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Retomo la entrañable sección de Incunables y la mezclo con un breve Informe para ventilarme un comentario a cerca de una de las trilogías de ciencia-ficción más deliciosas de la historia del cine: el tríptico del doctor Quatermass producido por la mítica factoría inglesa Hammer entre las décadas de los 50 y los 60.
EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR QUATERMASS de Val Guest (1955)
Aunque la Hammer ya tenía un historial de 20 años realizando policiacos y comedietas de baja estofa para públicos poco exigentes, éste es su primer gran éxito de público y crítica, el título que puso a la productora inglesa en el candelero y la película que empezó a configurar su merecida fama como La Casa Del Terror. Tras comprar los derechos de un célebre serial radiofónico, recultan al eficaz artesano Val Guest para la dirección y le rodean de algunos de los jóvenes talentos que más tarde se convertirían en parte del "nucleo duro" de la empresa: Lester Bowie a los efectos especiales y James Bernard a la música. EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR QUATERMASS supone la presentación del homónimo personaje, un huraño, malencarado y antipático doctor en ciencias físicas que se dedica, muy a su pesar, a luchar contra variadas invasiones alienígenas (una distinta en cada entrega) que insisten en asolar distintos parajes de la campiña inglesa, e incluso en destruir la mismísima London City. Supone también una especie de reacción a todo ese cine de género yanqui que inundó las pantallas durante los años 50 a base de platillos volantes de juguete y psicotrónicos invasores verdes de cartón piedra en plena Guerra Fría. En la trilogía de Quatermass no hay ovnis como tales, y los extraterrestres son cualquier cosa menos hombrecillos verdes. Una vuelta de tuerca que mezcla ciencia avanzada (que hoy nos parece descacharrante, ¡esos diseños!) con terror cósmico y unos toques de cine de acción conspiranoico, un cocktail que visto hoy día resulta de lo más moderno y refrescante.
En esta primera parte, un cohete (el experimento al que alude el título, sacado de un tebeo de Tintín) regresa a la Tierra tras su periplo espacial más allá de nuestra galaxia. De sus tres tripulantes, dos se han convertido en pedacitos de gelatina, y el único superviviente se encuentra en una especie de estado catatónico, vive en un mundo de tinieblas mientras su cuerpo está mutando en algo asqueroso. Se ha traido "algo" del espacio exterior dentro de sí. El pobre incauto, cansado de los manoseos médicos, escapa del hospital con ayuda de su novia, que se muere del susto cuando descubre que su brazo derecho se ha convertido en una especie de masa musgosa, razón de más para una ruptura sentimental. Mientras, en bueno de Quatermass, interpretado por Brian Donlevy, un retaco cuadrado que no se quita la gabardina ni muerto, entra y sale de los decorados a toda velocidad, discute con todo el mundo y demuestra una hiperactividad más propia de un cartoon que de un prejubilado como él. Finalmente, el astronauta, que ahora es una cosa informe que repta por muros de diez metros y asusta a borrachinas sin techo, decide que si ha de morir lo mejor es terminar sus días electrocutado en la abadía de Westminster, marco incomparable que sin embargo es visualizado con un lamentable pulpo de goma subido a un andamio. A pesar de sus carencias presupuestarias y un monstruo final más que penoso, la película tiene un montón de hallazgos que se han repetido hasta la saciedad en el cine de ciencia-ficción y que siguen siendo tan disfrutables hoy como el primer día. De ritmo trepidante (su primera media hora es rapídisima), condensa en apenas 78 minutos una nueva forma de encarar el género, de un modo más serio, abstracto y terrorífico que sus contemporáneos norteamericanos, jugando con la psicología de masas y el suspense y regalándonos un personaje ya icónico en la historia del género.
CABEZAS
QUATERMASS 2 de Val Guest (1957)
Tras el tremendo éxito, y porque la Hammer siempre ha sabido exprimir el limón como nadie, en dos años la productora ya tenía en circulación una segunda parte, además de una especie de auto plagio (X-THE UNKNOWN) en verdad lamentable en el que no merece la pena gastar dos palabras. Con el mismo equipo técnico que la primera, QUATERMASS 2 arranca otra vez a toda castaña, con una pareja huyendo en coche por la campiña inglesa. A él un meteorito le impactado en la jeta, literalmente, y le ha dejado una extraña marca, como una quemadura en forma de V. Quatermass, que pasaba por allí, empieza a mosquearse con el asunto, y en seguida descubre que cerca hay una especie de complejo militar secreto que, para más inri, es una copia de un proyecto propio de una base lunar que fue rechazado por el congreso, y es que Quatermass no pierde el tiempo, amigos. A su colega unos militares con mascarilla le parten la cara y se lo llevan, por curioso, pero él, que sigue siendo un armario de dos puertas, consigue huir. A partir de aquí, un puro delirio conspiranoico en el que el buen doctor se pelea, con su habitual mala leche y determinación, con todos los estamentos posibles: policía, congresistas, científicos, militares... dispuesto a desenmascarar una sucia trama gubernamental en la que nada es lo que parece. Mientras, los hombres "marcados" por la misteriosa quemadura se multiplican, y dejan de ser ellos y se convierten en especie de zombies autómatas que sólo responden a una directriz (¿os suena?). A la vez, la lluvia de pequeños meteoritos asola la zona. Aunque todo el mundo le saca una cabeza de estatura, Quatermass logra colarse disfrazado en la instalación para descubrir que lo que hacen allí no es trigo limpio, y que hay algo en unas bóvedas que está siendo alimentado, algo... que no es de este mundo. Dicho y hecho, Quatermass, que además de animadversión por los monstruos espaciales tiene dotes de mando, logra organizar una guerrilla y atrincherarse en una de las salas mientras planea un modo de asfixiar a la "cosa" suministrando oxígeno por unas tuberías, pero la "cosa" es más lista de lo que parece, y bloquea el suministro con los cadáveres de algunos guerrilleros. Mal hecho. Quatermass se termina de encabronar, lo manda todo al carajo y ordena lanzar una bomba nuclear al asteroide de origen de los aliens. Él es así. Sin ambargo, las masas informes como montañas se liberan de las bóvedas con su aspecto vagamente lovecraftiano, y comienzan a pisar maquetas y destruirlo todo, en plan Godzilla, aunque el arrebato les dura poco...
Tan vibrante o más que la primera, esta vez la invasión se planea a gran escala, y Quatermass es más resolutivo e hiperactivo que nunca, protagonizando además unas divertidas secuencias de acción metralleta en mano. Toda la trama en la base extraterrestre (en realidad una factoría petrolífera de la Shell) es de lo más entretenida, mucho más espectacular, y al fin los monstruos finales cumplen, siguiendo la máxima de cualquier secuela: ofrecer más de todo. QUATERMASS 2 fue un nuevo éxito de taquilla, y otra vez una influencia más que notable para muchas películas venideras, pero tuvieron que pasar 10 años para que la trilogía tuviese su merecida y aplaudida conclusión.
