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A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING/Inglaterra/2012
Atención a esta. Comedia netamente inglesa, presentada en Sitges 2012 (sin pena ni gloria), la propuesta más estrambótica y psicotrónica de la temporada. Nacida desde ya como obra de culto, y si no tiempo al tiempo, A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING (¡fantástico título!), ópera prima de sus desconocidos artífices, juega a la transmutación genérica de todos esos ingredientes que los golfos tanto apreciamos, sustentada como un auténtico one-man-show de su absoluta estrella: Simon Pegg. Veamos: un escritor de cuantos infantiles trata de alejarse de su encasillamiento con un ensayo sobre asesinos en serie. El problema es que el patético individuo vive encerrado en su mugriento apartamento con evidentes síntomas de "sindrome de Diógenes", en un constante estado de paranoia, convencido de que le quieren asesinar. Carne de diván, poco a poco descubrirá que toda su angustia existencial proviene de un trauma infantil relacionado con... una lavandería. Tendrá que encarar sus miedos atávicos, que van desde el pánico atroz a salir a la calle hasta enfrentarse a un serial killer real, armado con un cuchillo de cocina pegado a la mano y unos calzoncillos sucios. Dividida en tres actos bien diferenciados en estilo visual y tono, lo que puede ser su verdadero talón de Aquiles para algunos,  la cosa empieza como una abigarrada historia que bebe tanto del gótico paranoico victoriano de Poe (me recordó a ratos a una especie de versión urbanita-delirante de EL CUERVO, sin cuervo), como de los más barrocos delirios visuales terrygillianescos y, por extensión, ligeramente montyphytoniana. Kamikaze arranque que puede desorientar, pero que asienta con efectividad el trasfondo psicoanalítico de la historia en su conjunto, auténtico tour de force que continúa con el magnífico segmento en la lavandería, puntuado por una tronchante secuencia de transición en la que Jack/Pegg consigue reunir fuerzas vitales escuchando gansta-rap. Y partir de aquí, a pesar del radical cambio de escenario (o por ello) la película despega y nos regala unos veinte minutos realmente asombrosos, de lo más original y descojonante que he visto este año. Finalmente, ya vencido, rendido a la palícula, la función concluye con un tercer acto que, seguramente, sea el más "rutinario", teniendo en cuenta que es una larga secuencia cuasi teatral en el que vienen a juntarse nuestro pobre diablo, la chica, el psychokiller al fin (amante del hair metal ochentero), y un par de erizos animados en stop-motion. Amigos, ha quedado claro: es para amar u odiar, pero hay que verla. O algo así como lo que podría haber sido en los setenta una comedia dirigida por Mel Brooks y protagonizada por un Gene Wilder hasta el culo de ácido. Queremos más como esta.

- Lo mejor: el brillante, impagable set-piece central, o como el cotidiano acto de poner una lavadora se convierte en una angustiosa pesadilla

- Lo peor:  sus arranques de genio y delirio son intermitentes, por otra parte algo normal en una ópera prima

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DOOMSDAY BOOK/Corea del Sur/2012
Aprovechando su paso por la sección oficial de Sitges 2012, Asia regresa a Sesión Golfa. Ya iba siendo hora, porque prácticamente uno puede taparse los ojos, elegir una película surcoreana al azar y disfrutar, como mínimo, de una factura técnica sobresaliente y, seguramente, de una película notable. DOOMSDAY BOOK sigue el repunte actual de esas añejas películas de historias con un curioso terceto de mediometrajes que, en esta ocasión, tan solo tienen una leve premisa argumental común: el fin del mundo (más o menos). Dos directores para tres propuestas muy distintas entre sí (la última la dirigen a cuatro manos). La función arranca con BRAVE NEW WORLD, del amigo Kim Ji-woon (I SAW THE DEVIL y la absoluta maravilla de DOS HERMANAS, entre otras), una especie de sátira apocalíptica a vueltas con una plaga zombie y una extraña reinvención del mito de Adan y Eva, manzana putrefacta mediante. Con ese tono tan raro y tan coreano, que puede pasar del la comedia bufa al dramón en una misma secuencia, la peliculita de Ji-woon consigue salvar la papeleta precisamente por los elementos más sarcásticos (atención a los informativos y tele-tiendas), aunque los ingredientes del guiso no acaban de acoplarse demasiado bien (crítica social, reflexión sobre los alimentos que consumimos, parábola sobre el reciclaje...). Ideal para vegetarianos. Con THE HEAVENLY CREATURE la cosa se pone seria. El menos conocido Yim Pil-sung (HANSEL & GRETEL) filma una hermosísima y reflexiva historia que gira en torno a la posible reencarnación de Buda en un cyborg que vive en un templo rodeado de un grupo de monjes y monjas, que le consideran su maestro. Por supuesto, la megacorporación dueña del robot opina que su máquina está defectuosa y deben destruirla. De tono pausado y transfondo existencial, su primorosa puesta en escena  funciona como un bálsamo para el espíritu, un precioso cuento que bebe tanto de las famosas novelas robóticas de Asimov como de los complejos animes cyberpunk de Mamoru Oshii (GHOST IN THE SHELL, AVALON etc). Quizás su serio tono discursivo sea el único escollo para disfrutar por completo de esta delicada y preciosa miniatura. La última es HAPPY BIRTHDAY, sin duda la más loca y delirante de las tres, digna de aparecer en cualquier libro de Douglas Adams. La cosa va de (y si te quieres sorprender, deja de leer ahora mismo) un armageddon planetario provocado por un objeto que impacta contra la Tierra, que resulta ser una gigantesca bola 8 de billar (tal cual) que una niña compró en una página web alienígena, que por paradojas de la relatividad y los agujeros de gusano ha provocado la destrucción del planeta... ¿o no? Tierna a la vez que demencial, si uno es capaz de tragarse la premisa sin rechistar (¡yo lo hice!), es la más arriesgada del terceto y, por lo tanto, puede ser la más indigesta. No obstante, comparte con la primera su cachondeo generalizado y esa visión esperpéntica de los mass media (atención al tronchante último informativo de la historia). Impactante plano final, por cierto. Así pues, DOOMSDAY BOOK resulta más una estimulante curiosidad que una película para los anales, algo lastrada por cierta arritmia y lo poco conjuntada de sus tres historias. Pero ya sabéis: es coreana...

