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 AGNOSIA / España / 2010
Y si ayer hablaba de cacaos mentales patrios, al loro con AGNOSIA, cosa fílmica bastante insólita en la producción nacional del pasado año. Ambientación decimonónica, atmósfera de thriller, historia de amor romántico-febril basada en una idea delirante, momentos de terror psicológico, ramalazos casi steampunk, misterios insondables de la mente y... una chica que necesita gafas. Paso de explicaros la trama, no sé muy bien por qué, aun compartiendo pifias con LOS OJOS DE JULIA, la peli de Eugenio Mira la he disfrutado mucho más. Será porque se arroja a ratos a los brazos de lo improbable, o porque camina sin complejos por el filo de la navaja del ridículo, o porque hay muchas películas en una, o porque esa noche servidor estaba blandito, pero este compendio de ideas brillantes, trama imposible y resultado raro raro me acabó seduciendo, aún con sus flojeras y desinfles, que no son pocos. Si la de Guillem Morales trataba de impresionar al público a toda costa y de forma un tanto artificial (y patética), AGNOSIA hace gala de su orgullo de serie B lujosa y marcianada neogótica, pintando una Barcelona que puede recordarnos al Londres de THE PRESTIGE, por ejemplo, buceando también en esa literatura pulp que roza el melodrama desatado (quizás su vertiente más discutible, que por momentos la hace derivar hacia cosas cercanas a una miniserie de esas de "epoca" de TVE) pero, ya digo, con ideas alucinantes (esa habitación negra y su iluminación "de estrellas") y una notable falta de vergüenza y mesura. Lamentablemente, las piezas no encajan todo lo bien que debieran y la cosa da unos bandazos que hundirían al Titanic otra vez, Felix Gómez anda justito con su papel de vértice del triángulo amoroso, mientras que Eduardo Noriega se esfuerza por dar lecciones de interpretación con su habitual entrecejo fruncido, mirada diarreica y dicción de pitufo maquinero (no entiendo el prestigio de este hombre, por la gloria de Al Pacino). Pero, oh gracias señor por tu infinita misericordia, ahí está una hermosa y emocionante Bárbara Goenaga, para comérsela como Joanna, origen y destino de toda la rocambolesca trama, personaje al límite con el que muchas habrían sucumbido al escarnio y el cachondeo, pero que ella defiende con una integridad y una riqueza de matices de ovación y vuelta al ruedo. 

- Lo mejor: su rareza intrínseca y falta de prejuicios, y la Goenaga

- Lo peor: desbarres por doquier, Noriega frunce el ceño again

  CABEZAS
 LOS OJOS DE JULIA / España / 2010
Sigo rescatando cosas del 2010, en especial las producciones patrias que se me escaparon. Turno para LOS OJOS DE JULIA, la entrega anual de miedo con absoluto protagonismo de Belén Rueda, producida otra vez por el ubicuo Guillermo del Toro, y segunda peli de Guillem Morales tras su prestigiosa EL HABITANTE INCIERTO, que aún no he visto. Y sí, cierto prestigio sobrevuela sobre estos ojos con nombre de mujer, como si hubiese un cine de género "serio", el que disfruta del respeto del respetable, y el resto fuese carne de frikis sin cerebro. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. Me parece muy bien que, año tras año, en las españas triunfe EL ORFANATO y LOS OJOS DE JULIA, de verdad, lo celebro, pero son películas que, en el primer caso, me gusta pero no me apasiona, y en el segundo... mejor entremos en materia. LOS OJOS DE JULIA es una película formalmente impoluta, por momentos brillante, pero nada apasionante, y mucho menos memorable. Puede ser que los ojos de Karba estén ya demasiado fogueados por miles de terrores varios, pero los de Julia tienen muchas trampas, y todas huelen a kilómetros. El amigo Morales picotea de demasiados referentes con la intención de epatar al espectador, de mantenerle en un constante asombro y tensión, pero lo único que consigue es provocar la confusión y, lo que sí que resulta terrorífico, el aburrimiento. Me explico. La cosa comienza con misterio bien medido, oscuridad, juego de dobles y ambiente sobrenatural. Jugamos en terrenos orientales, jugamos a THE EYE o DARK WATER, sentimos esa atmósfera nublada y una amenaza difusa, nada que objetar. Algún momentazo aislado en el mejor tramo de la película, con diferencia, ideas claras y pulso firme (la incursión en los vestuarios de las ciegas). Pero dura poco. Demasiado pronto comenzamos a olernos algo extraño: esas pistas falsas que no llevan a ningún sitio, y lo descubrimos según nos tiran el anzuelo, mal rematadas al final y con prisas (las llaves, la niña...). Guillem que de pronto quiere ser Dario Argento sobre todas las cosas, y no se acerca ni de lejos. Irritantes decisiones visuales en este tramo (¿para qué ocultar el rostro de un asesino cuya identidad es irrelevante en términos narrativos?) y último tercio con un psicópata pesadísimo (¿plastópata?) con una motivación entre absurda y delirante, que pretende un profundo juego psicológico con la  protagonista, rematado por un giro final sencillamente ridículo. Para rematar el desaguisado, último plano con ínfulas de poesía metafísica tan gratuíto como inútil. Y dejo a parte a Belén Rueda. No voy a cargar contra su interpretación, sentida y currada, nada fácil, pero sí contra la decisión de casting: Belén Rueda ya me aburre en este registro, me carga. Un poco más de riesgo, carajo, ¿qué tal Emma Suarez o Leonor Watling como Julia? Y es precisamente eso, riesgo de verdad,  atrevimiento, lo que le falta a esta peli, que siempre se queda en la corrección neogótica más absoluta, queriendo ofrecer de todo en pequeñas dosis, buscando el aplauso y el respeto general, y que al final no sabe a nada. Truñete al canto, amigos.

