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THE INNOCENTS / Inglaterra / 1961
- Dirección: Jack Clayton
- Guión: Truman Capote y Willian Archibald, basado en la novela OTRA VUELTA DE TUERCA de Henry James
- Fotografía: Freddie Francis
- Música: Georges Auric
- Intérpretes: Deborah Kerr, Peter Wyngarde, Megs Jenkins, Pamela Franklin, Michael Redgrave, Martin Stephens

A veces hay que echar la vista atrás para disfrutar de un poco de aire fresco. Regresar a THE INNOCENTS te recuerda que una película puede ser pura magia, no necesariamente blanca. Esas películas que se inyectan en la piel y una sensación-chute perdura mucho más allá del final de los créditos. Las que no te dan una papilla regurgitada sin sustancia sino misterio y ninguna certeza. En 1961 el británico Jack Clayton rodó hasta la fecha y sin discusión la mejor adaptación del clásico de Henry James UNA VUELTA DE TUERCA, una de las novelas de terror más adaptadas (y sableadas, ¿eh amigo Amenabar?) de todos los tiempos, cosa llamativa cuando es una historia en la que, siendo rigurosos, no ocurre nada. Etiquetada con alegría como "película de fantasmas", THE INNOCENTS pone en solfa la cuestión y marca el tono de la película desde sus mismos títulos de crédito iniciales: tras los créditos de la 20th Century Fox (por primera vez sin su famosa fanfarria) suena la espectral voz de una niña entonando una canción. En siniestras penumbras, una mujer joven reza al borde del desmayo una plegaria para proteger a "los inocentes", rodeada de oscuridad. Por puro contraste, THE INNOCENTS es una película visualmente luminosa, las tinieblas no están precisamente en el paisaje exterior. La obsesiva voz interior de la joven institutriz nos habla de un alma puritana y reprimida mientras una araña se come a una mariposa y de la boca de la estatua de un querubín surge una cucaracha. 

Duelo de miradas en las brumas del castillo encantado

El corsé decimonónico esconde bajo las enaguas todo un mundo de perversión. THE INNOCENTS es, ante todo, una película muy perversa y, en esencia, un drama psicosexual. Una pareja de niños, hermanos, esos inocentes, capaces de hacer enloquecer de deseo a una monja. Poca broma. Detrás del velo de prodigiosa belleza visual de esta película, gracias a un Jack Clayton en estado de gracia (y perversión) y a su director de fotografía, el maestro Freddie Francis (habitual de la Hammer y que ya en los 80 rubricó otra obra maestra con su luz: EL HOMBRE ELEFANTE, de David Lynch), cuyo asombroso trabajo durante todo el metraje tiene momentos insuperables. Comparad, por ejemplo, la larga secuencia en la que Deborah Kerr recorre la casa a la luz de un candelabro con cualquier secuencia "con velas" rodada hoy. La gradación de la luz de esta película, que progresivamente va hundiéndose en las tinieblas, rima con las sensaciones que poco a poco nos infectan, arrastrados por un guión que es una virguería mental, cortesía de, en pie señores, Truman Capote.

Mapa mental de una posible perturbada

THE INNOCENTS nunca deja de juguetear con la más clásica imaginería gótica propia de las "casas encantadas" (mansión victoriana, un jardín a la orilla de un lago que es puro romanticismo decadente, velas y candelabros, escaleras y pasillos interminables, reflejos en las ventanas...) e incluso por instantes se zambulle en los resortes más elegantes del terror clásico, pero siempre da la sensación de que hay algo más que lo que vemos, escondido entre las brumas psicológicas de la protagonista. Película "mental" como la que más, debajo de todo el bellísimo armazón audiovisual se agazapan asuntos tan oscuros como la represión y el abuso sexual, indicios de pederastia y, si nos ponemos exquisitos, la posibilidad de un incesto. Todo este trasfondo, progresivamente más y más pegajoso y terrible, tiene su punto culmen en el arrebatado climax final (esos alaridos de la niña en off, pura demencia) que culmina en un duelo mental entre la institutriz y el niño (ese niño que se comporta como un adulto, beso en la boca incluido), de una violencia e intensidad que corta la respiración.

La portada del primer disco de Black Sabbath junto al lago

Al igual que en la novela, el debate si THE INNOCENTS es una historia de fantasmas reales o no, a la postre, carece de importancia, aunque hay pistas para el que quiera leer entre lineas (mucha atención a la primera conversación con el tío de las criaturas). Aunque el primer impulso es interpretar la película en uno u otro sentido, pocas veces se apunta que ambas tesis pueden ser complementarias. Jack Clayton regaló al mundo una de las películas más fascinantes, poéticas e intensas de la historia, todo un tratado sobre las esquinas más retorcidas de la psique humana y los extraños misterios de la vida, sobre la belleza, la inocencia y lo que se esconde entre las sombras. Obra de arte.

- Lo mejor: un festín para los sentidos y la mente

- Lo peor: nada

  CABEZAS