Culpables
Lo más golfo
Golfos
Filmografia
-
►
2013
(70)
- ► septiembre (6)
-
►
2012
(56)
- ► septiembre (3)
-
►
2011
(55)
- ► septiembre (4)
-
►
2010
(73)
- ► septiembre (6)
-
►
2009
(93)
- ► septiembre (4)
Parque Temático
- 10 (1)
- 2 (6)
- 3 (7)
- 4 (16)
- 5 (30)
- 6 (84)
- 7 (100)
- 8 (44)
- 9 (11)
- Acción (88)
- Animación (25)
- Asia Extreme (17)
- asuntos internos (40)
- Aventuras (27)
- Ciencia-Ficción (67)
- Comedia (89)
- Cómic (20)
- Cortometrajes (9)
- Dario Argento (7)
- De Culto (26)
- destripando (104)
- Documental (7)
- Drama (135)
- Fantástico (64)
- Fotodrama (9)
- Gilliam (6)
- Gore (50)
- Hammer (4)
- Incunables (3)
- Informe (26)
- Lince Studios (14)
- Los 50 (1)
- LOS 60 (5)
- LOS 70 (13)
- LOS 80 (4)
- LOS 90 (3)
- Lynch (8)
- Musical (7)
- Nocturna 2013 (9)
- Nocturna 2014 (5)
- noticiero (21)
- Remake (11)
- SIGLO XXI (280)
- Sin Cabezas (4)
- Sitges 2010 (6)
- Sitges 2011 (8)
- Sitges 2012 (13)
- Terror (157)
- Thriller (73)
- Trailers (55)
- TV (1)
- Western (3)
- Zombies (5)
- Zombiexpress (198)
Eslabones
-
-
NIGHTCRAWLER – Visionary (2020)Hace 6 años
-
Feliz Navidad.Hace 7 años
-
-
-- Criaturas Fantasticas --Hace 9 años
-
-
maestrosHace 11 años
-
TERRITORIAL PISSINGSHace 12 años
-
Visionarios
Mostrando entradas con la etiqueta Incunables. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Incunables. Mostrar todas las entradas
THE INNOCENTS / Inglaterra / 1961
- Dirección: Jack Clayton
- Guión: Truman Capote y Willian Archibald, basado en la novela OTRA VUELTA DE TUERCA de Henry James
- Fotografía: Freddie Francis
- Música: Georges Auric
- Intérpretes: Deborah Kerr, Peter Wyngarde, Megs Jenkins, Pamela Franklin, Michael Redgrave, Martin Stephens
- Dirección: Jack Clayton
- Guión: Truman Capote y Willian Archibald, basado en la novela OTRA VUELTA DE TUERCA de Henry James
- Fotografía: Freddie Francis
- Música: Georges Auric
- Intérpretes: Deborah Kerr, Peter Wyngarde, Megs Jenkins, Pamela Franklin, Michael Redgrave, Martin Stephens
A veces hay que echar la vista atrás para disfrutar de un poco de aire fresco. Regresar a THE INNOCENTS te recuerda que una película puede ser pura magia, no necesariamente blanca. Esas películas que se inyectan en la piel y una sensación-chute perdura mucho más allá del final de los créditos. Las que no te dan una papilla regurgitada sin sustancia sino misterio y ninguna certeza. En 1961 el británico Jack Clayton rodó hasta la fecha y sin discusión la mejor adaptación del clásico de Henry James UNA VUELTA DE TUERCA, una de las novelas de terror más adaptadas (y sableadas, ¿eh amigo Amenabar?) de todos los tiempos, cosa llamativa cuando es una historia en la que, siendo rigurosos, no ocurre nada. Etiquetada con alegría como "película de fantasmas", THE INNOCENTS pone en solfa la cuestión y marca el tono de la película desde sus mismos títulos de crédito iniciales: tras los créditos de la 20th Century Fox (por primera vez sin su famosa fanfarria) suena la espectral voz de una niña entonando una canción. En siniestras penumbras, una mujer joven reza al borde del desmayo una plegaria para proteger a "los inocentes", rodeada de oscuridad. Por puro contraste, THE INNOCENTS es una película visualmente luminosa, las tinieblas no están precisamente en el paisaje exterior. La obsesiva voz interior de la joven institutriz nos habla de un alma puritana y reprimida mientras una araña se come a una mariposa y de la boca de la estatua de un querubín surge una cucaracha.