- Lo mejor: su primer tercio

- Lo peor: su indigestión de referencias, su plastópata en acción, se hace eterna

  CABEZAS


 LEMMY / EEUU / 2010
Con el cachondo epígrafe de "49% motherfucker, 51% son of a bitch" se presenta el esperadísimo documental dedicado a la mítica figura de Lemmy Kilminster, sobran presentaciones. Aclarar, antes de nada, que NO es un documento acerca de los Motörhead, sino que se centra muy mucho en desglosar la carrera y personalidad de este titán del rock, insustituible en el sentido más literal, probablemente inmortal, como él mismo señala aquí socarronamente en el "Ace of Spades", vociferando aquello de "I don´t want to live forever", a lo que le añade "but apparently I am", jejeje. Aunque en wikipedia se le atribuyen 66 años, nadie sabe a ciencia cierta su edad. Un auténtico personaje, y por si alguno albergaba la duda a estas alturas, sin un ápice de pose sobre su chepa. Este tío es de verdad, de la berruga a las botas, puro rock´n roll encarnado, un tipo auténtico que deja en babuchas a tanta estrellita del rock de pastel. Mola todo verle, con esas pintas, en unos grandes almacenes, pedir la caja recopilatoria de los Beatles (una de sus pasiones) pero en mono, no en estereo. Lo mismo que se pasea con una cruz de hierro nazi en el pecho sobre un tanque alemán en un descampado a la vez que afirma "soy todo lo contrario a un nazi", por si algún memo aún mantiene tal aseveración. Cómo arranca la emoción a su (recién) encontrado hijo con sólo un par de palabras, un auténtico motherfucker con su corazoncito. O su particular y honesta visión acerca del consumo de drogas, anfetas mayormente. Y es que este abuelete con voz de cazalla que como te descuides te levanta la chorba en un plis plas, además de rockear como un cabrón, de destilar puro rock, acaba exhudando una especie de ternura cabrona que desarma. Así que ya sabeis lo que hay aquí: todo un derroche de personalidad rockera con protagonismo absoluto de un tipo de los que ya no quedan, con un buen puñado de seguidores/fans/camaradas hablando de y conversando con él, de los que tengo que destacar, sobre todo, al bueno de Dave Grohl, cuya admiración por Lemmy le sale por los poros. Documental apañado, bien estructurado y bien documentado (esto último no es muy común), cuyo principal valor se basa en el tremendo magnetismo del personaje al que dedica su metraje, sin duda. Aunque lejos de otras maravillas del rockumentary reciente como el magistral ANVIL!, LEMMY es un festín para cualquier aficionado a su protagonista, al rock y a la buena múscia en general.

- Lo mejor: Lemmy!

