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GUARDIANS OF THE GALAXY / EEUU / 2014
Dirección: James Gunn
Guion: James Gunn y Nicole Perlman; basado en los cómics de Dan Abnett y Andy Lanning
Producción: Kevin Feige
Música: Tyler Bates
Fotografía: Ben Davies
Interpretación: Chris Pratt (Star-Lord / Peter Quill), Zoe Saldana (Gamora), Dave Bautista (Drax The Destroyer),Vin Diesel (voz original de Groot), Bradley Cooper (voz original de Rocket), Benicio Del Toro (El Coleccionista), Michael Rooker (Yondu), Lee Pace (Ronan), Glenn Close (Nova Prime), Karen Gillan (Nébula), John C. Reilly (Corpsman Dey).
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| Guardianes en 2D |
GUARDIANES DE LA GALAXIA ya es la décima película producida por Marvel Studios amigos, desde hace poco bajo el azucaroso manto de la Disney. Afortunadamente, un tipo llamado Kevin Feige, mandamás del estudio marvelita, sigue controlando el cotarro superheroico, como mínimo, con coherencia y mano firme. Tras asentar a todos sus principales iconos desde la fundacional IRON MAN, algunos con sus correspondientes secuelas, llega el turno para la primera marcianada (nunca mejor dicho) de la saga/franquicia. Hasta ahora hubo de todo, pelmazos infumables (THOR: THE DARK WORLD, IRON MAN 2), dignos entretenimientos aventureros para pasar el rato (IRON MAN, los dos CAPIS), una cosa tan kitsch y petarda que había que quererla (THOR) y un par de ejemplos muy notables: IRON MAN 3 y, sobre todo, la brillante THE AVENGERS de Joss Whedon.
Consciente de que este "otro" grupo de superheroes es, de largo, el más desconocido por las masas, Feige tuvo el acierto/riesgo de pasar las riendas a un tipo poco conocido pero cuyo breve currículum hacía presagiar, al menos, cierto toque distintivo: el señor James Gunn. Fogueado en las trincheras de la serie B y Z, siempre en terrenos colindantes con el gore y la pringue general tirando a guarrona, sus primeros trabajos fueron apadrinados nada menos que por la bendita Troma (la inenarrable TROMEO & JULIET). Después nos regaló la estimable SLITHER, un desbarre mutante y pringoso de serie B en la que rendía pleitesía a... la Troma. Ya emancipado de su padrino tóxico, Gunn dirige su primera película de anti-superhéroes, titulada sabiamente SUPER, parodia barata, sangrante y embrutecida de los lugares comunes de los tipos con mallas que lograba (no sin esfuerzo) encontrar su tono libre de prejuicios. Por primera vez Marvel contrata a un mercenario ajeno a los brillos y oropeles hollywoodieneses y escarba en un modo de entender el cine ciertamente más tóxico y gamberro. El resultado, aún con sus peros, es GUARDIANES DE LA GALAXIA.
Hay razones a puñados para vitorear esta película, amigos. La primera es su militancia sin complejos en la aventura pulp espacial, eso que llamaron hace ya muchas décadas (allá por 1940) space opera, que a su vez no era más que una actualización futurista de las peripecias de aventureros fornidos en lugares exóticos, sustituyendo viejas ruinas africanas, selvas tropicales o palacios orientales por planetas extraterrestres y alienígenas de toda forma y pelaje. Subgénero popular por definición, primero tomó forma de relato o novela, después pasó a las viñetas de los tebeos y, finalmente, se asentó en forma de seriales televisivos que, visto con objetividad, era su formato ideal. De Flash Gordon a Doc Savage, la ciencia-ficción pulp exprimió el formato durante años hasta que un señor llamado Stanley Kubrick le dio su golpe de gracia mortal con 2001. Pasó casi una década hasta que un treintañero reivindicó el subgénero con un proyecto que, en origen, fue el hazmerreir de los estudios hollywoodienses. La peliculita se tituló STAR WARS, y el resto es historia. Efectivamente, GUARDIANES DE LA GALAXIA la toma como modelo, actualizando sus formas al blockbuster del s.XXI pero salvaguardando su esencia. James Gunn tiene el acierto de minimizar los elementos místicos, trascendentales y oscuros (tan plomos en demasiados ejemplos marvelitas) para explotar con mucha alegría y desparpajo la vertiente más festiva y fiestera del asunto, con el mismo sentimiento creativo que el gran Joss Whedon ya supo clavar en su recordada serie FIREFLY y en su secuela en cine, la estupenda SERENITY. Bien.
Primera comedia pura de los estudios Marvel, James Gunn obra el milagro de no dejarse devorar del todo por la maquinaria industrial y aportar algo de irreverencia y descaro al conjunto, dejando un delicioso aroma a "caspa" serie B que hace que la sonrisa sea perpetua durante sus dos horas de metraje, dos horas que se pasan como un suspiro porque, entre otras cosas, se prescinde de esas soporíferas secuencias de transición, explicativas o trascendentes para ir al grano en todo momento dentro de un espectáculo continuo que, además, es capaz de regalarnos un par de secuencias de gran belleza plástica. La película es todo músculo de principio a fin, amigos, sin la grasaza habitual de este tipo de producciones. Los cinco Guardianes, bien distintos entre sí, funcionan como un todo mediante réplicas y contrarréplicas a la velocidad de la luz, todos tiene su gracia y desparpajo, y las bromas, aleluya, funcionan como un tiro, bromas que también son visuales. Hay que prestar mucha atención a lo que ocurre en segundo plano en esta película, tan plagada de detalles que algunos gags se nos pueden escapar en un primer visionado. Atentos, por poner sólo un ejemplo, al fugaz cameo del amigo Lloyd Kaufman (mandamás de la Troma), una bonita declaración de honestidad y principios por parte de Gunn. Los cinco protagonistas demuestran una química magnética entre ellos, en especial un chispeante Peter Quill/Starlord al que Chris Pratt sabe cogerle ritmo y tono, tomando como modelo a un jovenzuelo Han Solo, por supuesto, derrochando un constante humor sarcástico que sublima de forma sana y nada impostada cierta épica de los perdedores, de los proscritos, de "una panda de capullos de pie alrededor de un círculo". Imposible, por cierto, no destacar la coña marinera que supone Vin Diesel dando voz a un personaje, Groot, que tan sólo sabe decir una frase, jejeje.
