tanto errático en el que algunos apuntes magníficos se acaban diluyendo en la trama (la hermana adicta a la heroína) y, como epílogo, uno de esos finales postizos tan absurdos como descacharrantes. Nos queda pues una película honesta y estéticamente hermosa, dirigida con oficio y destellos de puro talento, una discreta delicia para los que amamos tanto el género en su vertiente más clásica (aquí nada de zombies atletas plusmarquistas: ellos a su ritmo comatoso y con los brazos extendidos) como las hechuras inconfundibles del cine de los setenta (ese Mini azul a toda leche por las carreteras rurales). Ni redonda ni perfecta, NO PROFANAR... es el ejemplo palmario de un tipo de cine despreciado en su momento que, al fin, ha encontrado su hueco entre los fans, con ese inimitable aroma y tempo narrativo tan difícil de encontrar hoy día en el cine de género, donde (casi) todo es nervio, velocidad y confusión. I wish the dead come back to life, you bastard, so then i could kill you again.



PD: siguiendo la costumbre de la época, podéis encontrar esta película por tal cantidad de títulos distintos que roza el delirio. NON SI DEVE PROFANAR EIL SONNO DEI MORTI y DA DOVE VIENI? para Italia. THE LIVING DEAD AT THE MANCHESTER MORGUE y LET SLEEPING CORPSES DIE para el mercado angloparlante. MASSACRE DES MORTS-VIVANTS para Francia. INVASION DER ZOMBIES para los alemanes. DEJEN QUE LOS MUERTOS DUERMAN para Latinoamérica y todavía un largo etc... Hasta Grau confiesa que ni siquiera sabe cómo se titula en Japón. Cosas de Mondo Zombie.


- Lo mejor: su estilazo, estética, honestidad y respeto a sus referentes, y que Grau, cuarenta años después, esté recibiendo el reconocimiento que merece por esta película

- Lo peor: el bajo nivel interpretativo general

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THE LAST STAND/EEUU/2013
Dijo que volvería... y ha vuelto. El viejo zorro, Swarzie es un tipo listo, siempre lo ha sido. Para THE LAST STAND, su regreso a lo que mejor sabe hacer, sin experimentos rarunos y apostando por lo seguro, ha logrado que el (previsible) desembarco norteamericano del prestigioso Kim Ji-woon sea a su mayor gloria, que no es poco. THE LAST STAND, quizás precisamente por la mirada algo naif del coreano, sorprende por la pureza de su propuesta, un cine de acción destilado en barrica ochentera con estructura de western, una especie de RIO BRAVO contemporáneo a lo bruto. Kim Ji-woon opta por una planificación transparente sin perder garra y sin abrumar al espectador, lejos de los montajes sincopados y lobotomizantes que tanto se llevan ahora en el cine de acción, en el que la confusión prima sobre la comprensión de qué coño está pasando en pantalla. Coreografía las agradecidas secuencias de acción con claridad y elegancia, utilizando los más clásicos resortes del western y deja aire a la historia, entretejida con calma pero sin pausa, dejando respirar a la película en los diálogos, en los que el viejo Swarzie está especialmente convincente y ajado, con ese tono entre solemne e irónico que tan bien domina este estupendo actor de un sólo registro. Arnold asume su madurez con gracia, y, por primera vez, la mole austriaca se mueve cansina y torpe, y las ostias y los tiros duelen. Una lástima que todo lo que rodea a este divertido circo de tres pistas funcione con el piloto automático a causa de un guión que es pura fórmula, ya que es gracias a la magnífica labor de su realizador y al carisma de su protagonista que THE LAST STAND se levanta por encima de la media y resulta un digno y honesto espectáculo que reivindica ese tipo de cine palomitero sin prejuicios que tanto hemos mamado. Aunque un poco más de ambición no le hubiese venido mal. Seguramente y salvando las distancias, lo más cerca que ha estado nunca Schwarzenegger de tener su SIN PERDÓN personal. 