- Lo peor: sus compañeros de andanzas de Motörhead quedan en un excesivo segundo plano

  CABEZAS

 THE TROLL HUNTER / Noruega / 2010
Si no haces un falso documental no eres nadie, chaval. Los amigos noruegos, que se están poniendo las pilas de un tiempo a esta parte (desde DEAD SNOW, básicamente), lo saben bien, toman nota de los últimos éxitos de este peculiar formato audiovisual y nos regalan THE TROLL HUNTER, una curiosa revisión de un género que, personalmente, cada vez me gusta más. Sin reinventar la rueda para nada, los hijos de Odin se llevan la fórmula a su terreno para conjugar con gracia los más reconocibles resortes del "mockumentary" y una brillante revisión de su propia cultura ancestral, pagana y mitológica, lo que da como resultado una curiosa y entretenida película. La premisa mola: el gobierno noruego ha estado ocultando desde tiempos inmemoriales la existencia real de los trolls mediante un equipo de "contención" que se dedica a eliminarlos cuando salen de sus "reservas", cuyo miembro ejecutor es el "Troll Hunter" al que alude el titulo. El habitual grupete de jovenzuelos periodistas documentará sus andanzas, desde el escepticismo hasta la más completa implicación en los increíbles hechos. Y THE TROLL HUNTER gusta tanto porque, desde un punto de vista visual, se busca un naturalismo extremo, pero sin embargo la peli está trufada de momentazos delirantes y puntos muy sarcásticos, en su justa medida, atención al peregrino sistema de extracción de sangre de troll, a la teoría de que estos bichos tan paganos "huelen" a los cristianos (jejeje), o al particular modo de mosquear al gigantón final, poniéndole a todo volumen... ¡una canción de misa!. Además, los parajes naturales nórdicos son absolutamente increíbles y se palsman en pantalla con estremecedora belleza, y, como digo, toda la peli está teñida de una especie de sutil "sentimiento pagano" que, curiosamente, no se da de bruces con el realismo que tratan de perseguir sus sugestivas imágenes. Y tampoco espereis una sucesión ininterrumpida de seres peludos, porque la dosificación está perfectamente ajustada, con tan sólo cuatro encuentros con estos seres, un in-crescendo calculado que termina como tiene que terminar...  A LO GRANDE (y con temazo de los Svelertak en los créditos, yeah!).

- Lo mejor:  la unión de la mitología nórdica con el rollo documental es bien curiosa

- Lo peor: poco riesgo en su narrativa y aspectos más formales

  CABEZAS





No suelo hacer este tipo de entradas, pero es que esto me ha superado. Estaba yo deglutiendo unos anacardos con nocturnidad y alevosía, mando a distancia en ristre, un viernes cualquiera por la noche cuando, entre un adolescente seborreico encerrado en una especie de pecera de plástico y un vidente que mete  fotocopias de billetes de 500€ entre unas cartas del tarot inventadas, aparece una cabecera inquietante, toda entre retro y nostálgica, más bien polvorienta, y un título: LAGRIMAS EN LA LLUVIA. Debajo una firma que no llego a leer. Da igual. Dos segundos después el titular del nombre aparece invadiendo la pantalla, con una leve sonrisilla a juego con su ladeado flequillín y expresión de que nos va a decir algo importante: el ínclito Juan Manuel de Prada comienza su pausado sermón, expandiendo lentamente sus palabros como se expande una supernova que pretende engullir toda la galaxia. Al menos la forma esférica ya la domina. Hace unos años, de Prada (seguro que le pone que le llamen así) quería ser Francisco Umbral. Ahora parece que se ha comido a Francisco Umbral. Y quiere impartir justicia robándole ademanes y expresiones, pero no está sólo amigos. A sus lados orbitan presencias inquietantes, astros menores que rinden pleitesía a su estrella, dos a cada lado en su particular sistema có(s)mico.


