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REC / España / 2007
Directores: Jaume Balagueró y Paco Plaza
Guión: Jaume Balagueró y Jordi Galcerán
Producción: Julio Fernández para Filmax
Fotografía: Pablo Rosso
Montaje: David Gallart
Dirección Artística: Gemma Fauria
Intérpretes: Manuela Velasco, Ferrán Terraza, Jorge Serrano, Pablo Rosso, David Vert, Akemi Goto



Una edición de ESPAÑA DIRECTO de hora y media en Barcelona (y que me perdonen los amigos independentistas, pero la película está rodada en español). Una intrépida reportera con ganas de comerse el mundo mientras busca su mejor perfil. Un cámara-ente infatigable al que jamás veremos el rostro, pero que son nuestros ojos y nuestra voz. Un grupo de fornidos bomberos, hormonando primero, gritando después, desagrándose al fin. Un viejo edificio en el Rabal barcelonés a punto de descomponerse. El vecindario encerrado en su colmena, zumbando arriba y abajo, huyendo del horror cotidiano. La rabia. Las inyecciones. Los alaridos. La sangre. El ático. La niña Medeiros...

El fotomatón del puto infierno

Sexta película firmada por Jaume Balagueró y segunda colaboración con su colega Paco Plaza tras ese otro docudrama de terror de encargo, OPERACIÓN TRIUNFO: LA PELÍCULA, documental que, curiosamente, parece mucho más falso e impostado que este [REC] que nos ocupa. Alerta con lo que pasa a su alrededor y bien consciente de lo que se cuece en el mundo audiovisual ahora mismo, el catalán calvo de mirada torva y su cómplice barbudo agarran THE BLAIR WITCH PROJECT como base ideológica, el formato televisivo sección sucesos "en directo" como base formal y la saga 28 DAYS LATER como excusa genérica para mantenernos pegados a la butaca a base de incertidumbre, tensión, distanciamiento irónico y, sobre todo, por un certero y contundente directo a la mandíbula final que rubrica una victoria contra el espectador por un certero K.O. in extremis que le deja a uno temblando mientras los créditos se suceden rockanroleando en la pantalla negra.


La superabuela en acción

Rodada de tapadillo en Barna en escenarios naturales (convenientemenete retocados para la ocasión, of course), con un ridículo presupuesto de 1,5 millones de euros, escaso hasta para los estándares nacionales, un plantel de actores desconocidos (= baratos) para la gran masa que acoquina en taquilla, y un trailer que no muestra una sola imagen de la película, resulta que junto con EL ORFANATO (ambas de género, recuerden), REC ha salvado la recaudación patria este año estrenándose a finales de noviembre tras su fulgurante y sorpresivo paso por Sitges, donde ya le compraron los derechos para EEUU, tratando de sobrevivir a esa huelga de guionistas. Dos películas de terror en la cumbre de la taquilla española. Una, vibrante, eléctrica, arriesgada y postmoderna (3 míseras nominaciones a los Goya); la otra, un debut clasicote y previsible, pero honesto (14 nominaciones a los Goya). Es evidente: las apuestas comerciales de calidad aquí también venden y atraen al público digan lo que digan los más agoreros que se pasan la vida llorando por las esquinas porque nadie quiere ver "cine español". ¿Logrará algún proyecto de género trincar esas subvenciones tan cacareadas de la nueva Ley del Cine? ¿Las "grandes firmas" de la crítica continuarán ninguneando el género para regocijo de gafapastas cuarentones? ¿Seguirá LOS CRONOCRÍMENES, ópera prima del geniecillo Nacho Vigalondo, sin encontrar distribución en España a pesar de dejar alucinado al respetable allá donde se estrena?