Si STAR WARS apuntalaba su agradable sentimiento nostálgico mirando hacia la década de los 40 y 50 (origen de la propia space opera), GUARDIANES DE LA GALAXIA se dirige, más bien, a todos los que hemos crecido y devorado cine bueno, malo y regular durante los 80, recuperando en parte ese sentimiento de la maravilla que tanto nos hizo disfrutar de niños y adolescentes, reforzado además por una banda sonora diegética en la figura de una recopilación en cassette (por supuesto) de horteras clásicos ochenteros pop-rock, detalle que me ganó del todo con la inclusión del mítico "Cherry Bomb" de The Runaways, música que además cobra importancia narrativa en su descacharrante anti-climax final. Por cierto, atentos a la tradicional secuencia post-créditos, que esconde una sorpresa-chascarrillo recuperando un olvidado personaje que tuvo entonces su breve momento de gloria. En resumen, la más redonda película Marvel hasta la fecha mano a mano con THE AVENGERS (curiosamente, ambas películas corales) y uno de las gozadas veraniegas más refrescantes de los últimos tiempos. Espectacular.
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| James Gunn, con un par |
Hay razones a puñados para vitorear esta película, amigos. La primera es su militancia sin complejos en la aventura pulp espacial, eso que llamaron hace ya muchas décadas (allá por 1940) space opera, que a su vez no era más que una actualización futurista de las peripecias de aventureros fornidos en lugares exóticos, sustituyendo viejas ruinas africanas, selvas tropicales o palacios orientales por planetas extraterrestres y alienígenas de toda forma y pelaje. Subgénero popular por definición, primero tomó forma de relato o novela, después pasó a las viñetas de los tebeos y, finalmente, se asentó en forma de seriales televisivos que, visto con objetividad, era su formato ideal. De Flash Gordon a Doc Savage, la ciencia-ficción pulp exprimió el formato durante años hasta que un señor llamado Stanley Kubrick le dio su golpe de gracia mortal con 2001. Pasó casi una década hasta que un treintañero reivindicó el subgénero con un proyecto que, en origen, fue el hazmerreir de los estudios hollywoodienses. La peliculita se tituló STAR WARS, y el resto es historia. Efectivamente, GUARDIANES DE LA GALAXIA la toma como modelo, actualizando sus formas al blockbuster del s.XXI pero salvaguardando su esencia. James Gunn tiene el acierto de minimizar los elementos místicos, trascendentales y oscuros (tan plomos en demasiados ejemplos marvelitas) para explotar con mucha alegría y desparpajo la vertiente más festiva y fiestera del asunto, con el mismo sentimiento creativo que el gran Joss Whedon ya supo clavar en su recordada serie FIREFLY y en su secuela en cine, la estupenda SERENITY. Bien.
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| Thanos, esperando su momento |
Primera comedia pura de los estudios Marvel, James Gunn obra el milagro de no dejarse devorar del todo por la maquinaria industrial y aportar algo de irreverencia y descaro al conjunto, dejando un delicioso aroma a "caspa" serie B que hace que la sonrisa sea perpetua durante sus dos horas de metraje, dos horas que se pasan como un suspiro porque, entre otras cosas, se prescinde de esas soporíferas secuencias de transición, explicativas o trascendentes para ir al grano en todo momento dentro de un espectáculo continuo que, además, es capaz de regalarnos un par de secuencias de gran belleza plástica. La película es todo músculo de principio a fin, amigos, sin la grasaza habitual de este tipo de producciones. Los cinco Guardianes, bien distintos entre sí, funcionan como un todo mediante réplicas y contrarréplicas a la velocidad de la luz, todos tiene su gracia y desparpajo, y las bromas, aleluya, funcionan como un tiro, bromas que también son visuales. Hay que prestar mucha atención a lo que ocurre en segundo plano en esta película, tan plagada de detalles que algunos gags se nos pueden escapar en un primer visionado. Atentos, por poner sólo un ejemplo, al fugaz cameo del amigo Lloyd Kaufman (mandamás de la Troma), una bonita declaración de honestidad y principios por parte de Gunn. Los cinco protagonistas demuestran una química magnética entre ellos, en especial un chispeante Peter Quill/Starlord al que Chris Pratt sabe cogerle ritmo y tono, tomando como modelo a un jovenzuelo Han Solo, por supuesto, derrochando un constante humor sarcástico que sublima de forma sana y nada impostada cierta épica de los perdedores, de los proscritos, de "una panda de capullos de pie alrededor de un círculo". Imposible, por cierto, no destacar la coña marinera que supone Vin Diesel dando voz a un personaje, Groot, que tan sólo sabe decir una frase, jejeje.
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| Gamora y El Coleccionista, verde que te quiero verde |
Si STAR WARS apuntalaba su agradable sentimiento nostálgico mirando hacia la década de los 40 y 50 (origen de la propia space opera), GUARDIANES DE LA GALAXIA se dirige, más bien, a todos los que hemos crecido y devorado cine bueno, malo y regular durante los 80, recuperando en parte ese sentimiento de la maravilla que tanto nos hizo disfrutar de niños y adolescentes, reforzado además por una banda sonora diegética en la figura de una recopilación en cassette (por supuesto) de horteras clásicos ochenteros pop-rock, detalle que me ganó del todo con la inclusión del mítico "Cherry Bomb" de The Runaways, música que además cobra importancia narrativa en su descacharrante anti-climax final. Por cierto, atentos a la tradicional secuencia post-créditos, que esconde una sorpresa-chascarrillo recuperando un olvidado personaje que tuvo entonces su breve momento de gloria. En resumen, la más redonda película Marvel hasta la fecha mano a mano con THE AVENGERS (curiosamente, ambas películas corales) y uno de las gozadas veraniegas más refrescantes de los últimos tiempos. Espectacular.
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| "Yo soy Groot" |
- Lo mejor: su asombroso sentido del ritmo narrativo y de la aventura y su extravagancia freak injertada en el mejor blockbuster espacial que uno pueda soñar
- Lo peor: cierta confusión puntual, la poca consistencia de su villano Ronan y lo desaprovechado de El Coleccionista del siempre imponente Benicio Del Toro
- Lo peor: cierta confusión puntual, la poca consistencia de su villano Ronan y lo desaprovechado de El Coleccionista del siempre imponente Benicio Del Toro
SAVAGED / EEUU / 2013
El subgénero denominado "rape
& revenge" es el más sensacionalista, ponzoñoso y, en ocasiones,
misógino del cine de terror. Se basa en una premisa primitiva: una chica joven
(o varias) es sometida a una interminable sesión de tortura y violación por uno
(o varios) hombres sin escrúpulos ni desodorante. Si ella sobrevive al horror,
irá exterminando uno por uno a sus agresores con inusitada presteza y mala
leche. Si no, será algún familiar cercano (o su novio) quien asuma la
responsabilidad. Fin. SAVAGED
comienza como un rape & revenge
canónico, con el agravante de que la joven es sordomuda (sic). Afortunadamente hacia mitad del metraje la historia da un brillante giro, incorporando
elementos sobrenaturales muy locos y derivando la película hacia un verdadero desparrame
de pura serie B sin prejuicios, con ciertos toques de estilo y ambiente que pueden recordar al Oliver Stone más polvoriento y cafre de GIRO AL INFIERNO, SAVAGES (casi el mismo título, oiga, ¿por qué será?) o incluso NATURAL BORN KILLERS. Convertir a ese ángel rubio sin voz en una guerrera apache
zombificada desactiva pues gran parte de la discutible "pornografía del
dolor" del subgénero para llevarlo a terrenos mucho más festivos, y da
como resultado una película plenamente efectiva, divertida, gore y entretenida, con un potente final que, oh sorpresa, acierta en su tono entre patético y dramático. Premio del Público en el reciente festival Nocturna 2014.