¿Y por qué aquí? Porque colegas, LÁGRIMAS EN LA LLUVIA es una especie de asombrosa simbiosis entre ¡QUÉ GRANDE ES EL CINE!, un discurso de Fuerza Nueva y la Misa de Maitines. Porque LÁGRIMAS EN LA LLUVIA es un "programa de cine". Porque ponen una peli y luego se abre el debate. Y porque el otro día emitieron LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS. Me tragué esa preciosa poesía visual (hacía años que no la repasaba) y después resulta que el Armageddon ya había comenzado... y yo sin enterarme, y yo con estos pelos. Me lo dijo de Prada, abriendo mi mente como una pirula de LSD, iluminando mis neuronas. Me lo dijo un sacerdote con ilustre cargo en la Universidad Católica (o equivalente), un tipo que se dedicaba a leer un libro de hojas sepias y encuadernación de cuero marrón mientras sus compañeros hablaban, para sólo levantar una ceja de vez en cuendo, mirar a cámara y pontificar un poco, descubriendo códigos ocultos francmasones, postcomunistas y libertarios ye-yes en la caja de cereales del desayuno, y volver a su apasionante lectura, de la que nunca dejó entrever la portada (¿una edición bolsilibro del Necronomicón, quizás?). Y no era todo: un tal "algo" Trillo, sin duda hermano del ex-ministro de defensa  "Yakolev" por configuración genética, tono de voz y aires opusdeis, farfullaba algo sobre la manipulación mental, el apocalipsis sobrevenido y cosas que incluían las palabras Zapatero, decadencia y caos, todo en frases subordinadas. Una tipa, letrada de profesión y vocación, relacionaba los conceptos anteriores con confusas teorías que colocaban a los poderes fácticos en la sombra dirigiendo los hilos. Mis pobres neuronas no podían asimilar tales revelaciones a la velocidad a la que eran escupidas por lo que era, sin duda, el "comité de sabios" definitivo de la pequeña pantalla. Lo que sí tenía claro es que yo, iluso televidente, llevaba años en la inopia más total, ciego ante el Fin de los Tiempos que se me caía encima. Lo que seguía sin cuadrar era LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS en todo esto. El presidente del Foro de la Familia (cuarto elemento orbitando) me habló de discriminación efectiva, marginación sobrevenida y doctrina hegemónica. Dejé los pistachos para buscar un diccionario, cuando el tipo al fin pronunció las palabras mágicas: "nuestros hijos, los niños". ¡Coño! Por aquí van los tiros. De Prada debió intuir, con su omnipotencia, mi toque de atención, por lo que rápidamente me lo explicó todo, y yo al fin pude encajarlo en el Orden de las Cosas: resulta que LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS es una película que, usando la metáfora visual y conceptual, está pensada y ejecutada como una carga de profundidad contra... la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Jean-Pierre Jeunet es un alma lúcida y ya sabía entonces lo que iba a llegar. Allí donde yo había visto, en mi supina ignorancia, un gótico canto a la imaginación y a la libertad, a la capacidad del ser humano para soñar y ser soñado, un entusiasta poema dedicado a lo freak, bizarro y a lo que se sale de la norma establecida... pues no. El científico es Zapatero, que con su sibilino invento (La Máquina que Roba los Sueños AKA Educación para la Ciudadanía), logra lobotomizar a los niños mientras duermen (AKA, mientras están en clase, alejados de los brazos protectores de sus progenitores, que de verdad sí que saben lo que es conveniente para ellos), conviertiendo a nuestros infantes en seres sin conciencia ni criterio, seres lobotomizados por una diabólica conspiración mundial que pretende dilapidar, por este orden, a la Familia, a la Religión, a la Decencia y a las Buenas Costumbres. Profético Jean-Pierre Jeunet, sin duda. Y qué mal hemos interpretado esta joya francesa hasta ahora, pardiez.


No os pongo un video del programa, paso, pero lo podeis encontrar en Youtube sin mucha dificultad, simplemente siguiendo el rastro de babas del amigo de Prada. Ardo en deseos de ver cómo se las ingenia con más películas, desde aquí propongo ya emisiones de SENDEROS DE GLORIA, LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO y TIERRA Y LIBERTAD, para que de una vez por todas el Illuminati y sus Acólitos nos desvelen, sermón mediante, las verdaderas intenciones de sus autores. Seguramente ni BLADE RUNNER, a la que alude el título del programa, es lo que parece, y la hemos malinterpretado con ignoracia. Allí me encontrarán, mesmerizado ante la pantalla, como una mosca ante una gran bola de heces. Mientras tanto, os dejo con un clásico, que viene a exponer la misma tesis que de Prada y sus muchachos, pero alcohol mediante y con mucho más salero.