Paco, Manuela y Jaume: culpables

Regresando al infierno, cuanto menos se sepa de [REC] cuando uno entra en la sala, mucho mejor. Remarco: la sala. Si bien el formato imita al televisivo, a la telerrealidad, el disfrute colectivo en pantalla grande resulta grandioso. Tal es el grado de verosimilitud y autenticidad que logra todo el equipo de esta película que un tipo algo constreñido comentaba a la salida: "Al principio pensaba que me había equivocado de sala"... y efectivamente. Si los 20 minutos iniciales pasarían por un publireportaje sobre el cuerpo de bomberos (tal cual), el resto es una versión hardcore con premeditación, alevosía y nocturnidad de un hipotético "Sucedió en Barcelona", un juguete metaligüístico con muy pocas fisuras, fabricado con pasión, empuje, mala leche, sabiduría cinematográfica y un aura de diversión retorcida y sórdida que trasciende la pantalla. La apariencia de verdad, que es el armazón de este edificio, se mantiene casi todo el metraje, algo digno de elogio, y los momentos en los que el invento chirría son muy puntuales (algún griterío colectivo, algún secundario poco afortunado y alguna caída de ritmo). Por lo demás, elogios sin fin para Manuela Velasco, chiquilla televisiva con origen en los 40 Principales y que ahora se pasea por las teleseries de moda, que aquí se curra un trabajo que supura verdad, energía y naturalidad en todos sus matices, que los tiene, y que hace imposible la tarea de separar lo que estuvo escrito en guión y lo que fue pura improvisación (que presupongo mucha dada la naturaleza del proyecto). Ella es capaz de componer un personaje tan enérgico y vital como ansioso de carnaza, basculando en todo momento entre la identificación con el espectador y su repulsa. Vitoreos para todo el equipo técnico, que logra crear la atmósfera precisa, desde la iluminación hasta la dirección artística y el sonido, cuyo tour de force sin duda está en el ático. Y, por supuesto, enajenación y alaridos entusiastas para el tándem Balagueró/Plaza, que han sabido levantar codo con codo un proyecto insólito en el panorama español, un pequeño juguete aterrador que, además, acaba por confluir de pleno con las obsesiones estilísticas del señor Balagueró, en especial en su última secuencia, una apoteosis de terror puro y texturas sórdidas en la oscuridad, 10 minutos finales prodigiosos que por sí solos merecen el visionado de este auténtico perro verde del cine español. Esta peli es la caña, amigos.

"Grábalo todo Pablo, grábalo, por tu puta madre"

- Lo mejor: el planteamiento, Manuela y la secuencia final, por la gloria de mi madre!

- Lo peor: alguna caída de intensidad a mitad de la función, algún "testimonio" que chirría y todo lo relativo al asedio exterior, bastante cutre

CABEZAS


VACANCY / EE.UU. / 2007
Dirección: Nimród Antal
Guión: Mark L. Smith
Producción: Hal Lieberman
Música: Paul Haslinger
Fotografía: Andrzej Sekula
Montaje: Armen Minasian
Diseño de producción: Jon Gary Steele
Vestuario: Maya Liebermen
Interpretación: Luke Wilson (David Fox), Kate Beckinsale (Amy Fox), Frank Whaley (Mason), Ethan Embry (mecánico)


Sin que sirva de precedente, Sesión Golfa presenta hoy una película de estreno, para que luego murmuren las lenguas viperinas sobre el caos espacio-temporal que reina en este blog. El caso es que VACANCY, título original de HABITACIÓN SIN SALIDA (cuyo eslogan, en un alarde de imaginación, reza: "Cuando entras, no hay escape"), VACANCY digo, es otra de terror que, de no ser por esa neurona excéntrica que habita en las mentes de algunos distribuidores, habría terminado en la estantería de algún videoclub (si es que queda alguno en pie), sección "Estreno en DVD".



Pretendo que este comentario sea un pequeño homenaje a la no-genialidad. No a la mediocridad ni a la insipidez, sino al buen oficio y al perfil artesano sin estridencias a la hora de narrar historias, sin mirar su género. Por ahí han encuadrado VACANCY como una muestra más de gorno, un palabro que un crítico beodo tartamudeó en algún garito de L.A. tratando de fusionar porno y gore, y que hace referencia a esa tendencia de cierto sector del terror actual (yanqui sobre todo) obsesinado con las torturas explícitas, el regodeo en la casquería gratuita y la mitología snuff como esqueleto argumental de cosas ingeniosas y entretenidas como SAW, de mediocridades presincibles como SAW 2, 3 y 4, y de excrementos audiovisuales de la catadura de HOSTEL 1 y 2. Si quieren gorno de verdad, busquen alguna cosa de los 80 (¿dirigida por Andrew Blake?) donde un Rocco Sifredi cubierto por toneladas de látex daba un nuevo significado a la expresión "cuando el Diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo".