- Lo mejor: la estimulante vuelta de tuerca al cansino subgénero del rape & revenge
- Lo peor: que algún despistado trate de tomársela demasiado en serio
CABEZAS
ENEMY / Canadá / 2013
El canadiense Denis Villeneuve rodó en 2013 dos de las películas más interesantes del año, una auténtica proeza sólo al alcance de titanes como Takashi Miike o Jess Franco. La otra fue PRISONERS, un thriller con psicópata de exterior gélido e interior desolado. Algo de thriller, en un sentido muy libre, también hay en ENEMY, aunque mucho más orientado a la paranoia psicológica. Difícil adaptación de una compleja novela del añorado José Saramago (EL HOMBRE DUPLICADO), ENEMY se sustenta (otra vez) sobre una fría y distante atmósfera, fotografiada ahora en ocres apagados, como un ocaso eterno. El muy inquietante tema del "doble" se convierte en una pesadilla cocinada a fuego lento que, aunque tiene ribetes de thriller, insisto (o bien de drama disfrazado de thriller, si ustedes prefieren) prefiere hundir sus raíces en ese cine de género atípico y personal imposible de encasillar, que juguetea con lo onírico, lo psicótico y el terror psicológico, eso que alguna vez hemos llamado por aquí "el otro cine fantástico". Pesadilla para un hombre corriente que un buen día descubre a otro tío idéntico a él por pura casualidad (no os lo voy a desvelar, tan cotidiano como genial), punto de inflexión en la anodina vida de un hombre triste empujado hacia la obsesión y, por supuesto, la confusión. Sin ser del todo críptico, pero sí exigente, Villeneuve juega a armar un puzzle progresivamente abstracto, escarbando en la psique del (los) protagonista, perdido en una deriva vital que acaba abrazando lo psicosexual. Así pues, ritmo pausado y muchos silencios, y un Jake Gyllenhaal que repite con el canadiense en un tour de force espléndido y siempre contenido, que nunca cae en el esperpento y que desborda genio, fijaos en las conversaciones telefónicas. Película sin respuestas fáciles y con enigmas por resolver (la llave y el garito, por ejemplo), ENEMY puede llegar a crispar los nervios a los más impacientes, pero con referencias tonales como los Davids (Lynch y Cronenberg), un poco del onanismo visual de Nicolas Winding Refn, y un plano final capaz de hacerte explotar unas cuantas neuronas como palomitas de maíz, es complicado resistirse a los misteriosos encantos de esta peculiar propuesta de un tipo que ya hay que marcar en la lista. - Lo mejor: que las arañas acaben colonizando tu cabeza y la película se quede un buen rato ahí
- Lo peor: que puede resultar inconclusa y, sobre todo, algo frustrante
CABEZAS
THE MAN FROM EARTH / EEUU / 2007
Hoy toca rescatar del olvido la semidesconocida THE MAN FROM EARTH, una muestra digna de culto de un tipo de película para la que cualquier apelativo va a ser pedante. La extraña obra de Richard Schenkman es adaptación de una novela de Jerome Bixby, historia que comenzó a escribir en la década de los 60 y concluyó en su lecho de muerte en 1998. THE MAN FROM EARTH es, en esencia, ciencia-ficción de ideas (y sólo de ideas) en la que cualquier otro factor, simplemente, se ha borrado del mapa. Una conversación de hora y media en tiempo real entre un grupo de amigos en una cabaña en torno a la inquietante confesión de uno de ellos, John Oldman, como despedida: asegura ser un hombre de Cro-Magnon de 14 mil años de edad que ha sobrevivido hasta nuestros días (tal cual). Tan brutal arranque podría haber dado para cualquier comedia bufa, pero es el paisaje humano el que configura el tono de todo el relato. Todos los colegas, de edades variables, son profesores universitarios: de biología, física, psicología, teología, historia... El propio Oldman (cachondo apellido), se despide de su docencia y amigos para cambiar de residencia, ritual que ejecuta cada diez años, el tiempo en el que la gente de su entorno comienza a notar que no envejece. Así pues, tras un primer momento de estupor, sus colegas entran en el juego, reflexionando cada uno desde su punto de vista y especialidad sobre la posible veracidad del relato de John y sus implicaciones pero, ¿está diciendo la verdad o no es más que un juego mental algo sádico?. THE MAN FROM EARTH, insisto, es una película discursiva en la que todo se desarrolla, con pasmosa naturalidad, mediante el intercambio constante de conceptos, un diálogo apasionante que a los aficionados a la sci-fi más, digamos, cerebral, les va a poner como una moto. Pero que nadie salga corriendo. Si tú, espectador, también entras en el juego, te aseguro que no hay un sólo minuto de aburrimiento. Cierto punto de inflexión a mitad de la película, apasionante y hasta blasfemo, consigue que la cosa tome tintes monumentales, de los que te excitan las neuronas y te obligan a mantenerte magnetizado delante de la pantalla. Y todo eso sin dejar de ver a gente corriente hablando junto al fuego en una cabaña, con una agradable sensación de intimidad gracias a un grupo de actores sólidos y competentes, con un par de viejos conocidos de la serie B como el añorado William Katt y el bueno de Tony Todd. Gran y apasionante película, recomendada para cualquier amante de desbaratarse un poco las propias estructuras mentales. Y de la fantasía poética con un final sensacional. Pero THE MAN FROM EARTH tiene un delirante chiste apócrifo que no aparece en la peli: la siguiente película del erudito y cerebral Richard Schenkman fue... ¡¡ABRAHAM LINCOLN VS ZOMBIES!!