- Lo mejor: su variedad de registros, tonos y sensaciones

- Lo peor: su excesiva variedad de registros, tonos y sensaciones


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LAST DAYS HERE/EEUU/2011
En breve seguiré con el particular repaso a Sitges 2012 (aún hay tela que cortar), pero antes debo hacer un receso fantastiquero para entrar en LAST DAYS HERE, el último rockumentary con el que me he topado, ese subgénero documental que se desvía hacia todas las mutaciones del rock más durete, pletórico en los últimos tiempos. Dejando de lado el punk, que tiene un par de obras de cabecera, ANVIL resulta, seguramente, la gran obra maestra del género, apasionante; LEMMY un documento encantador sobre el tipo más auténtico del universo; además hay brillantes estudios transversales como la dupla METAL: A HEADBANGER´S JOURNEY / GLOBAL METAL o GET THRASHED, por no hablar de irregulares análisis del black metal (el incompleto pero interesante UNTIL THE LIGHT TAKE US o el absolutamente amarillista SATAN RIDES THE MEDIA) o el revelador y muy célebre METALLICA: SOME KIND OF MONSTERS. Si tras toda esta caterva de personajes y sonidos furiosos ya nos hemos dado cuenta de que la mítica y tronchante SPINAL TAP se quedaba más bien corta, esperad a ver LAST DAYS HERE. Una película es genial cuando el qué y el cómo entran en simbiosis, en perfecta comunión. Un documentalista (que también es un cineasta, amigos) es genial cuando sabe sacarle lo máximo a una buena historia. Y, por diox, que la historia de LAST DAYS HERE es la bomba. Los que hemos deglutido con ansia viva todo ese proto-metal setentero ya conocíamos a PENTAGRAM (potentorros y carismáticos, pero eternos segundones) y a su líder espiritual, Bobby Liebling, figura central del documental. En especial tras la "resurrección" que Relapse Records hizo en 2001 de sus demos, la fenomenal recopilación FIRST DAZE HERE-THE VINTAGE COLLECTION. Sabíamos de su errática carrera y sus problemas adictivos, apenas nada en comparación con lo que narra este monumento.

El triunfo y la gloria deslumbra, pero rara vez emociona. La plenitud y la felicidad apestan, amigos. Y la historia vital de Liebling es tan extrema, tan exagerada, tan dura y desoladora que parece ficción. Parece escrita por un guionista cenizo tratando de rizar el rizo con cada nueva secuencia. Bigger than life, que dicen los yanquis. Ver cómo Bobby se ha convertido en un zombie adicto al crack que con cincuenta y pico años vive aislado en el sótano de sus padres, coqueteando cada día con la muerte, y que se cree víctima de una infección parasitaria de origen desconocido, no es un espectáculo ni agradable ni divertido ni ligerito para pasar la tarde. Pero ese es sólo el terrible punto de partida. Por extraño que parezca a priori, por mucho que la muerte siempre esté rondando, LAST DAYS HERE es un sincero y desgarrador retrato de vida pura. Tal cual. De amistad incondicional, de oportunidades perdidas, de amores truncados y reencontrados: del amor de los seres más cercanos, del amor por el rock y la energía sobrenatural que lleva implícito, de la búsqueda de un amor plenamente romántico, y de ese impulso vital tan difuso que hace que Bobby logre vivir otro día más. Rodeado de pentagramas satánicos (of course) y visiones apocalípticas, Bobby, junto con Argott y Fenton, dibujan un retrato humano de una autenticidad y una fragilidad estremecedora. Una historia tan apasionante y sincera, con tantos "giros de guión" y sorpresas (aquí lo improbable sucede), incluso con un emocionante climax final musical que hace de LAST DAYS HERE una de las experiencias cinematográficas más intensas de la temporada, una dura película llena de empatía y afecto y, como he leído por ahí, un sabio ensayo sobre la mala suerte, sobre el contubernio cósmico y el sabotaje personal. Una maravilla que, curiosamente, no te deja el cuerpo destrozado, sino que termina con una gratificante (y algo surrealista) imagen que hace que llegues al final del camino con una sonrisa. La vida se abre camino. Imprescindible.

- Lo mejor: el emocionante tratamiento cinematográfico del documental, con su desarrollo, nudo y desenlace, que potencia al máximo la ya de por sí potente historia que se narra

- Lo peor: se echa en falta un análisis más profundo de la escena musical de los setenta, para entender mejor el papel que jugaron Pentagram por entonces


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Bobby, vivito y coleando, en 2011...

Pequeño paréntesis de Sitges. Como ya ha empezado el éxodo de los mejores cineastas surcoreanos en los USA, un pequeño avance de algo de lo que se nos avecina. Park Chan-wook con la muy psicológica STOKER y Kim Ji-woon con Swarzenegger (!!) de regreso en el desparramo de THE LAST STAND.

LOVELLY MOLLY/EEUU/2012
Por mucho que le pese, al cubano afincado en los USA Eduardo Sánchez siempre se le recordará por ser coautor de aquel ya lejano pelotazo titulado EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR, película que puso de moda en medio mundo esa agotada plaga (ver V/H/S) que se ha dado en llamar found footage. El bueno de Sánchez, tras vivir una temporada de las rentas y explotar el filón de la bruja tanto en su lamentable secuela (en tareas de producción) como en una poco vista serie de televisión, no tardó demasiado en retomar su carrera, ya en solitario, con un curioso par de películas que no abandonaban del todo el estilo granuloso, apresurado y de falsa apariencia amateur del film que le hizo famosete por un tiempo. Tanto ALTERED como la exótica y moderadamente aterradora SEVENTH MOON, rodada en China, explotaban este filón de la cámara hiperactiva y aires documentales, pero es en LOVELLY MOLLY donde de nuevo a tirado de grabaciones de cámara doméstica, al menos en parte. Tan minimalista como las anteriores, por esta vez el cubano deja los elementos sobrenaturales a un lado y se toma un valium para contar el descenso a los infiernos de la esquizofrenia de la encantadora Molly, una chavala que sufre en sus prietas carnes el ominoso acoso (sexual y del otro) de una entidad que proviene de su atormentado pasado y que nunca sabremos hasta qué punto es real. Sucia, atmosférica, de hechuras indies, ritmo pausado y paulatinamente agobiante, más propia de un terror psicológico vertiente REPULSIÓN o LA SEMILLA DEL DIABLO, (qué casualidad, de Polanski) que del burdo muestrario de sustos al uso, la cosa se enriquece lo justo con los insertos de video-diario que la pobre criatura va grabando durante su pesadilla, una Molly a la que la debutante Gretchen Lodge se abandona en cuerpo y alma y que supone la mejor arma de la película. Sin ser memorable, LOVELLY MOLLY cumple su objetivo y funciona como buena muestra de que cuando hay algo que contar e ideas claras el formato es lo de menos (vaya, justo lo contrario de V/H/S). Eduardo Sánchez es uno de esos tipos que, sin estar en la primera división del género, sigue labrando una filmografía interesante y personal paso a paso sin estridencias. Seguro que lo mejor está por llegar.