CABEZAS
¿QUÉ SUCEDIÓ ENTONCES? (QUATERMASS AND THE PIT) de Roy Ward Baker (1967)
Cuando la saga estaba casi olvidada, cambio de tercio. Roy Ward Baker arranca su colaboración con la casa sustituyendo a Guest en las labores de dirección, y Andrew Keir encarna a Quatermass en lugar del mazacote de Brian Donlevy. Además, el pulcro blanco y negro de las dos precedentes se sustituye por un hermoso tratamiento del color en tonos ocres, marca de la casa, un evidente aumento presupuestario y sobre todo, una trama diabólica y compleja con las insinuaciones y lecturas más divertidas e impactantes de la serie. Mi preferida. Una ampliación en las obras del metro de Londres en la estación de Hobbs End (nombre que tomó John Carpenter a modo de homenaje para el pueblo de EN LA BOCA DEL MIEDO) deja al descubierto unos fósiles humanoides que datan de hace 5 millones de años. Junto a los huesos aparece un extraño objeto metálico de origen desconocido. Quatermass ya ha metido su hocico en el asunto, pero los militares no tardan en tomar las riendas: creen que el dichoso artefacto es una bomba V2 de los nazis que no estalló. Craso error. Quatermass, que sabe mucho de estos asuntos, hace camarilla con un paleontólogo y su maciza ayudanta (estupenda Barbara Shelley, una de las más célebres hammerets) para descubrir que el artefacto, más bien una astronave, lleva enterrada ahí el mismo tiempo que los fósiles. El chisme está hecho de una aleación desconocida, es imposible de perforar e irradia una extraña fuerza magnética que vuelve tarumba al personal a su alrededor. Los militares, bastante obtusos, insisten en mantener su teoría, pero Quatermass va por libre y le ha dicho a la prensa lo que opina del asunto. Él es así. Una vez más, el buen doctor se enfrenta al estamento militar a gritos, aunque la interpretación de Keir es mucho más mesurada y sutil, dotando al personaje de un plus de emotividad y fragilidad emocionante. Finalmente la nave se abre por sí sola, y, como la Caja de Pandora, la cosa se empieza a descontrolar...
Aunque el primer tercio de la peli es un tanto plomizo, rodado casi exclusivamente en un solo decorado (la excavación en el metro), la cosa no tarda en animarse y desplegar todo su potencial. Sólo deciros que la teoría acerca de la invasión alienígena (más bien una invasión "por poderes") es tremendamente original y sugestiva, mezclando mutaciones genéticas, lecturas cerebrales, psicología freudiana, esoterismo y control de masas al estilo nazi, y su conclusión una divertida blasfemia: el ser humano no es hijo de Dios, sino del mismísimo Diablo. Su parte final, una auténtico apocalipsis de cartón piedra en pleno Londres sobre el que gravita una deidad extraterrestre de claros aromas lovecraftianos ha pasado a la historia e influído a un montón de films posteriores, con un desolador plano fijo de los dos únicos supervivientes durante los créditos finales simplemente memorable. Todas editadas recientemente en DVD en España, así que no teneis excusa para no disfrutar de este festín de pura y encantadora ciencia-ficción artesanal, y de paso descubrir los auténticos orígenes de algunos de los conceptos e imágenes que el cine de género lleva manoseando desde hace décadas.
Aunque el primer tercio de la peli es un tanto plomizo, rodado casi exclusivamente en un solo decorado (la excavación en el metro), la cosa no tarda en animarse y desplegar todo su potencial. Sólo deciros que la teoría acerca de la invasión alienígena (más bien una invasión "por poderes") es tremendamente original y sugestiva, mezclando mutaciones genéticas, lecturas cerebrales, psicología freudiana, esoterismo y control de masas al estilo nazi, y su conclusión una divertida blasfemia: el ser humano no es hijo de Dios, sino del mismísimo Diablo. Su parte final, una auténtico apocalipsis de cartón piedra en pleno Londres sobre el que gravita una deidad extraterrestre de claros aromas lovecraftianos ha pasado a la historia e influído a un montón de films posteriores, con un desolador plano fijo de los dos únicos supervivientes durante los créditos finales simplemente memorable. Todas editadas recientemente en DVD en España, así que no teneis excusa para no disfrutar de este festín de pura y encantadora ciencia-ficción artesanal, y de paso descubrir los auténticos orígenes de algunos de los conceptos e imágenes que el cine de género lleva manoseando desde hace décadas.
CABEZAS
SHUTTER ISLAND / EEUU / 2010
Dirección: Martin Scorsese
Guión: Laeta Kalogridis; basado en la novela de Dennis Lehane
Producción: Mike Medavoy, Bradley J. Fischer y Martin Scorsese
Fotografía: Robert Richardson
Montaje: Thelma Schoonmaker
Diseño de producción: Dante Ferretti
Vestuario: Sandy Powell
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels), Mark Ruffalo (Chuck Aule), Ben Kingsley (Dr. John Cawley), Michelle Williams (Dolores Chanal), Patricia Clarkson (Rachel), Max Von Sydow (Dr. Naehring), Jackie Earle Haley (George), Emily Mortimer (Rachel)
Una semanita ha esperado su turno la nueva película de Martin Scorsese en la recámara de Sesión Golfa, el tiempo que han necesitado mis neuronas para poder escudriñar los cientos de vericuetos creativos y narrativos de SHUTTER ISLAND, una peli que me sugiere más preguntas que respuestas me ofrece, a muchos niveles. Una para empezar: Scorsese es un clásico moderno, todos conocemos en mayor o menor medida su filmografía, y algunas sus imágenes ya forman parte de nuestra formación cultural, de nuestra vida, así que me pregunto hasta qué punto puede influir su propio nombre a la hora de comentar una película tan peculiar como SHUTTER ISLAND. ¿Mi percepción de la película sería distinta si no supiese nada de ella, si no tuviese acceso a los créditos, si el nombre de su director fuese invisible? Segunda cuestión: ¿es SHUTTER ISLAND una peli de género o una peli de autor? ¿O más bien las dos cosas? Y por último y más importante: ¿es SHUTTER ISLAND una buena película?