- Lo mejor: su tremenda capacidad para remover el cerebelo sólo mediante ideas y un buen grupo de actores escupiendo palabras
- Lo peor: que visualmente sea tan plana y, a veces, hasta descuidada y fea
CABEZAS
CARRIE / EEUU / 2013
La fiebre por los remakes sigue en su máximo apogeo amigos. El bussiness es el bussiness, y la enfermedad parece lejos de remitir. En 1976 CARRIE fue un hito porque puso a Stephen King y a Brian De Palma en el mapa, nada menos. Y porque es una película cojonuda. Como otras muchas, CARRIE no necesitaba remake alguno. Dijeron que sería una versión más fiel al libro que la del amigo De Palma, pero vista la pèlícula de Kimberly Peirce la frase es puro humo. Stephen King hace la primera descripción de Carrie en las duchas: "... una rana entre los cisnes. Era una muchacha robusta, con granos en el cuello, la espalda y las nalgas. Su cabello mojado no parecía tener color alguno...". No parece precisamente la descripción de Chloë Grace Moretz. No se atreve, como tampoco hizo De Palma, en desarrollar el arrebato psicótico y telekinésico final, que en la novela lleva a Carrie a arrasar el pueblo entero y escabechar a cualquier incauto con el que se cruzase. En realidad, CARRIE 2013 sigue paso por paso la magnífica peli de Brian De Palma sin esforzarse en ofrecer nada novedoso. Es una pena porque su impactante prólogo, ausente en la versión setentera, pone los dientes muy largos y las expectativas muy altas, pero se queda en un brillante arrebato aislado. Kimberly Peirce abandona cualquier intención de dar personalidad al asunto y asume la dirección de forma efectiva y más que correcta, a veces con cierto brío (en especial en el estupendo climax final), pero todo sin mucha pasión, que era lo que le sobraba a la primera adaptación, con un De Palma desbocado y voyeur.
Afortunadamente lo mejor de CARRIE 2013, asumiendo que no vamos a encontrar novedades, son las dos protagonistas. Aunque Chloë Grace Moretz no da el físico (en realidad la recordada Sissy Spacek tampoco lo daba), funciona mucho mejor que Spaceck por edad y constitución (esta Carrie es más adolescente, rezuma fragilidad), y nos regala un par de duelos de muchos kilates con una tremenda Julianne Moore (la adoro mucho), dos pedazos de actrices frente a frente interpretando como gatas furiosas. Ellas son el centro de la función, está claro, aunque todo lo que las rodea (compañeros del instituto, profesores, macarras de medio pelo) resulta mucho más insulso que en la versión De Palma, y ciertamente mucho más pusilánime y recatado. Ya no hay tetas en las duchas. CARRIE 2013 es una película sin duda entretenida, sólida, solvente y eficaz, incluso sobria, pero que no deja huella.
- Lo mejor: sus dos actrices protagonistas, ambas sobresalientes
- Lo peor: no aporta absolutamente nada a la primera versión ni a la novela
CABEZAS
HAUNTER / Canadá / 2013
Dirección: Vicenzo Natali
Guión: Matthew Brian King
Música: Alex Khaskin
Fotografía: Jon Joffin
Intérpretes: Abigail Breslin, Stephen McHattie, Michelle Nolden, David Hewlett, Samantha Weinstein
Vincenzo Natali es uno de esos tipos que nunca aparecerá entre la lista de cineastas influyentes de los últimos años. Ha tocado muchos palos en su todavía breve filmografía, no tiene dos películas iguales (ni siquiera parecidas) y quizás eso ha provocado la ceguera de mucho crítico miope. Cinco obras hasta la fecha cuyo único (y aparente) punto en común son sus concisos títulos de una sola palabra: CUBE (esa pesadilla claustrofóbica de horror matemático que le puso en el mapa tras arrasar en varios festivales), CYPHER (su aportación al cyberpunk paranoico), NOTHING (la comedia más surrealista y marciana que hayas visto en tu vida), SPLICE (su morbosa actualización del mito del doctor Frankenstein y su criatura) y finalmente HAUNTER, la incursión de Natali en el pantanoso terreno de las casas encantadas amigos. Curioso este 2013, por cierto, que nos ha dado variadas muestras de este particular subgénero del cine de terror: desde la clasicota THE CONJURING, del antes ignorado y ahora sobrevalorado James Wan, hasta las cansinas secuelas y copias a la estela de PARANORMAL ACTIVITY, pasando por dos joyitas que renuevan, hasta cierto punto, tan trillado tema: la magnífica y minimalista I AM A GHOST y la sutil y atmosférica THE LAST WILL AND TESTAMENT OF ROSALIND LEIGH (ambas operas primas, por cierto).
Así pues, el amigo Vincenzo, como no podía ser menos, agarra los clichés del asunto espectral y les da una estimulante vuelta de tuerca. HAUNTER invierte el punto de vista habitual para convertir el relato en una especie de muñeca rusa preñada de compartimentos espacio-temporales que hay que ir abriendo. Sí, hay algo de refrito en su idea original (y disculpad que no entre en detalles para no reventarle la fiesta a nadie), pero su arranque y planteamiento es tan certero, magnético y absorbente que esas referencias se acoplan como un guante en una primera hora sencillamente brillante. Natali otorga a su particular aportación al cine de fantasmas una ligereza fascinante, casi de cuento de hadas (algunos momentos e imágenes me recordaron a Guillermo del Toro) a la par que apuntala con maestría una narrativa cíclica que va trufando de humor y pequeños detalles freaks marca de la casa, como la iconografía gótica que adorna la habitación de Lisa (posters de BOWIE, THE SMITHS, THE CURE, JOY DIVISION o su perenne camiseta de SIOUXSIE & THE BANSHEES), el hecho de que saque su ouija (marca Parker) de entre un Risk y un Monopoly o la primera aparición del villano. Pero cuidado espectadores de corazón frágil y tendencia al alarido, que nadie se relaje demasiado: hay un par de secuencias (todas con una cama de por medio) capaces de provocar el infarto dentro de su sencilla planificación y que apelan a los miedos más atávicos (esa mano al otro lado de la sábana, uf).
Es HAUNTER una película cálida y primorosamente rodada con una fascinante atención a los detalles dentro de su alambicada historia, capitaneada por una encantadora Abigail Breslin que mantiene el tipo y sostiene todo el peso de la historia sobre sus pequeños hombros. Al fin una adolescente interpretando a una adolescente. Es una lástima que el climax y resolución no esté para nada a la altura del resto, y que mediado el metraje poco a poco la película se vaya deshinchando hasta abrazar finalmente toda una gama de lugares comunes y estereotipos del género que finalmente dejan un sabor agridulce en el paladar. Es posible que HAUNTER sea la película menos redonda de Natali, pero aún así el cineasta canadiense logra dejar su sello y sumar otra estimulante (aunque parcialmente fallida) obra a su curriculum, una película quizás menor pero que encaja como un guante en su particular visión del fantástico en todas sus variantes. Y como no tengo seis cabezas y media a mano, le planto siete sin mayor problema. Vincenzo, tú si que eres fantástico.
