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L´UCCELLO DALLE PIUME DI CRISTALLO
Italia-Alemania / 1970
Dirección y Guión: Darío Argento
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Vittorio Storaro
Intérpretes: Tony Musante, Suzy Kendall, Mario Adorf, Enrico María Salerno, Eva Renzi, Umberto Raho, Renato Romano


En estas entrañables fechas pre-apocalípticas, en las que uno ya no sabe si es peor que se acabe el mundo o que siga igual, me ha invadido la pulsión de darle un buen repaso a Dario Argento. El maestro de la puesta en escena, el esteta de la muerte, el tipo con los títulos más bellos de la historia del cine. Desde el principio y una por una. Cronológicamente. A ver si soy capaz. Comenzamos, claro, por su ópera prima: 1970 y EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL, arranque de muchas cosas, no sólo de su filmografía, obvio, sino de la llamada "Trilogía de los Animales" y, por ende, de la globalización de aquello que dieron en llamar giallo. Siendo estrictos, sesudos y fumando en pipa, EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL no invento el giallo cinematográfico, mérito que seguramente sea del maestro del maestro, el gran Mario Bava con LA MUCHACHA QUE SABÍA DEMASIADO, de 1963. Definir el giallo es una tarea algo frustrante: por mis partes, me conformo con apuntar que sería una especie de hijo bastardo entre el thriller policiaco de investigación y el terror vertiente psycho-killer (aún sin máscara), cuyo apelativo proviene del color amarillo de las portadas de los bolsilibros de segunda que se publicaban en Italia desde la década de los treinta. O algo así como el equivalente italiano al pulp norteamericano. Pero el giallo, también, se construye con tramas rocambolescas, fondo psicoanalítico (delirante a veces) y una pasión desbocada por la puesta en escena de su centro neurálgico, su razón de ser: el asesinato como inquietante método de acercarse al arte. Hasta seis giallos se estrenaron el mismo año que la de Argento, pero por algo EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL fue, de largo, la película que dio la campanada en su género. Sólo hacen falta sus diez primeros minutos para sentir que hay algo de fundacional en esta película, una especie de génesis formal, de construcción de un universo personal e intransferible, puramente argentiniano, que funcionó como espoleta para que, en lo sucesivo, todos los giallos asumieran esos hallazgos visuales y rítmicos como propios. Y el giallo nunca volvió a ser el mismo, amigos.

Argento, mostrando sus armas

Puede ser que para los más puristas del relato policíaco, ésta película, todas las de Argento, y en general cualquier giallo, sufran el "pecado" de la incoherencia o, como decía Hitchcock (uno de los más grandes maestros de Argento junto con Mario Bava), son "películas de refrigerador": las que se disfrutan enormemente en el momento pero que, un par de horas después, cuando vas a la nevera a doblarte una birra, comienzan a asaltar las dudas y agujeros en el guión. A mí eso me la sopla. Me gusta Argento como un auténtico prestidigitador de imágenes, me pierdo en sus deslumbrantes juegos de manos y no quiero saber el truco que yace detrás de sus paranoias y estilo único. 

La galería de arte: fundacional contacto de Argento con la muerte

Todas las obsesiones de Dario Argento ya están en EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL en estado embrionario. Sam (un simpaticote Tony Musante) es un guapetón novelista norteamericano venido a menos que se gana la vida escribiendo sobre ornitología en Roma. Casualmente (y la casualidad, mucho más que la causalidad, es una de las constates de la obra de Argento), al pasar frente a la cristalera de una galería de arte (el cristal y el arte, de nuevo presentes en cada película del italiano) presencia lo que parece una tentativa de asesinato: una misteriosa figura de negro trata de apuñalar a una joven. De pronto encerrado entre la puerta y la sala, en una especie de pecera en la que se convierte en mero espectador, consigue salvar la vida de la chica a cambio de que la suya abandone su burguesa comodidad, su perezosa relación de pareja y se sienta empujada, sencillamente, por la  atracción de la muerte misma. Esta secuencia primeriza, casi el arranque de la película y de su filmografía, es un prodigio total. Su manera de encuadrar, de estirar el tempo narrativo, su tremenda virulencia a través del extraño ensamblaje de planos, su exasperante tendencia a alargar imágenes que cualquier otro habría cortado sin pensarlo, toda la potencia expresiva de Argento ya está puesta sobre la mesa. Desconcertados como Sam, ya estamos inmersos en una entretenidísima investigación en la que los cadáveres (mayormente mujeres) se van acumulando, todavía lejos de la violencia explícita que llegará con ROJO OSCURO, pero donde el asesinato con arma blanca (importante: Dario, como buen cavalier, desprecia las armas de fuego) ya se aproxima a una especie de ritual sacrosanto, igualando la mirada del espectador con la del asesino, con esa cámara subjetiva (que Dario llama "cámara psicológica") que nadie como él sería capaz de articular a lo largo de toda su trayectoria. A Sam le ayuda el inspector Morosini (uno de los personajes-guía que serán frecuentes más adelante, en relaciones paterno-filiales con los siempre jóvenes protagonistas) y los peculiares secundarios que se convertirán en habituales, pequeños delincuentes/outsiders que aportan excentricidad y raruno sentido del humor al cotarro: aquí Alpinista, el entrañable recluso tartamudo, y el estrambótico pintor. 

Sam y el devorador de gatos (¡!)

Apasionante juego del gato y ratón con el asesino, en los que los sospechosos van cayendo brutalmente y el protagonista esconde una pista crucial en su subconsciente (otra constante que pone en solfa la percepción objetiva de personajes y espectadores, treta sublimada más tarde en ROJO OSCURO), EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL es una película, insisto,  fundacional, y que ya se divierte muy mucho al tensar la cuerda entre las expectativas del respetable y las vueltas de tuerca de la historia. Y ojo, con música de Morricone y fotografía de Storaro, casi nada. Un pequeño clásico que sólo sería el primer paso, amigos...


- Lo mejor: toda la obra de Argento ya está en gestación en esta gran película de misterio y muerte, enigmática y fascinante

- Lo peor: su torpe epílogo explicativo-psicoanalítico, imitación del mítico de PSICOSIS, pero que aquí sobra por completo

  CABEZAS




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