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Dirección: Marcus Nispel
Guión: Laeta Kalogridis; basado en el guión de Nils Gaup para la película homónima de 1987
Producción: Mike Medavoy, Arnorl W. Messer y Marcus Nispel
Música: Jonathan Elias
Fotografía: Daniel C. Pearl
Montaje: Jay Friedkin y Glen Scantlebury
Diseño de producción: Greg Blair
Vestuario: Renée April
Interpretación: Karl Urban (Ghost), Moon Bloodgood (Starfire), Russell Means (Pathfinder), Clancy Brown (Gunnar), Jay Tavare (Blackwing), Ralf Moeller (Ulfar)




Sesión Golfa está en racha, seguimos con pelis de hostias como fundas de piano. Si hace un rato hablaba de Zack Snyder y su 300, ahora le toca el turno a otro que tal baila, el alemán Marcus Nispel, que junto con Snyder ha inaugurado una nueva estirpe de director palomitero que me acabo de sacar de la manga: el remaker, esa clase de tío sin una sola idea propia que acepta todo remake o adaptación que llega a sus manos directamente de ejecutivos grasientos con menos ideas aún. Snyder arrancó con un notable remake del clásico setentero de Romero Dawn of the Dead, zombies a tutti plain con unos primeros 10 minutos de película, sencillamente, de antología. Después llegó la ¿adaptación? de 300 que ya he comentado, y pronto tendremos entre nosotros a los Watchmen de Alan Moore repartiendo gresca. Yupi!. Paralelamene, el super-fashion Marcus (busquen su jeta en el google y ya me dirán) es reclutado por su buen hacer como videoclipero en tierras germanas y puesto al frente del remake de ese clásico setentero (otra vez, ¿por qué será?) titulado La Matanza de Texas. Contra todo pronóstico, hace una película bastante digna (a pesar de que los actores parecen concursantes de Supermodelo) aunque, sobra decirlo, totalmente innecesaria.



Que te meto, Aniceto

Los ejecutivos hollywoodienses, que ahora se dedican a fusilar el cine europeo y asiático de género de manera indiscriminada, recavaron en una apreciable peliculilla noruega de aventuras polares llamada Pathfinder, de Nils Gaup, de la que tengo un neblinoso recuerdo de una sesión nocturna de la filmoteca con aroma a tequila. Dicho y hecho. Marcus se pone al frente del proyecto y nos obsequia con uno de los más auténticos bodrios que un servidor a tenido oportunidad de disfrutar en los últimos tiempos, y, ¡albricias!, mira que es difícil desesperarme con cualquier cosa fílmica que tenga espadas y cuernos, en eso soy más bien poco exigente, pero el bueno de Nispel ha conseguido sacarme de mis casillas.


They are de knights who say... NÍ!!!


Pathfinder es una película lamentable desde cualquier punto de vista. El argumento (eso que se resume en tres frases) no deja de ser atractivo, pero el guión parece escrito por un chimpancé con resaca. El desarrollo dramático es más básico que un capítulo de Cuéntame, y la evolución de los personajes y conflictos son de "Aprenda a escribir un guión de éxito en 7 días". El protagonista Karl Urban, que estaba bastante resultón de la Trilogía del Anillo, se esfuerza por crear el héroe de acción más insípido y "parao" de los últimos tiempos. La música es un refrito insufrible de cualquir película épica de los últimos 5 años. La intensidad dramática (que podría haberla habido) brilla por su ausencia, y cuando los personajes creen que están diciendo algo trascendente, la carcajada brota porque los actores parecen estar sufriendo una embolia. Las escenas de grupo de los vikingos, que deberían ser aterradoras, acaban pareciéndose involuntariamente a Los Caballeros Que Dicen Ní de los Monty Python. La fotografía, cuando trata de ser estilizada, no es más que... oscura y monocromática, totalmente filtrada. Más de la mitad de los planos están sableados de otras películas, algunos literalmente: Conan El Bárbaro, la Trilogía del Anillo, otra vez, Los Inmortales etc etc. La película da la sensación casi de estar montada al azar, o recortada, o mutilada, o quizás metieron todas las secuencias en el disco duro, pusieron la primera la principio y la última al final, y de dieron al botón de random para el resto.


Oh, y la labor de Marcus... sublime. Hacía años que el simple hecho de VER una película no me enervaba tanto. El tipo ha decidido filmar las secuencias de acción (que se supone que son el epicentro de una película de estas características) con un marcado "sello personal", que básicamente consiste en:


- Colocar 16 cámaras al azar a lo largo del decorado y ver qué se puede hacer con lo que se ha filmado. Se pierde por completo la noción de arriba, abajo, izquierda, derecha. No hay referencias. Rodar estos combates en gravedad cero, u orbitando sobre Marte, hubiese tenido el mismo efecto. Resultado: es imposible enterarse de nada durante un 75% de la película, lo cual es un auténtico logro.

