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GOZU / Japón / 2003

Ya me he visto una buena ristra de pelis de Takashi Miike, ya estoy avisado pues, pero da igual: invariablemente este tipo es capaz de atizarme unos cuantos sopapos mentales con cada nuevo reto fílmico, y desde luego GOZU no es una excepción. Planteada como un relato minimalista de yakuzas en el que no hay disparos ni acción, desde la primera secuencia se nos pone sobre aviso sobre el particular universo Miike ("ese Chihuahua está adiestrado para matar yakuzas"), una escena delirante que, o bien te hace abrir los ojos como platos, o te hace abalanzarte sobre el botón de stop. La personal visión del mundo del japonés infecta cada fotograma de esta delirante película que bascula constantemente entre lo hilarante, lo grotesco, lo decididamente visceral (sin vísceras en este caso), lo absurdo, lo obsesivo, lo perturbador, lo poético, lo sexual y lo más abiertamente bizarro, una apología de la anormalidad como forma de comprender el mundo, arriesgadísima apuesta que en buena parte del metraje se cepilla cualquier atisbo de racionalidad y propone al espectador un auténtico reto, un combate a muerte contra su paciencia, dejándolo (dejándonos) sin GPS mental en un paraje con ecos constantes al cosmos onírico-surrealista de David Lynch, al delirio cárnico y escatológico de un David Cronenberg en sus mejores tiempos o incluso al laconismo verborreico de Quentin Tarantino. Enfermiza y caótica a partes iguales, pero con momentos realmente bellos y secuencias más que sorprendentes, sin embargo GOZU tiene un gran, gran problema: en su primera hora es tremendamente aburrida. Por mucho que conectes con esta delirante historia, Miike confía demasiado en la resistencia del respetable, construye un maremagnum de secuencias largas y aisladas entre sí que pueden funcionar por sí solas, pero que insertadas en el contexto resultan mediocres, desesperantes y con una alarmante falta de ritmo. Hay que aguantar el chaparrón amigos, porque mediada la peli (estamos hablando de una cinta de 130 minutos) la cosa al fin se focaliza (en su delirio) y tira para adelante hasta desembocar en uno de esos finales "made in Miike" que os aseguro que pasarán a formar parte de vuestra lista de "finales más epatantes de la Historia del Cine", lista en la cual Miike debe tener como cuatro o cinco, jejeje. Recordad, el punto de inflexión es la secuencia en la que un tío en calzoncillos con cabeza de vaca lame la cara del protagonista: de ahí en adelante es pan comido. Desde luego no es su mejor película, a pesar de que es de las más "prestigiosas" (yo me quedo con VISITOR Q , AUDITION o ICHI DE KILLER), pero el nipón se las arregla para rubricar su obra con una habilidad pasmosa, ese final ya mítico que, superado el estado de shock, resulta totalmente coherente con la ¿trama? que se había planteado desde el principio. Quizás esta no sea la mejor película con la que entrar en su personal universo, pero si no conoceis a Takashi Miike, ya estais tardando.

- Lo mejor: Miike es único
- Lo peor: lo de siempre en su cine, le sobran minutos por un tubo


CABEZAS



ZOMBIE 2 / Italia / 1979
Director: Lucio Fulci
Guión: Elisa Briganti y Dardano Sacchetti
Producción: Fabrizio de Angelis y Ugo Tucci
Música: Giorgio Tucci y Fabio Frizzi
F/X: Gianetto de Rossi
Intérpretes: Tisa Farrow, Ian McCulloch, Richard Johnson, Al Cliver, Olga Karlatos, Ugo Bologna


Ya le he nombrado alguna vez, pero ya iba siendo hora de dedicarle algunas palabras a Lucio Fulci, el incombustible director italiano artífice de todo un subgénero dentro del propio subgénero zombie, considerado uno de los más feroces y sangrientos, repudiado por la crítica y buena parte del sector de aficionados "serios" (lo juro, existen). Aún recuerdo el comentario cuando, en la universidad, alguien sacó a relucir su nombre. La respuesta de mi docto profesor, tras el obligado rictus de repugnancia sólo con oir su nombre, fue: "tiene la misma entidad artística que una tabla de charcutero". Oh, craso error de base señor letrado, pues Lucio Fulci pertenece a esa rara casta de cineastas en las que sus defectos (que son muchos) entran en simbiosis con sus virtudes (que las tiene) hasta crear una simbiosis de fotogramas pestilentes que acaban fascinando, incapaz ya uno de discernir los límites entre "lo bueno" y "lo malo". Afortunadamente, en la videoteca de la facultad tenían una copia de NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIS.