Para no variar, nos engañan. VACANCY tiene bien poco de gore, las torturas están tratadas de una forma elíptica mayormente, y lo más desagradable queda sugerido, nunca explicitado. Cómo mola poner etiquetas, ¿eh? En realidad la película busca un tipo de terror más cercano al suspense ortodoxo y a las formas clásicas y elegantes sin demasiadas estridencias, algo que sin duda juega a su favor y la distingue de la avalancha de supuestos gornos y survival-horrors que nos invaden, llenos de casquería barata y directorcetes videocliperos que se creen el sumum de la originalidad. VACANCY es una digna muestra de saber hacer y buena planificación, actuación y puesta en escena, reforzado por un guión resultón (con sus agujeros, claro) y, ¡oh sorpresa!, una buena construcción de personajes (la pareja protagonista) y diálogos precisos. ¿El pretexto argumental? Nada del otro mundo, pero tan sencillo y transparente que llama la atención: pareja en crisis a punto de divorciarse cruza los EE.UU. por carreteras secundarias (¿por qué esa obsesión generalizada?) para asistir a una última cena familiar como marido y mujer. El coche se jode en medio de la nada, por supuesto, y si la existencia humana se moviese por la lógica, ambos hubiesen preferido pasar la noche en un estercolero radiactivo antes que en ESE motel regentado por ESE encargado. Una vez en la habitación (recuerden la fastuosa traducción española), la pareja descubre que: A) las películas de video de encima del televisor no se estrenarían nunca en unos multicines, B) si salen de la habitación se van a convertir en el ingrediente secreto del escabeche texano y C) en medio de los alaridos, su amor mutuo se va a reforzar en esta dantesca situación.



Nada nuevo sobre la faz de la tierra, un argumento que a priori puede dar lugar a dos tipo de películas: las buenas y las malas. VACANCY es de las buenas, gracias sobre todo a la precisa y elegante labor tras las cámaras del húngaro Nimrod Antal, otro de los directores europeos que la industria yanqui está fagocitando sin piedad para algarabía y regocijo de los fans del terror yanquis (y por ende mundial). El tipo sabe perfectamente cómo dosificar la intriga y cómo crear suspense y tensión, sí, tensión, ese palabro tan olvidado por los directores de género actuales, más preocupados en filmar videoclips a base de hachazos que otra cosa. Puestos a inspirarse (y a copiar, ¡claro que sí!), mucho mejor utilizar a Hitchcock y su mítico motel regentado por Norman Bates que a la MTV. Y si además trata con respeto a sus criaturas, que, ¡albricias!, esta vez no son un par de adolescentes imbéciles que llevan el "mátame" grabado en la frente, sino una pareja de seres humanos con un mínimo de profundidad psicológica, mejor que mejor. Aunque amigos, esto no es MACBETH, nunca lo olvideis. No hay que cometer el error de reprocharle a una buena tortilla de patatas que no es una delicatessen de angulas. Lo dicho, la chiquitina Kate Beckinsale se aleja de sus papeles de vampiras/action-womans con las que últimamente nos venía dando la vara (LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS, VAN HELSING, las UNDERWORLD) y sale airosa del envite, aunque por momentos le cuesta desprenderse de esa constante mueca de estar oliendo a heces. Luke Wilson tiene la suerte de no ser su hermano Owen, lo que le permite abandonar el registro cómico inherente a sus genes y componer un personaje resultón y con un agradable tono de "hombre corriente", al que por fin las hostias le duelen. Los que esperen sorpresita final o explicación rocambolesca de los hechos se van a quedar con un palmo de narices. Y además es breve y concisa (85 minutos). Puf, gracias señor guionista.