- Lo mejor: ese plano de resonancias mitológicas en el que Molly se entrega a la oscuridad en pelota picada... y lo que surge de allí y la abraza...

- Lo peor: la sensación de estar esperando algo con mucha paciencia y que nunca llega

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V/H/S / EEUU / 2012
Esto de la moda del found footage (metraje encontrado) se está desmadrando. Si bien ya ha tocado (casi) todos los géneros posibles, de la aventura a la ciencia-ficción, pasando por el thriller e incluso el cine bélico, parece que el terror es la parcela en la que este discutible estilo se encuentra más cómodo y tiene mejor respuesta entre un público, digamoslo claro, cada vez menos exigente. Si tras el exitazo de la apañada y poco más PARANORMAL ACTIVITY y todas sus aburridas secuelas el tema de las cintas de video con bicho dentro se ha desparramado como la peste, V/H/S supone la prueba palmaria de que la cosa está ya muy agotada. Estrenada este año en Sitges, con la cansina campaña promocional amarillista a toda mecha (que si en Sundance el personal se desmayaba, que si una ambulancia en la puerta, bla, bla, bla), vista y deglutida, no acabo de entender como una película tan sosa, mediocre y falta de incentivos puede llegar a ser un hype mundial. Siguiendo el gancho en los créditos de mi amado-odiado Ti West, V/H/S trata de arrancar con un formato relativamente original en el estilo: una película de episodios. Como en cualquier film con esta estructura, la calidad del conjunto depende mucho de las partes, y aquí la han pifiado casi por completo. De sus 5 historias (6 si contamos la no-historia principal que funciona como cutre-masilla del resto), apenas una, la última (10/31/98), consigue levantar el vuelo de una película cansina, aburrida, insustancial, más bien poco inquietante, con una alarmante falta de ritmo e ideas ingeniosas y, además, larga, muy larga. No creo que merezca la pena analizar en profundidad una por una las historias, pues todas ellas buscan la autocomplaciencia del aficionado (parece que sólo con el baile de San Vito de la cámara y sus texturas amateurs uno ya tiene la obligación de acojonarse y aplaudir la propuesta: pues no), dando muy pocas alegrías o sorpresas y más bien mucho bostezo y miradas furtivas al reloj, transitando por lugares comunes y refritos de clichés sin nada nuevo que aportar. Obviando la estupidez supina de la historia "principal", TAPE 56, que no hay por dónde cogerla, la cosa arranca de forma sólo resultona con AMATEUR NIGHT, con un par de ideas e imágenes de impacto. Después llega SECOND HONEYMOON, la de Ti West, que fiel a su estilo se dedica a filmar la nada durante 20 minutos hasta llegar, como es marca de fábrica, a un final torpe y apresurado. Prescindible. TUESDAY THE 17TH es una tontería sin el mayor interés que ser una especie de slasher campestre al uso que homenajea la saga de Jason. Muy mala. Con THE SICK THING THAT HAPPENED TO EMILY WHEN SHE WAS YOUNGER la cosa se anima ligeramente: el formato cambia a las grabaciones de un videochat, y la historia, con un final incomprensible, es bastante marciana y tiene un par de momentos de susto que funcionan. Si uno consigue llegar a estas alturas del metraje, aleluya, la cosa remonta con la última historia, 10/31/98, la mejor de todas, aunque sólo sea porque es la única entretenida, divertida y loca, y porque tiene algunas ideas visuales de enjundia. Repito, absurdo hype mayormente prescindible. Y además, muy feo. Bah...

- Lo mejor: dos historias pasables de seis, poca cosa

- Lo peor: lo aburrida, larga y falta de ideas que acaba siendo... y que aun así algunos por ahí la pongan por las nubes... me estoy haciendo viejo

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CHAINED / EEUU / 2012
Como todos los años, recién clausurado el Festival de Sitges, vamos a hacer un somero repaso a lo más granado que por allí se ha visto y oído. A nuestro ritmo. Y comenzamos con CHAINED, la esperada película de Jennifer Lynch, la revoltosa hija del demiurgo David Lynch, que pasito a pasito se está labrando una curiosa carrera que, como mínimo, uno tiene que tildar de interesante. Con un primer paso en falso tremebundo como fue BOXING HELENA, un vergonzante bodrio que partía de una suculenta idea pero que se internaba en los abismos del ridículo desde el minuto uno, quince años tardo Jennifer, nada menos, en estrenar la juguetona, estupenda SURVEILLANCE, triunfadora en Sitges 2008. Después llegó HISSS, una marcianada bollywoodiense que aún tengo en mis cuentas pendientes. Finalmente y sin mucho estruendo, la pequeña Lynch regresa al festival que más la aprecia con su cuarta obra: una de psicópata/s. La figura del tarado asesino generosamente traumado, aislado del mundanal ruido, nativo de un entorno tipo "sótano llenomierda", sufridor y sádico a un tiempo, ha sido tan omnipresente en las dos últimas décadas que a uno ya se le hartazga el gaznate cada vez que alguien vuelve a proponer, otra vez, al psychokiller obeso y sus derivas masacrantes. Afortunadamente para todos, la perversa Jennifer maneja con soltura un par de ases en la manga: por un lado, aquí la policía / FBI / pariente vengativo, y la obligatoria investigación, brilla por su ausencia. Por lo tanto, se aleja del slasher al uso. Al fin. Gracias. Durante un ochenta por ciento del metraje Jennifer encierra a sus dos criaturas (y a nosotros con ellas) entre las cuatro paredes de esa casa, configurando una especie de crónica diaria y costumbrista del psicópata y, aquí viene el segundo as, también de su esclavo-pupilo. Ya se nos ha contado del derecho y del revés que todo asesino psicopático tiene un pasado del que provienen sus manías destructivas: CHAINED no es una excepción, pero plantea además un retorcido giro al asunto, un trasunto de "educación para la anti-ciudadanía" que acaba esputándonos a la cara que, efectivamente, el mal también se enseña, se imparte, y por tanto, se aprende. Tremendamente misógina en superficie gracias a los repugnantes discursos de Bob (bravo Jennifer por tu osadía y riesgo: te van a caer palos por todas partes), partiendo de un extrañamente extraño guión, mrs. Lynch, que sabe que tiene un armazón sólido con el el construir, atempera sus armas visuales y, de nuevo, demuestra al respetable que aquí hay cineasta para rato. Contenida en todos sus apartados y sin alardes por la cara, sin necesidad de plasmar marca de estilo porque sí (aunque podemos atisbar algún detallito heredado de papá), nuestra directora favorita echa mano de texturas ocres, interiores desolados, una calculada y hermosa puesta en escena, un sentido del ritmo prodigioso que sabe aunar flashbacks, narraciones paralelas y elipsis con tremenda elegancia, y una dirección de actores precisa como un bisturí, para absorber nuestras neuronas hasta ese seco y nihilista final, supongo que lo más discutible de la cinta. Ah, y Vicent D´Onofrio, mejor actor en la edición de este año, por supuesto. Cualquier otra cosa hubiese sido un escándalo.