Mi impresión inicial nada más terminar la proyección: ésta es una de esas pelis que a priori no admiten medias tintas, o entras en el juego y la disfrutas como un enano o te parece una soberana tomadura de pelo, cualquiera de las dos opciones son legítimas y perfectamente viables. Desde la primera imagen que vemos (creo que definitoria del sentido de toda la película, un barco emergiendo entre una densa bruma gris) la sensación de extrañeza se apodera de los sentidos. En pocos minutos ya estamos metidos en harina: esto es un thriller con todas las de la ley, un auténtico film noir ambientado en los años 50, una historia de tintes clásicos que trata de aclarar una desaparición. Dos detectives, un misterio y un espacio físico (y metafórico) que resulta impactante e imponente: una prisión de máxima seguridad aislada en una isla cuyos presos son enfermos mentales. Ahí es nada. A partir de ahí, una diabólica tela de araña que se va desplegando poco a poco mientras acompañamos al detective Teddy Daniels en sus pesquisas, una historia que se retuerce sobre sí misma hasta mutar el sentido de la realidad del protagonista y del espectador mismo y convertir la película en otra cosa, y perdonad que sea tan críptico pero os tengo mucha estima y a nivel argumental aquí me debo plantar. Me lo agradecereis.
SHUTTER ISLAND es una película que requiere una especial atención a los detalles, a todo lo que vemos y oímos. Mientras el viejo zorro neoyorquino nos lleva de la mano a través de la apasionante investigación y uno se dedica a atar cabos argumentales, absorto, resulta que incrustados en cada secuencia, en cada plano, hay detalles casi subliminales que van cargando la peli de un sentido que la hace trascender y redirigirla sin prisa pero sin pausa a otro nivel de narración que, como es de suponer, implosiona en el tramo final de la película y la transforma. Scorsese, genio y figura, utiliza a su antojo sus géneros preferidos y va punteando este thriller tan modélico como marciano con secuencias que se deslizan hacia otros sabores: el melodrama, pequeños toques bélicos, momentos oníricos y surrealistas y, ovación amigos... ¡cine de terror!. Pues sí, al menos dos secuencias completas (la del cementerio, de un gótico desaforado, y la del módulo C, puro horror expresionista) mezclan con temple los aromas del thriller (del que nunca se huye del todo) hacia un cine de género que, para sorpresa de un servidor, ya me hace desear una peli de terror del bueno de Martin. De hecho, ese aire enrarecido, sórdido y tormentoso, como de constante peligro inminente que rodea a toda la película, me hace pensar si, en realidad, no estamos más bien ante una muestra de terror psicológico disfrazada de thriller. Como os dije, muchas preguntas en el aire... Se ha comentado mucho también del preciso toque hitchcockiano de la peli, y lo cierto es que es algo difícil de rebatir. Hitchcock, el más oscuro e inquietante (VÉRTIGO o RECUERDA, quizás, y también LOS PÁJAROS) sobrevuela sobre SHUTTER ISLAND como una sombra alargada, sin duda un pequeño placer que se da a sí mismo un tipo tan cinéfilo como Scorsese. Me pregunto qué habría hecho Brian De Palma con semejante material... ¿dónde te escondes, Brian?. Pero no sólo Hitchcock, también obras maestras del cine negro clásico como LAURA o CORREDOR SIN RETORNO, de Samuel Fuller, están por aquí en mayor o menor medida, al igual que otros grandes de la serie B. Un homenaje soterrado que, en manos de cualquier otro, probablemente sería simple plagio.
El meollo de la cuestión, quizás, sean los polémicos momentos oníricos. Ejerciendo de orfebre, Scorsese engarza la trama con secuencias soñadas por Teddy Daniels, estallidos del subconsciente en los que, obviamente, se agazapan algunas de las claves de la película. Lo genial del asunto es que estas piezas (algunas de ellas bellísimas) no se aislan del conjunto, sino que más bien lo van fagocitando hasta trastornar la regla universal del cine: el punto de vista. No es que el punto de vista cambie de un personaje a otro, es que la propia naturaleza del mismo se transforma: lo que comienza siendo un relato objetivo muta en una subjetividad paranoica poco a poco hasta llegar a ese punto que suele poner nervioso a buena parte de la platea: "coño, ¿lo que estoy viendo es real o imaginario?". Desde los tiempos de la olvidada AL LÍMITE, con Nicholas Cage de conductor de ambulancias (peli a reivindicar pero ya), Scorsese no había hecho uso del delirio con una firmeza y convicción tan potente, y ese es precisamente el único escollo al que se tiene que enrentar el espectador, al que Scorsese, desde el principio, le ha planteado una cuestión básica: "¿juegas o no juegas?". Si la respuesta el afirmativa, vas a disfrutar mucho. Si tu cerebro se resiste, la película se te desmorona como un castillo de naipes.
Vamos con la estrella de la función. Siempre he pensado que el peor enemigo de Leonardo Di Caprio es su propia jeta de eterno jovenzuelo. Aprecio sus esfuerzos por salirse del canon, especialmente con su ya dilatada alianza con Scorsese (con la excepción de su inverosímil personaje para GANGS OF NEW YORK, que me destrozó la peli por sí solo), pero no he acabado de tragármelo en sus papeles adultos hasta SHUTTER ISLAND. Aquí sí. Di Caprio lidia con el personaje más difícil y complejo de su carrera, y no me queda otra que quitarme el sombrero ante un trabajo tan currado, sutil y entregado. El plantel que le rodea (pues su personaje es el prota absoluto de la función) está a la altura, lanzando constantes guiños al espectador en ese subtexto escondido que os comentaba. Desde los psiquiatras interpretados por Ben Kingsley y Max Von Sydow (eso es ir sobre seguro, qué cracks) hasta el personaje de Chuck, el compañero de Daniels, encarnado por Mark Ruffalo, un secundario sólo en apariencia anodino.
Si algo puede resumir una peli tan compleja y apasionante como SHUTTER ISLAND quizás sea la completa, redonda ambivalencia de su final. Cuando creemos que ya está todo el pescado vendido, el cabrón del italoamericano nos regala una última secuencia que retuerce la función en un nudo final, y con un ultimísimo plano que consigue, por sí solo, elevar a la película hasta una ambigüedad casi perfecta, dejando al espectador entre noqueado y desnortado. Si tienes a alguien al lado, sólo te hará falta mirarle la cara, pues lo más probable es que los dos tengais dos versiones distintas de la peli, y lo más cojonudo es que ambas pueden ser válidas. A la postre, SHUTTER ISLAND me ha parecido un auténtico y genuino divertimento cinéfilo de Martin Scorsese. Un artefacto que juguetea sin compasión con los géneros y las espectativas del espectador, una película que transpira pasión por el cine, una joya (otra más) en la filmografía del maestro, que será considerada como una "obra menor" pero que en mi opinión resulta mucho más estimulante y apasionante que sus últimas pelis, en las que la palabra "riesgo" parecía haber sido borrada del diccionario personal del director. Además, tengo la intuición de que SHUTTER ISLAND ganará con el tiempo, y soportará como una campeona la dura prueba del segundo visionado, algo en lo que la mayoría de su estilo suelen fracasar estrepitosamente. Sí, disfruté mucho con la última de Scorsese. Como un enano.