- Lo mejor: su falta de pretensiones y la exquisita planificación de secuencias de Antal, que domina el oficio
- Lo peor: originalidad cero, sólo para amantes del género


CABEZAS





THE TENANT (LE LOCATAIRE) / Francia-EEUU / 1976
Director: Roman Polanski
Guión: Gérard Brach / Roman Polanski, basándose en la novela de Roland Topor
Productores: Hercules Bellville / Andrew Braunsberg / Alain Sarde
Fotografía: Sven Nykvist
Música: Philippe Sarde
Montaje: Françoise Bonnot
Decorados: Kathryn Holliday
Vestuario: Jacques Schmidt
Efectos visuales: Jean Fouchet
Cast: Roman Polanski (Trelkovsky), Isabelle Adjani (Stella), Melvyn Douglas (Monsieur Zy), Jo Van Fleet (Madame Dioz), Bernard Fresson (Scope), Lila Kedrova (Madame Gaderian)




Aprovechando que tengo el otro computador renderizando, Sesión Golfa inaugura la sección "De Culto" con la muy inquietante EL QUIMÉRICO INQUILINO (THE TENANT), dirigida por Roman Polanksi en 1976, quizás la peor elección para una mañana otoñal tan apacible, luminosa y sosegada como esta.


THE TENANT es una de las obras más escondidas y menos populares de Polanski, pero también una de las más curiosas y viscerales de toda su filmografía, sin duda. Escrito a cuatro manos junto con su amigo y colaborador habitual Gérard Brach, coguionista también de REPULSIÓN, EL BAILE DE LOS VAMPIROS o CUL-DE-SAC, además de escritor de la modélica adaptación de EL NOMBRE DE LA ROSA y de joyas kamikazes como BLUEBERRY, el origen de THE TENANT está en la novela homónima del francotirador de las letras y dibujante Roland Topor, uno de los fundadores del llamado Movimiento Pánico, junto con Fernando Arrabal y el sr. Alejandro Jodorowski, nada menos. Lo que viene a llamarse una panda de energúmenos, con todo el cariño, que adoptan su apelativo no por la reacción que muchos han sufrido frente a sus obras artísticas sino como homenaje al dios Pan, que se manifiesta en sus obras a través de tres principios básicos: terror, humor y simultaneidad. Terror, humor y simultaneidad. No se me ocurren tres mejores palabras para tratar de definir un poco lo que es THE TENANT, aunque yo propongo otras cuatro: amor por el cine.



París, mediados de los 70. No el París luminoso y turístico habitual (poco hay aquí de la "ciudad de la luz" más estandarizada, a pesar de ese obsesivo y cíclico plano a las orillas del Sena con la Eiffel de fondo), sino su reverso oxidado y vetusto, algo suburbial, de barrio casi decimonónico y ambiente vagamente bohemio, texturas que el director volvería a visitar en la estupenda FRENÉTICO. En ese ambiente se mueve (lentamente) el bueno de Trelkovski, ciudadano polaco aunque con nacionalidad francesa (detalle que tendrá que repetir ante el acoso que deriva de su apellido) recién llegado a la ciudad en busca de una guarida. Viejo edificio regentado por una variopinta fauna vecinal, una habitación libre, un secreto y estrictas normas de convivencia. Una misteriosa (y deseable) mujer que aparece y desaparece. Y la constante presencia de madame Choule, la anterior inquilina del apartamento, que se suicidó tirándose por la ventana al patio interior sin que nadie pudiera encontrar una mínima motivación a tan radical conducta.




Para empezar, resulta sorprendente cómo Polanski-Trelkovski lleva sobre sus pequeños hombros todo el peso de la película con un aplomo interpretativo digno de elogio. Actor ocasional, siempre en papeles muy secundarios, que yo sepa éste es su único papel protagonista, un reto complicadísimo que el pequeño polaco aprueba con sobrasaliente. Supongo que eso ayuda a dos cosas: por un lado reafirma la condición de película absolutamente personal (e intransferible), eso que llaman "cine de autor" puro y duro, y por otro subraya el carácter totalmente subjetivo de la narración. Como las buenas pelis de verdad, esta es una visión personal y privada del mundo y de la historia que cuenta, desde el corazón y las entrañas, y ahí es donde ataca con todas sus armas, a pesar de que en un principio la función parezca algo intelectualizada, cerebral... pero nada de eso. La sensación de agobio y extrañamiento en la que poco a poco nos vamos sumergiendo, esa vida cotidiana gris y reconocible (casi costumbrista) que lentamente se va convirtiendo en un mundo bizarro y desfigurado, en un viaje sin retorno hacia la ¿locura? es el eje central. Bienvenidos al Universo Polanski señores.



