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STINGRAY SAM / EEUU / 2009
A ver cómo demonios os puedo hablar de STINGRAY SAM sin morir en el intento. Aunque tiene 6 episodios, no es una serie. Tampoco es un largometraje exactamente, ni un corto. Está rodada en blanco y negro y en formato 4:3, pero no es una peli experimental. Es ciencia-ficción. Y comedia. También western futurista. Una space-opera. Aventuras. Y un musical con 6 canciones, por supuesto. Cory McAbee además de dirigir, escribe guión y canciones y canta y toca el banjo e interpreta al protagonista, un showman en un garito de Marte. El presupuesto es ridículo. El tono desconcertante. Pero en sus 61 minutos de duración no despegué la vista de la pantalla, sorpresa tras sorpresa, y con buena cantidad de carcajadas. Sí, os va a recordar a los engendros de Ed Wood (ese vestuario y decorados), y a las animaciones de Terry Gilliam (esos collages). A la inocente ciencia-ficción de los 50 y a cine indie más modernete, todo a la vez. Pero el mastuerzo de McAbee, contra todo pronóstico, logra que toda la cosa tenga personalidad propia e incluso nos regala algunas imágenes que son pura filigrana visual dentro de los inexistentes medios económicos (atención al mini-robot), y cada una de las canciones es una delicia. Esto es auténtico cine marciano e independiente, independiente de verdad. Aunque os parezca una chorrada, un ridículo o algo realmente tonto, jamás será una pérdida de tiempo: no se puede dar más por 61 minutos, amigos. No hay que dejarla pasar. Uno de esos casos en los que la búsqueda de las joyitas más raras y escondidas da sus frutos. Es que ya soy muy fan de STINGRAY SAM. ¿Y sabéis lo mejor? Cory McAbee tiene otra película, THE AMERICAN ASTRONAUT, que ya está en linea de salida en Sesión Golfa. No hace falta que lo diga: recomendada.
- Lo mejor: su original formato, bizarro encanto y tendencia a ese humor absurdo que tanto me gusta
- Lo peor: que sólo sean seis episodios, ¡secuela (o segunda temporada) ya!
CABEZAS
PD: para los escépticos, aquí va el trailer y una de las canciones, THE FREDWARD SONG, un clásico. Pero no os recomiendo verlos si de verdad os queréis sorprender...
LAST DAYS HERE/EEUU/2011
En breve seguiré con el particular repaso a Sitges 2012 (aún hay tela que cortar), pero antes debo hacer un receso fantastiquero para entrar en LAST DAYS HERE, el último rockumentary con el que me he topado, ese subgénero documental que se desvía hacia todas las mutaciones del rock más durete, pletórico en los últimos tiempos. Dejando de lado el punk, que tiene un par de obras de cabecera, ANVIL resulta, seguramente, la gran obra maestra del género, apasionante; LEMMY un documento encantador sobre el tipo más auténtico del universo; además hay brillantes estudios transversales como la dupla METAL: A HEADBANGER´S JOURNEY / GLOBAL METAL o GET THRASHED, por no hablar de irregulares análisis del black metal (el incompleto pero interesante UNTIL THE LIGHT TAKE US o el absolutamente amarillista SATAN RIDES THE MEDIA) o el revelador y muy célebre METALLICA: SOME KIND OF MONSTERS. Si tras toda esta caterva de personajes y sonidos furiosos ya nos hemos dado cuenta de que la mítica y tronchante SPINAL TAP se quedaba más bien corta, esperad a ver LAST DAYS HERE. Una película es genial cuando el qué y el cómo entran en simbiosis, en perfecta comunión. Un documentalista (que también es un cineasta, amigos) es genial cuando sabe sacarle lo máximo a una buena historia. Y, por diox, que la historia de LAST DAYS HERE es la bomba. Los que hemos deglutido con ansia viva todo ese proto-metal setentero ya conocíamos a PENTAGRAM (potentorros y carismáticos, pero eternos segundones) y a su líder espiritual, Bobby Liebling, figura central del documental. En especial tras la "resurrección" que Relapse Records hizo en 2001 de sus demos, la fenomenal recopilación FIRST DAZE HERE-THE VINTAGE COLLECTION. Sabíamos de su errática carrera y sus problemas adictivos, apenas nada en comparación con lo que narra este monumento.