Los italianos no tienen vergüenza, eso lo sabemos todos, especialmente en los 70. Hábiles como pocos para aprovechar aciertos ajenos (lo suyo es pura explotation), primero llegaron con los caníbales y los "falsos documentales" (¿alguien no ha visto todavía ese popular zurullo fílmico llamado HOLOCAUSTO CANIBAL?), después se dedicaron a sablear posesiones demoníacas y monstruos marinos. Al giallo, obviamente, lo dejo de lado, porque sin ser totalmente original, si que crearon escuela. Finalmente, se centraron en los zombies. En estas que el verdadero Pope Zombie por excelencia, George A. Romero, estrena su estupenda ZOMBI (DAWN OF THE DEAD), en comandita con el genial Dario Argento, y la cosa, coproducción italiana, tiene gran éxito. Fulci, que hasta entonces se dedicaba a imitar al propio Argento rodando giallos de segunda, ve la luz: esto es un filón. Ni corto ni perezoso se saca de la manga en un tiempo record ZOMBI 2 (otro de los títulos por los que podeis encontrar esta película, amigos), supuesta secuela-precuela de la de Romero, y la cosa casi cuela. Sin tener nada que ver en términos de producción con la original, los inversores de Fulci ven que la peli canta y que nadie se lo va a tragar, así que le obligan a rodar prólogo y epílogo en Nueva York, por aquello de hacerla más norteamericana. Porque, a pesar del título que el tarado de turno le puso en español, lo del terror zombi en Nueva York nos lo tenemos que imaginar, ya que un 80% de la película transcurre en una isla del Caribe. Por supuesto, la mayor parte del equipo técnico y artístico (a excepción de Fulci) tienen sus nombres americanizados, y para su distribución en los EEUU la película se tituló ZOMBIE FLESH EATERS (y con este ya tenemos tres). A la postre, el pistoletazo de salida de toda una serie infumable de subproductos lamentables que tomaron a esta película como bandera, infestando los cines de finales de los 70 y comienzos de los 80 de sangrientos delirios gore sin la más mínima calidad ni personalidad y expandiendo el virus del spaghetti-zombie a medio mundo.

