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LA CHISPA DE LA VIDA/España/2011
Presto y rápido como un leopardo del mismo centro de Bilbao, cuando aún los viciados efluvios de esa  jodida maravilla titulada BALADA TRISTE DE TROMPETA flotan en el aire, el bueno de Alex de la Iglesia estrena en tiempo record su siguiente peli y, por segunda vez, con guión ajeno. Producción gestada y filmada a toda pastilla, empujada quizás por un algo de oportunismo sobre los tiempos oscuros que nos ha tocado vivir, LA CHISPA DE LA VIDA supone un escalón más (escaloncito en este caso) en la formidable carrera del cineasta vasco, sin discusión uno de los tipos más interesantes y coherentes del planeta. Dicho esto, ahora toca apostillar: LA CHISPA DE LA VIDA seguramente sea su película menos inspirada. Razones: da la impresión de que, insisto, siendo perfectamente coherente con la visión que Alex tiene sobre el mundo, la ha hecho con cierta desgana, con el piloto automático. Le falta empuje, brío y, sobre todo, potencia visual. Resulta chocante una planificación tan... plana, y su escaso atractivo estético. No hay riesgo ni ese punto de locura kamikaze tan propia de su cine. Todo está, guión incluido, a un peligroso medio gas que no beneficia nada. ¿Contención? ¿Madurez? ¿Equilibrio?... Tonteridas. LA CHISPA DE LA VIDA se resiente, y mucho, de un guión de esos que tienen una brillante premisa pero que se queda ahí: a mitad del metraje ya nos la sabemos del todo. Aunque estoy seguro de que Alex ha metido sus habituales morcillas en el texto, el problema es que aquí rechinan y resuenan forzadas en un libreto que, por mucho que lo pretenda, jamás logra volar alto. Quizás por un discurso demasiado evidente, demasiado explícito, quizás por una panda de secundarios notablemente desaprovechados, quizás por un desarrollo tan plano, quizás porque el invento no daba mucho más de sí. Esta vez el esperpento marca de la casa resuena en las orejas algo forzado y vulgar, notablemente light y jugando en territorios ya muy transitados. Lejos de la rabia, las tripas y el corazón con la que el vasco se vacío en BALADA TRISTE..., una película a tumba abierta, aquí me da la sensación (y es la primera vez que me ocurre con su cine) que hay algo de impostura, algo falsario, algo redundante. Incluso en la dirección de actores se nota cierta desidia. José Mota, en su difícil debut en pantalla grande, aguanta el tirón con duros altibajos, mientras que Salma Hayek le replica alternando simple oficio con instantes de pura verdad. Ni siquiera la habitual troupe de secundarios consigue sacar brillo al resultado final. Así pues, la obra más pequeña (en todos los sentidos) de una admirable filmografía. Pequeño bajón de intensidad para una película correcta y entretenida, pero nunca brillante (ni tampoco indigna).

- Lo mejor: algunos matarían por que ésta fuese la peor película de sus carreras


- Lo peor: la tibieza y el riesgo calculado no casan bien con tu cine, Alex

  CABEZAS

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