El triunfo y la gloria deslumbra, pero rara vez emociona. La plenitud y la felicidad apestan, amigos. Y la historia vital de Liebling es tan extrema, tan exagerada, tan dura y desoladora que parece ficción. Parece escrita por un guionista cenizo tratando de rizar el rizo con cada nueva secuencia. Bigger than life, que dicen los yanquis. Ver cómo Bobby se ha convertido en un zombie adicto al crack que con cincuenta y pico años vive aislado en el sótano de sus padres, coqueteando cada día con la muerte, y que se cree víctima de una infección parasitaria de origen desconocido, no es un espectáculo ni agradable ni divertido ni ligerito para pasar la tarde. Pero ese es sólo el terrible punto de partida. Por extraño que parezca a priori, por mucho que la muerte siempre esté rondando, LAST DAYS HERE es un sincero y desgarrador retrato de vida pura. Tal cual. De amistad incondicional, de oportunidades perdidas, de amores truncados y reencontrados: del amor de los seres más cercanos, del amor por el rock y la energía sobrenatural que lleva implícito, de la búsqueda de un amor plenamente romántico, y de ese impulso vital tan difuso que hace que Bobby logre vivir otro día más. Rodeado de pentagramas satánicos (of course) y visiones apocalípticas, Bobby, junto con Argott y Fenton, dibujan un retrato humano de una autenticidad y una fragilidad estremecedora. Una historia tan apasionante y sincera, con tantos "giros de guión" y sorpresas (aquí lo improbable sucede), incluso con un emocionante climax final musical que hace de LAST DAYS HERE una de las experiencias cinematográficas más intensas de la temporada, una dura película llena de empatía y afecto y, como he leído por ahí, un sabio ensayo sobre la mala suerte, sobre el contubernio cósmico y el sabotaje personal. Una maravilla que, curiosamente, no te deja el cuerpo destrozado, sino que termina con una gratificante (y algo surrealista) imagen que hace que llegues al final del camino con una sonrisa. La vida se abre camino. Imprescindible.- Lo mejor: el emocionante tratamiento cinematográfico del documental, con su desarrollo, nudo y desenlace, que potencia al máximo la ya de por sí potente historia que se narra
- Lo peor: se echa en falta un análisis más profundo de la escena musical de los setenta, para entender mejor el papel que jugaron Pentagram por entonces
CABEZAS
Bobby, vivito y coleando, en 2011...
THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO / EEUU / 2009
No sabía que en realidad existía, servidor pensaba que ya era uno de esos proyectos abortados que nunca ven la luz. Así que os podéis imaginar la sorpresa cuando, el otro día, me topé con ella por pura casualidad. Alaridos histéricos, saltos de alegría y cerveza derramada por toda mi guarida. Las primera peli de animación de Rob Zombie, amigos. Todos sabéis quién es Rob Zombie, pero por si acaso hay en la sala algún marciano... ok... Rob Zombie es uno de los gurús de este rincón golfero, junto con Terry Gilliam, David Lynch, John Carpenter y otros cuantos. Tipo renacentista en pleno s. XXI, creador total nacido del cadáver de su banda de metal industrial groovy WHITE ZOMBIE, luego simplemente ROB ZOMBIE (mucho más bailonga), diseñador gráfico e ilustrador, guionista de cómics, realizador de sus propios videoclips y, desde hace unos años y para regocijo de todos sus fans, guionista y director de cine, capaz de dejar su particular huella en todos y cada uno de estos campos. Y aviso para navegantes: su breve filmografía no tiene desperdicio. Lo dicho: autor total. Además, admirador convicto y confeso de la animación. Un puto crack. Basado en cómic propio, EL SUPERBEASTO, una suerte de luchador mexicano calentorro y delirante capaz de cualquier cosa por echar un buen polvo y comer alitas de pollo picantes, secundado en sus aventuras por la neumática y tuerta Suzi X y su salido robot de compañía. Su adaptación al cine estuvo dando vueltas por los estudios un tiempo hasta que, finalmente y por pura cabezonería del amigo Rob, la película se estrenó directamente en DVD con una calificación R (Restricted) por parte de la censura yanqui por su alto contenido sexual, procaz y violento. Un triunfo, vamos. Para empezar, la película es un ejemplo palmario de ese expediente X que muchos llaman "animación para adultos", esa cosa, sin entrar en el porno, de la que muchos hablan pero que muy pocos han visto, a excepción de esos magníficos animes que todos tenemos en la cabeza. Tengo la garganta seca de repetirlo, pero aquí va otra vez: la animación no es un género, sino una técnica audiovisual para contar historias, por lo tanto el abanico temático al que debe aspirar es infinito, tanto como en la imagen real. La totalitaria y abusona maldición Disney hizo que, desde siempre, se asocie con cine infantil, o familiar a lo sumo. Una estupidez suprema que se mantiene hasta hoy. Fin de la pataleta.
