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10. PERSONAL SHOPPER
Puede que sea del 2016, el tiempo es relativo. El zumbado de Olivier Assayas se lo pasa pirata manoseando el cine de fantasmas (con cierto respeto) dentro de uno de esos plomizos relatos contemporáneos sobre la incomunicación y la melancolía, sobre la nada y el vacío vital rodado de lujos, que Kristen Stewart parece que se va a difuminar cada vez que prueba un collar de diamantes. Si está aquí es porque la peli logra subir un peldaño, plantear un efectivo misterio y, ante todo, logra inquietar a paladas. Curiosamente rima con mi número uno, que me ha salido un año capicúa . Eso sí, mortal de necesidad en una tarde gris y lluviosa.


9. FE DE ETARRAS
A falta de un Berlanga y un Azcona, que se fueron mucho antes de lo necesario (cuánto os echamos de menos, maestros, en este mundo extraño), Borja Cobeaga recoge (a su modo) el testigo para utilizar la comedia (profunda, triste, sabia) como ariete contra la estupidez, el fanatismo y otros asuntos muy humanos. FE DE ETARRAS es necesaria y prodigiosa porque escarba mucho más hondo que aquellos apellidos vascos, por ejemplo. Además, ha molestado lo mismo a diestra y siniestra, lo que es sinónimo de trabajo bien hecho. Berlanga estaría sonriendo, pero Billy Wilder también.



8. LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS
El final siempre es la guerra, la que pone rúbrica a una de las trilogías más sólidas de los últimos tiempos, junto con el fabuloso tríptico de Nolan dedicado al Caballero Oscuro. Colofón al periplo existencial de César, el rebelde y libertador, esta guerra es un western invernal y fronterizo: serio, sombrío y adulto, que alterna el espectáculo bélico (fulgurante secuencia de arranque) con una sobrecogedora intensidad e intimidad humano-simiesca y paladas de delicadeza audiovisual a flor de piel o pelo (el bellísimo encuentro entre Maurice y Nova, los alucinantes primeros planos sostenidos de César), que tiene además los bemoles de citar a Apocalypse Now sin rubor. Oscar o algo para Andy Serkis. Ya.


7. OKJA
Tras la estupenda SNOWPIERCER, ya con medio pie en la industria yanqui pero no del todo, el bueno de Bong Joon-ho cambia la ciencia ficción distópica de aires carpenterianos por una fábula amable para toda la familia con ecos del maestro Miyazaki, aunque el corazón de este bombón fílmico sea realmente muy amargo. Hermosa en su retrato de la amistad entre una niña y una cerda gigante, más floja cuando se pone verbenera (el amigo Jake Gyllenhaal fuera de control), OKJA logra sortear los peligros sensibleros y de llorar a moco tendido a base de sentido lúdico, emoción honesta y militancia a cara de perro: la violación de Okja resulta insoportable (como tiene que ser), y el paralelismo final con el holocausto judío es más que efectivo. Putos surcoreanos, siguen siendo la élite.


6. LOGAN
Si me dicen hace un año que una Marvel iba a estar aquí el descojono hubiera sido histórico. James Mangold prescinde de cualquier oropel habitual de la saga (ni cromados ni fuegos artificiales ni despliegues de cosplay), baja a sus criaturas a ras de suelo, tierra, polvo y sudor y les deja hundidos, patéticos y sin esperanza. Western crepuscular con formas de neonoir contemporáneo. Cine de frontera donde la violencia es seca y brutal, sin mierdas pop ni gente levitando, donde los héroes Marvel se sienten vencidos. Compararla, por ejemplo, con X-MEN: APOCALIPSIS es como poner un rubí al lado de un pedazo de mierda. LOGAN es una hermosa anomalía en el sistema, y por eso hay que aplaudirla.