La película es una pesadilla kafkiana que entra como la seda y se degusta como la absenta, en pequeños tragos, poco a poco hasta que ¡zas!, de pronto estamos dentro, miramos alrededor y todo ha cambiado... para mal. Una mutación psicológica que juega constantemente con el absurdo y el humor más negro y retorcido que uno pueda imaginar, que por momentos cae en lo grotesco, con un pulso maestro y un ritmo cadencioso y una acompañamiento (musical, visual) simplemente perfecto. ¿Referencias? Miles: texturas y ambientes propios "marca de la casa" (LA SEMILLA DEL DIABLO y REPULSIÓN, sobre todo) y ajenos (versión sórdida de LA VENTANA INDISCRETA), referentes literarios a cascoporrillo (el propio Kafka, incluso el maestro Lovecraft en su faceta más enferma y delirante) y por fin la prueba definitiva de que estamos ante una de las grandes: Brian De Palma debió verla más de una vez para su excelente VESTIDA PARA MATAR, el siniestro director polaco (otro) Andrzej Zulawski tuvo que tenerla de referencia obligada para la bestial LA POSESIÓN (que algún día caerá en esta misma sección de Sesión Golfa, si tengo fuerzas) y el colega Alex de la Iglesia se la estudió palmo a palmo (hasta plagiar planos y secuencias) en la ya-no-tan-buena LA COMUNIDAD...


En el centro de la vorágine, la íntima reflexión que flota, se retuerce y ataca sin piedad: la esencia de la propia identidad, y hasta qué punto uno debe renunciar a su propia intimidad para vivir en sociedad... y en qué sociedad señores. Aquí la vecindad (tremendos todos) actúa como un enorme vampiro psíquico que utiliza esos resortes tan familiares para desmembrar al individuo: "usted hace mucho ruído por las noches", "no se le permite traer señoritas a la habitación", "debe ponerse las zapatillas pasadas las 10", "hoy haré la vista gorda, pero es la última vez", "cuando camina, sus pasos resuenan en todo el edificio", "no es tan fácil encontrar un buen apartamento hoy en día"... y el recuerdo constante y obsesivo de la anterior inquilina, la mutación de las costumbres propias por las ajenas, el cambio del café y el Gauloises por el chocolate y el Malboro en el bar de la esquina... y la amarga constatación de que, aunque uno quiera reirse del mundo, al final es el mundo quien se está riendo de uno.

Simplemente, una película imprescindible, febril, pura, hipnótica, que gana con los años y que en mi ranking personal de Polanski ha subido peldaños de cuatro en cuatro...

"Dime... ¿En qué preciso momento... un individuo deja de pensar que es él mismo?
Córtame el brazo, ¿vale? Y digo: "yo y mi brazo".
Córtame el otro brazo. Y digo:"Yo y mis dos brazos".
Sácame fuera el estómago, mis riñones... asumiendo que eso sea posible... Y yo digo: "Yo y mis intestinos"¿Me sigues?.
Ahora bien, si me cortas la cabeza...
¿Qué debería decir? ¿"Yo y mi cabeza" o "Yo y mi cuerpo"?
¿Con qué derecho mi cabeza se llama a sí misma "Yo"?
¿Con qué derecho?..."





- Lo mejor: la atmósfera, las sensaciones, las texturas, el final, el aullido...

- Lo peor: pequeñas caídas de ritmo, alguna secuencia de transición algo insípida


CABEZAS







La cámara parece que iba buscando crestas, sombreros, cintas y aletas...

El bueno de Tomokawa cantando en Izo, entre Sabina y Tom Waits. Me tiene fascinado.