- Dar intensidad a los sangrientos combates a muerte usando indiscriminadamente el ralentí, algo que sólo sabe usar bien Peckinpah, y John Woo, a veces. Sin ralentí la peli hubiese durado 30 minutos menos.

- Ponerle un vibrador king-size a la cámara, para que parezca cine-documental o yo que sé... Resultado: no se ve nada de lo que está pasando, hasta llegar a la abstracción pura.

Magnífico. Así, Pathfinder, la muerte de la puesta en escena, acaba siendo una mezcla entre una versión mema de Apocalypto y una parodia involuntaria de Conan el Bárbaro. Apasionante. Marcus, estás en la lista negra, amigo.


- Lo mejor: Clancy Brown, haciendo de malo, el único que sabe dónde está

- Lo peor: demasiado donde elegir


CABEZAS


300 / EEUU / 2007
Dirección: Zack Snyder.
Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad y Michael B. Gordon;
basado en la novela gráfica de Frank Miller y Lynn Varley
Producción: Gianni Nunnari, Mark Canton, Bernie Goldmann y Jeffrey Silver
Música: Tyler Bates
Fotografía: Larry Fong
Montaje: William Hoy
Diseño de producción: James Bissell
Vestuario: Michael Wilkinson.
Interpretación: Gerard Butler (rey Leónidas), Lena Headey (reina Gorgo), David Wenham (Dilios), Dominic West (Theron), Vincent Regan (capitán), Michael Fassbender (Stelios), Tom Wisdom (Astinos), Andrew Pleavin (Daxos), Andrew Tiernan (Ephialtes), Rodrigo Santoro (Jerjes), Giovanni Antonio Cimmino (Pleistarchos)

El geniecillo cabroncete que aviva la imaginación de Frank Miller debe estar feliz de la vida. Su obra, de influencia básica (pero muy encubierta) en el cine de acción/fantasía de los últimos 20 años (los Robocops varios o los Batmans de Burton y áun más los de Nolan, sólo por poner unos ejemplos) ha pasado a ser adaptada por todo lo alto, con su nombre bien visible en primera plana. Frank Miller ya es una marca, un producto de consumo de masas. Ya en el magnífico Sin City de Robert Rodriguez, el chicano-americano tuvo a bien incluirle como co-director, porque a Miller no se le puede adaptar en el cine, su estilo es ya de por sí tan cinematográfico, tan marcado y personal, que sólo podemos hablar de transmutaciones, o encarnaciones en celuloide. Ya ocurrió con Sin City, lo que convirtió a la película en un fascinante espectáculo audiovisual, y eso es aún más evidente en la nueva película de Zack Snyder, aunque esto último de la autoría es bastante relativo.


Leónidas: encabronado bajo la lluvia

300 sigue viñeta a viñeta lo que se cuenta en el cómic y cómo se cuenta en el cómic, por lo que los seguidores de Miller no nos hemos llevado ni media sorpresa. Todos los demás se dividirán entre los flipados por la estética y el ritmo de la película (¡fanáticos de los videojuegos y el pressing-catch, un paso adelante!) y los que la aborrecerán, insultarán y escupirán sobre la tumba del pobre Snyder acusándole de haberse cargado el séptimo arte. Tranquilos, no es para tanto. 300 es sólo un pasatiempo viril y adolescente basado en los instintos más básicos del ser humano, algo ultramegasuperépico envuelto con un papel de celofán brillante y esteticista, con la dosis de violencia adecuada a la carnicería que se narra y un ritmo trepidante. Una lujosa fábula epidérmica, kitch y extremadamente filogay en su iconografía (esos torsos musculados y aceitosos, esas miradas esquivas entre soldados, ese drag-Jerjes-queen recién salido del Europride en su carromato de feria) cuyo parecido con los hechos históricos que se narran es pura coincidencia, pero ¿a quién le importa?. 300 es un auténtico huracán multicolor digitalizado, que rinde pleitesía al "estilo Jackson" con el que el neocelandés sentó cátedra en su magistral Trilogía del Anillo. 300 irrumpe como un huracán y como un huracán arrasa con las neuronas sin dejar supervivientes. Es entretenida, intensa, enervada y muy machota, pero nada más. Cualquier intento por atribuirle otras maravillosas cualidades o pecados mortales es un esfuerzo inútil (y un tanto gilipollas).







300 vs 300: encuentre las 7 diferencias


Tras escapar de la posesión de Miller, veamos que hace el bueno de Zack Snyder con su próximo proyecto, una adaptación de esa obra maestra total del cómic contemporáneo llamada Watchmen, el padre y la madre de todas las revisiones modernas de los superhéroes clásicos de la Marvel. Una tarea titánica que ya me tiene salivando.


- Lo mejor: su avasalladora estética, claro
- Lo peor: no aporta nada nuevo ni al cómic que calca ni al cine de aventuras en general


CABEZAS: