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Amigos, hoy toca un poquito de autobombo, pero la ocasión bien lo merece. Ayer arrancó oficialmente el periplo mediático de AGES OF MADNESS, nuevo proyecto-contenedor de Lince Studios y Magic Gate Studios. Aquí os presentamos su primer teaser-poster...


Los habituales a esta casa les sonará HELEN (el corto). Bien, pues sin desvelar demasiado, sólo debo comentaros que HELEN (el corto) es el aperitivo, breve prólogo, parte integrante de AGES OF MADNESS (el largometraje), un ambicioso proyecto a todos los niveles con el que pretendemos hacer justicia (al fin) al universo del genio de Providence: H.P. Lovecraft. Además, por vez primera, en animación 3D estereoscópica. Advierto: AGES OF MADNESS no será una adaptación literal de ninguno de sus relatos, sino una inmersión en su corpus creativo y universo literario a través de los tiempos, tomando como eje central LOS MITOS DE CTHULHU, tan fiel al espíritu lovecraftiano como radical e innovadora en algunos aspectos. No será una película para todos los públicos, no lo pretendemos. Será una experiencia para un target adulto amante de Lovecraft y el cine de género. Aún en preproducción, estamos en una fase temprana de desarrollo visual y conceptual, pero algunos medios ya se han hecho eco del proyecto, como los fieras de SCIFIWORLD. Os animo pues a entrar en la página oficial de facebook, pinchar el LIKE y seguir al corriente de esta apasionante aventura, donde iremos colgando regularmente algunas perlas de concept art y otras hierbas.

Un saludo y ya sabeis... que no está muerto lo que yace eternamente...


 THE ADVENTURES OF TINTIN / EEUU / 2011
Dirección: Steven Spielberg
Guion: Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish; basado en los cómics de Hergé
Producción: Peter Jackson, Kathleen Kennedy y Steven Spielberg
Música: John Williams 
Montaje: Michael Kahn
Dirección artística: Andrew Jones y Jeff Wisniewski
Interpretación: Jamie Bell (Tintín), Andy Serkis (capitán Haddock), Daniel Craig (Sakharine), Simon Pegg (Hernández), Nick Frost  (Fernández), Toby Jones (Silk), Mackenzie Crook (Tom), Daniel Mays (Allan), Gad Elmaleh (Ben Salaad), Joe Starr (Barnaby)


Tenía que pasar. Mandamás Spielberg cierra el círculo aventurero que comenzara en 1981 con EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA y lo culmina, por el momento, con estas renovadas AVENTURAS DE TINTÍN. Si muchos ya han señalado las evidentes similitudes en estilo, ritmo, ambientación y tono de las aventuras de Indy con las nuevas aventuras de este Tintín digital, aquí llego yo y corrijo: más bien es al contrario amigos. Tintín, cuyos mejores álbumes comiqueros datan de las décadas de los 40-50-60, fue una indiscutible y evidente influencia para las aventuras del arqueólogo, muy especialmente para INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA, así de simple. Spielberg, nostálgico de profesión y vocación, decidió hace unos años que la mejor manera de rendir tributo a uno de sus más ilustres precedentes sería la adaptación definitiva de la creación de Hergé, quizás también dolido por la tibia acogida (que no recaudación) de INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL, un proyecto semifallido y algo ortopédico que no gustó a casi nadie pero que, no obstante, pienso que tenía algunos hallazgos muy interesantes. Aliado de tú a tú con Peter Jackson como productor creativo y, en especial, con su división de efectos especiales Weta Digital, Spielberg sabía que era un "ahora o nunca" respecto a Tintín, un proyecto ambicioso y algo kamikaze a la vez.