- Lo mejor: Martin Scorsese se arriesga en plan kamikaze con la fuerza de un principante y la sabiduría de un maestro
- Lo peor: es muy exigente con el espectador
CABEZAS
MULBERRY STREET / EEUU / 2006
Siempre me ha parecido que el subgénero zombie es el más político-social de todos los derivados del terror. MULLBERRY STREET es otro curioso ejemplo de ello. Rescato esta joyita de 2006 gracias a los fenómenos de cultmoviez, página de obligada visita para cualquier lector de Sesión Golfa. Opera prima de Jim Mickle de ínfimo presupuesto y grandes resultados, me alegra seguir comprobando que la serie B contemporánea, la auténtica, aún es capaz de parir films tan estimulantes como este. Mulberry St. es una calle real de Manhattan y uno de los centros neurálgicos de la vida italoamericana de la gran manzana, y en ella transcurre la mayor parte de la acción. Tan neoyorquina como cualquiera de Woody Allen, la escueta trama se toma su tiempo en presentar un vecindario muy modesto, variopinto y multirracial, un submundo que roza la marginalidad pero que permite empatizar con la rica galería de personajes que entran en juego, todos ellos muy bien planteados y desarrollados, y alejados por completo de los estereotipos teenager/fashion acostumbrados. No son títeres sin alma ni mera simple carne de cañón para el exterminio. Todo aquí supura verdad por los cuatro costados, incluido ese edificio vecinal ajado y decadente y los hogares de sus habitantes, plasmados con texturas sucias y un hermoso grano en la fotografía, cuya integridad es amenazada por la construcción de una gran torre de oficinas. Por otra parte, la guerra de Irak gravita en segundo plano en la historia, reforzando la veracidad de la función con pequeños apuntes. Evitando tópicos y cualquier tono de chufla (aunque la peli no es nada solemne), una vez entrados en harina la plaga estalla, y una vez más nos vemos inmersos en una cruenta batalla por la supervivencia que toma como modelo al moderno "infectado" pero añadiendo una curiosa variante zoológica. Estructurada en brillantes secuencias bien hilvanadas y aprovechando los escasos recursos al máximo, con puntuales momentos gore perfectamente encajados, el ritmo feroz y lo estimulante de su propuesta visual (que en ocasiones me recordó a las primeras pelis de David Cronenberg, VINIERON DE DENTRO DE... y RABIA) nos llevan de la mano sin descanso hasta el final, una rúbrica tremenda que rinde homenaje al creador de todo esto allá por 1968. MULBERRY STREET es una película notable, perfectamente pensada, planificada, rodada e interpretada, que además de las "delicias" que todos esperamos ofrece un inteligente y humanista plus de emotividad y un tono algo triste e incluso melancólico, punteado con esporádicos arrebatos de furia. Espero vuestras opiniones.
- Lo mejor: la rica galería de personajes y lo veraz de sus vidas y relaciones en un contexto tan de género
- Lo peor: que joyitas como esta sigan con una distribución/repercusión tan pésima, sobre todo por la ceguera integrista de todos los que siguen despreciando este género per se
CABEZAS
THE COLLECTOR / EEUU / 2009
La pareja de guionistas de las últimas entregas de la serie SAW (que sigo sin ver, ni ganas) cambian de tercio y se zambullen en el slasher sin perder esos toques de torture-porn que tanta fama y dólares (y clasificaciones X, jajaja) le han dado a la saga. A priori, merendola de higadillos más bien poco apetecible, pero una noche de sábado insomne cualquier cosa puede pasar frente a la pantalla y el cerebro no atiende a razones. Mayúscula sorpresa pues cuando a los 45 minutos de peli descubro que estoy atenazado al sofá como una garrapata al lomo de un perro callejero. Hasta que llegan los higadillos y la peli se convierte en más o menos lo que podíamos esperar, podríamos estar hablando de uno de los mejores hallazgos del género de los últimos años, ahí es nada. Esta primera mitad de THE COLLECTOR es un notable ejemplo de cómo manejar los resortes de un thriller de terror hasta llegar a un sublime estado de tensión constante usando con aplomo y sabiduría todos lo resortes audiovisuales, o dicho de otro modo, un trabajo milimétrico de puesta en escena, ritmo, montaje y planificación que se debe al señor Marcus Dunstan y, en igual medida, a la magnífica interpretación de Josh Stewart, muy por encima de lo habitual en este tipo de productos. El macabro juego del ratón y el gato que se traen entre manos protagonista y antagonista en el claustrofóbico escenario de una casa clausurada a cal y canto y plagada de trampas mortíferas merece por sí solo figurar desde ya en cualquier antología de género que se precie. El problema es que, sin que esa precisa labor de dirección flaquee en ningún momento, la trama no consigue dar mucho más de sí y en cuanto el psicópata comienza su labor más, digamos, creativa, la película se deja llevar por los consabidos tópicos que todos conocemos. Insisto, el trabajo tras las cámaras es excepcional en todo el metraje, pero la falta de consistencia en un guión demasiado esquemático y, sobre todo, la ausencia total de cualquier atisbo de explicación sobre lo que estamos viendo, acaba bajando el listón gravemente. Parece evidente que THE COLLECTOR quiere inaugurar una nueva franquicia, y quizás esa sea la razón de tal carencia de asideros a los que agarrarse, pues las pistas sobre las motivaciones de este nuevo asesino son tan difusas que, al final, la película acaba siendo un deslumbrante ejercicio de estilo sin sustancia. Imagino que esas tremendas lagunas quedarán subsanadas en posteriores entregas, pero son las que, precisamente, evitan que THE COLLECTOR sea por sí misma una película excepcional y se quede sólo en una grata sorpresa. Aún así, muy recomendada.- Lo mejor: la puesta en escena, sobre todo en su primera mitad, sencillamente ejemplar por su capcidad para poner en tensión cada nervio del espectador
- Lo peor: el esquemático desarrollo del guión y la frustración que generan tantas preguntas sin respuesta
CABEZAS
VINYAN / Francia-Bélgica / 2008