- Lo mejor: la confirmación de que Jennifer Lynch ya ha roto el cordón umbilical, de que es una tía tan raruna como valiente, y de que nos va dar muchas alegrías en el futuro

- Lo peor: que CHAINED pase desapercibida entre la maraña psicopática habitual

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Por diox, ¡qué ganas de ver esto ya! Que desde la repelotuda HALLOWEEN 2, seguimos en dique seco. 
Se estrena en el próximo festival de Toronto.
A falta de trailer oficial, unas pocas imágenes...


THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO / EEUU / 2009

No sabía que en realidad existía, servidor pensaba que ya era uno de esos proyectos abortados que nunca ven la luz. Así que os podéis imaginar la sorpresa cuando, el otro día, me topé con ella por pura casualidad. Alaridos histéricos, saltos de alegría y cerveza derramada por toda mi guarida. Las primera peli de animación de Rob Zombie, amigos. Todos sabéis quién es Rob Zombie, pero por si acaso hay en la sala algún marciano... ok... Rob Zombie es uno de los gurús de este rincón golfero, junto con Terry Gilliam, David Lynch, John Carpenter y otros cuantos. Tipo renacentista en pleno s. XXI, creador total nacido del cadáver de su banda de metal industrial groovy WHITE ZOMBIE, luego simplemente ROB ZOMBIE (mucho más bailonga), diseñador gráfico e ilustrador, guionista de cómics, realizador de sus propios videoclips y, desde hace unos años y para regocijo de todos sus fans, guionista y director de cine, capaz de dejar su particular huella en todos y cada uno de estos campos. Y aviso para navegantes: su breve filmografía no tiene desperdicio. Lo dicho: autor total. Además, admirador convicto y confeso de la animación. Un puto crack. Basado en cómic propio, EL SUPERBEASTO, una suerte de luchador mexicano calentorro y delirante capaz de cualquier cosa por echar un buen polvo y comer alitas de pollo picantes, secundado en sus aventuras por la neumática y tuerta  Suzi X y su salido robot de compañía. Su adaptación al cine estuvo dando vueltas por los estudios un tiempo hasta que, finalmente y por pura cabezonería del amigo Rob, la película se estrenó directamente en DVD con una calificación R (Restricted) por parte de la censura yanqui por su alto contenido sexual, procaz y violento. Un triunfo, vamos. Para empezar, la película es un ejemplo palmario de ese expediente X que muchos llaman "animación para adultos", esa cosa, sin entrar en el porno, de la que muchos hablan pero que muy pocos han visto, a excepción de esos magníficos animes que todos tenemos en la cabeza. Tengo la garganta seca de repetirlo, pero aquí va otra vez: la animación no es un género, sino una técnica audiovisual para contar historias, por lo tanto el abanico temático al que debe aspirar es infinito, tanto como en la imagen real. La totalitaria y abusona maldición Disney hizo que, desde siempre, se asocie con cine infantil, o familiar a lo sumo. Una estupidez suprema que se mantiene hasta hoy. Fin de la pataleta.

Zombie meet Avery meet Bakshi

El cómic original
THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO no es para niños y, probablemente, tampoco para un 80% de los adultos del planeta. Hoy estamos más que acostumbrados a los alardes técnicos en animación, en especial 3D, y cada vez más alejados mentalmente de lo que fue la animación tradicional 2D,  cuyo reducto casi se reduce a animes, alguna marcianada europea puntual y series de televisión de calidad cada vez más baja que exprimen franquicias hasta el vómito. Y precisamente por esto, SUPERBEASTO es un soplo de aire fresco en toda la jeta, pura animación old school que ignora por completo las moderneces y el rollete hiperestilizado actual para abrazar con un malsonante eructo aquellos cartoons hilarantes y supersónicos de Hanna-Barbera o la Warner, que mira de reojo a maestros de la pura energía cinética desatada como Tex Avery y, sobre todo, y esto es lo más molón, a un tipo que todavía tiene pendiente el reconocimiento que se merece: Ralph Bakshi. La sombra del autor de FRITZ THE CAT, HEAVY TRAFFIC o FIRE & ICE gravita sobre toda la película de Rob Zombie, para regocijo de todo amante de la animación adulta, soez, transgresora, sexual, bruta y malencarada. Porque sí, SUPERBEASTO es una verdadera muestra de cine libertario, por momentos brillante, a ratos muy tonto, otras veces sorprendente, que requiere del espectador atención total. Al principio cuesta entrar en la propuesta de Zombie, pero una vez que estás dentro... el disfrute es total. Por supuesto, nos movemos en un hilarante universo serie Z plagado de superheroes salidos, villanos histriónicos (Dr. Satan/Paul Giamatti, desatadísimo), ejércitos de zombies nazis, strippers con incontinencia vaginal y modales de camionero y un guión guarro y delirante, todo ello disparado a la velocidad de la luz con un montaje abrupto y desquiciado, una auténtica avalancha de chistes verbales y visuales imposible de asimilar de una sola tacada. Gore en abundancia, tacos cada cinco segundos, erecciones mecánicas y biológicas y tetas, muchas tetas. También suculentos cameos, muchos salidos, directamente, del propio universo-Zombie. Y muchas canciones a cada cual más cachonda, perfectamente integradas en la trama, lo que, además, la convierten casi en un musical con sobredosis de speed.

Captain Spaulding también sale
Superbeasto, rey del gansta-pop

Como es habitual, Rob Zombie se rodea del "equipo habitual" para dar voz a sus animadas criaturas, desde su compañera, cómplice y musa Sheri Moon hasta el chicano más feo de la galaxia, Danny Trejo. Y muchos más. Así pues, a pesar de ser un proyecto realmente marciano en su filmografía (lo sería en cualquier filmografía), THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO encaja perfectamente en el corpus creativo del amigo Zombie, una joyita plenamente disfrutable siempre que te dejes llevar por su inagotable energía cinética, sus constantes chistes de pollas, tetas y polvos, su irreverencia total y sus cien mil referencias a lo que viene a ser la contracultura más underground de los últimos 50 años, que sabe conjugar inteligencia y estupidez con una fórmula que es pura alquimia. Ahí es nada. A descubrirla inmediatamente.