El corsé decimonónico esconde bajo las enaguas todo un mundo de perversión. THE INNOCENTS es, ante todo, una película muy perversa y, en esencia, un drama psicosexual. Una pareja de niños, hermanos, esos inocentes, capaces de hacer enloquecer de deseo a una monja. Poca broma. Detrás del velo de prodigiosa belleza visual de esta película, gracias a un Jack Clayton en estado de gracia (y perversión) y a su director de fotografía, el maestro Freddie Francis (habitual de la Hammer y que ya en los 80 rubricó otra obra maestra con su luz: EL HOMBRE ELEFANTE, de David Lynch), cuyo asombroso trabajo durante todo el metraje tiene momentos insuperables. Comparad, por ejemplo, la larga secuencia en la que Deborah Kerr recorre la casa a la luz de un candelabro con cualquier secuencia "con velas" rodada hoy. La gradación de la luz de esta película, que progresivamente va hundiéndose en las tinieblas, rima con las sensaciones que poco a poco nos infectan, arrastrados por un guión que es una virguería mental, cortesía de, en pie señores, Truman Capote.
THE INNOCENTS nunca deja de juguetear con la más clásica imaginería gótica propia de las "casas encantadas" (mansión victoriana, un jardín a la orilla de un lago que es puro romanticismo decadente, velas y candelabros, escaleras y pasillos interminables, reflejos en las ventanas...) e incluso por instantes se zambulle en los resortes más elegantes del terror clásico, pero siempre da la sensación de que hay algo más que lo que vemos, escondido entre las brumas psicológicas de la protagonista. Película "mental" como la que más, debajo de todo el bellísimo armazón audiovisual se agazapan asuntos tan oscuros como la represión y el abuso sexual, indicios de pederastia y, si nos ponemos exquisitos, la posibilidad de un incesto. Todo este trasfondo, progresivamente más y más pegajoso y terrible, tiene su punto culmen en el arrebatado climax final (esos alaridos de la niña en off, pura demencia) que culmina en un duelo mental entre la institutriz y el niño (ese niño que se comporta como un adulto, beso en la boca incluido), de una violencia e intensidad que corta la respiración.
Al igual que en la novela, el debate si THE INNOCENTS es una historia de fantasmas reales o no, a la postre, carece de importancia, aunque hay pistas para el que quiera leer entre lineas (mucha atención a la primera conversación con el tío de las criaturas). Aunque el primer impulso es interpretar la película en uno u otro sentido, pocas veces se apunta que ambas tesis pueden ser complementarias. Jack Clayton regaló al mundo una de las películas más fascinantes, poéticas e intensas de la historia, todo un tratado sobre las esquinas más retorcidas de la psique humana y los extraños misterios de la vida, sobre la belleza, la inocencia y lo que se esconde entre las sombras. Obra de arte.
- Lo mejor: un festín para los sentidos y la mente
- Lo peor: nada
CABEZAS
![]() |
| Mapa mental de una posible perturbada |
THE INNOCENTS nunca deja de juguetear con la más clásica imaginería gótica propia de las "casas encantadas" (mansión victoriana, un jardín a la orilla de un lago que es puro romanticismo decadente, velas y candelabros, escaleras y pasillos interminables, reflejos en las ventanas...) e incluso por instantes se zambulle en los resortes más elegantes del terror clásico, pero siempre da la sensación de que hay algo más que lo que vemos, escondido entre las brumas psicológicas de la protagonista. Película "mental" como la que más, debajo de todo el bellísimo armazón audiovisual se agazapan asuntos tan oscuros como la represión y el abuso sexual, indicios de pederastia y, si nos ponemos exquisitos, la posibilidad de un incesto. Todo este trasfondo, progresivamente más y más pegajoso y terrible, tiene su punto culmen en el arrebatado climax final (esos alaridos de la niña en off, pura demencia) que culmina en un duelo mental entre la institutriz y el niño (ese niño que se comporta como un adulto, beso en la boca incluido), de una violencia e intensidad que corta la respiración.
![]() |
| La portada del primer disco de Black Sabbath junto al lago |
Al igual que en la novela, el debate si THE INNOCENTS es una historia de fantasmas reales o no, a la postre, carece de importancia, aunque hay pistas para el que quiera leer entre lineas (mucha atención a la primera conversación con el tío de las criaturas). Aunque el primer impulso es interpretar la película en uno u otro sentido, pocas veces se apunta que ambas tesis pueden ser complementarias. Jack Clayton regaló al mundo una de las películas más fascinantes, poéticas e intensas de la historia, todo un tratado sobre las esquinas más retorcidas de la psique humana y los extraños misterios de la vida, sobre la belleza, la inocencia y lo que se esconde entre las sombras. Obra de arte.