Sólo hay una cosa peor que un director de cine crea que es un genio, y es tratar de hacérselo saber al mundo entero. El belga Fabrice Du Weltz pertenece a esta categoría. Con sólo dos películas en su currículum, VINYAN y la delirante CALVAIRE, el bueno de Du Weltz ya se permite el lujo de titular su película a toda pantalla con su nombre (FABRICE DU WELTZ´S VINYAN), buscando una autoría y un prestigio que todavía le queda un poco grande. Muy poca trayectoria para estos arrebatos ególatras amigo. Los que me leeis ya sabeis que CALVAIRE me pareció una curiosa tomadura de pelo de lo más freak, que para nada alcanzaba la categoría de "perturbadora obra maestra" que parece que ansiaba (y que algunos no tardaron en anunciar a los cuatro vientos). VINYAN reincide en muchos de los aspectos chungos de su opera prima, pero resulta bastante más interesante. La historia se traslada a un entorno exótico, Birmania, y toma como telón de fondo el pavoroso tsunami que arrasó la zona en 2004. Precisamente la traumática experiencia de una pareja occidental que perdió a su hijo en la catástrofe es el eje central de una película a caballo entre el dramón psicológico, la aventura selvática y el terror, digamos, abstracto-infantil. La búsqueda del niño desaparecido deviene en uno de esos "descensos a los infiernos de la mente" en paralelo al viaje físico de la pareja, cuya cordura y lucidez se van diluyendo poco a poco mientras se internan en las profunidades ignotas de la jungla birmana. Guardando las distancias y la prudencia, a años luz del genio de Coppola, podríamos hablar de un remedo de APOCALYPSE NOW sin guerra, sustituyendo al coronel Kurtz por Josh, el niño perdido, y al personaje de Martin Sheen por la madre coraje lunática que interpreta con su habitual frialdad una recauchutada Emmanuelle Beart. Al final, una vez más, "el horror", absurdo, telúrico y abstracto y, esta es la pena, bastante gratuíto. Película de atmósfera y sordidez controlada más que de acción, VINYAN, pese a sus logros, tiene el problema de no saber muy bien qué hacer con los elementos en juego una vez alcanzado el nudo de la historia, repetitiva en su tramo central y difusa en su última parte, buscando una especie de solución casi chamánica y freudiana del trauma materno-infantil con ese final a la vez poético y terrible, pero mal desarrollado repecto a la psique de su personaje central. Resolución arriesgada que, curiosamente, me lleva a pensar en el ANTICHRIST de Lars Von Trier, pero rodado un año antes. ¿Habría visto el danés VINYAN antes de enfrascarse en su paranoia misógino-satánica? En cualquier caso, otra curiosa película de Fabrice Du Weltz, a la espera de que nos entregue en algún momento algo bueno de verdad.
- Lo mejor: su lograda y malsana atmósfera, algunas genialidades visuales y el eterno segundón Rufus Sewell, que logra sacar petroleo de su personaje-comparsa
- Lo peor: demasiado pretenciosa y artificiosa
CABEZAS
[REC 2] / España / 2009
Al fin he vuelto a entrar en el edificio maldito de Barna, ya era hora. Secuela directísima del [REC] original, ese auténtico pelotazo asesino que aterró al respetable en todo el mundo, punto de partida de la única franquicia moderna del cine de terror patrio que incluso contó con QUARANTINE, su fotocopia yanqui, [REC 2] nos pone en situación exactamente allí donde nos dejaron con los belfos de corbata, sin introducciones ni contemplaciones: en 10 minutos ya estamos otra vez con la taquicardia. El ente bicéfalo Balageró-Plaza es consciente de que no pueden clonar de nuevo el elemento sorpresa (eso es imposible) así que juegan a la inteligente baza de la multiplicación: más personajes, más carreras, más acción, más sangre y, sobre todo, más cámaras. Si en la original una de las grandes angustias del relato era precisamente el único punto de vista, un prodigio de planificación secuencial, en esta el punto de vista se disocia en diversos focos: no sólo la cámara de uno de los geos que entran a saco en el edificio (algo bastante inverosimil, pero efectivo) sino las microcámaras de los cascos de cada uno de los soldados y la irrupción por sorpresa de unos chavales con su videocámara doméstica. El dueto creativo sabe sacar petróleo de una fórmula tan acotada y cuadriculada como la original, a sabiendas de que el factor sorpresa ya está muerto, por lo que optan por hacer disfrutar al respetable pasándose por el forro la estricta verosimilitud de la que hacía gala la primera parte. Ningun problema. Decididamente volcada ya hacia el género fantástico y la serie B verbenera, hecha por y para el disfrute del aficionado, además la película da una vuelta de tuerca hacia el origen mismo de la plaga: de infectados a poseídos en un minuto, los entes babeantes ya no son zombies rabiosos, son demonios peliculeros que recuperan el don de la palabra, imitan voces y sueltan blasfemias cochinas, y que me recordaron a los entrañables DEMONS de aquella caspa italiana ochentera. Hasta tenemos a un imposible sacerdote gritón recortada en mano. [REC] fue una peli tan furiosa, valiente y única que es imposible de superar, ni siquiera de igualar. Así pues, todas estas pequeñas novedades son bienvenidas para oxigenar un poco la repetitiva función, porque sobra decir que la estructura misma del relato es clavada a la original, un paseo por ese maldito infierno que, otra vez, culmina en el ático, un escenario cuyos recovecos, puertas, escaleras y trampillas ya son del todo familiares para el aficionado. He leído por ahí que [REC 2] ocupa el mismo lugar que ALIENS ocupó en su propia saga, y algo de eso hay, sin duda. Incluso tenemos una aparición especial (espectacular) de Manuel Velasco ya en plan Ripley desatada que encierra la sorpresa gorda de la función. Digna, vibrante y disfrutable al 100%, con momentos de auténtica angustia y terror, una inteligente continuación que, no obstante, ya presenta muestras de agotamiento de su propia fórmula en la repetición de situaciones y esquemas argumentales, por lo que sorprende, emociona y entusiasma mucho menos que la original, pero aún así una virguería visual que explota a tope todos los recursos disponibles dentro de sus estrictos parámetros.
