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Como nos estamos volviendo mucho más serios y regulares, ya teneis aquí la décima extinción de vuestro marciano predilecto, el esperadísimo Episodio 10 de COSMO TRIP, ya sabeis, ese demencial proyecto de animación 3D online en el que colaboro, esta vez también con la participación de vuestro guionista favorito. Algo distinto, algo subido de tono, estamos sopesando cambiar el nombre a PORNO TRIP.



Os recuerdo que también podeis bichear en su facebook y en el canal de Youtube de LINCE STUDIOS, además de en su propia web, donde podeis repasar todos los episodios anteriores.

Y ya sabeis... ¡difundid la buena nueva!

 CARNE DE NEÓN / España / 2010
Paco Cabezas es un tipo bien curioso, y hasta cierto punto, una rara avis dentro de la cinematografía peninsular. Sus personales zarpas ya se han hecho notar en proyectos tan personales como APARECIDOS (su estimable estreno en el largo) o la demencial y muy divertida SEXYKILLER, aquí como guionista. CARNE DE NEON nace de un previo cortometraje homónimo y, al igual que sus otros proyectos, hinca la cabeza en géneros, digamos, marginales. Si APARECIDOS escarba en el cine de fantasmas con subtexto político-social y SEXYKILLER en el puro desparramo paródico y gore, CARNE DE NEÓN se encara con el thriller de acción trotón y cínico, con dos referentes nítidos y evidentes como estandartes que guían la función: las películas más gamberras de Guy Ritchie y la notable influencia de un primerizo Quentin Tarantino. Sin ser una operación de copia descarada, es evidente que Cabezas tiene la filmografía de ambos entre ceja y ceja: el ritmo sincopado de la narración, la presentación de personajes y cierta frescura general en las formas por el lado Ritchie; la caracterización de personajes, violencia desatada, cierta sordidez y esos diálogos y situaciones (algunos realmente "referenciales") por el lado Tarantino. Pero de nada serviría esta traslación de referentes foráneos a la industria nacional si la cosa chirría o se queda en un mero calco sin alma, y aquí llega la buena noticia: CARNE DE NEÓN funciona a casi todos los niveles. La película se defiende por sí misma con garra y energía, configurando un universo propio que logra, con algunos peros, sacar la cabeza por encima de su propia referencialidad y reivindicarse orgullosa. En vez de "españolizar" sus referentes, logra crear un tiempo y espacio indefinido, mezcla de muchas cosas, en la que sus criaturas se mueven con soltura cínica en ocasiones, y con tragedia sangrienta en otras. Cabezas no se amilana, caminando por la cuerda floja en no pocas ocasiones (bravo por él, molestando a los defensores del "buen gusto") y logra hacer que, en un reparto tan coral como éste, todos y todas estén estupendos, con mención especial para las chicas (Macarena Gómez, tan bien como siempre, Ángela Molina, estratosférica en su inolvidable papel) y que además logra obrar el milagro de que su prota, el imberbe e ídolo de quinceañeras Mario Casas, resulte el contrapunto ideal para tanto hijoputismo reinante en la película. Aunque tiene algunos problemas de tono y leves incoherencias (sobre todo entre su primera mitad y su último acto, que abandona casi por completo el sarcasmo en pos de la tragedia), aunque algunos de sus puntales tiran por la vía rápida y están muy poco currados (el personaje del Chino y el del policía, puro artificio y tópico), el conjunto resulta vibrante, cañero, entretenido y, curiosamente, deja cierto poso de humanidad y un cálido recuerdo más allá de la sobredosis de esputos, disparos, insultos, palizas y tremendismos varios. Muy recomendable. Siete cabezas para Cabezas, amigos.

- Lo mejor: lo bien que funciona en su conjunto, el buen trazo de personajes en general y la excelente labor de sus intérpretes

- Lo peor: los desequilibrios de tono hacia el final y la poca entidad propia de sus villanos