5. DUNKIRK
Aunque ruede un anuncio de detergente parece que Nolan se cuela todos los años. DUNKIRK, en cierto modo, es una de sus películas menos aparatosas, aparente contradicción con el angustioso y masivo drama que narra, una aproximación personalísima al género bélico ambientado en la II Guerra Mundial donde, por ejemplo, no aparece ni un sólo nazi. Nolan depura su estilo hasta hacerlo casi invisible, y construye su endiablada estructura temporal con tres subtramas ¿paralelas? hasta que, emocional y narrativamente, todo encaja. Aunque seguimos a la espera de tu obra maestra incontestable, Nolan, eres de los grandes. Y tú también Tom Hardy, que por tercera vez interpretas a un personaje con máscara. Mucho cine.


4. COLOSSAL
Hay que reivindicar COLOSSAL con alaridos. La primera aventura yanqui del amigo Nacho Vigalondo se esfuerza mucho en dinamitar las fronteras  usando como ariete dos géneros, en principio, antagónicos. Meter en el mismo potaje el kaiju eija nipón de monstruos gigantes y la comedia romántica yanqui es de ser un bendito inconsciente. Con una inaudita e impecable factura (esta peli es elegante, no costrosa), Vigalondo nos pone en bandeja una comedia a ratos demencial, a ratos febril, que no elude la amargura y donde hay mucha verdad y mucho que rascar a poco que uno quiera hacerlo. Anne Hathaway borda un personaje que es un regalo. Bravo.


3. BLADE RUNNER 2049
Obviando el desparramo jedi de última hora (me descojono), el regreso al universo Blade Runner (¿la secuela más tardía de la historia del cine?) ha sido de lo más comentado y/o esperado del año. Cuchillos afilados cuando Villeneuve nos entregó esta maravilla. Irregular, con algún punto débil (Jared Leto y su personaje, un climax final regulero), pero fascinante en su conjunto. Denis logra la cuadratura del círculo: respeto obsesivo por el original para terminar rubricando una película personalísima. Este 2049 amplía con coherencia lo establecido, toma decisiones arriesgadas y vuelve a lograr que la ciencia-ficción sea relevante en su discurso, con pocas concesiones al respetable y un sentido estético apabullante, de una belleza que duele. Además, de las que piden un segundo visionado. 


2. MOTHER!
Si arriba hablábamos de riesgo, MOTHER! es su definición. La peli más polarizada de 2017. Tratad de llegar virgen a ella. Darren literalmente arroja al espectador a un mundo propio y conforma una cosa que es puro cine sin asideros ni explicaciones, lo más cercano al otro gran acto terrorista audiovisual del año: TWIN PEAKS. Una experiencia, a la vez, cerebral y visceral. Personajes que son conceptos dentro de un río de imágenes que fluye con coherencia, un torrente que te arrastra lentamente hasta que la película se "rompe", pero para entonces ya no hay salvación. El tsunami MOTHER! te arrastra, te voltea, te abofetea y agrede al cerebro y al estómago, en el que puede ser el climax más inenarrable del año. De parábolas bíblicas hablaremos otro día. Aronofsky, pásame el teléfono de tu dealer


1. A GHOST STORY
Media película es una chica devorando una tarta. La otra un plano fijo de una sábana. Y aquí hay poesía. David Lowery construye sobre los cimientos de las casas encantadas para trascender: una misteriosa, melancólica reflexión sobre la pérdida y el olvido. Con diálogos justos, progresiva ruptura de la linealidad y mínimos elementos visuales, Lowery logra un poema que acaricia al espectador menos impaciente con los resortes del cine más puro, formas destiladas hasta el minimalismo (esos fantasmas) y una potente reivindicación del sonido, la música y el silencio como elementos esenciales del cine. De estética tirando a lo vintage (formato cuadrado con esquinas redondas, como los viejos Super 8) y rimas visuales algo hipster, además dura 90 minutos, lo que juega a su favor. Una joya para atesorar. Lo que no me explico es que Lowery sea el mismo que el azucaroso y fofo remake de PETER´S DRAGON. Misterios de la creación.