¿Adaptar Tintín admite riesgos? Si vives en y tu mercado son los EEUU, sí. Dicho de forma suave, Tintín no es muy célebre en norteamérica. Si tiramos de eufemismos, Tintín es un personaje "de culto" entre aficionados al cómic europeo y poco más. La cruda realidad es que allí a Tintín no lo conoce ni el tato, mientras que en Europa forma parte de la cultura popular desde hace medio siglo. Por otra parte, Tintín, el cómic, tiene más aristas de lo que parece a primera vista. Sus primeros álbumes son pura basura racista, clasista y colonialista, bañado con un aire de superioridad paternalista respecto a las culturas "no civilizadas". Además, aunque uno sea capaz de abstraerse de semejante contenido (echadle un vistazo a TINTÍN EN LA PAÍS DE LOS SOVIETS o TINTÍN EN EL CONGO, tela marinera), visualmente tampoco tienen nada especial: toscos, arrítmicos y con más bien poca gracia, son los primeros balbuceos en los que aún Tintín gozaba de protagonismo absoluto y carecía de casi todos los encantos posteriores. Valiente que el judío más poderoso de la industria yanqui haya elegido un héroe con un pasado tan filonazi. A partir del tercer número de la saga la cosa va mejorando exponencialmente, eliminando toda esa mierda ideológica, hasta llegar al primer clásico incontestable: EL SECRETO DEL UNICORNIO, seguido de EL TESORO DE RACKHAM EL ROJO, precisamente los dos volúmenes que el tandem Spielberg-Jackson han "adaptado" en esta primera parte de una supuesta trilogía. Segunda arista tintinesca: Haddock. El Capitán Haddock, a partir de entonces personaje imprescindible en las aventuras de Tintín, mucho más que un secundario, es un marino borrachín, un tipo entrañable pero, ¡coño!, alcohólico sin posiblidad de redención. Muy políticamente incorrecto pues que gran parte de la innata potencia del personaje sea por sus delirios bañados en ron, situaciones surrealistas de las que, además, Haddock es capaz de sacar su vena más divertida y transgresora, porque este tipo es un ciclón en movimiento. Algo más bien poco spielbergiano, a priori. Y última arista, esta jodida de verdad: lo menos interesante de los cómics de Tintín es Tintín, con diferencia. 


Con todo esto sobre la mesa, Spielberg, tipo listo donde los haya, aglutina a su alrededor algunos de los mejores creativos del mundo, pero sin dejar de asumir riesgos: se trae a su proyecto a dos talentosos y (muy) jóvenes directores y guionistas ingleses, nada menos que a Edgar Wright (SHAUN OF THE DEAD, SCOTT PILGRIM) y Joe Cornish (ATTACK THE BLOCK) y les encarga la adaptación del guión de los dos tomos mencionados. Sangre nueva para viejos tebeos. Como ya comentaba, también lia a Peter Jackson en la aventura, y encarga a Weta Digital, los putos amos hoy por hoy en la creación de universos, la viabilidad visual del proyecto, o dicho de otro modo: para que LAS AVENTURAS DE TINTÍN puedan funcionar de verdad tienen que alejarse lo máximo posible del "efecto Zemeckis" (aka la interesante teoría del "Uncanny Valley"), el rechazo instintivo que cualquier ser humano tiene ante ese inquietante look sintético-hiperrealista, visto en cosas como POLAR EXPRESS, CUENTO DE NAVIDAD o BEOWULF mediante la técnica llamada "captura de movimiento". Así que Spielberg da la espalda a su viejo amigo y socio Robert Zemeckis y a sus películas de animación por motion capture (a priori ésa hubiese sido la opción más "segura") para abrazar a los genios de Weta Digital, que ya llevan años perfeccionando la captura de movimiento, pero por un sendero paralelo. Si ya con Gollum lograron una pequeña obra maestra, el progresivo nivel de King Kong, los avatars de Cameron y los simios de EL ORIGEN DE EL PLANETA DE LOS SIMIOS fueron la prueba definitiva de que sí, era posible hacer una película de animación por motion capture sin que la gente saliese asqueada de las salas y con los pelos como escarpias. Un test de 5 minutos fue suficiente para dar luz verde al proyecto. La primera película de animación dirigida por Steven Spielberg, señores. El Tintín definitivo en pantalla grande estaba en marcha.