- Lo mejor: su aromática mixtura entre la vibrante acción ochentera y las hechuras del western crepuscular

- Lo peor: previsible de principio a fin, cero sorpresas

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THE LORDS OF SALEM / EEUU / 2012
- Dirección y Guión: Rob Zombie
- Producción: Jason Blum, Andy Gould, Oren Peli, Rob Zombie
- Fotografía: Brandon Trost
- Montaje: Glenn Garland
- Música: John 5 y Griffin Boice
- Vestuario: Leah Butler
- Maquillaje: Michelle Denering, Wayne Toth
- Intérpretes: Sheri Moon Zombie, Bruce Davison, Jeff Daniel Phillips, Judy Geeson, Meg Foster, Patricia Quinn, Dee Wallace, Ken Foree, Maria Conchita Alonso
Rob Zombie tenía THE LORDS OF SALEM dando vueltas por su cerebro desde hace más de seis años. Esa paranoia obsesiva que cualquier realizador con mirada propia suele guardar en un cajón y que Zombie no pudo concretar hasta 2012, gracias al apoyo financiero de la productora de Oren Peli (PARANORMAL ACTIVITY, mayormente), que a la chita callando está levantando proyectos tan baratos como interesantes (pienso en INSIDIOUS, SINISTER o THE BAY). Finalmente, con un ridículo presupuesto de dos millones de dólares, el amigo Zombie logra estrenar su (ya) sexta película, y de paso marcar a fuego un punto de inflexión en su deslumbrante filmografía. Aunque sus dos HALLOWEEN eran  en origen películas "de encargo", Rob supo dejar su marca personal con convicción en cada una de ellas (sobre todo en la muy radical, animal y arriesgada HALLOWEEN II) y se quedó como dios con la desopilante y cafre THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO. Como siempre ha hecho lo que le ha venido en gana y como le ha apetecido, THE LORDS OF SALEM ha dividido al respetable, la misma historia cada vez que un cineasta con personalidad y una buena legión de seguidores cambia (aparentemente) de tercio: "a mi me gustaba más antes, tío".

No se puede discutir, de entrada, que en THE LORDS OF SALEM hay novedades. Cambios en el tempo de la historia, cambios en la visualización y la puesta en escena y cambios de referentes. Cierto cambio de estilo general, si preferís. Zombie abandona la furia visceral en la planificación, plena de cámara en mano, encuadres desequilibrados y montaje abrupto. La violencia seca y cortante, que quita el aliento, se omite casi por completo. Y aunque su principal anclaje estilístico siguen siendo los 70, el área de influencia pasa de LA MATANZA DE TEXAS, HALLOWEEN, LAS COLINAS TIENEN OJOS o el western de Peckinpah a la angustia psicológica de LA SEMILLA DEL DIABLO, REPULSIÓN o EL QUIMÉRICO INQUILINO, el satanismo militante de LA CENTINELA y, aquí llega el premio gordo, alcanza varias obras de Stanley Kubrick. ¿De Tobe Hooper a Polanski? ¿De Wes Craven a dios Kubrick? Tal cual amigos. La pasmosa energía cinética de Zombie echa el freno, toma aire y se convierte en pura atmósfera viciada de cadencia hipnótica, justo lo que esta historia pedía a gritos. Para bien y para mal.
THE LORDS OF SALEM es un movimiento peligroso pero también un paso enorme en la carrera de Rob Zombie, capaz de asumir que no es un guionista brillante (aunque tiene ojo clínico para el ritmo en los diálogos) y que su fuerza motriz es su capacidad para crear imágenes y sensaciones de una potencia única. En THE LORDS OF SALEM desnuda de guión a su película y desarrolla una anti-trama que, como explicita en la secuencia de la lectura de la mano de Heidi, responde no al principio de causalidad, sino a la enigmática claudicación a un fatum cósmico, a un destino irremediable del que Heidi ni siquiera busca escapatoria. Toda la película es, de principio a fin, el lento y firme devenir de un ritual mágico, de una celebración del caos, una experiencia chamánica que, en lugar de impacto, funciona por absorción. Zombie juega con esta idea durante todo el metraje, que conduce al espectador, sin prisa pero sin pausa, al único final posible (e irremediable). Como las mujeres de Salem en una inquietante y hermosa secuencia, el espectador poco a poco va entrando en una suerte de trance hipnótico, guiado por la letanía ritual, disonante y primitiva, que sale de un vinilo en una caja de madera, visualizando así la capacidad de la música para alterar conciencias y abrir puertas. 
Por vez primera en la obra de este señor, la inmediatez del montaje se sacrifica en pos de una preparación milimétrica de cada plano y una cadencia muy distinta a la habitual en él, que profundiza en un malsano intimismo. Este tempo interno, sabiamente pautado, es lo que provoca la tramposa sensación de que la película es lenta y, para según qué paladares, aburrida. La cámara inestable se desplaza ahora por sinuosos travellings y movimientos suaves, y el grano y la virulencia en la imagen da paso a simetrías fractales y una composición de cuadro que remite tanto al Kubrick de EL RESPLANDOR como al de EYES WIDE SHUT (los travellings por los pasillos del motel, de paredes obsesivamente geométricas, la entrada de Heidi transmutada en la capilla satánica al son de Bach, los pelos como escarpias...). Sin punto de fuga posible, en su último tramo la película, muy en sintonía con los grandes delirios luciferinos de Kenneth Anger en los 60 (LUCIFER RISING, por ejemplo), deviene en un maremagnum onírico que juguetea a dos manos con la psicodelia y la abstracción. Imposible no pensar también en el último Lynch, el más radical y explorador, cuando Zombie representa, literalmente, la conclusión del ritual en un inmenso teatro semivacío...
Más novedades: Sheri Moon. Aunque la compañera, cómplice y musa de mr. Zombie ha aparecido en papeles secundarios en todas sus películas, THE LORDS OF SALEM es un one-girl-show en toda regla que regala a la fascinante Sheri su primer protagonista absoluto, y en un rol nada fácil. Un reto discutible que, para un servidor, Sheri pasa con nota en un trabajo preñado de sutileza y medido al detalle porque, por muy raro que resulte para el fan más hardcore, resulta que Rob Zombie se ha convertido, también, en un excelso director de actores en su obra más íntima y minimalista. Todo el elenco está magnífico (atención a la inédita sensibilidad con la que trata la relación entre Heidi y su compañero barbudo de la radio), si bien da toda la impresión de que en la sala de montaje se han quedado secuencias enteras que atañen a los secundarios, con un potencial que no se acaba reflejando del todo en la peli. Una pena.
Satán les cría y ellos se juntan