- Lo mejor: la inteligencia y brillantez en su planteamiento y desarrollo y la hermosa visualización de Natali de este cuento de fantasmas interdimensional
- Lo peor: un tercer acto flojo, reiterativo y demasiado telefilmero al que le falta intensidad y le sobra ese final tan blandito
CABEZAS
MAN OF STEEL / EEUU / 2013
Confieso que Superman es, probablemente, el superhéroe que menos me interesa de todo el panteón de divinidades con superpoderes y mallas. Aunque el (ya clásico) film homónimo de Richard Donner es una sólida película de aventuras un tanto kitsch y SUPERMAN 2 mantiene el tipo, el personaje en sí siempre me ha parecido unidimensional y con muy poco donde rascar. Tras un reboot fallido hace unos años (SUPERMAN RETURNS) que trataba de ser demasiado fiel al original, llega su turno para la que, decían, iba a ser la versión definitiva, actual y postmodernizada del personaje. A los mandos, dos (supuestos) pesos pesados de la industria que (suponíamos) garantizaban que el proyecto llegase a buen puerto: Christopher Nolan en la producción y habiendo escrito el argumento, y Zack Snyder tras la cámara. La apuesta renovadora se ha basado en:
1. Más oscuridad, por favor. El color y el brillo desaparece de la película, como mandan los cánones de la moda actual. Para que el film gane en peso dramático (digo yo), los colores se desaturan (incluso en el traje) y todo tiene una apariencia entre ocre y de día nublado. Como cualquier peli de Nolan, en resumen.
2. Eliminar los detalles más inocentes. El gracioso flequillo folclórico de Superman desaparece, al igual que los famosos calzoncillos por encima de los pantalones. Con ello, se borra de un plumazo cualquier atisbo de sentido del humor, ni que decir que los momentos de comedia (tan divertidos en la peli de Donner) brillan por su ausencia.
3. Estructura de flashback. Para que la narración parezca más compleja y adulta, toda la infancia/adolescencia de Clark se cuenta a través de intermitentes saltos hacia atrás en el tiempo. Igual que en BATMAN BEGINS.
4. Naves espaciales a cascoporro. Pues sí, Krypton se abarrota de combates, lasers y explosiones, y por si eso fuese poco, Zod manda su flotilla a la Tierra en plan V.
5. Rollo mesiánico. Jor-El le comenta a su hijo que será "un Dios entre los hombres". Poco después nos enteramos de que Clark tiene 33 años. Se "anuncia" a la Humanidad bajando de los cielos y se deja capturar (se sacrifica) por la Humanidad, porque la Humanidad no le entiende. Hacia el final, por si no había quedado claro, Jesucristo Supersteel baja de los cielos de nuevo, pero esta vez con los brazos en cruz...
6. Torturado e incomprendido. El bueno de Clark se pasa media película mirando al infinito, angustiado por su identidad y por su destino y leyendo a Platón con diez años (lo juro).
7. Louis Lane conoce la identidad secreta de Superman desde el minuto uno...
Lamentablemente, nada de todo esto funciona con un mínimo de impacto o coherencia. La película es un batiburrillo de secuencias inconexas entre sí (los flashbacks son de una torpeza notable, confusos y que lastran la trama principal) con la única intención de epatar al espectador. Sí, claro, MAN OF STEEL es espectacular, pero poco más. El cansancio de enlazar una secuencia abrumadora tras otra juega todo el rato en su contra, y llegados al climax final ya estamos hasta los belfos de explosiones nucleares y destrucciones masivas varias. Snyder no es capaz de contrarrestar la cargante grandilocuencia constante del guión y simplemente cumple su labor como un mercenario. Krypton parece un descarte de media hora de la nueva trilogía de STAR WARS. La ausencia de humor incide aún más en este tono sombrío y (falsamente) reflexivo hasta el punto que sus dos horas y media largas acaban pesando como una losa entre fuegos artificiales y mucho, mucho ruido. El reparto al completo se limita a cumplir. Si el error más gordo es la propia Louis Lane (tanto de casting como de concepto del personaje), Henry Cavill está bastante correcto con su distante interpretación del alienígena, aunque se le nota algo encorsetado (insisto, por el erróneo tono grandilocuente). Y los demás... pues pasaban por allí a la espera de cobrar el cheque, sobre todo un insípido Rusell Crowe en una de las peores interpretaciones de su carrera. Ni siquiera un sobreactuado Michael Shannon destaca dentro de esta película amorfa y sin alma. Resumiendo: MAN OF STEEL es una película fallida desde cualquier punto de vista, atronadora, excesiva y mal planteada. Otra más de las grandes decepciones de los blockbusters de este verano, y ya van unas cuantas... De usar, bostezar y tirar.
- Lo mejor: algunos destellos de talento aislados, como los minutos finales en los que se enlaza un flashback infantil (el único mínimamente emotivo, jugando entre la ropa tendida), y la "aparición" de Clark Kent en la redacción del Daily Planet, justo donde nos hubiese gustado verle desde el principio
- Lo peor: el absurdo concepto general de la película y la propia visión del personaje, que resulta chirriante y artificiosa, lo que lastra al film de principio a fin. Y el abuso sin misericordia de Metrópolis siendo destruida una y otra vez, una y otra vez...
CABEZAS
LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI / España / 2013
Dirección: Alex de la Iglesia
Guion: Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría
Producción: Enrique Cerezo
Fotografía: Kiko de la Rica
Dirección artística: Arturo García y Jose Arrizabalaga
Vestuario: Paco Delgado
Interpretación: Hugo Silva (José), Mario Casas (Antonio), Carmen Maura (Graciana), Terele Pávez (Marichu), Carolina Bang (Eva), Gabriel Delgado (Sergio), Jaime Ordóñez (Manuel), Secun de la Rosa (Pacheco), Pepón Nieto (Calvo), Macarena Gómez (Silvia), Javier Botet (Luismi), Carlos Areces (Conchi), Enrique Villén (deficiente mental), Santiago Segura (Miren)
Sin contar cortos, telefilms, mediometrajes y otros trabajos, LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI ya es su película número once, respetable trayectoria para un cineasta todavía joven al que le quedan muchas cosas que gritar. Alex ha tocado todos los palos (es uno de esos directores que fusionan la visión de autor con la militancia en el cine de género) mientras su cine se ha hecho, progresivamente, más oscuro, cínico y malencarado. Tras la brutal catarsis creativa y conceptual que supuso BALADA TRISTE DE TROMPETA (una obra maestra a tumba abierta que algún día ocupará el lugar que se merece), un Alex a medio gas estrenó LA CHISPA DE LA VIDA, su film más flojo, tibio y desganado. Supongo que siguiendo la teoría universal de la acción-reacción, LAS BRUJAS... es una auténtica inyección de anabolizantes y ritmo frenético, una comedia de acción-terror (aparentemente) descerebrada que mira de reojo a la desatada energía adolescente de sus primeras películas. De hecho, la estructura narrativa de LAS BRUJAS... remite directamente a EL DÍA DE LA BESTIA, y vista en conjunto sin duda es su hermana de sangre dentro de su filmografía. Doble placer pues comprobar que Alex de la Iglesia, veinte años después, sigue con las mismas obsesiones y pasiones que antaño. Como yo con los Maiden.
