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LAT DEN RÄTTE KOMMA IN /SUECIA / 2008
Dirección:
Tomas Alfredson.
Guión:
John Ajvide Lindqvist; basado en su novela.
Producción:
John Nordling y Carl Molinder.
Música:
Johan Söderqvist.
Fotografía:
Hoyte Van Hoytema.
Montaje:
Dino Jonsäter y Tomas Alfredson.
Diseño de producción:
Eva Norén.
Vestuario:
Maria Strid.
Interpretación: Kåre Hedebrant (Oskar), Lina Leandersson (Eli), Per Ragnar (Håkan), Henrik Dahl (Erik), Karin Bergquist (Yvonne), Peter Carlberg (Lacke), Ika Nord (Virginia), Mikael Rahm (Jocke), Anders T. Peedu (Morgan), Pale Olofsson (Larry).


Ocurre tan pocas veces y es tan difícil de explicar que uno se siente como si hubiese vivido un milagro. Que una película te acompañe y siga viva horas, días después de haberla visto y que sus imágenes y sensaciones vengan a la cabeza con insistencia, traspasando la frontera de lo que uno ha visto y adentrándose en lo que uno a experimentado, eso es pura magia. DÉJAME ENTRAR es una de esas amigos, una joya brillante y delicada, gélida y llena de pasión, puro cine.


Creo que ya lo he comentado alguna vez, y una vez más lo constato: es posible que todas las historias ya estén contadas, así que el valor de una peli es el "cómo" está contada, a todos lo niveles, algo tan indefinible y multiforme como lo es el punto de vista sobre el mundo de cada ser humano. Lo entiendo, resulta muy difícil de tragar para alguien que no la haya disfrutado, pero DÉJAME ENTRAR es un cuento de vampiros tan sumamente original y absorbente que parece que el propio mito nace con ella. No desde un punto de vista de ruptura con el género, de dismitificación vía lo grotesco o lo paródico, ni de profundización intelectual ni nada de eso, no... más bien supone una mirada absolutamente personal e intransferible sobre el tan sobado cliché que tiene algo de creación, de renacimiento. De hecho, el bueno de Alfredson sigue pauta por pauta todas las características del vampiro clásico, a excepción, quizás, de la iconografía religiosa asociada, lo que, en el contexto en el que transcurre este cuento, es un completo acierto. No es totalmente original trasladar el arquetipo a un entorno que roza el "realismo sucio", por decirlo de alguna manera, despojando al ser nocturno de toda su parafernalia pseudo-gótica y su rollete post-romántico y decadente para dejarlo vagar por el mundo real, el del resto de los mortales. Cosas como la estupenda LOS VIAJEROS DE LA NOCHE ya lo tantearon. Lo que deja sin aliento de la película es su arrebatadora sensibilidad, el interés casi enfermizo por dejar al descubierto los sentimientos, la humanidad y el dolor del vampiro, y por ende los de los seres que le rodean, utilizando un aliento poético de una belleza tan intensa que casi duele. DÉJAME ENTRAR poco a poco se va abriendo como una gélida flor en medio de un páramo helado, dejando al descubierto decenas de capas de significado y emoción que, unas sobre otras, dan forma y fondo a una fábula moderna que hurga sin compasión pero con delicadeza en los los más profundos sentimientos humanos. La atroz soledad de Eli es también la de Oskar, y su encuentro una maniobra del azar que ata sus destinos para siempre. La necesidad de afecto, de caricias, de contacto, de calidez de Oskar es también la de Eli, maldita para la eternidad, vagando sin rumbo por el mundo. La brutal ansia por sobrevivir de Eli es la necesidad de Oskar por mantener su dignidad y aprender a defenderse de las humillaciones. Lo que entre ellos se va forjando es una magnética historia de amor (con matices) que desemboca en el único final lógico, estremecedor por sus connotaciones pero radicalmente hermoso. Sí, historia de amor con mayúsculas entre dos niños de 12 años, arriesgada exploración tan precoz del sentimiento universal de "pertenencia" al otro, plasmado con la hermosa dedicación de la cámara de Alfredson a los rostros de sus protagonistas, acariciando sus gestos, su mirada... su piel y su cálido aliento, hecho carne en dos actores infantiles cuyo trabajo me parece, sencillamente, asombroso, sobrenatural.