JAPÓN / 2004
Dirección: Takashi Miike
Guión: Shigenori Takeshi
Producción: Taizô Fumukaki y Fujio Matsushima
Música: Kouji Endo
Fotografía: Nobuyuki Fugazawa
Montaje: Yasushi Shimamura
Diseño de producción: Toshiyuki Matsumiya
Vestuario: Noboru Kawakami, You-ko y Michiko Kitamura
Interpretación: Kazuya Nakayama, Kaori Momoi, Ryuhzi Matsuda, Ryousuke Miki, Beat Takeshi, Kenichi Endo, Susumu Terajima, Kazuki Tomokawa, Hassei Takano

Hacía un tiempo que un servidor no se metía entre pecho y espalda una buena dosis de Miike, y menuda ración, ¡la virgen! Los parroquianos del nipón más delirante (y bruto) del panorama actual ya irán con las neuronas sonriendo, y se van a encontrar con lo que siempre se topa uno cuando encara a Miike: diversión, violencia, delirio y... asombro constante. Los demás, agarrense los remaches que el viaje es movidito de cojones.


IZO, la versión miikiana del género de katanas y luchas medievales niponas, le pilla a uno desprevenido desde los primeros 5 minutos. Comenzar cualquier cosa con una especie de crucifixión hiper-gore meclada con imágenes de archivo en blanco y negro de catástrofes nucleares y un parto no resulta muy habitual. Y mucho menos cuando nuestro héroe medieval resucitado se cruza en su primera carrera con un trovador con sombrero que, en estricto japonés, narra sus desventuras guitarra acústica en mano, cual cantautor death-metal con un sentimiento que ya quisiera para sí Silvio Rodriguez. Después la cosa, lejos de tranquilizarse, se retuerce mucho más. A una media de 3 combates salvajes cada 10 minutos, el bueno de Izo avanza en su desesperada lucha CONTRA TODOS (sí, ha leído usted bien) con la sencilla tarea de exterminar al Dios Creador y a toda clase de casta política o dirigente (popes religiosos varios incluídos), puesto que ellos son los causantes del mal que campa a sus anchas por el mundo. Pero Izo no es un justiciero, sino una especie de alma errante inmortal con una mala leche cósmica reconcentrada, que disfruta masacrando a todo bicho viviente que se le cruza en su camino (esto es literal), una ira eterna que hará que su cuerpo vaya mutando en una especie de demonio con un traje y una máscara superchula. Su camino hacia la destrucción total no será fácil, puesto que él es un error en el sistema cósmico que organiza la realidad tal y como la conocemos, y las leyes temporales se las pasa por el arco del triunfo. El pobre Izo pasa katana en mano de masacrar a un grupo de ronin medievales a luchar contra soldados kamikazes armados con bayonetas que habitan en una especie de limbo, de masacrar estudiantes zombies a punto de lanzarse a por el Thriller de Michael Jackson (se permiten carcajadas) a matar a su madre y otros parientes, de una pelea pandillera de un suburbio de Tokyo a una guerra psicológica en un estanque con una bruja que se saca una enorme katana que ocultaba en la entrepierna. Mientras le recuerda que una vez fueron amantes, él le replica, inexpresivo: "Una vez mi pene se frotó con tu frasco del amor, entrar en tu frasco era agradable pero tenia un hedor insoportable, apestaba. Perros y gatos lo soportarian, pero nosotros somos humanos". Enternecedor.


El trovador, Izo y los zombies-kamikazes


Neófitos en Miike, no me digan que no mola. Es muy probable que más de uno no llegue ni a los 30 minutos de metraje, completamente desorientado (y asqueado) ante lo que está viendo. Continuos saltos temporales y espaciales, elipsis continuas, personajes que mueren y reaparecen, violencia hiperbólica desatada, detalles que rozan el mal gusto, sexo, drogas y en vez de rock ´n roll, nuestro amigo el Sabina nipón, que ameniza la velada regularmente con sus apariciones por sorpresa y sus tonadas trovadorescas, retratadas con verdadera dedicación por la cámara de Miike. También el rostro pétreo del gran Takeshi Kitano (aquí Beat Takeshi) que aparece por ahí de vez en cuando... Y por si fuera poco, después de sobrevivir a los 123 minutos que dura el film (una auténtica prueba de resistencia, pero hay que llegar), un final apoteósico y megapoético, de una belleza que roza lo abstracto y la obsesión del amigo Miike con los partos y la maternidad (y un tipo de fondo que nos recita un bello e incomprensible poema). Qué, ¿no les pica la curiosidad?





