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THE DARK NIGHT / EEUU / 2008
Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Jonathan Nolan y Christopher Nolan; basado en un argumento de Christopher Nolan y David S. Goyer; sobre los personajes creados por Bob Kane.
Producción: Charles Roven, Emma Thomas y Christopher Nolan.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.
Fotografía: Wally Pfister.
Montaje: Lee Smith.
Diseño de producción: Nathan Crowley.
Vestuario: Lindy Hemming
Interpretación: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Michael Caine (Alfred), Heath Ledger (Joker), Gary Oldman (James Gordon), Aaron Eckhart (Harvey Dent), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes), Morgan Freeman (Lucius Fox), Monique Gabriela Curnen (Ramirez), Ron Dean (Wuertz), Cillian Murphy (Espantapájaros), Eric Roberts (Salvatore Maroni), Chin Han (Lau).


Aprovechando el nuevo tirón mediático de la película a causa del reciente oscar póstumo a Heath Ledger (y porque ayer la ví por segunda vez), me siento casi obligado a dedicarle unas palabras a EL CABALLERO OSCURO, uno de los taquillazos del año pasado y uno de esos casos tan marcianos en los que crítica y público parece que comparten criterio.

No es esta segunda entrega de la nueva saga del murciélago algo que se pueda asimilar en un primer vistazo, a no ser que, por supuesto, la cosa sólo te provoque bostezos y ya claudiques. Ésta es una película larga (dos horas y media), con casi una decena de personajes "activos" y muchas subtramas que les incumben. Asentada ya en mis neuronas, no comparto ni la idea general que nos han vendido de que estamos ante "el PADRINO de las películas de super-héroes", o sea, una incuestionable obra maestra, ni el desprecio que un gran sector sigue teniendo por cualquier cosa que se base en tipos disfrazados correteando por los tejados.


Por vez primera, en una película de Batman el nombre del héroe no aparece en el título, y esto ya es un síntoma. Batman es el único super-héroe clásico que no disfruta de ninguna clase de super-poder, excepto los millones de dólares que invierte en su particular cruzada. Si bien en su primera encarnación impresa era un tipo sin dobleces con la profundidad psicológica de un percebe, durante los años 80 fue sometido a un "tratamiendo psiquiátrico" que le convirtió en lo que es hoy día: un multimillonario enfermo que confunde justicia con venganza perdido en su esquizofrenia paranoide. Frank Miller primero y Grant Morrison después fueron los culpables de pintar al murciélago de negro, en su interior y en su exterior, desplazando el personaje de la luminosidad pop de sus inicios a los difusos límites de las sombras. Tim Burton recogió el testigo y nos regaló dos espléndidas adaptaciones del personaje (en especial la segunda, BATMAN VUELVE, asombrosa), llevándolas a su personal e intransferible imaginario. Después la Warner, cansada ya de tanta oscuridad y goticismo siniestro, trató de reconducir la saga a sus ligeros y festivos orígenes, y el resultado fue tan nefasto que el interés del personaje murió entre fast-food hollywoodiense, con cosas tan marcianas como ponerle al justiciero el careto de George Clooney y pezones al traje, que es algo tan delirante como si en los 50 a Cary Grant le hubiesen encasquetado las mallas azules y la capa de Superman.