De paseo por el parque

Entremos en materia: ¿de qué va esto? Va de un velero sin tripulación que aparece en la bahía de Nueva York. Un par de polis sacados de Starsky & Hutch (la serie) investigan, con tan mala fortuna que a uno de muerde un gordo putrefacto que se escondía en el camarote. Un periodista guapete (para los estándares de los 70, se entiende) investiga a su vez esta muerte, y de pronto aparece la hija del dueño del barco, que parece una novicia virgen, muy preocupada porque no tiene noticias de su padre, científico, desde hace años. No hay problema, periodista y mocita embarcan rumbo a la isla tropical donde se supone trabajaba el doctor, no sin antes enrolarse con una pareja de aventureros en su yate: él no tiene oficio conocido más allá de marcar paquete, ella se dedica a sacar fotos submarinas con un tanguita de hilo y un horrendo gorro de baño, con tan mala suerte que se topa con un tiburón, que, a pesar de los alaridos subacuáticos de ella, parece más interesado en frotarse la panza con los corales que en devorarla. Afortunadamente, un zombie que andaba por allí (por allí me refiero al fondo marino) la salva del aprieto, luchando ferozmente a mordiscos contra el tiburón, lucha desigual porque en varios planos se puede ver que el escualo no tiene dientes. Alarmados por la experiencia, los cuatro llegan a la isla y se empiezan a escuchar tambores. Allí conocen a un antiguo colaborador del doctor, otro científico con un misterioso problema capilar (su barba cambia de densidad dependiendo de la secuencia) que se encuentra muy agobiado: al pobre se le mueren todos los pacientes nativos por una extraña enfermedad, además con la mala costumbre de volver a levantarse de sus mortajas, con lo que se pasa la vida bebiendo whisky y pegando tiros en la cabeza de sus pacientes revividos. A todo esto, el científico tiene una mujer que vive sola y asustada en su pedazo de casa isleña. Ella tiene la sana costumbre de ducharse con todas las ventanas abiertas. Evidentemente, un zombie se la quiere zampar y lo consigue, no sin antes atravesarle el ojo con una astilla de madera. El grupo de Scooby Doo descubre el percal y huye en su 4x4, pero como es de rigor, el coche se estrella en medio de la selva tropical, en realidad el jardín botánico de Roma. El periodista tiene la mala idea de hacerse un esguince en medio de un viejo cementerio colonial, y claro, los cadáveres de los conquistadores con apellidos hispanos se levantan de su tumba (muy despacio) y atacan (muy despacio) a sus víctimas. A la del tanga se la cepillan a la primera de cambio, pero los otros tres huyen hasta refugiarse en la iglesia, donde les espera el doctor con una anti-explicación de los hechos: "He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... e incluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano!" Nada más decir esto muere de una embolia, y los intrépidos llegan a la conclusión de que hay tanto vudú por metro cuadrado en la isla que esto no hay dios que lo pare, más que nada porque los tambores no han dejado de sonar desde que llegaron. Tras atrincherarse en la iglesia ante el acoso zombie, preparan unos cientos de cockteles molotov (aunque siempre tiran el mismo) y logran huir, pero ya sólo quedan dos: el periodista y la novicia. Ponen rumbo a Nueva York con el zombie del marcapaquete encerrado en la bodega del yate como prueba del horror, y en cuanto ponen la radio, sin molestarse en sintonizar, un locutor neoyorquino les informa de que la plaga zombie ya está asolando la ciudad. El último plano de la peli nos muestra a cuatro zombies caminando por el puente de Brooklyn en dirección a la ciudad, aunque a los habitantes no parece importarles mucho a juzgar por el tráfico que se vislumbra bajo el puente.

La mocita virgen

Zombie VS escualo: lucha desigual

No es sólo que el delirium tremens argumental sea de órdago, es que además los diálogos basculan entre lo repetitivo y lo idiota, mientras los actores tratan de insuflar intensidad en vano. Ellas, sin excepción, se dedican al destete gratuíto y a quedarse paralizadas y chillar en cuanto perciben peligro. Fulci despliega su legendaria incapacidad para crear cualquier atisbo de suspense o in crescendo narrativo, y su obsesion por la casquería bruta en primer plano queda demostrada. Los recursos visuales setenteros campan a sus anchas durante todo el metraje (esos míticos zooms, esa música...). Sin embargo, y por increíble que parezca, la película tiene magia, ese algo intangible que hace que, a su manera, sea un pequeño clásico del cine de zombies. El italiano es capaz de teñir toda la película de una sordidez notable, un hálito nauseabundo más allá de sus carencias presupuestarias (lo que otros llaman caspa). Aquí los muertos se muestran como auténticos cadáveres en proceso de descomposición, y la parsimonia con la que Fulci planifica muchas escenas ayuda a subrayar esa desagradable sensación, una atmósfera malsana que casi se puede oler, perfectamente orquestada y coherente durante todo el metraje. Ojo, no es fácil hacer un cine "de atmósfera" dentro del terror, aunque esa atmósfera sea más bien pestilente. Además, secuencias como la del tiburón acaban convirtiéndose en algo casi onírico, fascinante por su aire bizarro digno del sueño de un demente. En conclusión, y todavía no sé bien por qué, la peli acaba funcionando a las mil maravillas: uno sabe que está viendo un bodrio, pero secuencia tras secuencia sigue pegado a la pantalla hasta los créditos finales, pues de un modo u otro, la película logra captar la atención. Misterios del Mondo Zombie.