Como ya sabreis, servidor trabaja en la industria de la animación, por lo que enfrentarme a una película como esta supone una especie de esquizofrenia: lo normal que me pase más de la mitad del metraje analizando sobre la marcha aspectos técnicos, lo que matiza bastante el disfrute intrínseco de la película en sí. En LAS AVENTURAS DE TINTÍN eso (apenas) me ocurrió, lo que dice mucho de la pericia narrativa de Spielberg. La película es un disfrute de principio a fin, un opíparo festín en el que la palabra "aventura", aleluya, recupera a paladas su más puro significado: emoción, diversión y ansias de descubrimiento (también personal), ese "sense of wonder" que dicen los ingleses tan difícil de encontrar en una película de género hoy. Spielberg, ladino él, sortea con pericia las movidas tintinescas antes apuntadas, deja a sus entusiastas guionistas airear el ligero olor a naftalina de los originales y apuntar algunos detalles malsanos (zoofilia incluída, je) y no suaviza al bueno de Haddock ni un gramo (atención a su personal método para arrancar un hidroavión sin combustible en plena tormenta), algo realmente inaudito en un tipo tan poco amigo de riesgos con sus personajes. Sí, Haddock funciona a toda pastilla y, como en los cómics, se apropia de la historia como un eructo malsonante, aunque quizás no tan explosivo y excesivo como en el original, pero, ¿y Tintín? Pues aunque sigue siendo el repelente niño Vicente (guapete, educado, ingenioso, inteligente, observador, leal, aseado, valiente y... totalmente asexual), todo eso que tanto asquito da pasa desapercibido y matizado por el vibrante devenir de los acontecimientos y, repito, por el magnífico plantel de secundarios que, como en toda obra de Hergé, se comen al protagonista por los pies. Por supuesto, ni rastro del pasado fachorra del personaje y especial atención para ese Milú que milagrosamente capta la personalidad del cómic y toma protagonismo pero SIN necesidad de hablar (sabia decisión, por otra parte, que hasta el escroto estamos ya de perros parlantes en el cine).

Y finalmente toca hablar, ya sí, de los aspectos puramente visuales de la película. ¿Han logrado tocar techo con el traspaso de un universo nativamente bidimensional a 3D? Pues no, pero se han acercado a la cúspide amigos. Tras los estupendos créditos en limpio y colorido 2D Spielberg nos sumerje en un nuevo universo, apuntalando la transición a través del cameo del mismísimo Hergé, que dibuja un retrato al Tintín 3D que resulta ser su imagen icónica de los cómics. Bonita manera de dar la bienvenida a una nueva revisión del mundo tintinesco, un trasvase visual que, seguramente, ya no tiene vuelta a atrás. Curioso que un estilo tan elegante y sencillo, esencial, como la "linea clara" de Hergé, en el que "menos es más" (todo un punto de partida para una horda de autores que llegaron después como Uderzo, Franquin y hasta Moebius) tenga en su hermano tridimensional algo tan sumamente detallista y lleno de vida, rebosante de bullicio y acciones en segundo plano, pero a la vez tremendamente fiel al espíritu original. Lo que cada lector de Tintín imaginaba en su (tridimensional) imaginación cuando leía uno de sus cómics, seguramente. Tan sólo algunos momentos en la animación y diseño de personajes pueden sacarte del disfrute (algunas cabezas gordas, tirando a cartoon, encima de cuerpos tan realistas, hum), detalles puntuales que ya son eso, puntuales y no la norma aberrante del motion capture hasta que llegó esta peli. El Uncanny Valley queda reducido al mínimo, aleluya. Estéticamente muy bonita, con un uso del color y, sobre todo, de la luz extraordinario (el director de fotografía es el habitual de Spielberg), LAS AVENTURAS DE TINTÍN acaba siendo una película 100% digital y tecnológica pero construída con un primor y un gusto por el detalle extraordinario, de espíritu artesanal, tanto que pide un segundo (y tercero, y cuarto) visionado para poder exprimir a tope todo su mundo, todas sus virtudes, todas sus sorpresas. Sin un solo bajón de ritmo, secuencia tras secuencia resulta una delicia, pero hay un par en especial que son verdaderos prodigios de planificación: atención al ALUCINANTE plano secuencia de la persecución del halcón en Marruecos, enorme, histórico, y al flashback en varios tramos del antepasado pirata de Haddock, uf!. Modélica como adaptación de ambos cómics, sobra decir, aunque los más fans tintinófilos no estén de acuerdo (claro, se quedaron cosas por el camino y se añadieron otras nuevas). Y por si todo esto fuera poco, además de devolver la dignidad al género aventurero por la puerta grande, logra que ese peligroso "para todos los públicos" sea tratado, también, con gran respeto, disfrutable para los más pequeños y un tesoro para el resto, quizás sólo como los magos de Pixar saben hacer. Puro gozo, amigos, disfrute general que, seguramente, tendrá su continuación una vez que Peter Jackson termine con THE HOBBIT y asuma la dirección de la segunda parte.