- Lo mejor: un festín para los sentidos y la mente
- Lo peor: nada
CABEZAS
Retomo la entrañable sección de Incunables y la mezclo con un breve Informe para ventilarme un comentario a cerca de una de las trilogías de ciencia-ficción más deliciosas de la historia del cine: el tríptico del doctor Quatermass producido por la mítica factoría inglesa Hammer entre las décadas de los 50 y los 60.
EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR QUATERMASS de Val Guest (1955)
Aunque la Hammer ya tenía un historial de 20 años realizando policiacos y comedietas de baja estofa para públicos poco exigentes, éste es su primer gran éxito de público y crítica, el título que puso a la productora inglesa en el candelero y la película que empezó a configurar su merecida fama como La Casa Del Terror. Tras comprar los derechos de un célebre serial radiofónico, recultan al eficaz artesano Val Guest para la dirección y le rodean de algunos de los jóvenes talentos que más tarde se convertirían en parte del "nucleo duro" de la empresa: Lester Bowie a los efectos especiales y James Bernard a la música. EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR QUATERMASS supone la presentación del homónimo personaje, un huraño, malencarado y antipático doctor en ciencias físicas que se dedica, muy a su pesar, a luchar contra variadas invasiones alienígenas (una distinta en cada entrega) que insisten en asolar distintos parajes de la campiña inglesa, e incluso en destruir la mismísima London City. Supone también una especie de reacción a todo ese cine de género yanqui que inundó las pantallas durante los años 50 a base de platillos volantes de juguete y psicotrónicos invasores verdes de cartón piedra en plena Guerra Fría. En la trilogía de Quatermass no hay ovnis como tales, y los extraterrestres son cualquier cosa menos hombrecillos verdes. Una vuelta de tuerca que mezcla ciencia avanzada (que hoy nos parece descacharrante, ¡esos diseños!) con terror cósmico y unos toques de cine de acción conspiranoico, un cocktail que visto hoy día resulta de lo más moderno y refrescante.
En esta primera parte, un cohete (el experimento al que alude el título, sacado de un tebeo de Tintín) regresa a la Tierra tras su periplo espacial más allá de nuestra galaxia. De sus tres tripulantes, dos se han convertido en pedacitos de gelatina, y el único superviviente se encuentra en una especie de estado catatónico, vive en un mundo de tinieblas mientras su cuerpo está mutando en algo asqueroso. Se ha traido "algo" del espacio exterior dentro de sí. El pobre incauto, cansado de los manoseos médicos, escapa del hospital con ayuda de su novia, que se muere del susto cuando descubre que su brazo derecho se ha convertido en una especie de masa musgosa, razón de más para una ruptura sentimental. Mientras, en bueno de Quatermass, interpretado por Brian Donlevy, un retaco cuadrado que no se quita la gabardina ni muerto, entra y sale de los decorados a toda velocidad, discute con todo el mundo y demuestra una hiperactividad más propia de un cartoon que de un prejubilado como él. Finalmente, el astronauta, que ahora es una cosa informe que repta por muros de diez metros y asusta a borrachinas sin techo, decide que si ha de morir lo mejor es terminar sus días electrocutado en la abadía de Westminster, marco incomparable que sin embargo es visualizado con un lamentable pulpo de goma subido a un andamio. A pesar de sus carencias presupuestarias y un monstruo final más que penoso, la película tiene un montón de hallazgos que se han repetido hasta la saciedad en el cine de ciencia-ficción y que siguen siendo tan disfrutables hoy como el primer día. De ritmo trepidante (su primera media hora es rapídisima), condensa en apenas 78 minutos una nueva forma de encarar el género, de un modo más serio, abstracto y terrorífico que sus contemporáneos norteamericanos, jugando con la psicología de masas y el suspense y regalándonos un personaje ya icónico en la historia del género.