Rob y Sheri, grabando

- Lo mejor: ¿cine de animación tradicional para adultos? ¿película de Rob Zombie? Doble gozo

- Lo peor: por momentos es muy, muy, muy idiota... ¿esto es malo?

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HELL / Alemania / 2011

La alemana no es una cinematografía muy dada al fantastique precisamente. Con el patrocinio del megalómano Ronald Emmerich a la producción, Tim Fehlbaum propone otra de esas road movies postapocalípticas que tanto se llevan ahora, una mezcla curiosa entre el añejo cine de catástrofes y las pelis de carretera. En plan rápido, me vienen a la cabeza cosas como INFECTADOS, THE ROAD, MONSTERS, STAKE LAND... y un largo etcétera, donde las calamidades naturales (como en la excelente TAKE SHELTER) se alternan con todo tipo de plagas mutantes (zombies, vampiros, caníbales, extraterrestres...). Una alegría. Realmente HELL no ofrece nada nuevo excepto la misma premisa argumental, un planeta devastado por la inusitada actividad de la tormentas solares, que han elevado la temperatura media en diez grados y los alimentos, el agua y el combustible ya escasean. Casi una precuela intimista y barata de MAD MAX, amigos. Funcional, entretenida, muy correcta y muy bien rodada,  muy germana ella, con un certero y sencillo dibujo de personajes y los elementos imprescindibles para hacer avanzar la acción, la película de Fehlbaum se beneficia de su áspero tono sobrio, contenido y sin excesos, jugando la baza, cuando llega el momento, de encerrar la acción entre cuatro paredes con la mirada puesta en esas granjas pobladas por disfuncionales familias psicopáticas que tan bien conocemos, con un elaborado envoltorio visual que es, de lejos, lo mejor de la película. Merecido premio a la Mejor Fotografía en el pasado festival de Sitges.

- Lo mejor: su abrasadora, polvorienta y sobreexpuesta atmósfera

- Lo peor: nada nuevo bajo el sol (abrasador)

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THE DIVIDE / EEUU / 2011

Seguimos con la segunda oleada franchute. Tras la grata sorpresa de THE TALL MAN y la relativa decepción de LIVIDE (en breve en Sesión Golfa), llega la primera incursión yanqui del amigo Xavier Gens, artífice de uno de los puntales que conmocionaron al aficionado hace unos años, la barbárica FRONTIERE´S. Por entonces ya me pareció que Gens era el más norteamericanófilo de la panda (perdón por el palabro, pero también tiene una cosa llamada HITMAN que...), tanto en estilo visual (muy potentorro, of course) como en influencias, que miraban básicamente al survival setentero pasado por un tamiz videoclipero, todo ello con un trasfondo que buscaba, dicho finamente, llamar la atención (y es que los nazis rurales siempre son muy resultones). Tras visionar THE DIVIDE, sigo pensando lo mismo, aunque con un nuevo matiz: Gens busca la polémica y el escándalo a toda costa, y su discurso unidireccional tiene cierto componente amarillista un tanto chusquero. Sería el SÁLVAME DELUXE de la nouvelle horreur vague, para entendernos. ¿Razones? THE DIVIDE presenta un escenario de sobras conocido, un encierro postnuclear en un bunker blindado. Nada que no hayamos visto ya mil veces, rodado con nervio (buen prólogo), tensión y garra, aunque el dibujo de personajes se diluye en lo de siempre: Gens lleva la consabida máxima "el hombre es un lobo para el hombre" a su paroxismo, pero sin verdadera reflexión al respecto, tomando en exclusiva el tren de las bajas pulsiones, la demencia y el horror más puro. O dicho de otro modo: una misantropía que, insisto, no nace de la reflexión sino de las vísceras, y probablemente de las ganas de llamar la atención. Es una visión respetable, por supuesto, y bien coherente en sí misma (que ella tenga que revolcarse literalmente en mierda propia y ajena para salvar el culo es paradigmático), pero todo es muy sesgado e, insisto, nace del evidente deseo de epatar a toda costa. Dicho esto, que me resulta algo mosqueante, la película es una nueva muestra del ojo clínico de esta peña para el impacto inmediato y la oscura belleza de lo infame y lo sórdido. Densa y asfixiante en su primer tramo, el mejor, comandado por un magnético y troglodita Michael Biehn, Gens tira por la vía rápida para que el proceso de degradación de esta comuna humana aislada sea lo más espectacular y repugnante posible, hasta en lo físico. Progresivamente demencial, la película trata de jugar al "más salvaje todavía, amigos" cada quince minutos lo que, en realidad, le acaba restando impacto al invento. Así pues, film para amantes de las emociones fuertes y estómagos curtidos, blanco perfecto para mojigatos y escandalizados de serie, pero muy bien armada y ejecutada en general aunque, al final, resulta de lo más epidérmica en su conjunto y superficial en su tratamiento del horror humano, del que, sospechosamente, Gens acaba haciendo espectáculo. Curiosamente, su hermoso epílogo, brillante por su sencillez de concepto y por puro contraste con lo anterior, cuenta lo mismo que todo el metraje precedente sin necesidad de alaridos, tiroteos, desmembramientos, violaciones ni cucarachas mutantes. Sin ser una maravilla, merece la pena echarle un vistazo. 

- Lo mejor: aunque tiene un discurso muy sensacionalista, en intensidad, furia y atrevimiento está a años luz de sus mojigatas hermanas yanquis, y eso es para aplaudir

- Lo peor: esa sensación de cortometraje estirado que gravita sobre toda la película

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THE WICKER MAN / Inglaterra / 1973
Dirección: Robin Hardy
Producción: Peter Snell
Guión: Anthony Shaffer
Música: Paul Giovanni
Fotografía: Harry Waxman
Intérpretes: Edward Woodward, Christopher Lee, Britt Eckland, Diane Cilento, Ingrid Pitt

Anoche vi THE WICKER MAN, una de esas que vas dejando pasar año tras año, que siempre está en tu cuenta de pendientes. Esta mañana no me la puedo quitar de la cabeza. Así que recupero el olvidado apartado De Culto para entrar en materia con esta, literalmente, inclasificable película inglesa setentera. Todo en THE WICKER MAN, desde el título (EL HOMBRE DE MIMBRE... tela), es muy extraño. Pudo ser una producción de la Hammer más crepuscular, pero no lo fue, aunque en estilo y forma bien lo parece, amén de las presencias de Christopher Lee, el puto amo, luego entraremos con él, y de la crujiente hammerette Ingrid Pitt. El libreto es obra del prestigioso Anthony Shaffer (FRENESÍ y LA HUELLA, nada menos), y la dirección la firma ese tal Robin Hardy, que desapareció del mapa treinta años hasta una especie de tardío spin-off de esta peli, titulado THE WICKER TREE... Hay diversos montajes de la película circulando por ahí, aunque ninguno es un director´s cut oficial. Los IRON MAIDEN se declaran fan y le dedicaron un tema homónimo hace poco, cuando lo único que suena en la peli es folk. Y es que todo es muy raro en THE WICKER MAN, incluidas las pelucas de Mr. Lee, oiga.