PD: tras una mitad de año bastante tibia y algo gris en cuanto a pelis memorables, este tramo final me está deparando un buen montón de sorpresas, tanto que creo que es la primera vez en Sesión Golfa que empalmo cuatro pelis de 8. Y con unas cuantas en el tintero aún...


- Lo mejor: ¡AVENTURA!, el mejor Spielberg en años, película redonda

- Lo peor: sigue habiendo un pequeño porcentaje de aberración visual en los personajes, mínimo y puntual, pero haberlo haylo

  CABEZAS




MELANCHOLIA / Dinamarca-Suecia-Francia / 2011
Dirección y guion: Lars von Trier
Producción: Louise Vesth y Meta Louise Foldager
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Montaje: Molly M. Stensgaard
Diseño de producción: Jette Lehmann
Vestuario: Manon Rasmussen
Interpretación: Kirsten Dunst (Justine), Charlotte Gainsbourg (Claire), Kiefer Sutherland (John), Charlotte Rampling (Gaby), John Hurt (Dexter), Alexander Skarsgård  (Michael), Udo Kier (organizador de la boda), Stellan Skarsgård (Jack)

Lars, ego y figura...
A veces detesto a Lars Von Trier. Sus ínfulas de genio loco, su ególatra manera de exhibir lo bueno que es, sus salidas de tono gratis por la cara, sus ojillos que te escrutan por encima del hombro, sus manías esquizoides, su media sonrisa insidiosa, sus rarezas, su obsesión íntima por las armas de fuego y su absurdo pánico a volar. A veces me ponen muy nervioso sus películas, que parecen terapias psicoanalíticas, su personal manera de afrontar los géneros, todos los géneros, desde el thriller a la comedia fina y la soez, el melodrama desatado, el musical descarrilado y ultimamente su acercamiento al fantastique en su más amplia concepción, primero vía terror gótico con fantasmas para la tele en KINGDOM, luego terror mitológico-gore, con ese inmisericorde esputo a la cara que fue ANTICHRIST, y ahora la ciencia-ficción apocalíptica con MELANCHOLIA. Siguiendo con su manía de arrojar al respetable lo que sería carne de diván, la última del danés se situa en un lugar incómodo (cómo no), quizás en el reverso otoñal y sí, melancólico, de la brutal ANTICHRIST. Y entonces me enfrento a esta desbordante melancolía con unas décimas de fiebre y un poquito de hierba. Ominosa y luminosa a un tiempo, dividida en dos partes bien diferenciadas pero manteniendo la unidad de espacio de forma rigurosa, esta crónica de un doble Armageddon, íntimo y global, personal y planetario, supone también la crónica de una mutación personal y del enfrentamiento abisal a un pozo negro. Ahora... no sigas leyendo si aún no has visto la peli, amigo. 