- Lo mejor: la inventiva para exprimir y flexibilizar el concepto original todo lo posible, y la violenta planificación visual, brillante
- Lo peor: las propias normas que dictaron la original pesan como una losa sobre esta secuela, y como en la primera, algunos actores siguen chirriando
CABEZAS
INK / EEUU / 2009
Sigo poniéndome al día con todo lo que me perdí en 2009. Hoy le toca el turno a una de las propuestas más bizarras y curiosas de la temporada pasada, una película absolutamente independiente y autoproducida (ni siquiera cuenta con el respaldo de una distribuidora conocida), con un presupuesto ínfimo (unos 250 mil dólares), que es obra de un debutante y que, además, logró cierta repercusión exclusivamente a través de la red. Gracias a entusiastas reseñas de blogs como este, del boca a boca y a las descargas "piratas" de una versión filtrada, el gran interés que despertó la película fuera de los circuitos comerciales pilló a sus creadores desprevenidos, y en lugar de que INK acabase muriendo en un cajón, esta sinergia virtual respaldó que sus autores pudieran estrenarla en algunos cines y comercializar sus correspondientes versiones en DVD y Blu-Ray, algo que en un inicio ni siquiera se habían planteado, todo ello al margen de la industria. Los vociferantes piquetes antipiratería que todos conocemos deberían tomar nota y dejar de vivir en la edad media cultural. Volviendo a la película en sí, INK es una de esas obras que es muy difícil definir, y mucho menos etiquetar. Fantasía neo-gótica con un pie en la realidad y otro en los sueños, a medio camino entre el barroco empaque visual de Terry Gilliam, los multiversos de MATRIX, los tics visuales de Darren Aronofsky (como ese montaje-hip-hop tan característico o el tratamiento de la música) y una épica retro-medieval que me recordó a CRISTAL OSCURO, INK acaba resultando una película fascinante por su extrañeza y osadía, algo desconcertante en su inicio pero con un tramo final tan emotivo que me pilló por sorpresa. Aunque hay algunos elementos en la peli que, personalmente, no me convencen del todo (ese look tan digital no acaba de gustarme, la planificación de la acción me parece confusa) y la película tiene algunos de los pasotes típicos de las operas primas entusiastas (querer contar demasiadas cosas y manejar demasiados conceptos, algunos pesonajes poco definidos), Jamin Winans sabe sortear los enormes escollos a los que se enfrenta (principalmente presupuestarios) a base de ingenio, talento y un buen elenco de actores, evitando todo lo posible el rollo amateur y fijando unas coordenadas personales que transitan a la vez por terrenos épicos e íntimos, oníricos y terrenales. Una peli muy pequeña pero con amplitud de miras que no se amilana ante nada y que, pese a sus defectos y falta de síntesis, resulta una propuesta de lo más sugestiva para cualquier interesado en ver algo distinto y, repito, con una carga emotiva que va creciendo según avanza el metraje. Imagino que Jamin Winans será fagocitado en breve por la gran industria y su creatividad reconducida a los cauces mainstream, pero siempre quedará INK para el recuerdo, una pequeña gema que demuestra que la voluntad creativa puede estar por encima de otros factores. Ya se están haciendo películas de género al margen de los cauces establecidos, echadle un vistazo al trailer. Esto es sólo el principio...
- Lo mejor: su libertad de concepto, el talento visual de su director y su intensa carga emocional
- Lo peor: demasiadas cartas en juego
CABEZAS
MOON /Inglaterra / 2009
Dirección: Duncan Jones
Dirección: Duncan Jones
Producción: Stuart Fenegan y Trudie Styler
Música: Clint Mansell
Fotografía: Gary Shaw
Montaje: Nicolas Gaster
Diseño de producción: Tony Noble
Vestuario: Jane Petrie
Interpretación: Sam Rockwell (Sam Bell), Kevin Spacey (voz de Gerty), Dominique McElligott (Tess Bell), Kaya Scodelario (Eve Bell), Benedict Wong (Thompson), Matt Berry, Malcolm Stewart
Guión: Nathan Parker; basado en un argumento de Duncan Jones
Todavía estoy recuperando esas pelis que se me escaparon el año pasado, y carajo, MOON es de las gordas. La ópera prima de Duncan Jones, tipo al que habrá que seguir la pista a partir de ahora (y como dato anecdótico, hijo de David Bowie), apuesta por un relato íntimo, minimalista y de pura ciencia ficción, o como dicen ahora, hard sci-fi, for the glory of my mother. En otras palabras, ese tipo de ciencia ficción cuya espectacularidad se sostiene sobre conceptos, no sobre efectos especiales y trucos de magia. Rebosante de ideas y de talento narrativo y visual, con una pizca de provocación y otro poco de homenaje, sin duda MOON es un festín para los amantes del género un poco hasta los belfos de fuegos artificiales y estruendo sideral.
La suma de ingredientes de MOON es de lo más excitante. Jones tiene las agallas de tomar como referente principal, estético y visual, incluso en tempo y cadencia, la obra maestra definitiva del género, 2001, ese milagro que hoy, cuarenta y pico años después de su estreno, aún sigue adelantado a su época. No es una copia (eso sería suicida), es un sólido referente. Picotea de otros maestros, sobre todo al genial polaco Stanislaw Lem y algunas ideas sabiamente plasmadas en su imprescindible DIARIO DE LAS ESTRELLAS, aquellas que retratan la soledad del astronauta y sus desvaríos, perfiladas con una pizca del SOLARIS del mismo autor, y lo sazona con unas gotitas del Philip K. Dick más paranoico y detalles que son puro Isaac Asimov. No está nada mal. Pero Duncan Jones es un hombre de su tiempo y redondea el sabroso guiso con un tono general bastante indie que en esta ocasión es del todo estimulante, algo inaudito en una película de ciencia ficción, apoyado sin duda por la constante presencia de su absoluto protagonista, un Sam Rockwell en estado de gracia.
Punto y a parte merece la interpretación de Sam Rockwell desde luego. Suya es la responsabilidad de hacer, en última instancia, que una peli tan espartana y minimalista se sostenga sin flaquear, un one-man-show perfectamente orquestado que al fin otorga a este extraordinario actor el protagonista que se merece. Habitual secundario en multitud de productos gafapasteros, un roba-planos como la copa de un pino en cualquiera de sus registros (aunque bastante proclive al esperpento), en MOON tiene la surrealista y nada sencilla tarea de competir en muchos planos... consigo mismo, el terror de cualquier actor mediocre, y además otorga a la película un plus de fragilidad que consigue evitar la grandilocuencia, ese estigma que persigue a este tipo de películas como una funesta sombra. Pese a la insistencia de productores para elegir a una estrella de renombre para tan estelar papel, y la insistencia de Kevin Spacey por llevarse el gato al agua, la elección de Jones es perfecta. Al final el bueno de Spacey tuvo que conformarse con ser la voz de Gerty, el compasivo ordenador de la base lunar, y único partenaire del atribulado Sam en su periplo existencial. Gerty es otro de los aciertos de la película, que prescinde de lo previsible (la "máquina malvada") para construir uno de los ejemplos más fascinantes de lo que podría dar de sí un imposible "ordenador bondadoso", cuya directriz principal en su programación es "estoy aquí para ayudarte", visualizado con un delicioso diseño retro cuyos estados de ánimo se plasman con sencillos emoticonos.
