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CHAINED / EEUU / 2012
Como todos los años, recién clausurado el Festival de Sitges, vamos a hacer un somero repaso a lo más granado que por allí se ha visto y oído. A nuestro ritmo. Y comenzamos con CHAINED, la esperada película de Jennifer Lynch, la revoltosa hija del demiurgo David Lynch, que pasito a pasito se está labrando una curiosa carrera que, como mínimo, uno tiene que tildar de interesante. Con un primer paso en falso tremebundo como fue BOXING HELENA, un vergonzante bodrio que partía de una suculenta idea pero que se internaba en los abismos del ridículo desde el minuto uno, quince años tardo Jennifer, nada menos, en estrenar la juguetona, estupenda SURVEILLANCE, triunfadora en Sitges 2008. Después llegó HISSS, una marcianada bollywoodiense que aún tengo en mis cuentas pendientes. Finalmente y sin mucho estruendo, la pequeña Lynch regresa al festival que más la aprecia con su cuarta obra: una de psicópata/s. La figura del tarado asesino generosamente traumado, aislado del mundanal ruido, nativo de un entorno tipo "sótano llenomierda", sufridor y sádico a un tiempo, ha sido tan omnipresente en las dos últimas décadas que a uno ya se le hartazga el gaznate cada vez que alguien vuelve a proponer, otra vez, al psychokiller obeso y sus derivas masacrantes. Afortunadamente para todos, la perversa Jennifer maneja con soltura un par de ases en la manga: por un lado, aquí la policía / FBI / pariente vengativo, y la obligatoria investigación, brilla por su ausencia. Por lo tanto, se aleja del slasher al uso. Al fin. Gracias. Durante un ochenta por ciento del metraje Jennifer encierra a sus dos criaturas (y a nosotros con ellas) entre las cuatro paredes de esa casa, configurando una especie de crónica diaria y costumbrista del psicópata y, aquí viene el segundo as, también de su esclavo-pupilo. Ya se nos ha contado del derecho y del revés que todo asesino psicopático tiene un pasado del que provienen sus manías destructivas: CHAINED no es una excepción, pero plantea además un retorcido giro al asunto, un trasunto de "educación para la anti-ciudadanía" que acaba esputándonos a la cara que, efectivamente, el mal también se enseña, se imparte, y por tanto, se aprende. Tremendamente misógina en superficie gracias a los repugnantes discursos de Bob (bravo Jennifer por tu osadía y riesgo: te van a caer palos por todas partes), partiendo de un extrañamente extraño guión, mrs. Lynch, que sabe que tiene un armazón sólido con el el construir, atempera sus armas visuales y, de nuevo, demuestra al respetable que aquí hay cineasta para rato. Contenida en todos sus apartados y sin alardes por la cara, sin necesidad de plasmar marca de estilo porque sí (aunque podemos atisbar algún detallito heredado de papá), nuestra directora favorita echa mano de texturas ocres, interiores desolados, una calculada y hermosa puesta en escena, un sentido del ritmo prodigioso que sabe aunar flashbacks, narraciones paralelas y elipsis con tremenda elegancia, y una dirección de actores precisa como un bisturí, para absorber nuestras neuronas hasta ese seco y nihilista final, supongo que lo más discutible de la cinta. Ah, y Vicent D´Onofrio, mejor actor en la edición de este año, por supuesto. Cualquier otra cosa hubiese sido un escándalo.

- Lo mejor: la confirmación de que Jennifer Lynch ya ha roto el cordón umbilical, de que es una tía tan raruna como valiente, y de que nos va dar muchas alegrías en el futuro

- Lo peor: que CHAINED pase desapercibida entre la maraña psicopática habitual

  CABEZAS




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