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| El cómic original |
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| Captain Spaulding también sale |
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| Superbeasto, rey del gansta-pop |
Como es habitual, Rob Zombie se rodea del "equipo habitual" para dar voz a sus animadas criaturas, desde su compañera, cómplice y musa Sheri Moon hasta el chicano más feo de la galaxia, Danny Trejo. Y muchos más. Así pues, a pesar de ser un proyecto realmente marciano en su filmografía (lo sería en cualquier filmografía), THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO encaja perfectamente en el corpus creativo del amigo Zombie, una joyita plenamente disfrutable siempre que te dejes llevar por su inagotable energía cinética, sus constantes chistes de pollas, tetas y polvos, su irreverencia total y sus cien mil referencias a lo que viene a ser la contracultura más underground de los últimos 50 años, que sabe conjugar inteligencia y estupidez con una fórmula que es pura alquimia. Ahí es nada. A descubrirla inmediatamente.
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| Rob y Sheri, grabando |
- Lo mejor: ¿cine de animación tradicional para adultos? ¿película de Rob Zombie? Doble gozo
- Lo peor: por momentos es muy, muy, muy idiota... ¿esto es malo?
CABEZAS
THE WICKER MAN / Inglaterra / 1973
Dirección: Robin Hardy
Producción: Peter Snell
Producción: Peter Snell
Guión: Anthony Shaffer
Música: Paul Giovanni
Fotografía: Harry Waxman
Intérpretes: Edward Woodward, Christopher Lee, Britt Eckland, Diane Cilento, Ingrid Pitt
Anoche vi THE WICKER MAN, una de esas que vas dejando pasar año tras año, que siempre está en tu cuenta de pendientes. Esta mañana no me la puedo quitar de la cabeza. Así que recupero el olvidado apartado De Culto para entrar en materia con esta, literalmente, inclasificable película inglesa setentera. Todo en THE WICKER MAN, desde el título (EL HOMBRE DE MIMBRE... tela), es muy extraño. Pudo ser una producción de la Hammer más crepuscular, pero no lo fue, aunque en estilo y forma bien lo parece, amén de las presencias de Christopher Lee, el puto amo, luego entraremos con él, y de la crujiente hammerette Ingrid Pitt. El libreto es obra del prestigioso Anthony Shaffer (FRENESÍ y LA HUELLA, nada menos), y la dirección la firma ese tal Robin Hardy, que desapareció del mapa treinta años hasta una especie de tardío spin-off de esta peli, titulado THE WICKER TREE... Hay diversos montajes de la película circulando por ahí, aunque ninguno es un director´s cut oficial. Los IRON MAIDEN se declaran fan y le dedicaron un tema homónimo hace poco, cuando lo único que suena en la peli es folk. Y es que todo es muy raro en THE WICKER MAN, incluidas las pelucas de Mr. Lee, oiga.
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| Echando una mano en la investigación |
Vamos a ver. Entre canciones folk que hablan sobre cebada y maizales al atardecer, un policía inglés viaja sólo en su hidroavión (!) hacia la isla de Summerisle, valga la redundancia. El tipo es un cristiano estirado que no se quita el uniforme ni la gorra ni para excretar. Ha recibido una carta anónima que le advierte sobre la desaparición de una niña en la isla. Nada más llegar, un grupo de pescadores le toman el pelo a dos manos. Esto va a ser una constante. Después interroga a una señora, que niega que la desaparecida sea suya. Cuando el poli cree que se ha camelado a su verdadera hija para que confiese, se da cuenta que la cría le está tomando el pelo. Alquila habitación en el bar-pensión del pueblo, a tiempo para escuchar una entrañable (y elaborada) canción coral en la que todos los lugareños llaman puta a la hija del posadero, participando en el evento el posadero y su hija con evidente complicidad. Confundido, el policía descubre que todo lo que dan de comer en el bareto son conservas (!!). Tras rezar un avemaría, unos gritos interrumpen su reposo: Christopher Lee, como Lord Summerisle, disfrazado como de tuno, ofrece a su primogénito a la hija del posadero, que a estas alturas sospechamos que ha sido conejita de Playboy. Ella recibe al chaval para instruirle en los misterios del amor. Confundido de nuevo, el casto policía baja a dar un paseo nocturno para aclarar su mente y enfriar su entrepierna. Mala idea: en un prado se da de bruces con parejas que retozan alegres entre gemidos y estertores. Vaya. Esto es Sodoma y Gomorra en formato insular. Al día siguiente, nuestro intrépido investigador es toreado varias veces: por la responsable del registro y por el médico del pueblo, que directamente se ríen en su cara. De camino a visitar a Lord Summerisle, se fija en un ritual en el que unos jovencitos saltan desnudos sobre una hoguera. Lord Summerisle ha cambiado su atuendo de tuno por algo mucho más sport (según los parámetros setenteros). Lo que no ha cambiado es su inexplicable pelucón. Nuestro intrépido policía pregunta al Lord sobre el baile en pelotas de la muchachada:
- ¿No le parece peligroso que esos jóvenes salten desnudos encima del fuego?