IZO no es mejor ni peor que otras obras de Miike, es suya hasta la médula, tan personal como VISITOR Q y tan salvaje como ICHI THE KILLER. Aunque a ratos parece que la Teoría del Caos gobierna la función, no hay que dejarse vencer ni recurrir al manido "esto es una tomadura de pelo": a pesar de la lógica resistencia del espectador ante esta propuesta, Miike tiene las ideas muy claras en todo momento y actúa en consecuencia. Izo, el guerrero, no es más que el anarquista supremo decidido a desmontar las mentiras y las falacias que los hombres han construído (atención a la definición de "nación" que vocifera un niño) y en consonancia se mueve por el mundo y a través del tiempo, con una completa anarquía. Decidido a destruir de una vez por todas los estamentos de poder, su rabia, su ira y su frustración le llevarán hasta un punto de no retorno existencial en el que, tras acabar con las esferas de poder (de la manera más sangrienta posible) tiene un cara a cara con el Ser Supremo, que le aniquila sólo para permitirle resucitar, esta vez más puro y limpio, pero en un mundo que no ha cambiado. A mí me parece de lo más coherente...



Miike, dando clases


- Lo mejor: la radicalidad de la propuesta y esos destellos poéticos entre tanta víscera (la manita ensangrentada de la niña agarrando la hoja de la katana de Izo, absolutamente todo el final...)

- Lo peor: le sobran minutos por un tubo


CABEZAS










How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Trailer oficial con música de los Ramones, amigos!


CANADÁ / 2006
Dirección: Andrew Currie
Guión: Robert Chiomak, Andrew Currie y Dennis Heaton;
basado en un argumento de Dennis Heaton
Producción: Blake Corbet y Mary Anne Waterhouse
Música: Don Macdonald
Fotografía: Jan Kiesser
Montaje: Roger Mattiusi
Diseño de producción: Rob Gray
Vestuario: Mary E. McLeod
F/X maquillaje: Todd Masters
Interpretación: Carrie-Anne Moss (Helen), Billy Connolly (Fido), Dylan Baker (Bill), Henry Czerny (Sr. Bottoms), K'Sun Ray (Timmy), Tim Blake Nelson (Sr. Theopolis)




Canadá, ¿qué sabemos de Canadá?... Tenemos al maestro del escalpelo psicológico Cronenberg, las paranoias oscuras e intimistas de Atom Egoyan... y poco más... hasta ahora. El desconocido (hasta ahora también) Andrew Currie nos presenta esta cosa llamada FIDO, una nueva vuelta de tuerca al resucitado género de zombies. Aplausos y regocijo en Sesión Golfa. Bien!

Tomando como guía dogmática al zombie clásico-moderno que nos regaló George A. Romero con su magistral trilogía (que dentro de nada ya será tetralogía con DIARY OF THE DEAD), el bueno de Currie se monta una agradable, entretenida y simpática comedia familiar para todos los públicos (no es coña) que persigue (y ratos consigue) retorcer todos los parámetros conceptuales de los living dead llevándolos a un nuevo terreno, el terreno que ya pisó Tim Burton con su magistral (probablemente su mejor film) EDUARDO MANOSTIJERAS. ¿Os suena marciano? Pues la cosa entra como la seda, amigos.




Una nube tóxico-extraterrestre provoca la resurrección masiva de los muertos en todo el mundo, con el único objetivo de devorar carne humana viva. Estalla una guerra. Los pobres zombies son diezmados mientras se crean reductos-colonias cercadas de vivos que se obstinan en seguir viviendo en sus complejos residenciales como si nada. La todopoderosa corporación Zomcom inventa un collarín que consigue reprimir el salvaje impulso de los muertos de comerse todo lo que se mueve a su alrededor. Resultado: mano de obra esclava que, covenientemente uniformada, se integra a la perfección en la comunidad ideal, realizando todo tipo de tareas sencillas, como servicios públicos, servidumbre o, incluso, servicios sexuales (muy suavizado en el guión, eso sí). El collarín se controla con un sencillo mando a distancia: Rojo-Activo, Verde-Inactivo. Como de una mascota, el pequeño Timmy se encariña de su zombie casero, el buenazo de Fido, hasta llegar a establecer con él lazos de amistad, lo que incomoda especialmente al jefe de seguridad de Zomcom, que no ve con buenos ojos las relaciones estrechas entre zombies y vivos...