JUSTINE, el primer bloque, la primera hermana, es el cadencioso descenso a los ¿infiernos? de la depresión, entendida como una pulsión interior que poco a poco obliga a una niña bien a mirar al abismo en su noche de bodas. Comienza el pequeño Hitler danés lanzándonos el gancho de CELEBRATION, aquel dogma que fue lo único salvable del Dogma. Sólo diez minutos son necesarios para percibir que el querubín de Kirsten Dunst ha recibido el regalo de su vida, el papel soñado, respondiendo con un trabajo soberbio, magistral en su contención con un personaje al que cualquier otra sólo hubiese otorgado muecas. Juega durante un buen rato a perturbar la comodidad, con una vibrante danza de personajes, familia y allegados del bodorrio. Jugosos los secundarios pululando por ahí. Ojillos chipeantes para un jovial John Hurt, templanza para ese vozarrón que responde a Kiefer Sutherland, cada vez más simbiotizado por su ilustre padre,  Udo Kier haciendo el ganso y un jugoso etcétera. Disfruta de nuevo Trier arrancando las máscaras de las convenciones de cuajo. Algo estupefacta, nuestra princesita de bucles rubios se deja llevar arrastrada por algo que la descontextualiza por completo, la desnuda y la encara con su lado más animal, telúrico y primitivo, ejemplificado por un gesto repetido a lo largo de toda la peli: mirar al cielo. Mirar al cielo, sí, y también orinar al aire libre, fornicar a cuatro patas o mandar al carajo a su jefe, que la acaba de ascender. Mientras el cielo nocturno, el cosmos, ilumina su camino con un leve titilar, un símbolo que, postreramente, será vida y muerte en simbiosis. Ella debería ser feliz en su "noche mágica", en ese palacete de cuento, en esa celebración soñada, pero no lo es en absoluto. Todo el ruído a su alrededor le aturde mientras su impulso, siempre, es salir fuera. Todo a su alrededor deja de tener sentido cuando ella se siente arrastrada hacia el vacío, hacia el cosmos, mientras esa pequeña estrella es el punto de fuga de su cielo. El microcosmos social se resquebraja mientras las ratas humanas abandonan el barco. Justine sufre, pero sólo quiere mirar al cielo.


CLAIRE, el segundo bloque, la otra hermana, ya arranca con ambiente plomizo, nublado, gris, peligroso. Cambio de tercio. Claire se esfuerza por comprender a su hermana, abandonada y ya sumida en un estado semicatatónico: su depresión amenaza con acabar con ella, física y mentalmente. Pero Claire, aunque a veces la odia, es pragmática, fuerte y bondadosa. La cuida, vela por ella en una incómoda posición dentro de su, otra vez, contexto social algo asfixiante. La familia. La presencia de esa cosa en el firmamento se hace material: Melancolia, un planeta mucho más gordo y más bonito que la Tierra, baila la danza de la muerte cósmica alrededor del nuestro, amenaza con su destrucción directa. Esa presencia crece hasta copar la narración, en forma y fondo. Justine se despelota y se ofrece, muy pagana, al planeta asesino, para disfrute de fetichistas y onanistas. Ahora sí, todos miran (miramos) al cielo, incrédulos. La fuerza natural que arrastra a Justine finalmente la transforma en un ser distinto, una atea-chamán ni viva ni muerta que, en un último gesto de generosidad, será la guía espiritual de sus seres queridos y construirá el escenario último e íntimo antes del fin de todas las cosas. Bloque ominoso y progresivamente aterrador, a un tiempo racional y mágico, real e irreal, hermoso y terrible, con un último plano para el recuerdo. Fin (del mundo).


Creo que el amigo Lars ha echado el resto con esta película, sinceramente. Afortunadamente, en mi opinión, la descarnada crudeza conceptual y visual de ANTICHRIST está muy matizada, pero hay un hilo conductor entre ambas películas. Mucho menos ruda en sus imágenes, menos bruta, menos atroz, deliberadamente preciosista por momentos, con imágenes de un romanticismo pictórico bien entendido, épica en su minimalismo y punteada constantemente por la magna TRISTAN E ISOLDA de Wagner (apoteósico, de verdad), MELANCHOLIA me dejó patidifuso, hinchado de belleza y de sensaciones contrapuestas. No importa que sea como TITANIC y conozcamos el final, porque lo bueno no es el qué, sino el cómo. No acabo de alcanzar del todo a Justine en su viaje, pero empatizo con ella. Claire me conmueve. Sigo sin saber dónde quiere llegar el danés chiflado, pero me impresiona el recorrido, mucho. Así que ignoro sus chorrosandeces personales, esos comentarios que bien podría introducirse por su polémico orto, y me dejo llevar. MELANCHOLIA es una película hermosa, hipnótica, llena de cine, y por descontado una de las grandes del 2011. La proxima, NIMPHOMANIAC, una porno. A veces admiro a Lars Von Trier.