 GENTLEMEN BRONCOS / EEUU / 2009
Tras esta película, quizás deba replantearme la utilización tan masiva de la palabra freak. GENTLEMEN BRONCOS rebasa con creces la mera anécdota friki para zambullirse sin complejos en la ciénaga de lo raro, excéntrico y cutre y chapotear por lo malsano y lo dadá, rubricando una especie de sentida oda a la vergüenza ajena. Jared Hess habita la esquina más recóndita de lo que han llamado "nueva comedia americana", con el bueno de Judd Apatow a la cabeza, pero en el caso de Hess con intenciones más cercanas a lo que han perpetrado los Farrelly o, si nos salimos del tiesto, el mismísimo John Waters (pero sin su habitual carga anarko-destructiva). Ahora a todo esto lo llaman post-comedia (¿?) al igual que hay un post-rock, un post-metal y un post-it... La mejor definición de GENTLEMEN BRONCOS es "apocalipsis nerd". No hay un sólo personaje que no acumule taras, excentricidades o delirios, o que no sea directamente desagradable, eso cuando no exhiben un notable retardo mental, generalmente rodeado por una gozosa querencia hacia lo escatológico (vómitos y cacas). Además, Hess adorna su película con un elemento aglutinador muy del gusto friki: la ciencia-ficción de los años 50 retrofuturista, con una curiosa narración paralela en forma de cutre-película protagonizada por un Sam Rockwell desatadísimo, y que logra ser  un engendro intermedio entre MUCHACHADA NUI y la GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO, o algo. La cuestión final es: ¿funciona GENTLEMEN BRONCOS como comedia? Depende. No es una película para partirse el pecho sin respiro (aunque tiene sus momentos gloriosos) sino más bien de simpática conexión con el respetable, si es que uno es capaz de conectar con semejante fauna de tarados. Simpática sin más, bastante petarda, grasienta y sudorosa, poseída a ratos tanto por el espíritu de Ed Wood como del citado Waters, con ciertos ribetes de ternura y una banda sonora en la que suenan desde los Scorpions hasta Black Sabbath. Curiosa como mínimo y, obviamente, sólo apta para... freaks. Voy corriendo a por NAPOLEON DYNAMITE.

- Lo mejor: los memorables créditos iniciales y el tronchante taller de escritura de ciencia-ficción

- Lo peor: la vis cómica sólo funciona a pleno rendimiento a ratos

  CABEZAS




BLACK SWAN / EEUU / 2010
Dirección: Darren Aronofsky
Guion: Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin; basado en un argumento de Andrés Heinz.   
Producción: Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin
Música: Clint Mansell 
Fotografía: Matthew Libatique
Montaje: Andrew Weisblum
Diseño de producción: Thérèse DePrez
Vestuario: Amy Westcott.
Interpretación: Natalie Portman (Nina), Vincent Cassel (Thomas Leroy), Mila Kunis (Lily), Barbara Hershey (Erica), Winona Ryder (Beth)

 
Cuando todavía tengo a medio escribir el comentario de THE FOUNTAIN (¡qué película tan... acongojante!), me descubro estrujando las meninges con este BLACK SWAN, y vuelve a ocurrir otra vez. Primero impacto, emoción, pura tensión, y luego periodo de digestión, como a mí me pone.  El bueno de Aronofsky, ese tipo con pinta de judío empollón, retuerce de nuevo su febril mirada tras la relativa decepción que me supuso THE WRESTLER, una película que no acabó de entusiasmarme, pero que Darren necesitaba perentoriamente para reactivar su carrera tras el descomunal y completo batacazo de la citada THE FOUNTAIN, su film más personal, anhelado, prácticamente inacabado y, seguramente la película más injustamente vapuleada de la pasada década (y una de las más arriesgadas y hermosas, también). Así pues, THE WRESTLER consiguió que la taquilla respondiese favorablemente con una sentida historia de redención personal,  jugando la baza de ver al renacido Mickey Rourke en un morboso papel que hacía guiños a su turbulenta historia personal, pero alejada por completo de los devaneos psicotrópicos y fantasiosos de sus anteriores trabajos; en realidad, un melodrama de sobremesa con una factura excelente y una intensidad emocional brutal, aunque alejado de los postulados más personales y arriesgados de su creador.