Hay que decirlo ya: la primera media hora larga de LAS BRUJAS... es antológica. Como bien recomendaba Hitchcock, una película tiene que arrancar por todo lo alto. El frenético (y demencial) robo a la casa de empeños en plena Puerta del Sol de Madrid y la posterior huida (¡en taxi!) te deja pegado a la butaca como una babosa, entre sorpresas y carcajadas. Alex rueda en plan kamikaze, cámara en mano y con estética feista y granulada (muy en plan Rob Zombie, por cierto). Se nota y mucho el feliz regreso de Jorge Guerricaechevarría a su puesto de coguionista, sobre todo en los chispeantes diálogos disparados a la velocidad de la luz, catarata de réplicas y contrarréplicas casi imposible de pillar del todo en un primer visionado. El gusto de ambos por el esperpento y su amor compartido por lo grotesco se despliega en todo su esplendor, metiendo en una situación lamentable a una serie de personajes variopintos (todos masculinos, de momento) a los que todo les viene muy grande, justo la esencia conceptual de lo que tiene que ser una buena comedia. Vertebran la comedia, por supuesto, con ribetes de acción (Alex sigue siendo uno de los pocos cineastas españoles que saben cómo rodar un tiroteo o una persecución) y la sazonan con exóticas especias que provienen del fantastique más clásico (¡brujería!), e incluso del survival-horror setentero (sep, muy en plan la "cena con el abuelo" de LA MATANZA DE TEXAS).
Lo que hasta la llegada al pueblo maldito (Zugarramurdi, por supuesto) era una comedia de acción para disfrutar y aplaudir hasta con las orejas, poco a poco se transforma en... el gran desmadre pagano. Sin llegar a regalarnos un "dos por uno" de una manera tan radical como ocurrió, por ejemplo, con ABIERTO HASTA EL AMANECER (aquí otra referencia esencial), sí que hay un segundo tramo y climax final que a más de uno le pueda parecer excesivo. Lo cierto es que la peli progresivamente se va acercando al caos (algo bastante alexdelaiglesiano, por otra parte), tanto narrativo como conceptual, y quizás, como digo, hay riesgo de empacho cuando uno encara el tercer acto, pero en el fondo no es más que simple cuestión de gusto. Es posible que queden en nuestras memoria antes las conversaciones en el taxi (cuatro actores dentro de un coche, nada más sencillo) que el desparramo final con la diosa pagana devorando incautos, pero es innegable que LAS BRUJAS... es coherente de principio a fin incluso en su marciano epílogo (¿un homenaje a LA FAMILIA ADDAMS?), que deja una frase final pronunciada por Carmen Maura que es puro veneno.
Por supuesto, el reparto al completo está glorioso. Aunque hay un par de llamativos secundarios que son una pura frikada amiguetil sin más enjundia (Segura y Areces, mano a mano con los rulos puestos), todos los demás están estupendos y estupendas. Las tres generaciones de brujas encarnadas por Terele Pávez, Carmen Maura y Carolina Bang funcionan como un cañón en conjunto. Nada que decir de estas dos veteranas que ya forman parte del universo propio de Alex (impagable esa Carmen Maura pasando el plumero a las lámparas mientras pasea por el techo), pero sí quiero resaltar el esforzado trabajo de Carolina Bang, capaz de sacar brillo y derrochar encanto con su brujita punkarra, más allá de su evidente atractivo físico (la chavala está como un queso). Ellos, por su parte, componen una caterva de tronchantes inadaptados, una panda de hombres manejados, apaleados y atontados, pero finalmente redimidos. Si Hugo Silva cumple en su papel protagonista, Mario Casas se lleva la película de calle, amigos. Cierto es que su personaje tiene, probablemente, las mejores lineas de diálogo (sin dejar de ser un secundario, ojo), pero es que el chaval es capaz de construir un personaje en la antípodas de sus machos alfa mojabragas para adolescentes, dando una lección constante de timing que es pura comedia. Lo llevo diciendo desde que le vi en CARNE DE NEON: Casas está muy lejos de los demás efebos intercambiables con los que comparte generación televisiva. Aquí hay actor para rato.
Gozoso regreso pues de Alex de la Iglesia al terreno que mejor conoce y domina, con lo que en el fondo es su peculiar visión acerca de la eterna "guerra de sexos" (suponiendo que tal cosa exista). Hombres (padres) muy desorientados contra mujeres (madres) que controlan el cotarro (son unas brujas). No han faltado, por cierto, voces que han acusado a LAS BRUJAS... de machista (algo con lo que incluso se bromea en la propia película). Allá ellos y ellas y su naftalina cerebral. LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, con sus vaivenes y desajustes y arritmias, es la enésima celebración de uno de los cineastas más potentes, personales e intransferibles del planeta Tierra. Ni más ni menos y por muchos años. Alex, sigues siendo de los nuestros.