Casquería fina

NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIES fue la primera incursión en el género de Lucio Fulci, a la que se sumarían dos más, MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES y la deleznable ZOMBIE 3, que ni siquiera terminó de rodar. Desde entonces siempre se mantuvo fiel a las coordenadas del terror salvaje, rodando además la que yo considero su obra maestra, EL MÁS ALLÁ, un incomprensible thriller sobrenatural en el que potencia sus virtudes al máximo hasta llegar casi a la abstracción pura, al puro despliegue estético, en la que no se entiende nada del argumento pero que te mantiene hipnotizado y boquiabierto como una vaca mirando el tráfico. Eso que llaman "estilo personal". Lucio Fulci murió medio arruinado en 1996 víctima de una diabetes mal tratada (algunos hablan de suicidio), y como siempre, fue tras su desaparición cuando algunos pesos pesados del cine mundial empezaron a reivindicarle, en especial el idolatrado Quentin Tarantino, que en 1998 logró reestrenar EL MÁS ALLÁ en los USA con copia restaurada y todos los honores. Incluso el bueno de Robert Rodriguez le hizo un explícito homenaje-plagio a la escena de la "astilla en el ojo" en la maravillosa PLANET TERROR, estacazo que se lleva, por supuesto, el bueno de Tarantino en sus carnes. Lo dicho: a su manera un clásico que se merece su irrupción en la sección De Culto de Sesión Golfa, como una mosca muerta en un pastel de crema.

uyuyuyuyuyuyuyuyuyuyuy...

- Lo mejor: el despliegue en todo su esplendor del "estilo Fulci"

- Lo peor: todo lo demás


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DANCE OF THE DEAD / EEUU / 2008

En medio de mi ataque de insomnio, ataque de zombies, ya iba siendo hora. Modesta producción yanqui rodada con pocos dólares, muchas ganas y gozosos resultados, DANCE OF THE DEAD se une a la cada vez más popular moda de mezclar comedia y muertos vivientes, moda que no seré yo quien critique, desde luego. Ambientada esta vez en el típico y tópico instituto yanqui, la peli consigue mezclar con salero lo que ya todos conocemos de esta (sub)cultura teenager, repasando uno por uno los estereotipos con la consabida plaga de cadáveres andantes biotipo Romero combinada con los hipervitaminados zombies postmodernos adictos al speed (atención a cómo salen algunos de ellos de las tumbas), pero con bastante más gracia de la esperada. Bien surtida como comedia adolescente, el meollo de la cuestión se centra en el consabido "baile de graduación", pero en esta ocasión los únicos que podrán hacer frente a los zombies serán los inadaptados que no consiguieron pareja para ir al baile, je, los demás sucumbirán bien pronto al festín. Afortunadamente, el tal Gregg Bishop consigue sacar tajada (nunca mejor dicho) de todo el maremagnum referencial que se trae entre manos y se las ingenia para regalarnos una entretenidísima comedia moderadamente gore en la que sus muchos defectos y lugares comunes (el profesor de gimnasia es patético, algunos efectos dejan mucho que desear...) no logran empañar momentos realmente inspirados, como esa pareja de adolescentes zombies enamorados que se comen a besos, literalmente, o la reinterpretación punk del dicho "la música amansa a las fieras". Diversión, desmadre y ritmazo para este pasatiempo zombie tan irregular como disfrutable.

Ah, y por cierto, no confundir con el estupendo episodio del mismo nombre que Tobe Hopper dirigió para la primera temporada de MASTERS OF HORROR, también con zombies.