  CABEZAS


 THE WARD / EEUU / 2010
Casi diez años ha tardado John Carpenter en volver a la gran pantalla tras la ya lejana FANTASMAS DE MARTE. Diez años. En este largo paréntesis, el maestro se ha refugiado en la televisión, regalándonos dos muestras de su talento en la serie MASTERS OF HORROR, con sendos episodios: el extraordinario CIGARETTE BURNS, y el curioso y polémico PRO-LIFE. Así pues, encarar con un mínimo de ecuanimidad THE WARD no me resulta tarea fácil. Carpenter es una de las razones por las que amo el cine, así de sencillo. Autor y artesano por igual, y a mucha honra, su maestría narrativa, su destilado clasicismo formal y su ácida visión contemporánea conforman una filmografía extensa y coherente que nos ha regalado, como mínimo, media docena de grandes obras y, probablemente, otros tantos clásicos sin fecha de caducidad. Francotirador del género en su forma más pura, heredero de maestros y a su vez inspiración para las nuevas generaciones, Carpenter nunca puso en peligro su integridad como cineasta, siempre ha sido un outsider en la industria, literalmente, un orgulloso puntal de una serie B orgullosa de sí misma. Uno de últimos clásicos aún en activo, en la misma liga que Clint Eastwood, Scorsese o cualquier otro que os venga a la mente. Por ello, es complicado defender con algo de entusiasmo THE WARD, seguramente, una de sus películas más flojas, si no la que más. THE WARD huele a película alimenticia, a encargo, a kilómetros de distancia (una prueba: su única implicación en el proyecto ha sido en sus labores de dirección, algo inusual para él). THE WARD hace gala de una notable apatía, justamente, en los momentos en los que se presupone que Carpenter sabe dar el do de pecho: en las secuencias de suspense. En la gran mayoría de las set-pieces de terror puro, el viejo John pone el piloto automático y sigue a pies juntillas la teoría del pre-susto y el ¡tachán!, abusando de los golpes de efecto gratuítos, cuando nunca ha sido un director "tachanero" (y segunda prueba de que esta película es una paga-facturas en toda regla). Por último, ese guión... en fin, no voy ha hacer sangre, sólo comentar que es una de esas historias de fantasmas en un psiquiátrico con giro final, pero no sólo muy mal armada (a la hora de reconstruirlo, faltan piezas en el puzzle), sino que sigue paso por paso la estructura y concepto de una pequeña delicia hitchcockiana de hace unos años (y ATENCIÓN: SPOILER) titulada IDENTIDAD, ¿recordais? ¿Qué nos queda pues? Pues que Carpenter lleva mucho cine a sus espaldas, y que cuando le apetece saca su genio y nos deslumbra con hermosas imágenes, curiosamente aquí en los momentos menos oscuros de la función, haciendo gala de una exquisita composición en scope (la hermosa secuencia del baile improvisado, por ejemplo) y una precisa dirección de actrices en los momentos en los que todas ellas interactuan en el encuadre. Y que, áun a medio gas, enarbola el primer mandamiento de Billy Wilder con sabiduría: "sobre todo y ante todo, nunca aburrir". Si Hitchcock, Ford o Howard Hawks tuvieron también que aceptar proyectos para poder comer, no veo razón ninguna para lanzar al maestro Carpenter a los leones, como muchos ya están haciendo, advirtiendo, eso sí, que THE WARD no debería ser nunca la puerta de entrada a su maravillosa filmografía.

- Lo mejor: en manos de cualquier otro la película sería infumable

- Lo peor: la duda razonable sobre el futuro creativo de Carpenter

  CABEZAS


 KOKUHAKU / Japón / 2010
Muchas veces, y yo el primero, usamos con excesiva alegría el término "obra maestra", diluyendo su verdadero significado con películas que realmente no lo merecen. Sólo el tiempo y repetidos visionados  pueden dotarla de tan gradilocuente etiqueta, cuando el pasmo se reproduce una vez más, cuando el estremecimiento se perpetúa, cuando los vellos se erizan otra vez. Eso y la capacidad de crear escuela a base de susurros o machetazos, tanto da, desbrozar lo obvio hasta vislumbrar nuevos portales, abrir caminos en suma, o al menos, dar la sensación de que se buscan y encuentran nuevos modos de expresión en eso tan viejo (y tan joven) que llamamos cine. Bien, pues con un sólo visionado a altas horas, y con sus efectos aún cabalgando desbocados por mis neuronas, CONFESSIONS, sexta película del nipón Tetsuya Nakashima, aquí y ahora, me arriesgo y afirmo que me ha parecido una maldita obra maestra. Como las creaciones hechas para perdurar, CONFESSIONS combina con maestría cerebro y entrañas, frialdad y pasión, para elaborar una absorbente tela de araña que, en parte, bebe de la tradición muy nipona de contar un hecho trágico desde una multiplicidad de puntos de vista (recordemos RASHOMON, del maestro Kurosawa), lo que añade matices, recovecos y claroscuros que, en una primera impresión, ni siquiera podíamos sospechar. Esta especial gramática audiovisual, fascinante pero nada innovadora, es el sólido puntal sobre el que, seguramente, descansa el gran, enorme milagro sobre el que CONFESSIONS se contruye: su hermosa puesta en escena, su hipnótico sentido del ritmo, su abrumadora poética audiovisual. Y digo AUDIOvisual porque aquí la música y las cadencias sonoras son tan o más importantes que el mero apartado visual, ya de por sí fascinante. Sí, casi siempre el sonido es el hermano pequeño del gran dictador, la imagen, y no hay muchas ocasiones en que la música, y aún más, las canciones extradiegéticas, funcionen como un todo perfecto con lo que vemos, configurando así ese magma creativo que llamamos cine, y que en ocasiones también llamamos arte. He leído por ahí que CONFESSIONS es un videoclip de dos horas con imagen al ralentí, una opinión que ni comparto ni acabo de entender, aunque supongo que como definición podría funcionar. Pocas veces he visto en una peli dos canciones, dos leitmotiv, interactuar como pura esencia y contraposición, marcando tempos y puliendo sensaciones: aquí las delicadas notas de los RADIOHEAD más melancólicos, tristes, chocan de bruces con la distorsión ruidista de unos desbocados BORIS. Pura magia que diluye los límites de la secuencialidad tradicional contruyendo... otra cosa, algo que hay que ver. Sobran más comentarios. Buscad y disfrutad de esta película tan hermosa, tan terrible, tan especial, tan única.

- Lo mejor: sin referentes, me desconcierta, me estremece, me fascina hasta el tuétano

- Lo peor: que la experiencia se acabe

  CABEZAS