Como en cualquier peli de género, el diseño de producción es vital para hacer creíble la historia, y también en este apartado MOON acierta. Un rollo muy retro basado en lo pragmático frente a lo fashion, y visualizado con abundancia de maquetas frente a los frios píxeles (genial), un trabajo de efectos que en ningún momento resulta ni agobiante ni un pasote, sino que, como debe ser, ayuda a crear la atmósfera necesaria en este cuento sobre la soledad, la búsqueda de la identidad y la noción de humanidad, temas todos clásicos en la literatura y el cine de ciencia ficción desde siempre. Mención especial también a la banda sonora de Clint Mansell, habitual de Darren Aronofsky, un puto genio que ya tiene en su haber al menos dos obras maestras de la música para el cine: la estremecedora REQUIEM POR UN SUEÑO y la bellísima THE FOUNTAIN.
Casi todo en esta fabulosa pelicula encaja en su sitio (recordemos: es una ópera prima), y la labor de Duncan tras la cámara también, nunca con subrayados innecesarios ni pasotes visuales, manteniendo una cadencia casi musical en la mayor parte del metraje de un sólido guión que sabe dosificar la información cuando otros hubiesen esperado a uno de esos giros finales epatantes para mostrarte el pastel, cuyo único punto flaco, quizás, sea que cuando todas las cartas se han puesto sobre la mesa la película llega a su tramo final con cierta falta de aliento o intensidad. No obstante, la trabajada ligereza del conjunto, que esconde muchas capas de significación, consigue salvar el escollo con notable alto. Un tono más trascendente o alambicado, más plomizo, hubiese sido la muerte de la película, que tiene el acierto de lanzarnos estímulos para la reflexión sin hacer nunca demasiado hincapié en ellos. Una verdadera delicia para cualquier aficionado al cine, y de visionado obligatorio para los amantes de la ciencia-ficción, que seguro que van a encontrar en MOON más de un momento de gozo, y otro de esos casos en los que me he tenido que morder la lengua para no fastidiarle a nadie la función. Duncan, has puesto el listón muy alto, te estaremos vigilando...
- Lo mejor: su arriesgada apuesta por un tipo de ciencia-ficción bastante en desuso, y que la jugada salga redonda
- Lo peor: un tramo final un tanto arrítmico y algo apático
CABEZAS
LA HERENCIA VALDEMAR / España / 2009
Dirección, guión y producción: José Luis Alemán
Producción ejecutiva: Íñigo Marco
Producción ejecutiva: Íñigo Marco
Música: Arnau Bataller
Fotografía: David Azcano
Montaje: Frank Gutiérrez
Dirección artística: Luis Valles
Vestuario: Bina Daigeler
Interpretación: Daniele Liotti (Lázaro), Óscar JaenadaLaia Marull (Leonor Valdemar), Silvia Abascal (Luisa Lorente), Rodolfo Sancho (Eduardo), Ana Risueño (Dra. Cerviá), Paco Maestre (Aleister), Ana Bullón (Beatriz), Norma Ruiz (Ana), Paul Naschy (Jervás), Eusebio Poncela (Maximilian)
Voy a intentarlo. Voy a tratar de no ser cruel y hacer una crítica constructiva de LA HERENCIA VALDEMAR. Sé muy bien que no es fácil hacer este tipo de cine en España, y menos cuando se aboga abiertamiente por una "vuelta al clasicismo". No hay nada negativo en ser ambicioso para levantar un proyecto de la (supuesta) embergadura de este film, y menos sin contar con ayudas de la administración, aunque otro tema es si eso es una virtud en sí misma, como el tal Alemán nos lo ha hecho saber cansinamente en la campaña promocional. Y por supuesto, desde Sesión Golfa se sigue con voracidad cualquier cosa que, remotamente, huela a Lovecraft, asunto que también ha sido repetido hasta la saciedad por el equipo de la película, aunque ahora dudo si por verdadera devoción al maestro de Providence o porque su firma está libre de derechos desde hace años. El problema es que las buenas intenciones no levantan por sí solas una buena película, y LA HERENCIA VALDEMAR es una muestra evidente, y hasta cierto punto dolorosa. Vamos por partes.
Ese bastón es lo más lovecraftiano que vais a ver en esta peli...
Para empezar, esto no es una película, es media película, en el sentido más literal del concepto. Ninguna de las tramas y subtramas que se plantean llegan siquiera remotamente a cerrarse, su validez como obra independiente es nula, y a cualquier espectador no avisado le va a provocar una fuerte frustración, o directamente un cabreo supino. No me extraña. El abrupto corte que precede a los créditos deja al respetable en un estado de incredulidad fruto de una desconcertante estructura interna: la historia, o mejor, las historias, que para más inri tratan de abarcar presente y pasado en paralelo, están planteadas y desarrolladas de una forma tosca y pueril, yuxtaponiendo fragmentos narrativos que funcionan como bloques de hormigon, totalmente impermeables entre sí y muy, muy pesados. No hay sensación de conexión entre el ominoso pasado y el inquetante presente, tan solo una cansina voz de off en la que un personaje cuenta la historia a otro, sin dinamismo y escasa interactividad. Una historia que bebe de cien mil clásicos de la literatura de género (de los que Lovecraft es sólo uno de ellos, ojo) pero que es incapaz de transcurrir con fluidez en su conjunto, a pesar de algunos ocasionales diálogos bien trabajados, más bien poco frecuentes. En resumen, un guión mediocre que necesitaba unas cuentas vueltas más para pulirlo y darle brillo.
Seguimos con las interpretaciones, que basculan entre lo correcto y lo patético, o dicho de otra forma, los buenos intérpretes hacen bien su trabajo, el resto están abandonados a su suerte, da la sensación de que no hay una dirección de actores en curso, incluso el tono entre ellos choca por su variedad de registros. Silvia Abascal y Laia Marull cumplen con sus esforzados papeles, dramáticos y realistas; Paco Maestre se lo pasa pipa interpretando a un Aleister Crowley verbenero que no hay dios que se crea que es inglés, está en otra película; Paul Naschy resulta entrañable sólo por el cariño que nuestros ojos depositan en él; Daniel Liotti cambia de acento en cada escena; Eusebio Poncela, con imposible peinado y personaje, actúa en la misma peli que Maestre; Jimmy Bartanán, absurdo como periodista decimonónico, parece estar en una parodia de Alex de la Iglesia, y los secundarios... bueno, excepto alguna excepción, sólo provocan verguenza ajena. Un lastre muy pesado para una película con vocación coral.