- Lo mejor: ideal para zombiadictos con hambre

- Lo peor: está muy lejos de otras recientes joyas de su estilo como ZOMBIES PARTY o PLANET TERROR


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UP / EEUU / 2009
Dirección: Pete Docter
Codirección: Bob Peterson
Guión: Bob Peterson y Pete Docter; basado en un argumento de Bob Peterson, Pete Docter y Tom McCarthy
Producción: Jonas Rivera
Producción ejecutiva:
John Lasseter y Andrew Stanton
Música:
Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Diseño de producción:
Ricky Nierva
Doblaje original
: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles F. Muntz), John Ratzenberger (Tom), Delroy Lindo (Beta), Jordan Nagai (Russell), Bob Peterson (Dug/Alpha), Elie Docter (Ellie)


Ya resulta hasta cansino repetirlo, pero no encuentro mejor manera de decirlo: hoy por hoy no conozco en el mundo ningún equipo creativo capaz de parir una tras otra películas del calibre, la profundidad, la sabiduría y el puro placer estético que transmite UP. Mientras otros estudios como Dreamworks las hacen como churros, aprovechando el momento coyuntural y alargando sagas hasta la extenuación (del espectador), ese equipo mágico que forma Pixar crea joyas atemporales que, con una precisión sobrenatural, acaban siendo cada año lo mejor de la cosecha cinematográfica mundial, y sin repetir historias ni personajes, pues a excepción de la segunda parte de TOY STORY, cada película con la marca Pixar es tan única, personal e intransferible como su precedente (o la próxima). Esperemos que su renovada unión con Disney (estuvieron a punto de separarse para siempre) no les haga caer en la tentación puramente industrial y sigan cuidando con tanto mimo cada una de sus obras.


Dicho esto, ¿qué narices es lo que tiene Pixar que coloca sus películas a años luz del cine de animación que se hace hoy en el mundo (con el permiso del sr. Miyazaki)? Para empezar, el sempiterno olvidado del cine de animación: el guión. Nunca, nunca en una película de Pixar la historia es una excusa para el epatante despliegue tecnológico, sino más bien al contrario, y UP no es una excepción. Trabajados y pulidos hasta el más mínimo detalle, sus historias son tan originales como clásicas, en el mejor sentido de la palabra, plenas de detalles y segundas lecturas, con unos diálogos milimétricos, un sentido del gag visual y del ritmo asombroso y un diseño de personajes sencillamente soberbio. Recapitulando un poco, tenemos la historia de un crítico gastronómico que abandona sus prejuicios al degustar una sopa cocinada por una rata; la triste historia de soledad y amor de un robot mudo en una Tierra devastada; las peripecias de una familia disfuncional con superpoderes; la aventura iniciática de un pececito tullido; la paradójica empatía entre dos monstruos proletarios y la niña a la que deben aterrorizar... y, en la que nos ocupa, la alucinante aventura de un vendedor de globos viudo de... ¡78 años! ¿Qué otra película recordais cuyo action-hero sea un irascible anciano artrósico con un andador y cuyo némesis resulte otro anciano aún más viejo? ¿Recordais alguna película infantil en la que se adivine un aborto? ¿Cómo es posible que la simple contemplación de un álbum de fotos pueda lograr tal carga emocional al espectador adulto? Porque esa es otra de las grandiosas virtudes de Pixar (y por ende de UP, claro): el talento asombroso para captar la atención de todos los públicos sin resultar ni empalagosos ni infantiloides ni aburridos, y sin recurrir a los habituales chascarrillos o guiños "solo para adultos" tan propios de sagas tipo SHREK, películas que son entretenidas pero que no pasarán la cruel prueba del tiempo pues son filmes anclados en un momento determinado y para su consumo rápido. Dentro de 50 años el personal habrá olvidado las aventuras del ogro verde, pero disfrutará como el primer día de las peripecias del sr. Fredicksen. Puro talento, pura alquimia, ese brillo intangible que diferencia lo que está hecho para perdurar.


Centrándonos en UP, quizás más que nunca se mastica la sabia mixtura entre la tradición y la innovación de la que ha hecho gala Pixar desde siempre, pero incluso más depurada. Un ejemplo genial: la increíble carambola que se sacan de la manga para que, en una peli en la que los animalillos no hablan, toda una jauría de perros sí lo hagan (y de qué manera) sin dejar de ser perros en un mundo de humanos. Otra muestra: el prólogo que abarca toda la historia previa del anciano, una hermosa historia de amor desde su niñez hasta el arranque de la historia, un prodigio de síntesis narrativa que por sí solo es una obra maestra, la mayor parte además contada sólo por imágenes, de una delicadeza y una emoción sobresaliente. Y es que, por encima de que el coprotagonista sea un niño, UP habla mucho más de las vivencias de un adulto (ya en su último tramo vital) que de un crío, reforzado además por ese tono de aventuras clásico que bebe mucho más de Julio Verne o de Wells que de cualquier insulsa modernez videoclipera, ¿cómo si no se puede explicar que nuestro protagonista parezca un Spencer Tracy anciano, y su némesis un viejo Kirk Douglas (con huyuelo incluído)?