Y poco más que añadir. Siendo, de largo, la película más polémica, críptica y difícil de Rob Zombie, un viraje en toda regla en su carrera, nadie debería asustarse demasiado. Aunque hay cambios sustanciales, todo lo que amamos de Zombie sigue estando aquí, aunque de otra manera: su veta más popero-kitsch, los cameos y papelitos de viejas glorias de la serie B además de la troupe habitual (buscad, buscad), su imaginería metalera y sus eclécticas bandas sonoras (aquí superlativa, combinando sin pudor desde funky a Rush, pasando por clásica, metal extremo y The Velvet Underground), su punto de sarcasmo y blasfemia bien entendida (pocas veces el cine ha tratado la iconografía del black metal con tanto acierto) y, sobre todo, su innata capacidad para crear imágenes imborrables y, de paso, tocar un poco los cojones al personal más reaccionario (no me puedo quitar de la cabeza a los tres obispos negros masturbando falos de plástico en sus púlpitos). Si hasta ahora cada film de Zombie era como un temazo rockero-metalero-vintage de guitarras crujientes y look gótico de estercolero, THE LORDS OF SALEM es más bien un enigmático drone satánico que gira sobre sí mismo hasta el infinito. Una epifanía pagana que, y esto es muy grande, acaba dejando bajo la piel una insólita y profunda sensación de tristeza que perdura mucho después de que los créditos terminen. THE LORDS OF SALEM necesitará su tiempo para encontrar su público, pero no tengo dudas de que será un clásico de culto. Por el momento, fuerte candidata a lo mejor del año. Ahora la duda es qué rumbo tomará Rob Zombie en sus siguientes proyectos. Yo nunca volveré a escuchar del mismo modo "All Tomorrows Party"...

PD: para sorpresa de propios y extraños, THE LORDS OF SALEM se estrena en pantalla grande en España a mediados de mayo. Curiosa decisión la de los distribuidores, que relegaron a HALLOWEEN II, una película mucho más comercial que ésta, al ostracismo de la venta directa... están locos estos romanos...


- Lo mejor: Rob Zombie ha sido capaz de reinventarse sin perder su identidad con su película más difícil, atrevida y fascinante

- Lo peor: la sensación de que hay demasiado material en el suelo de la sala de montaje... ¿tendremos un director´s cut en el futuro?

  CABEZAS