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NO ES PAÍS PARA VIEJOS / EE.UU. / 2007
- Dirección, guión y edición: Joel & Ethan Coen
- Producción: Joel & Ethan Coen, Scott Rudin
- Fotografía: Roger Deakins
- Música: Cartel Burwell
- Intérpretes: James Brolin, Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Woody Harrelson, Kelly McDonald


Al fin. Tras dos décadas de carrera coqueteando con el asunto, los prodigiosos Hermanos Coen se han decidido a rendir homenaje al género que, probablemente, ha sido su referencia más intensa y constante (y también latente, junto los cartoons de la Warner en su primera época): el western, logrando además una de sus películas más intensas, hipnóticas, estilizadas, minimalistas y puras de toda su filmografía, un prodigio de película que debería erguirse orgullosa en el podium de sus mejores obras, y tratándose de los Coen, eso es poco menos que decir que NO ES PAÍS PARA VIEJOS está cerca de la maestría.


Coja usted cualquiera de las mejores películas de los Coen (FARGO o EL GRAN LEBOWSKI especialmente), extraiga el humor, el frenesí, el barroquismo visual y la ironía desatada pero mantenga el descreimiento general y el interés por el reverso negro, sucio y terrible del ser humano; después destile gota a gota estos ingredientes hasta encontrar su esencia misma, y deposite los posos en el fondo de un relato amargo, violento y nihilista pero de aspecto transparente, limpio, elegante, clásico, regado con una sutil apariencia de sabiduría. Comience la narración cuando ya han empezado los hechos, no explique el leivmotiv y no satisfaga al respetable con soluciones fáciles, porque no las necesita. No justifique conductas y acciones aunque parezcan incomprensibles, simplemente muéstrelas, el ser humano es así. No caiga en el error de adornar con romanticismo barato la historia de un pobre perdedor en busca de dinero fácil, porque no hay nada de romanticismo en ello, la vida es muy dura y rara vez premia al que se lo merece. Haga que su asesino parezca lo que es: un fantasma hierático con magnetismo animal que, como una cobra, hipnotiza antes de matar. No provoque un final feliz, porque esta historia no lo tiene. Mantenga el anti-climax hasta las últimas consecuencias y después otorgue la palabra a quien la debe tener: aquel que con ojos sabios ha asumido la derrota porque ya está cansado de mirar. Exija paciencia del espectador, debe hacerlo: durante el trayecto haga que el relato avance con calma y juegue con el tiempo, dilatarlo, comprimirlo, eliminarlo, utilice las elipsis con maestria... todo eso es la misma esencia del cine.



Sustituya los caballos, el rancho, el saloon y la placa del sheriff por pick-ups oxidadas, tiroteos fronterizos y moteles de mala muerte. Sea capaz de otorgar carne y emoción pura a sus personajes utilizando un puñado de actores en estado de gracia: contrate a Josh Brolin y Tommy Lee Jones para lograr esa empatía necesaria con el espectador, hágales responsables de transmitir algo de calor humano dentro de la desolación; utilice a Woody Harrelson como un pequeño contrapunto sarcástico en esta amarga sinfonía de pérdida, decepción y muerte, y por último haga que Javier Bardem pase a la historia con una precisa, sobria, estremecedora e implacable encarnación de un espectro hecho carne y sangre.

- "¿Vas a matarme?"
- "Depende... ¿puedes verme?"

Por último, disfrute del oscar del sr. Bardem, festeje los suyos propios y siéntase orgulloso: NO ES PAÍS PARA VIEJOS es una de las películas de referencia del 2008, y lo seguirá siendo cuando el año acabe. Esto pasa cuando un par de mentes empiezan a acercarse a la sabiduría. Sin concesiones.