- Sería más peligroso si saltasen vestidos, ¿no cree?
Lógico. Abandonada esta vía de investigación, el policía trata de presionar con psicología inversa al Lord, que parece ser el que maneja el cotarro, pero al Lord, francamente, parece que se la sopla todo excepto beber vino y retozar con su manceba. También presencia un ritual adolescente de adoración al sol y al Árbol de Mayo, una nueva tonada folk cantada con inusitada pasión. Ya en la escuela, descubre a la profesora (rubia platino macizota) enseñando a las prepúberes alumnas que el Árbol de Mayo es el símbolo fálico por excelencia. Y entonces las nueve niñas gritan a coro "¡falo, falo, falo!". Esto ya es too much para el beato, que entra en cólera (ligeramente) y pone las cosas en su sitio. En ese momento, tanto una alumna como la profesora le toman el pelo con una cucaracha.
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| En pelotas por el prado |
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| Juegos florales: el Falo de Mayo |
El día de fiesta consiste en que todos se disfrazan de animal del bosque (con inquietantes máscaras) y peregrinan por los prados para ofrecer diversos sacrificios a sus dioses. Antes, un tipo vestido de... ¿dragón con falda?... ha acosado al policía por las desiertas calles del pueblo. Otra vez hasta los belfos, el recto oficial decide noquear al posadero y ponerse su disfraz para pasar desapercibido. Casualmente es el disfraz de Fool (Tonto). Por si no había quedado claro. Así pues, el oficial peregrina haciendo el ganso con los nativos, dirigidos por un Lord Summerisle travestido con un pelucón negro y falda de encaje, que hace cabriolas con una hoz en la mano (¡¡!!). Finalmente la niña desaparecida aparece atada en un risco. Parece que todo se acerca a su final. Y aquí lo dejo...
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| Lady Summerisle en acción... ver para creer |
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| The real wickerman |
- Lo mejor: inclasificable, libre, divertida e iconoclasta, tocada por ese aura genial imposible de explicar
- Lo peor: que te identifiques con el protagonista
CABEZAS
SCOTT PILGRIM VS THE WORLD / EEUU / 2010
¡Al fin, pardiez! Ya estaba tardando en meterme entre pecho y espalda la adaptación de los famosos cómics de Brian O´Malley que tan variada (y polarizada) ristra de comentarios ha provocado. Los originales sólo los conozco de pasada, con ese estilo tan manga-naif, asunto que en breve solucionaré con una hábil incursión en la biblioteca de mi hermana. Dicho esto, no hay problema para los no iniciados como yo: la película habla por sí misma. Y más que hablar, atruena con una explosión de color y decibelios descontrolados. SCOTT PILGRIM VS THE WORLD es una de esas que sólo exigen una cosa del espectador: entrar en el juego. Si a los 5 minutos no estás pasándolo muy bien, mejor busca otra cosa que echarte a las retinas. Porque la última película de Edgar Wright (tipo que lleva trayectoria marciana y de culto, ya) es completamente sincera en su planteamiento y resultados, una vibrante muestra de nuestros tiempos audiovisuales que no se corta ni un pelo a la hora de aunar estilos, influencias y hasta plataformas y medios. Comedia romántica juvenil + videoclip + cómic + videojuegos, pero tomando de cada uno lo que enriquece y complementa a los restantes, que no es poca cosa, sin rechinar y creando un todo cohesionado, coherente y, lo más importante, entrañable y disfrutable al 100% por (casi) cualquier tipo de público ávido de dejarse deslumbrar con un entretenimiento de primer nivel y moderada cantidad de frikismo en sangre. Pero la palabra clave es CARISMA. SCOTT PILGRIM mola mucho, amiguetes. Es una peli que derrocha carisma por los cuatro costados, tan referencial como, ¡oh milagro!, novedosa por sí misma. Un torrente narrativo de ritmo