En fin, como ya he dicho por estos lares más de una vez, Pixar no pincha ni a propósito, y UP no es la excepción, manteniendo el nivel y, una vez más, haciéndonos soñar despiertos hurgando en los sentimientos puros, ese abanico existencial que, en definitiva, nos habla de la necesidad de todos nosotros de encontrar el camino hacia ese paraíso inalcanzable, tenga éste la forma que tenga. De las tres pelis más memorables que he visto este año en pantalla grande, dos son de animación... por algo será.


PD: y por supuesto, atentos al corto que antecede a la peli, esa deliciosa tradición única en su especie. Una vez más sin palabras, una vez más un derroche de imaginación. Chapeu!

- Lo mejor: la jodida intensidad emocional de algunos tramos, el maravilloso sentido de la aventura... todo

- Lo peor: que en muchos foros sigan discriminando al cine de animación, como si fuera algo "a parte", sin dejarle jugar en la misma liga que al resto, cuando la animación simplemente es una técnica para contar historias, nada más


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FANBOYS /EEUU / 2008

Antes de marcharme el fin de semana a remojarme el trasero en el mar, y dedicarle un buen destripe como se merece a UP!, la última maravilla de Pixar, termino esta oleada de comedias que han invadido Sesión Golfa con, probablemente, la más friki de todas: FANBOYS, un tributo de fans de STAR WARS a los fans de STAR WARS con forma de road-movie adolescente. Pero que no se me asuste el personal, si no perteneces a esta especie, también puedes disfrutarla amigo, porque FANBOYS derrocha encanto, nostalgia, fetichismo y gamberrismo a partes iguales. Con una premisa bastante cachonda que arranca meses antes del estreno de la horripilante EPISODIO I: LA AMENAZA FANTASMA (la panda de frikis atraviesan todo EEUU para colarse en el famoso rancho Skywalker para verla antes de su estreno), la peli se beneficia de un ritmo constante que nunca decae y las mil y una peripecias que estos descerebrados sufren, incluído un casino en Las Vegas en pleno simposium de treekies y un viaje de peyote orquestado por Danny Trejo, el habitual chicano de Robert Rodriguez. Por supuesto, las referencias a la saga galáctica (a la original, se entiende) son continuas, algunas bastante ingeniosas, y todo, todo el metraje está plagado de sabrosos cameos, por una vez bien dosificados y algunos bastante sorprendentes, incluso de los míticos actores que participaron en las tres primeras entregas: obviamente, olvidaos de Harrison Ford y Mark Hamill, pero al aficionado medio no le será nada difícil descubrir a otros cuantos "galácticos". Como parece que últimamente está en todas, también se deja caer por aquí el tremendo Seth Rogen, haciendo... dos papeles!! (en uno de ellos irreconocible, por cierto), e incluso el mismísimo George Lucas deja oir su voz en un momento de la película. Ah, y no os perdais el cameo de otro ilustre "fanboy" a las puertas de un urinario y, sobre todo, la última frase de la película... genial! Ideal para una de esas tardes tontorronas.