Echando una mano en la investigación

Vamos a ver. Entre canciones folk que hablan sobre cebada y maizales al atardecer, un policía inglés viaja sólo en su hidroavión (!) hacia la isla de Summerisle, valga la redundancia. El tipo es un cristiano estirado que no se quita el uniforme ni la gorra ni para excretar. Ha recibido una carta anónima que le advierte sobre la desaparición de una niña en la isla. Nada más llegar, un grupo de pescadores le toman el pelo a dos manos. Esto va a ser una constante. Después interroga a una señora, que niega que la desaparecida sea suya. Cuando el poli cree que se ha camelado a su verdadera hija para que confiese, se da cuenta que la cría le está tomando el pelo. Alquila habitación en el bar-pensión del pueblo, a tiempo para escuchar una entrañable (y elaborada) canción coral en la que todos los lugareños llaman puta a la hija del posadero, participando en el evento el posadero y su hija con evidente complicidad. Confundido, el policía descubre que todo lo que dan de comer en el bareto son conservas (!!). Tras rezar un avemaría, unos gritos interrumpen su reposo: Christopher Lee, como Lord Summerisle, disfrazado como de tuno, ofrece a su primogénito a la hija del posadero, que a estas alturas sospechamos que ha sido conejita de Playboy. Ella recibe al chaval para instruirle en los misterios del amor. Confundido de nuevo, el casto policía baja a dar un paseo nocturno para aclarar su mente y enfriar su entrepierna. Mala idea: en un prado se da de bruces con parejas que retozan alegres entre gemidos y estertores. Vaya. Esto es Sodoma y Gomorra en formato insular. Al día siguiente, nuestro intrépido investigador es toreado varias veces: por la responsable del registro y por el médico del pueblo, que directamente se ríen en su cara. De camino a visitar a Lord Summerisle, se fija en un ritual en el que unos jovencitos saltan desnudos sobre una hoguera. Lord Summerisle ha cambiado su atuendo de tuno por algo mucho más sport (según los parámetros setenteros). Lo que no ha cambiado es su inexplicable pelucón. Nuestro intrépido policía pregunta al Lord sobre el baile en pelotas de la muchachada:

- ¿No le parece peligroso que esos jóvenes salten desnudos encima del fuego?
- Sería más peligroso si saltasen vestidos, ¿no cree?

Lógico. Abandonada esta vía de investigación, el policía trata de presionar con psicología inversa al Lord, que parece ser el que maneja el cotarro, pero al Lord, francamente, parece que se la sopla todo excepto beber vino y retozar con su manceba. También presencia un ritual adolescente de adoración al sol y al Árbol de Mayo, una nueva tonada folk cantada con inusitada pasión. Ya en la escuela, descubre a la profesora (rubia platino macizota) enseñando a las prepúberes alumnas que el Árbol de Mayo es el símbolo fálico por excelencia. Y entonces las nueve niñas gritan a coro "¡falo, falo, falo!". Esto ya es too much para el beato, que entra en cólera (ligeramente) y pone las cosas en su sitio. En ese momento, tanto una alumna como la profesora le toman el pelo con una cucaracha.

En pelotas por el prado

A partir de aquí, todo son falos. Los setos, los árboles, los chismes paganos colgados de los arbustos. Todo. Cada vez más agobiado por los nulos resultados de su investigación, decide desenterrar el supuesto cadáver de la niña, pues hay una lápida con su nombre. Pero allí sólo hay una liebre muerta (vaya cachondeo). El enterrador se ríe en su cara. Por la noche en la pensión comienza a sonar otra canción folk, cantada esta vez por la hija del posadero, en la habitación contigua a la suya. Es una especie de canto de sirena en el que, mediante una poco sutil avalancha de metáforas fálicas y masturbatorias, invita al policía a follar toda la noche. El policía resiste con firmeza satigüándose durante unos minutos pero cuando la manceba, ya en riguroso topless, intensifica el rollo seductor, el tipo se resquebraja. Todo el bar, a coro, se une a la tentadora tonadilla, ella ya está en pelota picada y dando golpes en las paredes cual potranca, el policía se mesa el cabello, araña las paredes y, llegado el momento, ya no sabe si tirarse al tren o a la taquillera. Pero resiste casto y puro (aunque con gran dolor testicular). Su pensamiento recurrente es: "¡¿Pero es que aquí nadie conoce a Jesucristo?!" cuando debería ser "¡Aquí todo el mundo se divierte menos yo!". Inasequible al desaliento, el policía decide registrar una por una todas las casas del pueblo (repito: todas), investigación que, básicamente, consiste en mirar detrás de unas cortinas, caerse por unas escaleras y que una niña disfrazada de cadáver le tome el pelo. Hasta los belfos, el oficial lanza tímidas amenazas al pagano populacho, se toma un whisky y trata de largarse de la isla para buscar refuerzos, pero resulta que alguien a saboteado el hidroavión. Qué putada, se queda en el pueblo justo para las fiestas patronales.

Juegos florales: el Falo de Mayo

El día de fiesta consiste en que todos se disfrazan de animal del bosque (con inquietantes máscaras) y peregrinan por los prados para ofrecer diversos sacrificios a sus dioses. Antes, un tipo vestido de... ¿dragón con falda?... ha acosado al policía por las desiertas calles del pueblo. Otra vez hasta los belfos, el recto oficial decide noquear al posadero y ponerse su disfraz para pasar desapercibido. Casualmente es el disfraz de Fool (Tonto). Por si no había quedado claro. Así pues, el oficial peregrina haciendo el ganso con los nativos, dirigidos por un Lord Summerisle travestido con un pelucón negro y falda de encaje, que hace cabriolas con una hoz en la mano (¡¡!!). Finalmente la niña  desaparecida aparece atada en un risco. Parece que todo se acerca a su final. Y aquí lo dejo...

