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QUATRE MOSCHE DI VELLUTO GRIGIO
Italia / 1972
Dirección: Dario Argento
Producción: Salvatore Argento
Guión: Dario Argento, Luigi Cozzi, Mario Foglietti
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Franco Di Giacomo
Reparto: Michael Brandon, Mimsy Farmer, Jean-Pierre Marielle, Bud Spencer, Aldo Bufi Landi, Calisto Calisti, Marisa Fabri


Roberto-Argento, dando palos de ciego

CUATRO MOSCAS SOBRE TERCIOPELO GRIS es una de las más olvidadas de Dario Argento, y, según él, una de las más personales, a varios niveles. El final de la célebre Trilogía de los Animales es, desde luego, la más abstracta, oscura, irregular y osada de las tres y, con diferencia, la de más difícil digestión al primer mordisco. Quizás algo confuso por el resultado final de EL GATO DE NUEVE COLAS, demasiado americanoide a sus ojos, demasiado lastrada por los recursos del relato policíaco al uso (aunque esto es bastante relativo), presto como siempre a la hora de sorprender y experimentar, el cineasta romano se quedó pero bien a  gusto.

¡Sonría al asesino!

En realidad crónica de una tormentosa relación de pareja, retorcida e incluso perversa, Roberto, el protagonista de CUATRO MOSCAS... no es más que un alter ego, hasta en lo físico por las pintas, del propio Argento de entonces, y la chica, crucial en la trama, una traslación de su compañera sentimental, una relación que durante el rodaje ya era tormentosa y que terminó nada más estrenar el film, cosa bastante lógica una vez vista la peli... Pero dejemos a un lado la crónica rosa, amigos. Argento abandona la importancia de la trama per se y se abandona a la experimentación y a la búsqueda de la abstracción formal, tratando de darle a su película una pátina onírica, una especie de juego de muñecas rusas del subconsciente. Buen intento que, lamentablemente, sólo funciona a ratos, sobre todo por la desconcertante (aunque muy divertida) inserción de sus habituales secundarios cómicos, rozando aquí el surrealismo. Sólo así se puede entender a un personaje que se llama Dios (la primera vez que aparece suenan dos "¡Aleluyas!") y que interpreta... ¡Bud Spencer!, o la de su compinche El Profesor, su freak ayudante, por no hablar del cartero (infumable) o Gianni (estupendo Jean-Pierre Marielle), el atípico, inteligente y encantador detective privado gay, a años luz del prototipo macho-man alcoholizado de gatillo fácil, que supongo fue la respuesta de Argento a las ridículas acusaciones de homofobia que algunos progres cegatos  no cesaban de lanzarle a costa de determinado personaje de su anterior obra.

Bud es Dios, Argento su profeta

La otra parte de tan esquizofrénica película, como decía, quiere destilar los elementos del thriller policíaco hasta dejarlos en su mínima expresión, una especie de giallo envasado al vacío en el que, por vez primera, su protagonista es la víctima potencial del asesino desde el minuto uno y todo gira en torno a él. Aunque resulta raruna la pasividad inicial de Roberto ante un peligro inminente tan chungo (el tipo pasa buena parte del metraje como alelado), en cuanto se pone en movimiento la cosa gana enteros, sin abandonar nunca la sensación de claustrofobia y de somnolencia, como una pesadilla a cámara lenta. Por supuesto, la película está punteada por unas cuantas set-pieces en las que su cámara psicológica y el abrupto montaje brillan: la brillante secuencia de introducción, montaje paralelo en un ensayo (Roberto es músico de un grupo de rock progresivo, anunciando ya la sonoridad de unos Goblin que estaban a punto de aparecer), que utiliza el flash-foward y anticipa incluso la obertura de ROJO OSCURO (con telones rojos y teatro en ruinas); la muerte de la sirvienta de Roberto en el parque, con una angustioso tratamiento del espacio (hasta emparedar casi literalemente al personaje); ese movimiento de cámara imposible que une víctima y asesino mediante el hilo telefónico: eso no son formas, son alardes. Para rematar, Argento, tras una epatante "explicación" (discutible), congela el tiempo en la última muerte de la función, con una violencia al ralentí de una plasticidad casi líquida. Fallida aunque interesante, CUATRO MOSCAS SOBRE TERCIOPELO GRIS, muy asimétrica pero con momentos deslumbrantes, Dario Argento seguía con su pertinaz carrera hacia sí mismo, y cuya primera meta, su primer triunfo sin paliativos, ya estaba llamado a la puerta...


- Lo mejor: la osadía de la propuesta y las ganas de búsqueda y experimentación

- Lo peor: las dos películas tan distintas que contiene, que se dan de hostias entre sí

  CABEZAS




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