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CIGARETTE BURNS (El Fin del Mundo en 35 mm) / 2006 / EEUU
-Director: John Carpenter
-Guionistas: Drew McWeeny y Scott Swan
-Productores: Ben Browning y Adam Goldworm
-Fotografía: Attila Szalay
-Montaje: Patrick Mcmahon
-Música: Cody Carpenter
-F/X: Lee Wilson
-F/X Maquillaje: KNB EFX Group
-Intérpretes: Norman Reedus, Udo Kier, Gary Hetherington, Christopher Britton...

No suelo empezar con la sinopsis, pero la ocasión lo merece...



Kirby Sweetman, además de tener un nombre molón, administra su pequeña sala de cine donde exhibe películas de culto y serie B de los años 70 y 80, pero el negocio está en bancarrota. Para pagar las cuentas se ve obligado a dedicar parte de su tiempo a otro trabajo: localizar (y adquirir, si es posible) películas bizarras y poco conocidas para tipos con mucha pasta y ganas de gastarla. Un día recibe la llamada del Sr. Ballinger, un millonario coleccionista de películas oscuras y extremas. Por un buen puñado de dólares, Sweetman acepta el reto que le propone: encontrar la única copia existente de una película llamada "Le Fin Absolue Du Monde" (solo el título acojona), cuyo paradero es un misterio. Según cuenta la leyenda urbana, esta cinta causó gran conmoción, ataques de histeria e incluso algunas muertes en un festival de cine a finales de los 70, la primera y última vez que se proyectó en público...


Si esto no ha despertado tu curiosidad, deberías releer el Fotogramas del mes y no Sesión Golfa. Más aún cuando es el regreso del MAESTRO John Carpenter a la dirección tras 5 años. Tampoco suelo comentar televisión, pero resulta que Cigarette Burns es el episodio nº 8 de la 1º temporada de MASTERS OF HORROR, así que, para variar, empecemos por el principio de los tiempos...



Según cuenta Carpenter, todo arranca de una cena mensual que se marcan algunos de los viejos zorros del terror amamantado en los 70 (mayormente). Como notan que el género está degenerando en sus queridos EEUU y ven la botella de vino medio vacía, farfullan sobre la posibilidad de arrejuntarse y hacer algo bueno para el mundo, un reducto de resistencia ante lo comatoso del género hoy en día. Mick Garris se queda con la copla, estudia la idea y convence a los mandamases de la cadena yanqui Showtime/HBO de que deben aflojar la billetera para que este puñado de MAESTROS (sí, estoy siendo redundante, pero el entusiasmo me puede) dejen de estar apolillados y den unas cuantas lecciones a los imberbes que llenan las salas de cine con infumables remakes de delicatessen niponas y de sus propias obras de los 70. Dicho y hecho. En un abrir y serrar de ojos, buscan 13 guiones (todos independientes y autoconclusivos) y se distribuyen las historias entre ellos, pero como los abueletes tienen buen corazón, invitan a algunos jovenzuelos a unirse a la fiesta (como Lucky McKee: hagan el favor de ver su opera prima "May" inmediatamente) y a un director nipón para que engrose sus filas (nada más y nada menos que Takashi Miike, señores). No os voy a dar la paliza con el listado completo de los episodios, pero sólo nombrar a Don Coscarelli ("Phantasm"), Stuart Gordon ("Re-animator"), Tobbe Hopper ("La matanza de Texas"), Darío Argento ("Rojo Oscuro") o John Landis ("Un hombre lobo americano en Londres") debería sobrar para babear como el perro el Paulov ante tan opíparo festín de carne cruda.

El asunto es que la serie, producida en 2005 y emitida en 2006 tiene un moderado éxito de audiencia y, tras cerrar temporada con su episodio 12 (sí, 12 y no 13, ahora os cuento...), deciden dar continuidad a la idea con una 2ª temporada cuyo último episodio se emitió en los EEUU la semana pasada. Aún no la he visto, ya os contaré (Carpenter repite, juas!) ¿Y el episodio nº 13? Bien, pues sencillamente NO fue emitido por la cadena por considerarlo demasiado gráfico y perturbador, aunque enseguida estuvo disponible en DVD y en su edición integra. El responsable regresó a su Tokyo natal con una sonrisa entre los dientes...