Del apartado técnico, aleluya, sólo cosas positivas. Ambientación, tanto presente como pasada, muy lograda, efectivos decorados, un rico vestuario, y buen juego de luces y tonos cromáticos apropiados para cada parte del relato. Excelentes efectos de maquillaje, bien creados y dosificados a lo largo del metraje, correctos detalles de mattes digitales, que dan algo de profundidad a las escenas que lo requieren y buen uso del sonido. Todo muy profesional, excepto por una banda sonora mal elegida y, ante todo, muy mal editada, que en la primera mitad de la peli me resultó cargante e innecesaria con sus molestos subrayados, demasiado chirriante en los momentos de tensión (la tasación de la mansión) que lo que pedían a gritos era silencio, no estruendo y violines con epilepsia.
Finalmente, una fea conclusión que empapa toda la película. Revisando los créditos, LA HERENCIA VALDEMAR tiene un responsable último, director, guionista y productor, de nombre Jose Luis Alemán. Suya es la paternidad total de la obra, y mi opinión, llegado a este punto, es clara: no está a la altura de sus ambiciosas intenciones, ni es capaz de manejar con solvencia el embolado que tiene entre manos. Quizás movido por un exceso de confianza (o por no dejarse aconsejar), la película da la sensación de tener a un gran equipo detrás pero a un capitán muy verde en sus tareas al que la empresa que acomete le viene muy grande. Todo lo que a él le incumbe está cogido por los pelos, y la labor de dirección pura, de puesta en escena y ritmo, adolece también de un toque amateur que chirría frente a la solvencia del resto de apartados. Hay secuencias que funcionan (la aparición del no-muerto en la casa), pero el conjunto es desigual, arbitrario y poco cohesionado. Parece un gran juguete puesto en unas manos aún muy inexpertas. Para acometer un proyecto de las características de LA HERENCIA VALDEMAR con el hándicap de ser una ópera prima hay que derrochar mucho talento, o al menos haberse fogueado a base de bien en miles de cortos, y Alemán no disfruta de ninguna de las dos condiciones. No hay un estilo definido más allá de la quimérica "búsqueda del clasicismo". Prometo aquí y ahora que si su segunda parte (más bien su segunda mitad) funciona como es debido, si de una maldita vez alguien tiene las agallas de zambullirse en los inframundos lovecraftianos, me tragaré mis palabras en público, aunque dado que todo se rodó a la vez, tampoco tengo mucha confianza en ello. Lo que más me jode es que un proyecto tan a priori sugestivo como LA HERENCIA VALDEMAR, al final, será tomado a chufla (es otra manera de disfrutarlo) y que, como mucho, quizás se convierta en una peli de culto psicotrónica por parte de los amantes patrios del género más frikis, porque en el fondo la peli lo acaba siendo. Algo, desde luego, muy alejado de sus pretensiones. Una pena.
Ah, por cierto, y de Lovecraft... más bien poco, por mucho que se nos prometa que el grandote de los tentáculos tendrá su aparición especial en la segunda parte. Sólo rastros, citas y algún concepto aislado, lo de siempre.
- Lo mejor: el trabajo técnico en su conjunto, algunos diálogos puntuales y la interpretación kamikaze de Paco Maestre
- Lo peor: la tosca estructura del guión, la falta de personalidad visual y un 75% de los actores
CABEZAS
Sepan que he añadido la sección ESLABONES al fondo a la izquierda, donde bastantes de ustedes se encuentran reflejados/as. Si por algún motivo alguien quiere que el enlace sea eliminado, Sesión Golfa lo seccionará por la base del cráneo con premura. Y con esto, ahora sí, doy por finiquitadas las labores de desescombro del blog. Como siempre, gracias a todos y todas por estar ahí.
PANDORUM / EEUU-Alemania / 2009
Si PANDORUM se hubiese estrenado hace 20 años, estaríamos hablando de una entrañable y efectiva película de ciencia-ficción de serie B. Como parece que la serie B ya sólo existe en los reductos directos a DVD, y que lo que se estrena se enmascara con sofisticados oropeles tecnológicos para ganar en impacto y pretensiones, no queda más remedio que incluir la tercera obra del alemán Christian Alvart en la misma liga que HORIZONTE FINAL, SUPERNOVA o SUNSHINE, cintas de las que, en mayor o menor medida, PANDORUM sablea imágenes y conceptos sin misericordia, referencias que a su vez nos llevan directamente al ALIEN primigenio de Ridley Scott, esa obra maestra de la ciencia-ficción y el terror espacial que, más de 30 años después de su estreno, aún despliega sus tentaculares aciertos como el primer día. Con esto bastaría para clausurar la reseña, la verdad, pero debo añadir que PANDORUM empieza realmente bien, con las dosis justas de inquietud y misterio y una sobresaliente atmósfera claustrofóbica, a lo que ayuda la imaginativa puesta en escena de Alvart y el extraordinario diseño de producción y escenografía de la nave (de lo mejor de la película). En su tramo central, cuando la amenaza se hace explícita y los mutantes circenses empiezan con sus cabriolas, la cinta se vuelve de lo más trillado y vulgar y se convierte en un pastiche de baja estofa, usando recursos propios de la verbena postmoderna que tanto nos ha tocado sufrir a los aficionados al género: una ridícula eco-bióloga imitando a Lara Croft, un vagabundo caníbal que nos "explica" la película en un par de secuencias porque los guionistas no han sabido hacerlo de otra manera, y un montón de patadas voladoras y "misiones imposibles" mientras el bueno de Dennis Quaid se limita a apretar botones en la otra punta de la nave. Afortunadamente, en el último acto (que los yanquis siguen a rajatabla sus propios manuales de guión, oiga) la cosa retoma en buen rumbo y nos ofrece un plus de inteligencia y sentido, y un hermoso final que cualquier aficionado a la ciencia-ficción más pura seguro que aplaude con entusiasmo. Así pues, una pelicula irregular y errática, que no acaba de decidirse por un tono definido porque pretende abarcar demasiado (ahora soy de acción discotequera, ahora de terror claustrofóbico, ahora de sci-fi especulativa) pero que en conjunto resulta muy entretenida y perfectamente disfrutable para los que hemos gozado como enanos con los referentes arriba mencionados.
- Lo mejor: la nave, la claustrofobia, los aislados momentos de brillantez conceptual
- Lo peor: su voracidad comercial la hace transitar por la mediocridad en demasiados momentos
CABEZAS
Efectivamente, tras dos días de intensos experimentos, he conseguido revivir el blog sin destrozarlo del todo, con un buen lavado de cara para esta nueva década y un par de detalles absurdos que he sido incapaz de corregir. Para celebrarlo, ya podeis votar en la encuesta que teneis a la izquierda, golfos, a ver qué os apetece leer próximamente de los informes que os propongo. También os invito a opinar sobre este nuevo diseño y soltar todos los vituperios que se os pasen por la mente.
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