CABEZAS
QUATERMASS 2 de Val Guest (1957)
Tras el tremendo éxito, y porque la Hammer siempre ha sabido exprimir el limón como nadie, en dos años la productora ya tenía en circulación una segunda parte, además de una especie de auto plagio (X-THE UNKNOWN) en verdad lamentable en el que no merece la pena gastar dos palabras. Con el mismo equipo técnico que la primera, QUATERMASS 2 arranca otra vez a toda castaña, con una pareja huyendo en coche por la campiña inglesa. A él un meteorito le impactado en la jeta, literalmente, y le ha dejado una extraña marca, como una quemadura en forma de V. Quatermass, que pasaba por allí, empieza a mosquearse con el asunto, y en seguida descubre que cerca hay una especie de complejo militar secreto que, para más inri, es una copia de un proyecto propio de una base lunar que fue rechazado por el congreso, y es que Quatermass no pierde el tiempo, amigos. A su colega unos militares con mascarilla le parten la cara y se lo llevan, por curioso, pero él, que sigue siendo un armario de dos puertas, consigue huir. A partir de aquí, un puro delirio conspiranoico en el que el buen doctor se pelea, con su habitual mala leche y determinación, con todos los estamentos posibles: policía, congresistas, científicos, militares... dispuesto a desenmascarar una sucia trama gubernamental en la que nada es lo que parece. Mientras, los hombres "marcados" por la misteriosa quemadura se multiplican, y dejan de ser ellos y se convierten en especie de zombies autómatas que sólo responden a una directriz (¿os suena?). A la vez, la lluvia de pequeños meteoritos asola la zona. Aunque todo el mundo le saca una cabeza de estatura, Quatermass logra colarse disfrazado en la instalación para descubrir que lo que hacen allí no es trigo limpio, y que hay algo en unas bóvedas que está siendo alimentado, algo... que no es de este mundo. Dicho y hecho, Quatermass, que además de animadversión por los monstruos espaciales tiene dotes de mando, logra organizar una guerrilla y atrincherarse en una de las salas mientras planea un modo de asfixiar a la "cosa" suministrando oxígeno por unas tuberías, pero la "cosa" es más lista de lo que parece, y bloquea el suministro con los cadáveres de algunos guerrilleros. Mal hecho. Quatermass se termina de encabronar, lo manda todo al carajo y ordena lanzar una bomba nuclear al asteroide de origen de los aliens. Él es así. Sin ambargo, las masas informes como montañas se liberan de las bóvedas con su aspecto vagamente lovecraftiano, y comienzan a pisar maquetas y destruirlo todo, en plan Godzilla, aunque el arrebato les dura poco...
Tan vibrante o más que la primera, esta vez la invasión se planea a gran escala, y Quatermass es más resolutivo e hiperactivo que nunca, protagonizando además unas divertidas secuencias de acción metralleta en mano. Toda la trama en la base extraterrestre (en realidad una factoría petrolífera de la Shell) es de lo más entretenida, mucho más espectacular, y al fin los monstruos finales cumplen, siguiendo la máxima de cualquier secuela: ofrecer más de todo. QUATERMASS 2 fue un nuevo éxito de taquilla, y otra vez una influencia más que notable para muchas películas venideras, pero tuvieron que pasar 10 años para que la trilogía tuviese su merecida y aplaudida conclusión.
CABEZAS
¿QUÉ SUCEDIÓ ENTONCES? (QUATERMASS AND THE PIT) de Roy Ward Baker (1967)
Cuando la saga estaba casi olvidada, cambio de tercio. Roy Ward Baker arranca su colaboración con la casa sustituyendo a Guest en las labores de dirección, y Andrew Keir encarna a Quatermass en lugar del mazacote de Brian Donlevy. Además, el pulcro blanco y negro de las dos precedentes se sustituye por un hermoso tratamiento del color en tonos ocres, marca de la casa, un evidente aumento presupuestario y sobre todo, una trama diabólica y compleja con las insinuaciones y lecturas más divertidas e impactantes de la serie. Mi preferida. Una ampliación en las obras del metro de Londres en la estación de Hobbs End (nombre que tomó John Carpenter a modo de homenaje para el pueblo de EN LA BOCA DEL MIEDO) deja al descubierto unos fósiles humanoides que datan de hace 5 millones de años. Junto a los huesos aparece un extraño objeto metálico de origen desconocido. Quatermass ya ha metido su hocico en el asunto, pero los militares no tardan en tomar las riendas: creen que el dichoso artefacto es una bomba V2 de los nazis que no estalló. Craso error. Quatermass, que sabe mucho de estos asuntos, hace camarilla con un paleontólogo y su maciza ayudanta (estupenda Barbara Shelley, una de las más célebres hammerets) para descubrir que el artefacto, más bien una astronave, lleva enterrada ahí el mismo tiempo que los fósiles. El chisme está hecho de una aleación desconocida, es imposible de perforar e irradia una extraña fuerza magnética que vuelve tarumba al personal a su alrededor. Los militares, bastante obtusos, insisten en mantener su teoría, pero Quatermass va por libre y le ha dicho a la prensa lo que opina del asunto. Él es así. Una vez más, el buen doctor se enfrenta al estamento militar a gritos, aunque la interpretación de Keir es mucho más mesurada y sutil, dotando al personaje de un plus de emotividad y fragilidad emocionante. Finalmente la nave se abre por sí sola, y, como la Caja de Pandora, la cosa se empieza a descontrolar...