Lady Summerisle en acción... ver para creer

The real wickerman
¿Thriller de investigación rural? ¿Sátira religiosa? ¿Musical folk erótico? ¿Manifiesto pagano ye-ye? Imposible etiquetar una película que desborda cualquier género, amigos. Uno acomete tamaña marcianada primero expectante, después sorprendido, finalmente embelesado por la rareza y riqueza intrínseca de, repito, una de las películas más singulares y únicas de los 70. Soy consciente de que han analizado sesudamente esta película por activa y por pasiva, desde el punto de vista sociológico, psicológico y teológico, pero a mí me es imposible mantener la seriedad: me he reído mucho, mucho, viendo THE WICKER MAN, en algunas ocasiones por puro delirio, y he disfrutado inmensamente  mientras todo un culto pagano le tomaba el pelo a dos manos a ese beato policía hasta el ridículo más espantoso. Soy consciente de que el propio Christopher Lee, gran estudioso del rollo ocultista y pagano, la considera una de sus mejores películas. También es cierto que el film fue algo mutilado en su estreno (censura sexual y de la otra), así que cada uno saque sus conclusiones. Si bien el coherente giro final otorga peso específico a la película para el que necesite profundidad (vertiente dramática, ahora sí), creo que puestos en la balanza en esa hipotética lucha Paganismo VS Cristianismo, desde luego la película no se queda en un punto equidistante. Para nada. La mofa directa, sardónica e irónica contra el culto cristiano es más que evidente, en mi opinión. Y el disfrute sensual y vital de los paganos pone al pobre beato en su sitio, dejando al descubierto su inherente estupidez existencial. No digo más. Los años pasan, pero seguimos igual, o peor:  hoy en día el estreno de esta peli sería un escándalo. Obviad, por supuesto, el flatulento remake protagonizado por Nicholas Cage hace un tiempo, que sólo comparte con la original el delirio capilar, nada de su carga subversiva, y tiraos de cabeza a por esta película. No hubo otra igual.


- Lo mejor: inclasificable, libre, divertida e iconoclasta, tocada por ese aura genial imposible de explicar

- Lo peor: que te identifiques con el protagonista

  CABEZAS




THE CABIN IN THE WOODS / EEUU / 2012

Aficionados y freaks del terror infecto, esos que nos tragamos cualquier hez audiovisual a las tantas de la noche por puro sadomasoquismo: ¿cuántas habéis visto sobre un grupo de jovenzuelos que pasan un fin de semana sangriento en una cabaña en el bosque? Todas cortadas por el mismo patrón y los mismos estereotipos, misma estructura, salidas de una fórmula que produce películas como churros. Casi todas una merde excepto honrosas excepciones que tenemos en la testa. Bien, pues THE CABIN IN THE WOODS es otra de esas... como no habéis visto nunca. Mi ya casi adorado Joss Whedon une fuerzas con su colega de ilustre apellido Drew Goddard para regalarnos, esta vez sí que sí, la última vuelta de tuerca a un subgénero tan trillado. Deconstrucción brillante de los propios resortes del género, paso por paso, Whedon (coguionista y coproductor, por cierto) y Goddard construyen un artefacto sencillamente delicioso. Una comedia de terror que se devora y disfruta desde el minuto uno hasta el último, non stop. Obvio: cuanto mejor conozcas las "herramientas" del género, es decir, cuanta más mierda semejante hayas deglutido, mucho mejor, porque la diversión será el doble. Chicos muy listos, orquestan una operación hasta cierto punto similar a SCREAM y a la reciente TUCKER & DALE vs EVIL, pero excavando aún más hasta los propios cimientos del género y, aquí está lo glorioso, sin que la película deje ser, en ningún momento, una película de género. Carambola redonda que les permite jugar con conceptos que profundizan hasta llegar, literalmente, al arquetipo, a varios niveles. Los cinco jovenzuelos son de manual: el macho-alfa que interpreta Chris Hemsworth (Thor), la chavala virginal, el amigo tímido que no folla, la rubia tonta siliconada y, por supuesto, el colega fumeta. Pero (¡¡atención: SPOILERS!!), el macho-alfa tiene el final que se merece, la virgen llega al final vivita y coleando (y llega, ¡porque tiene que llegar!) y, por una vez, el colega fumeta es el único que tiene las ideas claras y visión de conjunto, con diferencia el más despierto de la función. Y hablaba de arquetipos, también, porque la propia estructura de la película juega mostrar sus cartas desde el principio sin necesidad de un twist final, manejando con salero cosas como el azar, el suspense y la incertidumbre (atención a la secuencia de la "elección" de objetos del sótano, brillante) pero ocultando la información necesaria para que la peli avance como un torpedo de la pradera hacia su objetivo. Dicho de otro modo: personajes, desarrollo y ritmo de la peli son la bomba, un todo coherente plagado de ideas y pistas juguetonas que, ahora sí, tienen sentido y empujar a la película hacia la diversión extrema. Coherencia interna, claridad de ideas y sorpresas bien dosificadas... ¿eh, señor Lindelof? Si a estos ingredientes tan sabrosos le añadimos un tramo final delirante por su propio exceso (aunque los fx digitales son un tanto salchicheros), la "aparición especial" de una señora de muchos quilates y una conclusión que merece vítores, en realidad el motor argumental de la propia película, que es puro Lovecraft-pop, sumado todo obtenemos... el juguete con el que ya nos apetecía jugar, amigos. Una delicia.

- Lo mejor: un guión que es un engranaje de precisión, que sabe soldar a fuego el macarrismo y la multirreferencia con  el propio motor de la acción, una virguería

- Lo peor: un poco más de mala leche y atrevimiento, ya puestos, no le habría venido nada mal, porque en el fondo no deja de ser un (notable) producto mainstream

  CABEZAS





THE TALL MAN / EEUU-Canadá-Francia / 2012

Dirección y guion: Pascal Laugier
Producción: Kevin DeWalt, Scott Kennedy y Clément Miserez
Música: Jeff  Danna
Fotografía: Kamal Derkaoui
Montaje: Sébastien Prangère
Diseño de producción: Jean-Andre Carriere
Vestuario: Angus Atrathie
Interpretación: Jessica Biel (Julia), Jodelle Ferland (Jenny), Stephen McHattie, William B. Davis, Samantha Ferris


