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Dirección: Mel Gibson
Producción: Mel Gibson y Bruce Davey
Guión: Mel Gibson y Farhad Safinia
Música: James Horner
Fotografía: Dean Semler
Montaje: John Wright
Diseño de producción: Tom Sanders
Vestuario: Mayes C. Rubeo
Interpretación: Rudy Youngblood (Jaguar Paw), Dalia Hernandez (Seven), Jonathan Brewer (Blunted), Raoul Trujillo (Zero Wolf), Gerardo Taracena (Middle Eye), Rodolfo Palacios (Snake Ink)





Mel Gibson debería caerme muy mal. Una especie de integrista ultracatólico que repuebla Iowa con sus decenas de retoños, esas proclamas rancias sobre la anticoncepción, su inclinación por el belicismo y sus ocasionales discursitos pro-Bush huelen a podrido. Sin embargo, también gusta el tipo en ser políticamente incorrecto, correrse juergas etílicas al amparo de cualquier paparazzi y emborracharse en público mientras ataca con poca delicadeza a los judíos, algo que, si ya resulta intolerable en Europa, en Hollywood Babilonia supone poco menos que un suicidio laboral, y si no que pregunten al megajudío por excelencia, Mr. Spielberg, y a su nutrido equipo de abogados.

Por todo esto y por cierto hinchazón escrotal que cada vez se le hace más evidente, el bueno de Mel está fuera del mercado desde hace algún tiempo. Es posible que no vuelva a la interpretación y, francamente, es algo que me la sopla. Yo no acabo de entenderlo, pero este troglodita, quizás por alguna extraña sinapsis neuronal que opera en su cerebro, se le puede considerar desde ya un verdadero marciano en la corte del Rey Dólar. Jode admitirlo, pero Mel Gibson se está convirtiendo en una mala bestia audiovisual. Y el muy mamoncete empieza a caerme simpático. Y luego está esa barba...


Mel in white, instruyendo a las masas

A la hora de ponerse tras las cámaras, Melito se ha ido despojando de casi todos recursos propios de las megaproducciones en las que solía participar: abandona su propio idioma, (el idioma del Imperio, ya se sabe, garante de distribución mundial), ignora la obligada presencia de megaestrellas como él en el reparto y desprecia el contexto actual a la hora de situar sus cuentos, lanzándose a un gozoso paseo histórico que primero le llevó a esa película tan sobrevalorada como es BRAVEHEART (áun en inglés), después a LA PASIÓN DE CRISTO (la ultragore, ultrarealista, ultracatólica, y ultrapoética visión de la tortura, agonía y muerte de Jesús, en arameo y latín) y finalmente a la cosa que nos ocupa, APOCALYPTO, situada en los dominios de los mayas y sus tribus en Guatemala en el momento inmediatamente anterior a la invasión de las hordas españolas, rodada en maya yucateco, idioma hablado por cerca de un millón de personas aún hoy en la península del Yucatán. ¿Resultado? La película más potente y arriesgada de su, por fin y con todas las letras, director.


El argumento de APOCALYPTO es bien fácil de resumir: una captura y una huída (huída que se come la mitad del metraje, por cierto) o más fácil aún, una desesperada lucha por la supervivencia. Gibson es tan listo que viste su película con fastuosos ornamentos culturales (el bellísimo idioma maya, un diseño de producción tan minimalista como preciso, la total presencia de rostros y actores indígenas), para poco a poco ir desnudándola y darnos lo que en realidad estaba buscando: una película de AVENTURAS como ya no se hacen, es decir, con esa capacidad de abarcar un amplio espectro de calidades y cualidades humanas embutidas en un relato frenético, en un prodigio de ritmo y montaje y en un contexto, como poco, exótico (y salvaje). Y no sólo eso, sino que el film resulta absorbente desde el primer minuto, no hay caídas de interés, y cuando la cosa se pone realmente fea, te agarra del cuello y no te suelta hasta el final, en la que probablemente sea una de las mejores persecuciones "a pie" de las historia del cine.