Aunque el primer tercio de la peli es un tanto plomizo, rodado casi exclusivamente en un solo decorado (la excavación en el metro), la cosa no tarda en animarse y desplegar todo su potencial. Sólo deciros que la teoría acerca de la invasión alienígena (más bien una invasión "por poderes") es tremendamente original y sugestiva, mezclando mutaciones genéticas, lecturas cerebrales, psicología freudiana, esoterismo y control de masas al estilo nazi, y su conclusión una divertida blasfemia: el ser humano no es hijo de Dios, sino del mismísimo Diablo. Su parte final, una auténtico apocalipsis de cartón piedra en pleno Londres sobre el que gravita una deidad extraterrestre de claros aromas lovecraftianos ha pasado a la historia e influído a un montón de films posteriores, con un desolador plano fijo de los dos únicos supervivientes durante los créditos finales simplemente memorable. Todas editadas recientemente en DVD en España, así que no teneis excusa para no disfrutar de este festín de pura y encantadora ciencia-ficción artesanal, y de paso descubrir los auténticos orígenes de algunos de los conceptos e imágenes que el cine de género lleva manoseando desde hace décadas.
Aunque el primer tercio de la peli es un tanto plomizo, rodado casi exclusivamente en un solo decorado (la excavación en el metro), la cosa no tarda en animarse y desplegar todo su potencial. Sólo deciros que la teoría acerca de la invasión alienígena (más bien una invasión "por poderes") es tremendamente original y sugestiva, mezclando mutaciones genéticas, lecturas cerebrales, psicología freudiana, esoterismo y control de masas al estilo nazi, y su conclusión una divertida blasfemia: el ser humano no es hijo de Dios, sino del mismísimo Diablo. Su parte final, una auténtico apocalipsis de cartón piedra en pleno Londres sobre el que gravita una deidad extraterrestre de claros aromas lovecraftianos ha pasado a la historia e influído a un montón de films posteriores, con un desolador plano fijo de los dos únicos supervivientes durante los créditos finales simplemente memorable. Todas editadas recientemente en DVD en España, así que no teneis excusa para no disfrutar de este festín de pura y encantadora ciencia-ficción artesanal, y de paso descubrir los auténticos orígenes de algunos de los conceptos e imágenes que el cine de género lleva manoseando desde hace décadas.
CABEZAS
TERRORE NELLO SPAZIO / Italia / 1965
Director: Mario Bava
Guión: Mario Bava y Alberto Bevilacqua
Música: Gino Jr. Marinuzzi
Fotografía: Antonio Pérez Olea
Intérpretes: Barry Sullivan, Norma Bengell, Ángel Aranda, Evi Marandi, Stelio Candelli, Franco Andrei, Fernando Villena
Una nave orbita alrededor de un planeta desconocido. En un monitor reciben una extraña transmisión que procede de allí, posiblemente una llamada de auxilio. La nave se posa lentamente sobre la superficie. Un equipo de exploración sale en busca de la extraña señal, y se topa con una astronave extraterrestre abandonada que lleva allí muchos, muchos años. En la sala central yace el esqueleto de una enorme criatura muerta violentamente. A la vez, algo está atacando al resto de la tripulación, acabando con ellos uno a uno... Atención, pregunta: ¿de qué pelicula estoy hablando?... Como yo, cualquiera hubiese respondido ¡ALIEN!, pero esta misma sinopsis, tal cual, es perfectamente aplicable a esta joyita que inaugura la nueva sección Incunables, en la que voy a comentar películas anteriores a la década de los 70, para desintoxicar un poco de tanta modernez, con la intención de rescatar títulos que, por una u otra razón, se merecen comentario en Sesión Golfa. Espero que os resulte interesante. Ésta en concreto data de 1965, 14 años antes del estreno de la obra maestra de Ridley Scott, aunque el inglés jura que desconocía de su existencia (los guionistas probablemente no dirían lo mismo). Vamos al lío.