Para sorpresa general, el respetado indie Christopher Nolan (MEMENTO es una joya) acepta en encargo y se pone al frente de BATMAN BEGINS, una mastodóntica superproducción cuya única intención es seguir exprimiendo al murciélago de oro. Afortunadamente para todos, Nolan opina que aún se puede dar una vuelta de tuerca más al personaje (algo impensable tras el tour de force de Burton en los 90) y de nuevo retoma la revisión ochentera de los cómics para idear un nuevo enfoque al universo batmaníaco. La idea es tan simple como brillante: dotar de realismo y cierto espesor dramático a un subgénero dominado por la fantasía (y en ocasiones el infantilismo tontorrón). Gotham deja de ser una ciudad "imaginada" dominada por la arquitectura pseudogótica y ciertos aires fascistoides inmersa en una noche eterna, como Burton nos la presentó, para transformarse en una ciudad "posible". Las gentes que la habitan bajan al mundo real, y los villanos ahora se mueven entre traficantes, mafias y brokers globalizados. La policía se mueve por cochambrosas comisarías, cafés calientes y papeles desperdigados, tratando de conciliar su ajetreada labor con su vida familiar. Se le da cierto sentido high-tech a todo lo que rodea a Batman, buscando el realismo pragmático en artilugios, gadgets, vehículos y demás juguetes tecnológicos, e incluso el mismísimo Bruce Wayne se mueve como pez en el agua en saraos vips, cocktails snobs y reuniones para potentados en la cima del poder financiero. Para ello, cara nuevas a tutti plain que encajan como un guante en sus personajes.


Imagino que pensada como una trilogía (y van...), EL CABALLERO OSCURO es algo extraña como película independiente, pero funciona como perfecto nudo central de una historia más amplia. Sentadas las bases que comentaba antes sobre esta nueva revisión del personaje, Nolan esta vez amplía y extiende las connotaciones psicoanalíticas tomando como némesis del ya de por sí inestable héroe a dos villanos de manual, tan diferentes entre sí como fascinantes: Harvey Dent/Dos Caras y, por supuesto, el gran Joker, enfrentando así al murciélago a dos reflejos distorsionados de su propia identidad. Distorsionado Dent, del que vemos su evolución completa (física y mental) desde íntegro fiscal del distrito hasta un ser herido y rabioso que decide sus actos criminales por el azar, y no ya distorsionado sino llevado al límite de la abstracción, al Joker, en realidad una idea, un concepto con patas cuya única función parece ser la de catalizador de los deseos oscuros del propio Batman, un anarquista extremo (y por lo tanto lleno de pureza) que juega con la idea de caos a su alrededor y para sí mismo, lo que le hace tan impredecible como aterrador. No hay posible "explicación" psicológica en su personalidad ni asideros a los que aferrarse para tratar de "comprender" su conducta (muy divertidas las trolas que cuenta a los demás acerca de su origen, distintas en cada ocasión), pero tampoco es, ni mucho menos, una encarnación del "mal absoluto", como muchos quieren ver. Dos Caras, Joker y Batman son las distintas facetas de un mismo personaje, sometido a diversos grados de presión, ya sea emocional (la tragedia que sufre Dent) o simplemente ideológica (toda la hermosa teoría del caos que promueve Joker).


Este complejo engranaje psicológico, que es lo mejor de la película si duda, está algo lastrado por la primera parte del metraje, que trata de poner frenéticamente todas las cartas sobre la mesa para desarrollarlas más tarde, quizás en exceso. Las subtramas de conspiraciones financieras e institucionales va tan rápido y es tal la sobreinformación con las que nos bombardean que uno a mitad de la película ya está algo exhausto. Aunque algo así es imprescindible para poder dotar de peso al resto de la historia, la película levanta el vuelo de tal manera después que esa primera parte palidece. Es genial que justo sea el momento de la detención del Joker y su magistral persecución previa por las calles (que en cualquier otra película hubiese sido el climax final) cuando esta película se hace cada vez más y más grande. Desaparecen todas las subtramas prescindibles y Nolan, por fin, deja de marear la perdiz: todo se concentra en estos tres personajes, y la acción incluso se ralentiza y se humaniza, con antológicas secuencias como la del mano a mano en los calabozos entre Batman y el Joker, o su conversación final colgando de un rascacielos en construcción. Aunque el clímax con los dos barcos es discutible (demasiado dulzón, pero muy bien rodado), la película se cierra con otra secuencia magistral en la que la voz en off del comisario Gordon, la música y la silueta de Batman huyendo pone los pelos de punta, y para más inri deja al personaje en una situación bastante jodida de cara a la tercera entrega. Genial.