- Lo mejor: es tan entretenida como entrañable, te provoca una sonrisa perpetua durante hora y media
- Lo peor: un poco mas de caña al fenómeno fan que trata no hubiese venido mal


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VICKY.CRISTINA.BARCELONA / EEUU-España / 2008

Vaya tela. De Woody Allen me gusta casi todo, en mayor o menor medida, pero VICKY.CRISTINA.BARCELONA me parece uno de los momentos más bajos de la filmografía del neoyorkino, un patinazo tremendo que llegó incluso a irritarme a ratos. Para empezar, me molesta esa torpe voz en off que no aporta nada a la historia, que se dedica a subrayar algo que ya estamos viendo o a sacarse de la manga reflexiones sin fundamento narrativo para tratar de coser trozos de una historia en el fondo bastante insustancial. Me cansa sobremanera la obsesiva insistencia por mostrar Barcelona como si de un publirreportaje se tratase, por no hablar de la avalancha de tópicos "spanish" guitarrita española en mano, en la que no falta ni Albeniz ni Paco de Lucía, omnipresentes en la banda sonora. Me irrita ese rollo snob que, oh dios mío, roza la pedantería en los diálogos, algo bastante extraño en el viejo Woody. Me aburren las reflexiones culturales, esputadas sin pizca de gracia ni salero y llenas de tópicos, como los propios personajes, demasiado artificiosos. Scarlett Johansson me demuestra una vez más que, más allá de su potente presencia física, es una actriz de recursos muy limitados. Y lo que es peor de todo, apenas esbozo un par de sonrisas en hora y media de aburrimiento esperando que la película pegue ese subidón inesperado, ese giro genial... que nunca llega. Cierto, con la aparición del personaje de Penélope Cruz la película remonta ligeramente el vuelo, pero no lo suficiente para salvar del naufragio este desastre. Apenas unos minutos de autentica química entre ella y Javier Bardem que hacen saltar chispas y dan brillo a una obra sin gracia, sin sustancia ni inteligencia, y que en el fondo parece una revisión del "landismo" setentero, pero en plan bohemio y soñador. Un auténtico fiasco.

- Lo mejor: los toma y daca verbales de Bardem y Penélope, mezclando idiomas
- Lo peor: ¿se supone que es una comedia?


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ZACK & MIRI MAKE A PORNO / EEUU / 2008

Lo confieso: mi reencuentro con Kevin Smith ha sido vía la "factoría Appatow" que últimamente tan buenos ratos me hace pasar, y en concreto vía Seth Rogen, lo que son las cosas. Después de aquel horror edulcorado-babosil de nombre JERSEY GIRL desconecté por completo del orondo barbudo, incluso sigo sin haber catado CLERKS II, y alguna otra. Afortunadamente, con ZACK & MIRI MAKE A PORNO las cosas vuelven a su estado natural, o al menos en parte. Sin ser nada del otro jueves, la película es muy entretenida, está llena de palabras malsonantes cada 30 segundos y resulta felizmente soez por momentos. Por supuesto, las obsesiones personales del sr. Smith también están aquí (empezando por STAR WARS y terminando por la presencia de sus "habituales"), y nos regala un par de secuencias realmente brillantes y algunos diálogos chispeantes con esas ingeniosas réplicas a la velocidad de la luz marca de la casa. Seth Rogen sigue en su linea, o sea, muy bien, y es la espléndida Elisabeth Banks la que se lleva el gato al agua con su chispeante trabajo, ambos con una química en pantalla digna de mención. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que no hay sorpresas: el guión, en especial en su segunda mitad, avanza con el piloto automático en una única dirección, cada vez más convencional; lo que se presupone rompedor (o al menos bastante friki, como puede ser el mundillo del porno casero) acaba siendo plano y muy poco aprovechado y, para rematar la faena, la película acaba abrazando de pleno esa categoría tan peligrosa como es la "comedia romántica", con su dosis de ñoñería y moraleja imprescindible. Así, aún siendo, repito, una película perfectamente disfrutable, ¿HACEMOS UNA PORNO? acaba convirtiéndose en un deslucido híbrido entre el viejo Kevin Smith, la nueva comedia americana y el romanticismo conservador hollywoodiense... ¿Otro patinazo de Kevin Smith? No del todo, pero el que busque reencontrarse con la vieja gloria indie en todo su esplendor seguramente se va a llevar un chasco.

Ah, por cierto, si no la veis en versión original subtitulada os vais a perder la mitad de los chistes.

- Lo mejor: Zack y Miri calentándose con un bidón en el que queman las facturas sin pagar
- Lo peor: serán cosas mías, pero mosquea ese tufillo rancio que acaba desprendiendo la película


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