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ESPAÑA / 2006
Dirección: Daniel Monzón
Guión: Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarría
Producción: Julio Fernández y Álvaro Augustín
Música: Roque Baños
Fotografía: Carles Gusi
Montaje: Simon Cozens
Dirección artística: Antón Laguna
Vestuario: Eva Arretxe
Interpretación: Timothy Hutton (David Norton), Lucía Jiménez (Silvia), David Kelly (Kovak), Gary Piquer (Jaime), Georgia Mackenzie (Jane), Iván Morales (Charlie), Annette Badland (Kathy)


La que te espera, macizorra...

Iba a comentar THE FOUNTAIN de mr. Aronofsky, que ya toca, pero como hoy no tengo el cerebro para pespuntes, aquí va la LA CAJA KOVAK, de nuestro colega Daniel Monzón, que es un tipo majete. A Daniel, ex-crítico de cine (de la Fotogramas, mayormente), le encantan los géneros y las formas yanquis. En su ópera prima, EL CORAZÓN DEL GUERRERO, ya intentó algo inaudito: una de espada y brujería tipo Conan con los juegos de rol de telón de fondo y cierto aroma terrygillianiano, que no está mal. Después se fijó en las comedias locas del Hollywood más clásico (vertiente robos imposibles) con un agradable tufillo tipo EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO, pero con Manuel Manquiña, le salió EL ROBO MÁS GRANDE JAMÁS CONTADO, y la cosa tuvo su gracia. Ahora se pone seriote y decide fusilar a los grandes del thriller policiaco y de espionaje con un ojo puesto en Hitchcock y el otro... también en Hitchcock, con pretensiones internacionales y... bueno, el amiguete se ha columpiado, pero con dignidad.


LA CAJA KOVAK tiene un arranque interesante: Timothy Hutton es David (pronunciese Deivid) un escritor de ciencia ficción americano (sólo esto ya mola) que es invitado a unas conferencias y cockteles varios a tutti plain en la isla de Palma de Mallorca. Allí, entre copazo y copazo, su mujer decide tirarse por el balcón de forma bastante absurda, ya que él, que es un madurito atractivo y soltero irredento, acaba de prometerse con ella. Curiosamente, en la isla, de pronto otras personas tienen la misma fea costumbre de acabar con sus vidas de formas creativas, quizás porque acaban de leer esa gozada titulada "El libro de los conejitos suicidas". Silvia, una maciza de vida insulsa (más que nada porque no la llegamos a conocer nunca), tiene el rostro de Lucía Jiménez y comparte con la mujer de Deivid la afición por arrojarse con alegría por las ventanas. Deivid está hecho polvo y su pulso tiembla al firmar el parte de defunción de su chica como suicidio, porque él es escritor, controla el asunto de las tramas conspiratorias y se huele que algo raro está pasando en la isla. Por allí pulula Kovak, un anciano entrañable con la jeta del abuelo de CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE, que le mira de soslayo cada vez que se cruza con él. Parece un tipo entrañable, fan irredento de la primer anovela de Deivid, titulada casualmente "La caja Kovak", aunque todos sabemos que oculta algo. ¿Van hilando cabos, queridos lectores? Silvia y Deivid se conocen, porque obviamente ella no ha muerto, pero en vez de irse de vacaciones a Caños de Meca y echar un polvo en la playa, deciden jugarse la vida para desentrañar el misterio, entre pistas inquietantes, viejas canciones vintage, videos de monos suicidas (¿por qué no conejitos, sr. Monzón?), algún que otro disparo y un climax final de ¡¡tachán tachán!!.



Devid, no sé si tirarme al metro o a la taquillera


Durante la mayor parte del tiempo la peli funciona bastante bien, es entretenida y todos los guiños hitchcockianos se sobrellevan con alegría (hasta la música y los créditos, señores!). Daniel tiene las narices de rodar un thriller a plena luz del día, lo que le honra, y Mallorca sale preciosa, lo que alegra a la Junta de Turismo, pero demasiados asuntos chirrían como para dejarlos de lado: Timothy Hutton, un tipo que a mí me encanta (entrañable como treintañero en crisis en BEAUTIFUL GIRLS, inquietante como escritor, otra vez, en LA MITAD OSCURA, magnífico con su micropapel en ese paquidermo fílmico que es EL BUEN PASTOR), aquí está muy justito, y se limita a pasearse con cara de: A) Soy un tipo tan encantador como inteligente y B) Estoy destrozado, hundido / ¿Cuando cobro el cheque?. Lucía Jiménez se limita a poner poderío físico a su interpretación, aunque al menos es protagonista de lo mejor de la peli: el extraordinario plano secuencia de su falso suicidio es eso, extraordinario, de quitarse el sombrero. Lamentablemente, la química entre los dos brilla por su ausencia, lo que resulta un lastre bastante jodido para una película como ésta, a años luz de las chispas que saltaban entre Cary Grant y Eva-Marie Saint en CON LA MUERTE EN LOS TALONES, película que, por cierto, puede ser un referente claro de lo que Daniel Monzón quería lograr y, obviamente, no consigue. A la espera de que se decida por una del oeste, una bélica o por un remake de EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO ambientado en el desierto de los Monegros, yo esbozo una sonrisa y animo a Daniel a que siga dando la vara en la pantalla grande, porque sus gustos cinéfilos también son los míos.


CABEZAS:


-Lo mejor: es un intento
-Lo peor: sólo es un intento

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