- Lo mejor: transmitir tanta cosa a través del lenguaje audiovisual... puro cine

- Lo peor: ese esteticista prólogo que en realidad es un auto-spoiler, ¿era necesario?

   CABEZAS


 MIENTRAS DUERMES/España/2011
Algún día se hará justicia y Jaume Balagueró ocupará el lugar que merece desde hace años: el reconocimiento de uno de los cineastas más personales, coherentes y brillantes de las última década, sin fronteras de género ni espacio. El catalán es uno de los directores en activo más interesantes y lúcidos del globo terráqueo, sin más, un tipo que además atesora en su ya extensa filmografía, además de su siete largometrajes, cuatro cortos y un mediometraje, todos ellos, en mayor o menor medida, rebosantes de inventiva e interés y con un discurso y una mirada a la vez única y heredada de los grandes maestros. Si en vez de circunscribirse al género terrórífico (en sus muchas vertientes, dicho sea de paso) se dedicase al drama social o la comedia moderna, otro gallo cantaría. Pero así están las cosas, amigos. MIENTRAS DUERMES podría suponer su entrada por la puerta grande a un público más amplio, y me alegro. Es su peli más accesible (con matices), se ha publicitado bien (¡aleluya!) y cuenta con la magnética presencia y el tirón mediático de Luis Tosar en uno de esos papeles, una vez más, para los anales. Accesible porque Balagueró despoja a esta durísima historia de cualquier truculencia y desfase, dejando a la imaginación del espectador los momentos más brutales  (mediante decenas de elipsis), construyendo con un mimo obsesivo, repetitivo, atonal, la personalidad de César, con una atención a los detalles deslumbrante y un ritmo cadencioso que sabe crisparse cuando es necesario, que bajo una apariencia de normalidad rozando lo naturalista esconde una capacidad innata para inquietar e ir minando los nervios del respetable, poco a poco, sin excesos. Y doble triunfo porque además, el muy ladino de Balagueró logra que nosotros, los espectadores, nos pongamos sin querer del lado del ogro misántropo que interpreta Tosar, magistralmente, ¿hacía falta decirlo?. La conjunción del punto de vista omnipresente de César y el colosal trabajo del gallego, contenido y sutil, como la propia película, hace que nos veamos en la tesitura de sentirnos acorralados cuando César lo está, y de suspirar aliviados cuando logra superar los obstáculos, una posición nada cómoda para el respetable, que de pronto se ve compartiendo objetivos con un personaje que es puro odio, a la vez que estamos espantados con sus logros, mucho más allá del tópico de "los malos son atractivos". Ayuda y mucho la luminosa interpretación de Marta Etura, esa muchacha algo pánfila a la que César quiere borrar la sonrisa para siempre. Es posible, no obstante, que algún fan pureta de Balagueró se sienta algo estafado con la propuesta, y lo entiendo, pero es que desde su génesis, MIENTRAS DUERMES no pretende alcanzar el terror ni el impacto por la vía rápida, sino que se define por una sola palabra: suspense. Un puro ejercicio de suspense que se apropia de los logros de dos grandes maestros del género: el Hitchcock más minimalista por un lado, y el Polanski más asfixiante por otro, logrando la cuadratura del círculo con uno de esos finales que hacen más grande aún a esta película "pequeña". Seguramente sea un impás creativo de (falsa) calma, un paréntesis necesario carente de estruendo, antes de embarcarse en su [REC-APOCALIPSIS] y en ese misterioso proyecto titulado LA DAMA NÚMERO TRECE. Como no tengo medias cabezas a mano, MIENTRAS DUERMES se lleva un merecido notable alto, ¡qué diablos!.

- Lo mejor: la empatía y complicidad con el monstruo a través de la sutileza

- Lo peor: quizás muchos piensen que le falta potencia visual o momentos más impactantes

  CABEZAS