Toda esta introducción es únicamente para que sepais que MASTERS OF HORROR (1ª Temporada) es un hito en la televisión del s. XXI, una demostración de potencia audiovisual que abarca todo tipo de historias y géneros fanta-terroríficos, con un nivel medio más que notable y episodios realmente sobresalientes de los que, sin duda alguna, Cigarette Burns es el mejor.

Sincero homenaje al propio cine, sórdida declaración de amor cinéfila, análisis del propio medio, de su poder y de sus procesos artísticos extremos, todo ello envuelto en un absorbente thriller que va derivando poco a poco en una pesadilla meta-linguística con una resolución... que no debe ser contada. Todo en esta película-capítulo gira por y para el séptimo arte, desde todos los puntos de vista: salas de cine cochambrosas, proyeccionistas freaks (Timpson, el colega de Sweetman), público alterado, directores visionarios (Backovic, el maestre de la película maldita), directores de fotografía (el del film perdió... la vista), montadores, actores (el Ángel Profanado proclama: “Nosotros éramos parte de la película, agarrados al negativo como el alma a la carne”), críticos (A.K. Meyers, al borde de la locura, nunca pudo terminar su análisis de la película: "el film de Backovic en ciertas manos es un arma... nosotros confiábamos en los directores. Nos sentamos en la oscuridad desafiándoles a que nos afecten, seguros de que ellos saben que no pueden ir muy lejos. Pero Backovic era un terrorista. Abusó de esa confianza que depositamos en los cineastas. Él no quería herir a las audiencias; quería destruirlas por completo”), los festivales (la película se proyectó en... ¡Sitges!), los archivos, los coleccionistas compulsivos (el propio Bellinger) y, por supuesto, las mil y una referencias que se pueden cazar sobre la propia historia de la cinematografía (desde Nosferatu a Darío Argento, pasando por Dreyer o El Abominable Dr. Phibes...)


Carpenter, ayer por la tarde

Carpenter expone su particular punto de vista sobre el Hollywood actual (extrapolable a cualquier cinematografía cuyas únicas pretensiones son industriales) y lleva su discurso hasta un límite realmente extremo: Backovic, el misterioso director, se presenta como un ser contradictorio y en cierta medida demoníaco, pero también representa la transgresión, la experimentación llevada al límite, la negación de la falsedad y de la complacencia de Hollywood y, sobre todo, la libertad creadora. Y Carpenter, sarcásticamente, está de su lado, a pesar de haber parido una obra considerada por todos como "intrínsecamente destructiva". Resulta curioso cómo en los últimos tiempos el cine está reflexionando sobre sí mismo, se mira las entrañas y lanza, de vez en cuando, alaridos como este (o como el que tienen un poco más abajo en este mismo blog). Una reflexión tan apasionada como entretenida, que te agarra por las solapas y no te suelta (atención: en menos de una hora hay una buena concentración de momentos atroces, algo inaudito en un tipo tan poco explícito como Carpenter) pero tan valida como las que hicieron en su día Alain Resnais, Goddard o Bergman, pero al personal "estilo Carpenter", y todo en 59 minutos.



El ojo que todo lo ve

A todo esto... ¿y a qué viene el título, Cigarette Burns? dejadme que os lo cuente. Timpton, el proyeccionista, colecciona los fotogramas en celuloide donde aparecen esas "quemaduras de cigarrillo", que indicaban el cambio de rollo en la proyección. Las quemaduras anticipan que "algo va a suceder" y, como apostilla más tarde, "sácalo de donde esté y de repente es anarquía". El problema surge cuando, en la vida real, comienzas a ver esas quemaduras...

Dando instrucciones

PD: por fin está disponible toda la 1ª temporada en DVD en España (de la traducción del título Cigarette Burns prefiero no hablar), en ediciones dobles muy cuidadas. Para los más impacientes, Sesión Golfa os invita a entrar aquí...


CABEZAS


-LO MEJOR: el viejo Carpenter, en plena forma

-LO PEOR: la apariencia sado/snuff/verbenera del sanguinario Dalibor

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