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LOVELLY MOLLY/EEUU/2012
Por mucho que le pese, al cubano afincado en los USA Eduardo Sánchez siempre se le recordará por ser coautor de aquel ya lejano pelotazo titulado EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR, película que puso de moda en medio mundo esa agotada plaga (ver V/H/S) que se ha dado en llamar found footage. El bueno de Sánchez, tras vivir una temporada de las rentas y explotar el filón de la bruja tanto en su lamentable secuela (en tareas de producción) como en una poco vista serie de televisión, no tardó demasiado en retomar su carrera, ya en solitario, con un curioso par de películas que no abandonaban del todo el estilo granuloso, apresurado y de falsa apariencia amateur del film que le hizo famosete por un tiempo. Tanto ALTERED como la exótica y moderadamente aterradora SEVENTH MOON, rodada en China, explotaban este filón de la cámara hiperactiva y aires documentales, pero es en LOVELLY MOLLY donde de nuevo a tirado de grabaciones de cámara doméstica, al menos en parte. Tan minimalista como las anteriores, por esta vez el cubano deja los elementos sobrenaturales a un lado y se toma un valium para contar el descenso a los infiernos de la esquizofrenia de la encantadora Molly, una chavala que sufre en sus prietas carnes el ominoso acoso (sexual y del otro) de una entidad que proviene de su atormentado pasado y que nunca sabremos hasta qué punto es real. Sucia, atmosférica, de hechuras indies, ritmo pausado y paulatinamente agobiante, más propia de un terror psicológico vertiente REPULSIÓN o LA SEMILLA DEL DIABLO, (qué casualidad, de Polanski) que del burdo muestrario de sustos al uso, la cosa se enriquece lo justo con los insertos de video-diario que la pobre criatura va grabando durante su pesadilla, una Molly a la que la debutante Gretchen Lodge se abandona en cuerpo y alma y que supone la mejor arma de la película. Sin ser memorable, LOVELLY MOLLY cumple su objetivo y funciona como buena muestra de que cuando hay algo que contar e ideas claras el formato es lo de menos (vaya, justo lo contrario de V/H/S). Eduardo Sánchez es uno de esos tipos que, sin estar en la primera división del género, sigue labrando una filmografía interesante y personal paso a paso sin estridencias. Seguro que lo mejor está por llegar.

- Lo mejor: ese plano de resonancias mitológicas en el que Molly se entrega a la oscuridad en pelota picada... y lo que surge de allí y la abraza...

- Lo peor: la sensación de estar esperando algo con mucha paciencia y que nunca llega

  CABEZAS


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