TERROR EN EL ESPACIO es una auténtica rara avis. Para empezar, es italiana, una cinematografía muy poco dada a la ciencia-ficción (lo suyo era en aquellos tiempos el neorrealismo), y menos aún a mediados de la década de los 60, cuando el boom del género ya estaba más que moribundo y a nadie le interesaban ya este tipo de películas. Aún faltaban tres años para que Stanley Kubrick le diera la vuelta al género con 2001. Además, es la única película de ciencia-ficción de Mario Bava, un veterano director fogueado en mil batallas, maestro de Sergio Leone y Dario Argento, que pasó a la historia (merecidamente) por sus películas de terror (LA MÁSCARA DEL DEMONIO es una obra de arte) y por haberse inventado el giallo, estilo al que rápidamente el propio Argento hinco las fauces y elevó a otro nivel. Por último, es uno de los primeros casos en los que ciertos resortes del terror puro y duro se mezclaron con la ciencia-ficción más clásica, exactamente por lo que ALIEN pasó a la historia (entre otras razones, por supuesto). El resultado: una película única en la historia del cine, para lo bueno y para lo malo, de difícil comparación con ninguna otra en su género en el apartado visual (quizás sólo con PLANETA PROHIBIDO y la muy naif BARBARELLA) y que aún hoy, pese a sus muchas carencias y defectos, sigue teniendo una belleza plástica y un poder hipnótico sobresaliente.
Ya podeis sacar la fusta y el potro, chicos
Sobra decirlo, pero no está de más recordarlo: desde los años 70, el cine de género sufrió una revolución tecnológica pasmosa. Los f/x, a partir de la obra maestra de Kubrick, dieron un salto cualitativo abismal, lo que hizo que el público a partir de entonces exigiese cada vez más perfección y espectacularidad, más realismo, por no hablar de hoy en día con el despiporre digital que nos inunda. Nuestros maltratados ojos ya no aceptan según qué imágenes. Precisamente por eso, el visionado de TERROR EN EL ESPACIO es una experiencia fascinante amigos. Fascinante dejarse seducir por unas imágenes que, ahora, nos parecen inocentes, pueriles, de barraca de feria, casi de juguete, una fantasía de Pin & Pon de colores alucinados que, de alguna manera, penetra en nuestro cerebro como un buen chute de mescalina. Sí, es evidente, algunos diseños han envejecido fatal (la sala de control de la nave humana parece una pista de patinaje) y otros resultan chocantes (esos trajes de cuero para una fiesta sadomaso sideral), pero Mario Bava lo sabía, era un artesano, y si por algo destaca esta película es por su asombroso apartado visual y por su fantástico trabajo tras la cámara, sacando petroleo de cuatro decorados de cartón y tres focos bien puestos. El guión en sí, más allá de lo que os he detallado, es mediocre, en especial los diálogos, realmente malos, y las interpretaciones, paupérrimas. Lo de Barry Sullivan es de juzgado de guardia, con su perenne rictus de "me la sopla, quiero cobrar el cheque" mientras se esfuerza por no perder la dentadura postiza. Secuencias como la del aterrizaje, en la que el elenco al completo trata de simular ser aplastados por una fuerza gravitatoria de... ¡40 G! son hilarantes, ver para creer. Sin embargo, a pesar de estos "pequeños" inconvenientes, del escaso presupuesto y de tan limitados recursos, Bava logra insuflar en cada fotograma relativo al planeta y a la nave extraterrestre una atmósfera acojonante: siniestra, lóbrega, delirante, jugando magistralmente con las luces y las sombras, los estilizados decorados y la música, logrando un especial triunfo en el apartado cromático y de composición, encajando en un mismo plano distintos colores puros al estilo pop-art (verdes, rojos, azules) con arriesgadísimos encuadres que a veces rozan la abstracción o el cubismo. ¡Y además hay zombies!Pues eso, un opíparo festín visual que nos obliga a visionarlo con la inocencia de un niño (adicto al LSD), y que precisamente por eso resulta tan estimulante y tan alejado de los mamotretos clónicos que nos tragamos cada día. Ah, y para no romper la tradición italiana, podeis encontrar la película con los títulos de PLANET OF THE VAMPIRES (nada de vampiros, por supuesto), DEMON PLANET (yo no vi ninguno) o THE HAUNTED PLANET, con una abundante cartelería de esa "creativa", en la que aparecen monstruos que no salen en la película. Abajo teneis el delirante trailer.
- Lo mejor: su tremenda belleza plástica
- Lo peor: sus tremendos diálogos ridículos
CABEZAS
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






