Al estar trabajando con un material de este calibre, Tomas Alfredson logra lo que parece imposible: que su puesta en escena, su mirada, encaje como un guante en algo tan delicado. Contada y estructurada a partir de sutiles pinceladas en forma de secuencias (que no burdos brochazos, como hacen otros cuando quieren "romper" la linealidad de una historia), llama la atención el increíble gusto por el detalle visual y sonoro, en ocasiones casi impeceptible, casi subliminal. Los caracteres vampíricos de Eli se dejan caer para el que los quiera descubrir desde el principio: en el primer encuentro de ambos amantes, ella al bajar del columpio parece flotar levemente durante el salto; su presencia o ausencia en las ventanas (de la casa, del hospital) viene precedida por un suave aleteo; sus pupilas brillan por un instante en la oscuridad, antes de que su iris vertical se dilate... Todo, excepto los míticos colmillos, que nunca vemos (otro gran acierto), está ahí en pantalla, no hay engaño que valga. Cada plano y secuencia está colocado en su sitio para hace avanzar la historia, plagado de sugerencias apenas pronunciadas o por ideas apenas entrevistas. Conceptos que pivotan aquí y allá, como la naturaleza exacta de la relación de Eli con su "protector", el propio origen de la niña e incluso su misma sexualidad flotan como una sórdida neblina que enriquece en sabor este delicioso plato, pero ojo, no hay respuestas fáciles ni explicaciones laboriosas de nada (tan parcos en palabras estos suecos, como siempre), las preguntas quedan en el aire listas para el debate o la conversación, algo que espero disfrutar pronto con mi vampirófila favorita, que ya me habló de la novela original hace un tiempo. La constante mezcla entre inocencia y perversión, entre delicadeza y brutalidad (la secuencia de la piscina, de las que no se olvidan) rubrican con valentía el armazón de esta asombrosa maravilla.


En definitiva, me causa una alegría y un placer enorme afirmar que para un servidor DÉJAME ENTRAR es una de las mejores películas que he tenido ocasión de ver en meses, quizás años. Y un verdadero placer decir que la mejor peli de la temporada es de terror poético, real o con aliento fantástico, cada cual que tome partido, pero una peli de género al fin y al cabo. El tiempo es implacable y pone a cada cual en su sitio, y mucho me tengo que equivocar si esta maravilla nórdica no tendrá en unos años el estatus de clásico, o como mínimo, de obra de culto con una legión de seguidores. Un verdadero alarde de sensibilidad y belleza, de emoción pura sin sensiblería, una película hermosa, única, imprescindible.

- Lo mejor: todas las secuencias que comparten Eli y Oskar, asombrosas.
- Lo peor: el ataque de los gatos, un tanto fuera de lugar.


CABEZAS




6 vituperios:

kILL_Yr_Ydols dijo...

Me uno al culto... maravillosa película... clásico instantáneo...

kILL_Yr_Ydols dijo...

por cierto... anoche leí el primer capítulo y... tiene muy buena pinta!

padawan dijo...

Ganazas de ver la película... llevo aplazando el ir a verla demasiado tiempo!

Karba dijo...

Pues que no se te pase Padawan, merece la pena verla en pantalla grande, logra un grado de intimidad bastante intenso, paradójicamente...

Nhaya dijo...

Esta película nos llamó la atención cuando leímos la sinopsis, pero al final la dejamos pasar (más bien por mi culpa y mi temor acérrimo a las películas de terror xD) pero después de haber leído tu crítica la verdad es que me dan ganas de darle una oportunidad.

Por cierto, es un placer leerte.

Pd: Soy Sandra, la novia de Pablo, por si no me reconoces xD.

Karba dijo...

Jajaja! Sí te había reconocido! El placer es mío, Nhaya, estás en tu casa.

No dejeis pasar esta peli por nada del mundo, va mucho más allá de cualquier género, es una joya ;)

Mmm... pues si quieres ponerte al día con el terror y derivados, estás en un blog exquisito, jejeje...