- Lo mejor: la gozosa energía cuasi adolescente y jovialidad que transmite la película, un entretenimiento embrutecido y envenenado en el que Alex está presente en cada fotograma
- Lo peor: la tendencia a la incontinencia visual de su último tramo, que demuestra que a veces "mucho más" no es sinónimo de "mucho mejor"
CABEZAS
Hay que decirlo ya: la primera media hora larga de LAS BRUJAS... es antológica. Como bien recomendaba Hitchcock, una película tiene que arrancar por todo lo alto. El frenético (y demencial) robo a la casa de empeños en plena Puerta del Sol de Madrid y la posterior huida (¡en taxi!) te deja pegado a la butaca como una babosa, entre sorpresas y carcajadas. Alex rueda en plan kamikaze, cámara en mano y con estética feista y granulada (muy en plan Rob Zombie, por cierto). Se nota y mucho el feliz regreso de Jorge Guerricaechevarría a su puesto de coguionista, sobre todo en los chispeantes diálogos disparados a la velocidad de la luz, catarata de réplicas y contrarréplicas casi imposible de pillar del todo en un primer visionado. El gusto de ambos por el esperpento y su amor compartido por lo grotesco se despliega en todo su esplendor, metiendo en una situación lamentable a una serie de personajes variopintos (todos masculinos, de momento) a los que todo les viene muy grande, justo la esencia conceptual de lo que tiene que ser una buena comedia. Vertebran la comedia, por supuesto, con ribetes de acción (Alex sigue siendo uno de los pocos cineastas españoles que saben cómo rodar un tiroteo o una persecución) y la sazonan con exóticas especias que provienen del fantastique más clásico (¡brujería!), e incluso del survival-horror setentero (sep, muy en plan la "cena con el abuelo" de LA MATANZA DE TEXAS).
Lo que hasta la llegada al pueblo maldito (Zugarramurdi, por supuesto) era una comedia de acción para disfrutar y aplaudir hasta con las orejas, poco a poco se transforma en... el gran desmadre pagano. Sin llegar a regalarnos un "dos por uno" de una manera tan radical como ocurrió, por ejemplo, con ABIERTO HASTA EL AMANECER (aquí otra referencia esencial), sí que hay un segundo tramo y climax final que a más de uno le pueda parecer excesivo. Lo cierto es que la peli progresivamente se va acercando al caos (algo bastante alexdelaiglesiano, por otra parte), tanto narrativo como conceptual, y quizás, como digo, hay riesgo de empacho cuando uno encara el tercer acto, pero en el fondo no es más que simple cuestión de gusto. Es posible que queden en nuestras memoria antes las conversaciones en el taxi (cuatro actores dentro de un coche, nada más sencillo) que el desparramo final con la diosa pagana devorando incautos, pero es innegable que LAS BRUJAS... es coherente de principio a fin incluso en su marciano epílogo (¿un homenaje a LA FAMILIA ADDAMS?), que deja una frase final pronunciada por Carmen Maura que es puro veneno.
Por supuesto, el reparto al completo está glorioso. Aunque hay un par de llamativos secundarios que son una pura frikada amiguetil sin más enjundia (Segura y Areces, mano a mano con los rulos puestos), todos los demás están estupendos y estupendas. Las tres generaciones de brujas encarnadas por Terele Pávez, Carmen Maura y Carolina Bang funcionan como un cañón en conjunto. Nada que decir de estas dos veteranas que ya forman parte del universo propio de Alex (impagable esa Carmen Maura pasando el plumero a las lámparas mientras pasea por el techo), pero sí quiero resaltar el esforzado trabajo de Carolina Bang, capaz de sacar brillo y derrochar encanto con su brujita punkarra, más allá de su evidente atractivo físico (la chavala está como un queso). Ellos, por su parte, componen una caterva de tronchantes inadaptados, una panda de hombres manejados, apaleados y atontados, pero finalmente redimidos. Si Hugo Silva cumple en su papel protagonista, Mario Casas se lleva la película de calle, amigos. Cierto es que su personaje tiene, probablemente, las mejores lineas de diálogo (sin dejar de ser un secundario, ojo), pero es que el chaval es capaz de construir un personaje en la antípodas de sus machos alfa mojabragas para adolescentes, dando una lección constante de timing que es pura comedia. Lo llevo diciendo desde que le vi en CARNE DE NEON: Casas está muy lejos de los demás efebos intercambiables con los que comparte generación televisiva. Aquí hay actor para rato.
Gozoso regreso pues de Alex de la Iglesia al terreno que mejor conoce y domina, con lo que en el fondo es su peculiar visión acerca de la eterna "guerra de sexos" (suponiendo que tal cosa exista). Hombres (padres) muy desorientados contra mujeres (madres) que controlan el cotarro (son unas brujas). No han faltado, por cierto, voces que han acusado a LAS BRUJAS... de machista (algo con lo que incluso se bromea en la propia película). Allá ellos y ellas y su naftalina cerebral. LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, con sus vaivenes y desajustes y arritmias, es la enésima celebración de uno de los cineastas más potentes, personales e intransferibles del planeta Tierra. Ni más ni menos y por muchos años. Alex, sigues siendo de los nuestros.
- Lo mejor: la gozosa energía cuasi adolescente y jovialidad que transmite la película, un entretenimiento embrutecido y envenenado en el que Alex está presente en cada fotograma
- Lo peor: la tendencia a la incontinencia visual de su último tramo, que demuestra que a veces "mucho más" no es sinónimo de "mucho mejor"
CABEZAS
R.I.P.D. / EEUU / 2013
Esta va a ser rápida. R.I.P.D. es uno de esos proyectos que llevan dando tumbos por Hollywood desde hace años. Adaptación del divertido e intrascendente cómic homónimo de Peter Lenkov (mucho mejor dibujado que escrito, por cierto), la película se quedó sin rumbo tras la marcha de la dirección del temible McG, tras lo que el impersonal pero efectivo Robert Schwentke (RED, FLIGHTPLAN) tomó las riendas del encargo sin mucho entusiasmo. Si el cómic original ya era un producto digno y entretenido, aunque muy deudor de muchas y mejores ideas ajenas, la película multiplica el refrito por diez. Buddy movie sobrenatural, su estructura, ideas y hasta alguna secuencia remiten directamente a MEN IN BLACK (también adaptación de un olvidado tebeo) y, por extensión, a su madre putativa: LOS CAZAFANTASMAS. El argumento principal se despoja de toda la subtrama demoníaca del cómic original (mucho más divertida que la insípida trama del oro aquí expuesta, pero también mucho más costosa), pone el piloto automático y el guión se desarrolla por caminos ya demasiado trillados sin la más mínima intención de riesgo. Todo lo que ocurre en R.I.P.D. ya lo hemos visto más y mejor. Mientras que Ryan Reynolds está en una película, con su perenne careto de "¿Qué está pasando aquí?" (empiezo a pensar que lo de BURIED fue pura casualidad), Jeff Bridges está en otra muy distinta, justo el film que podría haber dado en la diana, el fresco, dinámico, socarrón y un puntito irreverente. Pero no. La química entre ellos brilla por su ausencia, a lo que no ayuda en absoluto una mayoría de diálogos demasiado forzados y grises. Por lo demás, la película se deja ver con cierta indiferencia y no aburre, pasando a engrosar la lista de adaptaciones de cómics de tamaño medio que podrían haber dado bastante más de sí y que ya han sido olvidadas (en la liga de JONAH HEX y DYLAN DOG: DEAD OF NIGHT, por ejemplo). Por supuesto, estaba pensada para abrir franquicia, cosa que seguramente no va a ocurrir. Prescindible.