- Lo mejor: su capacidad de riesgo y todo lo demás

- Lo peor: que algunos cegatos sigan despreciando el cine norteamericano "porque sí"


CABEZAS

Estupendo trailer oficial (sin título) de CLOVERFIELD


CLOVERFIELD / EE.UU. / 2007

- Dirección: Matt Reeves
- Producción: J.J. Abrahams, Bryan Burk
- Guión: Drew Goddard
- Fotografía: Michael Bonvillain
- Intérpretes: Michael Stahl-David, Mike Vogel, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, Odette Yustman

La estrategia ya es vieja, pero ha vuelto a funcionar con la precisión de un reloj suizo: proyecto misterioso, rodaje ultrasecreto e infección vírica a través de una agresiva campaña de marketing vía Internet con avalancha de imágenes, rumores, contenidos, webs misteriosas con rompezabezas que ocultan datos falsos, trailers inventados y mucha, mucha morralla informativa destinada a crear confusión y, sobre todo, espectación. El personal entra a saco, y se lleva la palma aquel tipo que expandió su desopilante teoría sobre la película, y que algunas revistas publicaron como cierta: el misterioso monstruo es un león robótico-transformer venido de otra dimensión con una mala uva acumulada de 3.000 años con la intención de esclavizar a la humanidad para crear híbridos biomecánicos (todo esto porque el tipo intuyó que en el trailer uno de los actores grita a los cuatro vientos: "It´s a lion!" cuando lo que dice realmente es "It´s alive!"). Tanto mareo para ocultar la cruda realidad: por mucho que nos cuenten otra vaina, CLOVERFIELD no es más que un hábil ejercicio remakeador de GODZILLA que utiliza vilmente la excusa del monstruo para otra gran catarsis colectiva, ni más ni menos.




Algunos (falsos) diseños del monstruo

¿De verdad merecía la pena volver otra vez al viejo monstruo gigante? ¿Ofrece CLOVERFIELD algo nuevo que no hayamos visto ya mil veces en los KING KONG, las gargantuescas kaiju japonesas (con su estrella GOJIRA a la cabeza), la horrible GODZILLA versión USA o incluso en la reciente y magnífica THE HOST? Pues sí amigos, sólo y exclusivamente una cosa: el novedoso punto de vista, literalmente. Con la habilidad que caracteriza a los grandes productores yanquis, el bueno de J. J. Abrahams (cerebrito tras la archifamosa serie LOST, de la que no he visto ni un episodio) diseña y perpetra un producto que combina con inteligencia lo trillado y masticado con las "nuevas texturas" de la imagen actual para dar la (falsa) sensación de estar viendo algo novedoso. La idea es simple, brillante: alejarse lo más posible de los tópicos visuales y argumentales del género para narrar la misma historia, pero a pie de calle; fuera los típicos militares bravucones, los científicos genialoides con rocabolescas teorías, los héroes sudorosos de una pieza y los villanos dementes con poco cerebro; para ser consecuente, con ello fuera también las lujosas panorámicas aéreas que nos muestran la ciudad destruída, los dramáticos planos cenitales con grúa mientras un personaje agoniza y los travellings vertiginosos paralelos a la persecución por la 5ª Avenida. Ya puestos, fuera el bicho también, al que conoceremos a retazos y sólo veremos en toda su gloria en los minutos finales, y eliminada queda cualquier tipo de explicación sobre su origen (aunque algo hay si se está muy atento a los ingeniosos flashbacks grabados en la memoria de la cámara). Al carajo con la música ambiental y los chundachunda que subrayan los momentos cañeros. Sustituyendo a cualquier clon de Bruce Willis, un grupete de actores desconocidos, jovenzuelos JASP grabando una aburrida fiesta de despedida con su videocámara, trufado con sus (supuestos) conflictos, deseos y aspiraciones, su (supuesta) vida cotidiana al fin y al cabo, que se ve de pronto sacudida por el elemento destructor. Y en lugar de un grandioso formato en Panavisión 16:9, una hábil imitación de cualquier cámara digital doméstica, con sus tembleques, ráfagas, desenfoques, temblores, sobreexposiciones y anti-encuadres. Así, CLOVERFIELD entra de pleno en la experimentación con los nuevos formatos audiovisuales sin importar el género, a la estela de cosas como el REDACTED de Brian de Palma, a un millón de años luz del apabullante INLAND EMPIRE de David Lynch (la mejor película de 2007, sin discusión) y muy cerca de nuestro estupendo [REC], de Jaume Balagueró y Plaza. Tal y como está el panorama, con el tiempo y unas cañas veremos pelis de robos rodadas con cámaras de seguridad, comedias adolescentes a través de móviles o dramas indies grabados con webcams, palabrita de Sesión Golfa.