Fido, atareado en sus labores

Una gran idea, sin duda, que lamentablemente no llega todo lo lejos que podría haber llegado con ese enorme potencial. Ambientada en una especie de posguerra alternativa norteamericana en plena época del baby-boom allá por los 50 y 60, nos encontramos con los familiares barrios residenciales idílicos con sus casitas, vallas blancas y césped impoluto, con los preciosos Dodge descapotables y con las limonadas en las barbacoas. Por los grandes tocadiscos suenan clásicos del rockabilly de toda la vida, y los padres de familia están más interesados en jugar al golf y en aparentar que en otra cosa. Y en medio de este panorama, zombies con sus monos de trabajo repartiendo periódicos y botellas de leche, regando el césped apaciblemente o paseando mascotas, dóciles como perritos y tan torpones como uno pueda imaginar, hasta que el dichoso collarín se desactiva....


Entrañable estampa costumbrista

Andrew Currie consigue en todo momento dotar a la película de elegancia, ritmo y un buen acabado visual, con una especie de look Burton-light que incluso se ve reforzado con la música, que bebe sin rubores del geniecillo Danny Elfman y sus tonadas gótico-festivas. El tono de fábula y el canto a la amistad y a la tolerancia en contra de la soplapollez y la represión imperante (que, curiosamente, alcanza a casi todos los pesonajes masculinos) está muy lograda. Los actores están todos espléndidos, sin excepción, aunque destacan la maciza Carrie Ann-Moss en un papel en las antípodas de la Trinity de la trología MATRIX, aquí reconvertida en una especie de Doris Day morena con picores uterinos, el eterno secundario Tim Blake Nelson haciendo uno de sus habituales freaks (recuerden O BROTHER de los Coen) y, sobre todo, Billy Connolly, un tipo que sabe sacar ternura y humanidad al zombie protagonista Fido, por extraño que pueda parecer, sin aspavientos, sin salirse de madre y sin una sola línea de diálogo. Hay golpes de ingenio muy conseguidos, como la latente tensión sexual entre Helen y Fido, la extraña relación "amorosa" entre el sr. Theopolis y su zombie Tammy o algunas estampas "costumbristas" de la idílica comunidad, y detalles de puro humor negro sorprendentes, pero la película no acaba de desarrollar todo su potencial irónico y delirante, sobre todo en su último tercio, que podría haber dado mucho más de sí. Supongo que el planteamiento original de "película familiar" obligaba a algo así, pero uno tiene la sensación de que sobre todo el film planea una molesta autocensura que juega en contra. Una lástima que convierte a la película en un digno y a ratos ingenioso divertimento, pero que acaba en una extraña tierra de nadie, alejándola irremediablemente de la pequeña joya que podría haber sido.

Poco más que objetar no obstante, sobre todo cuando se descubre que este proyecto está financiado por la televisión pública canadiense (una televisión bastante destroyer, teniendo en cuenta que también subvencionó los primeros trabajos de Cronenberg) y que pequeñas curiosidades como esta ni siquiera se han llegado a estrenar comercialmente en España (sólo en el festival de Sitges del año pasado), así que ya saben dónde buscarla. Aunque es una maldita utopía, TVE ya podía tomar nota del asunto y ponerse a soltar pasta en proyectos arriesgados y minimamente personales (pero también comerciales) como este, y dejarse de tanta gilipollez audiovisual, corrección política y halagos y palmaditas en la espalda "a los de siempre".



- Lo mejor: la idea en sí misma, Billy Connolly niquelando una complicada interpretación, algunos preciosos destellos de genio, como el sensual baile entre Helen y Fido. Y el jocoso epílogo.

- Lo peor: la película pedía a gritos más brío, delirio y desenfreno, llegar un poco más lejos.


CABEZAS