- Lo mejor: Jeff Bridges a su puta bola
- Lo peor: todo lo demás, soso, predecible y con poca chispa
CABEZAS
DRACULA 3D / Italia-España / 2012
Dirección: Dario Argento
Guion: Dario Argento, Enrique Cerezo, Stefano Paini y Antonio Tentori; inspirado en la novela de Bram Stoker
Producción: Enrique Cerezo, Roberto Di Girolamo, Sergio Gobbi, Franco Paolucci y Giovanni Paolucci
Música: Claudio Simonetti
Fotografía: Luciano Tovoli
Montaje: Marshall Harvey
Dirección artística: Massimo Antonello Geleng
Vestuario:Monica Celeste
Interpretación: Thomas Kretschmann (Drácula), Marta Gastini (Mina), Asia Argento (Lucy), Unax Ugalde (Jonathan Harker), Miriam Giovanelli (Tania), Rutger Hauer (Van Helsing), Maria Cristina Heller (Jarmila)
Tras ROJO OSCURO, Sesión Golfa pega un salto espacio-temporal hasta la última película de Dario Argento y...vaya papeleta amigos. Supongo que esta enésima adaptación de DRÁCULA responde tanto a un capricho personal del maestro romano, que siempre ha tenido un ojo puesto en determinados clásicos de la literatura fantástica (recordemos su desaforada versión kitsch de EL FANTASMA DE LA OPERA), como a tratar de arañar un poco de la movida vampírica que sufrimos y, ya que estamos, sumarse a la moda estereoscópica, pero... vaya tela. Decir que DRÁCULA 3D es la peor película de la filmografía de Argento es, vaya por delante, algo casi indiscutible. Hace ya años que el brío del maestro está bajo mínimos, pero supongo que casi nadie de los que amamos su cine podíamos adivinar semejante subproducto, por mucho que su casposo trailer nos dejase con muy pocas esperanzas de resurrección creativa. Es muy fácil destrozar DRÁCULA 3D y dejar la película a la altura del betún, y es con lo que todo el mundo disfruta inmensamente, sádicos que somos. Pero hay dos modos de afrontar esta película...
01. Modo "Soy muy cinéfilo y en mi casa no lo saben": ON
Esté Drácula llega tarde y mal, es un proyecto que nace muerto y huele a naftalina y cartón piedra. Obviando los discutibles cambios en la historia, que, francamente, son lo de menos en semejante engendro fílmico (el Londres victoriano debía salir muy caro de rodar), todo lo demás es un atentado. Lineas de diálogo declamados por un fonendoscopio más falsas que los decorados en los que se mueven los personajes, una sentida oda al cartón piedra en tiempos del apocalipsis digital. Interpretaciones hieráticas de actores sonámbulos que se pasean por el set esperando su turno, generalmente en pelotas en el caso de ellas (atención al sonrojante momento del ataque vampírico en la cripta de Asia Argento, competente actriz excepto aquí). Ese Unax Ugalde devorado por su peluca. Un Thomas Kretschmann como embalsamado que compone el primer Drácula ario de la historia, una suerte de megamix entre un sacerdote prusiano y un oficial de las SS, que declama cada linea de su diálogo como si tuviese una sordina en la boca. Y cuando nos temíamos que nada podría ir a peor, aparece Van Helsing, un Rutger Hauer ajado y fondón con muy pocas ganas de ganarse el sueldo, increíblemente desganado colegas, a punto de la embolia. Por no hablar de su lamentables efectos digitales (lo del lobo es de juzgado de guardia) y cosas directamente demenciales, como la transformación del vampiro en una mantis religiosa de dos metros, que provoca, además de la carcajada, la única frase coherente de la función, lanzada por una de las protagonistas, que se pregunta lo mismo que el incauto espectador: "¿Qué es lo que acabo de ver?"
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| Herr maromen vampiren |
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| Herr peluquen tremebunden |
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| Herr tetamen despeloten |
02. Modo "Cinéfagos somos y en el camino nos encontraremos": ON
DRACULA 3D no es una película, es un sabotaje. Por eso, tras casi dos horas de jolgorio desopilante, uno sólo puede pensar, efectivamente, "¿Qué es lo que acabo de ver?" seguido de "¿Y por qué narices lo he disfrutado tanto?". Argento sabotea el clásico de los clásicos del terror gótico, y nos lo hace saber a los cinco minutos, tras la primera escena: amigos, aquí no hay historia, ni actuaciones ni nada de eso, sólo puesta en escena, estética por estética y, en definitiva, lo que me ha salido del orto. Así pues, el retorcido cineasta romano rellena el vacío absoluto con, repito, casi dos horas de delirium tremens en el que todo, absolutamente todo vale. Forzando la no-actuación y el no-guión hasta límites insospechados, el único modo de disfrutar este subproducto (y cielos, se puede, ¡y mucho!) es intoxicarse con alegría, rodearse por buena compañía de gustos similares (lo contrario sería una catástrofe social, advierto) y abrir otra birra y dejarse vencer. Argento inventa el "gótico desangelado" (decorados vacíos, básicamente) con un ojo puesto en la Hammer y otro en el softcore italo-español de los setenta. Se emborracha de sus sus parafilias (otra vez despelota a su hija, sep) y nos obsequia con, quizás, el arrebato cinematográfico más absurdo del año, una deconstrucción del mito a hachazos. Es deliberado que esto sea la versión más trash posible de Drácula, no me cabe duda, mil veces más cerca del añorado Jess Franco que del blandengue Coppola, punteado por la banda sonora de su inseparable Claudio Simonetti (eso es amor), cuyo estilo en esta película bascula entre una intro de los Cradle of Filth y el sonido de fondo de una porno. Momentos gore, también, incluso a lo Jackie Chan vampírico (la masacre de la cantina, ya me diréis). ¿Qué más puedo decir? Que si el primer DRÁCULA de Terence Fisher sigue siendo la mejor adaptación de la inmortal novela, DRÁCULA 3D será, hasta nueva orden, la más delirante, una auténtica redefinición del cine basura hecha por un maestro. Todavía escucho las carcajadas de Argento sobre mi chepa. Allá vosotros.
PD: en breve seguiremos con la filmografía cronológica de Argento, retomando la cosa con SUSPIRIA
- Lo mejor: Argento cierra el círculo de eso tan malo que por alquimia acaba siendo bueno
- Lo peor: por diox, que esta no sea la primera película de Dario Argento que ves
CABEZAS (media entre el Modo 01 y el Modo 02)
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