Nolan dirige la orquesta con mano firme y sin muchos aspavientos, con una puesta en escena limpia y clásica (atención al robo inicial, impresionante) y una búsqueda casi enfermiza de la naturalidad y el realismo, pero lo que mejor funciona es el trabajo de los actores, un elenco de quitarse en sombrero que consigue hacer grandes hasta los personajes más pequeños. Desde Michael Caine como Alfred, un personaje que el inglés contruye con la punta de la oreja, dotándolo de una ironía mordaz, hasta Morgan Freeman y sus cachivaches, señorío y elegancia en cada secuencia en la que asoma la jeta. Maggie Gillenhaal logra sacar petróleo de Rachel, a años luz de la pavisosa Katie Holmes de la primera entrega. Gary Oldman genial en su comedido y silencioso comisario Gordon, en las antípodas del tipo de personajes excéntricos y gritones que le suelen encasquetar. Aaron Eckhart magnífico como Harvey Dent/Dos Caras, sorteando el esterotipo en su "versión limpia" y torturado en su "versión quemada". Christian Bale retoma con aplomo su bien perfilado Batman de BATMAN BEGINS y lo expande con matices. Y para el final, por supuesto, la antológica interpretación de Heath Ledger como Joker. El rubio jovenzuelo es capaz de construir, sin duda, el mejor Joker de la historia, muy pegado al personaje que supieron visualizar Miller y cia en sus revisiones en ARKHAM ASYLUM, LA BROMA SESINA y EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO. Este es uno de esos casos no de construcción de personaje, sino de fusión a nivel celular. Cada centímetro de la piel de Ledger es el Joker, cada palabra que pronuncia la pronuncia el Joker (hasta esa voz siniestra y juguetona en su versión original), cada gesto, cada leve movimiento, Ledger es y se siente Joker hasta de espaldas, pero no mediante la sobreactuación festiva y cuasi paródica (como hizo Jack Nicholson) sino con una especie de contención explosiva que dota de tensión extra a cada secuencia en la que aparece. No ya buena, sino una de las interpretaciones más orgánicas e increíbles que he disfrutado en mucho tiempo, y que sólo deja la amargura de que nunca más le volveremos a ver dando vida a este extraordinario (y nada fácil) personaje.


- Lo mejor: Joker, Joker, Joker
- Lo peor: algo de morralla insustancial en la primera parte de la película



CABEZAS

3 vituperios:

padawan dijo...

A mi también me gustó bastante, y coincido en casi todo contigo. No termino de ver en la peli la obra maestrísima que algunos pretenden que sea. Una cosa es reconocerle sus virtudes y otra es hacerla pasar por algo más. En parte es una especie de reivindicación de orgullo por los fans de los comics, durante mucho tiempo vistos como un entretenimiento vulgar, parece que se necesita defender esta película para defender los tebeos, cuando son cosas distintas

Karba dijo...

Estoy de acuerdo contigo padawan. Esta película (y alguna otra por ahí) no es más que el reflejo el celuloide de la madurez y cierta profundidad que alcanzaron los cómics de superhérores a mediados de los 80, pero está lejos de ser una obra maestra indiscutible por sí misma. Es una buena peli, sin duda, así que muchos han aprovechado para lo que comentas, reivindicar a través suyo cierto prestigio para los cómics en general, como si los cómics lo necesitaran. Supongo que tendrá que ver con desmontar poco a poco ciertos prejuicios que aún existen contra los tebeos...

Veremos que nos depara WATCHMEN, porque me da en la nariz que quiere seguir la estela de EL CABALLERO OSCURO en este sentido.

kILL_Yr_Ydols dijo...

Rachel también es pavisosa... y Batman es de lo menos destacable de una peli frenética y con continuos debates morales más o menos bien resueltos... genial el "guasón" (aka joker)... y la corta escena en la que se pasea por Gotham en el coche de policía bellísima...
Muy buena.
Próxima parada Watchmen.