Así pues, curada la herida, Darren logró "estar" de nuevo en la industria, a la que pone en jaque otra vez con este deslumbrante y arrebatado CISNE NEGRO, película ya triunfal en su carrera por los desmedidos elogios que ha recibido y la entusiasta respuesta del respetable, algo que seguramente se verá acrecentado por el merecido oscar que acaba de lograr su protagonista absoluta: Natalie Portman. Y es que BLACK SWAN es una de esas pelis construida alrededor de un personaje, un único y dictatorial punto de vista que absorbe la película por completo, en la que todas y cada una de las secuencias (sin excepción) se levanta sobre el frágil cuerpo de su actriz, una enorme Natalie Portman que se convierte en dueña y señora de la película, incluso por encima de las artes de su director, uno de esos casos en el que actriz, personaje y película son indisolubles. Como otras obras de Aronofsky, ésta también es un calibrado megamix de géneros, quizás la que más juega a combinar sus distintos resortes. En apariencia, o al menos en su primer tramo, BLACK SWAN es un melodrama puro, una historia de sacrificio y ambición ambientada en el cerrado mundo de la danza clásica. Sin embargo, también desde su inquietante arranque, Darren ya nos avisa que lo que subyace en la (aparentemente) sencilla trama es algo mucho más turbio, oscuro, retorcido. Detalles. CISNE NEGRO es una película habitada por pequeños detalles que van tomando cuerpo (nunca mejor dicho) hasta explotar con toda su apasionante crudeza en su apoteósico final. Un drama que se va tiñendo de thriller psicológico hasta oscurecerlo, retorcerlo, transformarlo en otra cosa, estructurado por distintas "arias" audiovisuales que desembocan en algo parecido a una epifanía operística, tan terrorífica como poética. Mucha tela que cortar.


Aunque en realidad no inventa nada, Aronofsky hace suyos los postulados más variopintos, fijando su particular mirada, sobre todo, en los modos y maneras de los 70. Si se retroalimenta a sí mismo con una planificación muy cercana al "realismo sucio" que ya experimentó con THE WRESTLER, cámara en mano siempre encima de sus personajes, también toma prestado del gran Brian De Palma el juegueteo morboso con el policíaco y los delirios paranoicos que hicieron tan grandes a HERMANAS, VERTIDA PARA MATAR, IMPACTO o incluso EL FANTASMA DEL PARAÍSO, pero ensuciando y granulando las texturas visuales al máximo, perdiendo algo de su ligereza  y ganando en asfixia mental y sordidez. Por otro lado, aunque en menor medida, las referencias a los giallos del maestro Dario Argento, y muy especial a su obra cumbre: SUSPIRIA, con la que comparte no pocos elementos narrativos, aunque ésta con un tono mucho más seco, duro y terroso, muy alejado de los alardes de estilo y color del genio italiano. Para redondear, un par de momentazos audiovisuales extraídos directamente del mejor David Lynch, siguiendo la estela de LOST HIGHWAY, FIRE: WALK WITH ME y MULHOLLAND DRIVE  por el tratamiento de las texturas y, sobre todo, de los efectos de sonido y la música (atención a la secuencia de la discoteca, impactante, atronadora). Y por último, aunque algo cogido por los pelos, también es curiosa alguna referencia a LA MOSCA de David Cronenberg, algo en lo que es mejor no meterme aquí si no has visto la peli. Nada mal como referencias bien asimiladas, ¿no os parece?


Como veis, me he mordido la lengua a base de bien en cuanto a la historia de CISNE NEGRO. Hacedme caso: mejor no saber demasiado, ir virgen al cine (recomiendo muy mucho pantalla grande y sonido potente) y dejarse llevar, sin más. Del interés se pasa a la angustia, de ahí a la intriga, al suspense, al terror y a la más pura emoción, un carrusel audiovisual dirigido a la velocidad del rayo, como he dicho antes, con estructura de opereta y que, es necesario reseñarlo, reutiliza la música de Tchaikovsky del LAGO DE LOS CISNES (cortesía de Clint Mansell y su mano maestra para remezclarlo con la electrónica) como un ariete emocional contra el espectador y núcleo vertebrador de todo el relato. De la Portman, poco más que decir: ella es la película, y su interpretación, sobrenatural. No pienso que esta obra sea un punto de inflexión en la carerra, de Aronofsky, pero sí me parece que destila un equilibrio casi perfecto entre sus primeras pelis (en especial REQUIEM POR UN SUEÑO) y el cambio de rumbo de THE WRESTLER, una especie de descontrol controlado bastante cerebral dentro de su nucleo psico-sexual. Un ejercicio de funambulismo que transita con pies firmes sobre esa delgada linea roja que separa lo sublime de lo ridículo, aunque menos arriesgada y al límite que en THE FOUNTAIN. Y como ya sabreis, para terminar de rizar el rizo, acaba de firmar, por vía de su colega Hugh Jackman, por una película de WOLVERINE... Grande Aronofsky, carallo!


- Lo mejor: el preciso control de Aronofsky sobre las influencias que maneja y todos los elementos de su película, incluída la Portman, alucinante

- Lo peor: ese control a veces parece que atenaza un poco la historia, que por momento me pide un plus de desparramo y riesgo

  CABEZAS