Era fácil de prever: la diáspora de los integrantes de la llamada nouvelle horreur vague al otro lado del charco continúa, lenta e inexorable. El genio Alexandre Aja ya está más que establecido, y andamos todos expectantes de cual será su siguiente paso tras la macarrada de PIRANHA 3D. Julien Maury y Alexandre Bustillo, artífices de A L`INTERIEUR, tras LIVIDE (aún francesa) se anuncia su desembarco en los USA tras su frustado intento de remakear HELLRAISER. Xavier Gens, autor de FRONTIERE´S, debutó en yanquilandia con THE DIVIDE, y ya acumula dos proyectos a la espera (uno de ellos, THE COLD SKIN, de evidentes influencias lovecraftianas, por cierto). David Moreau y Xabier Palud ya estrenaron el remake yanqui de THE EYE, con más pena que gloria. Y el más raruno de todos ellos, el demencial belga Fabrice Du Welz, trata de sacar adelante un proyecto llamado ALLELUIA basado, esta vez, en hechos reales. Así pues, de los pesos pesados, sólo nos queda Pascal Laugier, que llegó a Norteamérica con la llamativa credencial de su anterior película, la brutalísima y polémica MARTYRS, que tantos ríos de tinta derramó en su momento. Así pues, con la omnipresente presencia de su protagonista, la semiestrella buenorra Jessica Biel, ¿qué haría Laugier dentro del engranaje industrial de EEUU? Fácil: una gran película. Si no la has visto, la recomendación es clara: atrás prejuicios, no la dejes pasar. Adelanto conclusión porque estoy seguro de que se va a escapar más de un SPOILER. Primero, para que nadie la enfrente con falsas expectativas: THE TALL MAN es una película muy distinta a MARTYRS. El grado de brutalidad explícita ha desaparecido. Es mucho menos radical, al menos a nivel superficial. Segundo: aún así, en THE TALL MAN podemos identificar unas constantes que se repiten respecto a MARTYRS, o dicho de otro modo, tras tres películas, Laugier ha sellado una mirada propia. 


Como viene siendo habitual en esta panda, Laugier escribe el guión y se lleva a los USA a sus colaboradores en apartados tan importantes como la fotografía y el montaje. Parte de la producción, de hecho, es francesa. Jessica Biel, implicada hasta las trancas en el proyecto, ayuda también a que la película sea una realidad. Laugier no quiere que el asunto se le escape de la manos, ata cabos y hace la película que quiere hacer. Sin embargo, la maquinaria hollywoodiense, una vez más, vende el producto como lo que no es, en absoluto: un slasher que, si nos atenemos a frases promocionales y el poster americano, pretende arrancar franquicia con un nuevo asesino. Falso 100%. Para empezar, THE TALL MAN es una película de terror sólo en algunos momentos y sólo en su primera parte. Es una de esas que oculta un gran secreto. Ese "Hombre Alto" no es más que un punto de partida, casi un mcguffin, sobre el que descansa el armazón de la peli, o para ser más exactos, la primera mitad de la peli. Laugier juega sus cartas "de género" con sabiduría en este primer tramo, logrando que, cuando llega el cambio de tercio, ya estemos abducidos por el film. Su puesta en escena es milimétrica, elegante, cadenciosa, y su cámara examina rostros y escenarios con la precisión de un cirujano. Atención a la sencillez, la elegancia y, casi, el pudor, con el que filma la "resurrección" del bebé al principio. Se aleja todo lo que puede de los sustos facilones, del ritmo videoclipero y de la música estridente para acunarnos con una nana malsana y atmosférica, dando tiempo a sus personajes para que los empaticemos, dando tiempo a que el alma gris, triste y desolada de la película impregne nuestra piel. Hay en este tramo, por supuesto, detalles y formas que nos recuerdan al autor de MARTYRS, a su realista y palpable tratamiento del dolor físico. Aquí la violencia duele, duele mucho. Por fin vemos a un personaje revisar sus heridas entre el llanto y la respiración agónica. Y justo cuando creemos que estamos llegando a una especie de climax final (¡en medio de la película!), la palabra más sencilla que puede pronunciar un niño nos da la vuelta al cerebro. Sin subrayados ni tachanes, casi subliminalmente. Pero entonces nos damos cuenta que la película no ha hecho más que empezar, la subtrama del "Hombre Alto" se cierra y Pascal nos obliga a seguir la historia desde otro punto de vista... ético.

Poster internacional niponizado... ¿con otro título?

Pero que nadie salga corriendo, esto no es la última ocurrencia de mr. Shyamalan. El temible giro no llega al final, ni mucho menos. Durante media película tenemos que reajustar nuestro cerebro a la nueva visión de la historia. No se trata pues de epatar, sino de ¡redescubrir la película en tiempo real! Obviamente, Laugier tira de algún truco narrativo, como dividir un punto de vista que hasta entonces estaba centrado en Julia/Biel. Nada grave. THE TALL MAN, pues, se convierte entonces en un sofocante thriller de suspense que trata de responder una nueva pregunta (observad el mucho menos fariseo poster francés). Así, la película plantea un inusitado conflicto ético y, en última instancia y en un último plano que es una verdadera declaración de principios, Pascal Laugier se atreve, nada menos, que a romper la "cuarta pared" y lanzarle una pregunta muy jodida al espectador, directamente a nuestra jeta. Como vemos, este cambio de tercio conecta con lo que ocurría a mitad de MARTYRS (comenzaba, de facto, una nueva película), y no sólo eso, sino que en su verdadera esencia argumental, la hipótesis que propone Laugier aquí, sin llegar a ser tan radical como en la susodicha, sí que las conecta y participan una de otra.

Poster franchute, pura atmósfera

Dejo para el final a Jessica Biel. Supongo que muchos aficionados habrán fruncido el ceño con su total presencia en el poster. Pues tirad los prejuicios por la ventana, porque la Biel nos regala, hasta el momento, el personaje y la interpretación de su vida. Laugier esconde, literalmente, su seña de identidad, y su natural macicez pasa a la historia. Lejos de aparentar el más mínimo erotismo o lozanía, la Biel aparece, en buena parte del metraje, apalizada, hundida, hecha un giñapo. Y compone un personaje jodidamente complejo, humano, real. Bravo por ella. Otra vez, pocas concesiones a la industria, y un chasco total para el que acuda a ver a la habitual action-woman ostiándose contra el asesino enmascarado. Feliz también la recuperación de Jodelle Ferland (la cría de TIDELAND y SILENT HILL), convertida en una enigmática adolescente muda que Laugier retrata con estética cuasi nipona. 


Poco más que añadir. Para cualquier aficionado, THE TALL MAN es de visión obligatoria. No es una peli fácil ni de digestión inmediata, pero desde luego no tiene nada que ver con lo que tratan de vender desde los despachos. Sería una pena que muchos la dejen pasar por su aparente poco atractivo porque THE TALL MAN puede ser muchas cosas, incluso discutible en algunos de sus puntos clave, pero desde luego no es una más. Queda dicho.


- Lo mejor: la pericia de Pascal Laugier para llevar la película a un nuevo nivel de complejidad, alejándola de los estereotipos del género y generando importantes dosis de inquietud visual y conceptual

- Lo peor: como casi siempre, la voz en off resulta redundante y no aporta nada... excepto justo al final

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