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ANTISOCIAL / Canadá / 2013
En un absurdo ejercicio, si se pudiese resumir el cine de terror de los últimos años con una sola palabra, bien podría ser "infectados". El zombie, quizás el último subgénero del terror "clásico", ha mutado desde las cloacas de los años 80 y 90, donde era un reducto del fandom cuando buscaba los productos más pestilentes, hacia una especie de vigorización mainstream cuyo su cumbre, hasta el momento, ha sido la mediocre pero exitosa WORLD WAR Z. Los entrañables muertos putrefactos que se caían a pedazos mostrando sus interioridades, lentos y asfixiados, han dado paso a gente plusmarquista y gruñona que sangra por las orejas. Y ya no están muertos, sólo están infectados. Las causas de la infección se han multiplicado exponencialmente, a veces con teoremas delirantes, explicaciones que nunca antes había necesitado el vetusto género de los muertos vivientes. Y esa quiere ser, en parte, la razón de ser de ANTISOCIAL, la ópera prima del canadiense Cody Calahan (también coguionista). En 2014 Facebook es el demonio. Tirando de jovenzuelos enganchados a sus smartphones y laptops, Cody Calahan arranca su propuesta colocando las expectativas muy altas: que el virus se transmita al usuario a través de una red social tiene su punto. Durante unos cuantos minutos, Calahan parece que quiere servir en bandeja una sarcástica lectura social de la forma en que la gente joven se comunica en el s.XXI, pero al primer alarido el chiringuito se desinfla. La sátira se queda en chascarrillo. El asedio a la casa, tan apetecible siempre para los muertos (perdón: infectados), se convierte en una hora de rutina cercana al sopor, sólo rota por algún momento tenso muy bien rodado que trata de recuperar su discurso, digamos, "social", aunque en seguida se reconduce a la rutina. Hay que llegar casi hasta el final para disfrutar de lo mejor de la función (cuidado que va un SPOILER): que los sanos tengan que taladrarse el cráneo con una broca del quince para no ser infectados mola, y que la chavala se convierta al final en una Ripley mata-zombies (en un retruécano final muy resultón) también, pero justo en ese momento la función se acaba. El estereotipado grupo de amiguetes tampoco ayuda a levantar la película, con un grupo de personajes e intérpretes especialmente soso y mediocre. Así pues, una pasable muestra de cine de infectados con un punto excéntrico y algunos momentos intensos y divertidos que, desde luego, podría haber dado para mucho más.

- Lo mejor: los primeros y últimos diez minutos

- Lo peor: lo que ocurre en medio

  CABEZAS

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