Comienza la cacería

Sin embargo, hay algo más en APOCALYPTO que automáticamente la situa fuera del espectro industrial de Hollywood: su intensidad dramática y su total respeto hacia las criaturas que sufren en esta historia. Hay una especie de humanismo (entendido como una evidente empatía hacia el ser humano, claro) que baña todos y cada uno de los fotogramas de la película, una identificación inmediata hacia esos seres que habitan en un contexto tan diferente al nuestro, una conexión con un evidente ecologismo militante y una especie de ingrávida poesía primitiva que permite que todo sea perfectamente comprensible cuando menos de un 20% de la película está dialogada (y aún menos subtitulada). Algo parecido al sentimiento poético/ancestral que desprende LA DELGADA LÍNEA ROJA, la obra maestra de Terrence Malick (situada nada menos que en el Pacífico durante la II Guerra Mundial). En definitiva, un triunfo del poder del lenguaje del cine sobre todo lo demás, con una sabiduría cinematográfica que, lejos de adherirse a los postulados modernetes post-MTV, se afilia con los clásicos narradores de aventuras, desde Joseph Conrad hasta Ruyard Kipling, o lo que es lo mismo, desde John Huston hasta Sam Peckinpah (esas cámaras lentas, Mel...), probablemente de los últimos directores que supieron plasmar la profunda y melancólica humanidad que late detrás de un hombre que camina de frente y con la cabeza bien alta hacia su propia destrucción. Los personajes y situaciones que se exponen en la película "duelen", son capaces de emocionar y poner el corazón en puño con una pureza y una simplicidad que asusta en estos tiempos en los que tanto nos complicamos la vida. Hay momentos para el horror explícito (sí señores, aquí también hay grandes dosis de violencia salvaje) y para el terror sugerido (el sueño del protagonista, o la profecía de exterminio que recita esa niña sola y "zombificada" en un poblado) y también para la paz y el equilibrio más absoluto (todo lo referente al poblado del protagonista, antes de que se desencadene el drama).



Amor chamánico

APOCALYPTO es una gran película que demuestra con creces que Mel Gibson es un cineasta personal, bruto, impredecible, sincero, intenso, sabio y salvaje. Justo como a mí me gustan.


PD: ¿Que Mel no tiene sentido del humor? Si teneis tiempo, buscad a Wally (sí, el de ¿Donde está Wally?) entre la montaña de cuerpos descompuestos cerca de la pirámide de sacrificios. O pasen fotograma a fotograma el trailer oficial de la película hasta encontrar la siguiente imagen...


Mel in black, esa barba...


CABEZAS CORTADAS:



- LO MEJOR: el parto en el agua, la esperanza en el caos, una secuencia inolvidable
- LO PEOR: algunos tics hollywoodienses del bestial jefe de la cacería humana
Después de más de un mes de sequía cinéfaga, Sesión Golfa regresa con buenas nuevas. Ya está en los kioskos el nº 1 de la edición española de la mítica revista francesa Cahiers Du Cinema, buque insignia de la crítica cinematográfica moderna y trampolín para el mundo de esa panda de locos de pelo revuelto que se dio en llamar la Nouvelle Vague.


Un clásico: Nº 86 del Cahiers, 1958.

Fundada en 1951 por el teórico André Bazin, en ella escribieron con pasión gente como Truffaut (antes de agarrar su primera cámara), Eric Rohmer o el genial Jean-Luc Goddard o incluso el hebefrénico ruso Tarkovski. Además de sentar las bases de lo que hoy en día se considera la crítica moderna, redescubrió para Europa a tipos como John Ford o Hitchcock, que por entonces eran considerados por los gafapastas afrancesados (sí, ¿se pensaban que los de ahora eran modernos?...) como unos meros artesanos comerciales sin valor artístico.

De periodicidad mensual, la edición española consta de un 25% de traducciones de la edición francesa (entre las que se incluyen artículos clásicos de los 60 y 70) y un 75% de producción propia... y aviso a navegantes: gran parte del stuff de Dirigido Por ha metido la zarpa aquí, por lo que ya saben más o menos a qué atenerse.



Algunos Cahiers franchutes en estos tiempos

A falta de hincarle el diente, Sesión Golfa aplaude con las orejas y promete ser más constante consigo mismo.