Algunas mentiras oficiales sobre la película

Sin ser ni mucho menos revolucionaria sino una perfecta maniobra comercial, CLOVERFIELD funciona bien engrasada en casi todos sus aspectos, y los ajustados 85 minutos de metraje se disfrutan intensamente y se pasan en un suspiro. El interesante punto de vista "una hormiga mirando a un elefante" exprime todo lo posible lo reducido de su propia condición, siempre que uno sea capaz de aceptar sin problemas a un tipo que nunca deja de grabar, por peligrosa, terrorífica o directamente absurda que sea la situación, pero esa es la única premisa de este juego, amigos. Si no te gusta, corre a ver la última de Isabe Coixet. Incluso el tal Matt Reeves (director) se permite algunos jugueteos metalingüisticos con la propia esencia del docudrama casero, y consigue colar con inteligencia dentro de la (raquítica) trama algunos planos que, a priori, serían imposibles dentro del planteamiento de la película: insertar espectáculo imitando a los clásicos del género desde una perspectiva, lógicamente, hiperrealista. Que queremos ese ansiado plano aéreo para ver bien al bicho y sus andares: subamos a los personajes a un helicóptero. Que hay que mostrar en toda su gloria alguna explosión en medio de la Gran Manzana: todos a correr a la azotea. Preocupante la tendencia masoquista de disfrutar viendo arrasada Nueva York una y otra vez, por cierto (KING KONG, CAZAFANTASMAS, GODZILLA, SOY LEYENDA, CLOVERFIELD...), pero justamente eso también parece ser una de las esencias de esta curiosa película.


"Está vivo, te lo juro por la cobertura de mi móvil": un JASP en apuros

En resumidas cuentas, CLOVERFIELD no deja de ser un divertimento muy bien cocinado, entretenidísimo, con ese aire postmoderno e hiperrealista que dan sus falsas imágenes caseras y que apuesta a una sola jugada: recrear en el subconsciente colectivo el terror anónimo y abstracto que los ciudadanos estadounidenses tienen clavado en el cerebro desde el 11-S, aterrorizar recreando esas imágenes que todos recordamos. Lo demás, personajes vacíos cuando tratan de ser profundos, tíos y tías buenas soltando diálogos de teleserie, esa gran historia de amor cogida con pinzas e incluso el mismísimo bicho mutante (o lo que coño sea), no es más que humo en este inteligente acto de redención colectiva a lo bestia. Ya se lo preguntaba Umberto Eco hace años: ¿apocalípticos o integrados?... Los norteamericanos lo tienen bien claro y asumido, desde luego.


- Lo mejor: su, en ocasiones, tremenda potencia visual
- Lo peor: los personajes son peleles, la trama un simple esquema

CABEZAS




Sorpresón. Después de un largo recorrido en festivales y certámenes de animación (con premio en Art-Futura, nada menos) Enrique Gato puso ayer la puntilla ganando el Goya al Mejor Cortometraje de Animación por su TADEO JONES Y EL SÓTANO MALDITO. Antiguo alumno de la escuela CICE, profesor de animación allí desde hace unos años y un tipo muy majete, desde Sesión Golfa nos alegramos y aplaudimos con las oreja a Enrique, que ya puede quitarse el sambenito de "joven promesa de la animación en España" para abrazar sin rubor la categoría de los que ya están consolidados... y por muchos años, Enrique.

TADEO y su trailer on-line, aquí.



Tadeo, emulando a Hamlet con su cerdito



Superlópez 3D, otro estupendo trabajo del Gato