impecable (pero nunca confuso), que hace diabluras con los resortes del montaje (atención a la superposición de secuencias mediantes elipsis a machete) y maneja cual prestidigitador todo lo que cualquier chaval crecido en los 80 con unas mínimas inquietudes culturales ha mamado en su adolescencia, y a mucha honra. Reivindicación autoconsciente de lo indie-pop con cierto ramalazo punki, mucha energía desatada y buen rollo sin ñoñerías, con su punto justo de cinismo postmoderno y mucha, mucha diversión, cuyo único punto débil quizás sea la desopilante acumulación de peleas a lo "Mortal Combat" en su recta final, en el fondo un pequeño pasote perdonable porque, para mi sorpresa, la película de Edgar Wright me ha dejado poso y permanece en mis neuronas vivamente mucho después de su enajenante visionado. Dentro de su muy delirante argumento (que no hay que desvelar a los neófitos), los personajes funcionan y quedan en la memoria (lo de Michael Cera es... puro carisma), fruto del trabajo bien hecho a todos los niveles y de una tremenda capacidad para empatizar con ellos y ellas. Mucho más de lo que podría esperar. Genial. Y mi hermana, que se ha devorado todos los cómics, está encantada. Segunda parte ya.- Lo mejor: no hay otra igual (por el momento)
CABEZAS
LEMMY / EEUU / 2010
Con el cachondo epígrafe de "49% motherfucker, 51% son of a bitch" se presenta el esperadísimo documental dedicado a la mítica figura de Lemmy Kilminster, sobran presentaciones. Aclarar, antes de nada, que NO es un documento acerca de los Motörhead, sino que se centra muy mucho en desglosar la carrera y personalidad de este titán del rock, insustituible en el sentido más literal, probablemente inmortal, como él mismo señala aquí socarronamente en el "Ace of Spades", vociferando aquello de "I don´t want to live forever", a lo que le añade "but apparently I am", jejeje. Aunque en wikipedia se le atribuyen 66 años, nadie sabe a ciencia cierta su edad. Un auténtico personaje, y por si alguno albergaba la duda a estas alturas, sin un ápice de pose sobre su chepa. Este tío es de verdad, de la berruga a las botas, puro rock´n roll encarnado, un tipo auténtico que deja en babuchas a tanta estrellita del rock de pastel. Mola todo verle, con esas pintas, en unos grandes almacenes, pedir la caja recopilatoria de los Beatles (una de sus pasiones) pero en mono, no en estereo. Lo mismo que se pasea con una cruz de hierro nazi en el pecho sobre un tanque alemán en un descampado a la vez que afirma "soy todo lo contrario a un nazi", por si algún memo aún mantiene tal aseveración. Cómo arranca la emoción a su (recién) encontrado hijo con sólo un par de palabras, un auténtico motherfucker con su corazoncito. O su particular y honesta visión acerca del consumo de drogas, anfetas mayormente. Y es que este abuelete con voz de cazalla que como te descuides te levanta la chorba en un plis plas, además de rockear como un cabrón, de destilar puro rock, acaba exhudando una especie de ternura cabrona que desarma. Así que ya sabeis lo que hay aquí: todo un derroche de personalidad rockera con protagonismo absoluto de un tipo de los que ya no quedan, con un buen puñado de seguidores/fans/camaradas hablando de y conversando con él, de los que tengo que destacar, sobre todo, al bueno de Dave Grohl, cuya admiración por Lemmy le sale por los poros. Documental apañado, bien estructurado y bien documentado (esto último no es muy común), cuyo principal valor se basa en el tremendo magnetismo del personaje al que dedica su metraje, sin duda. Aunque lejos de otras maravillas del rockumentary reciente como el magistral ANVIL!, LEMMY es un festín para cualquier aficionado a su protagonista, al rock y a la buena múscia en general.- Lo mejor: Lemmy!
- Lo peor: sus compañeros de andanzas de Motörhead quedan en un excesivo segundo plano
CABEZAS

Dirección: Darren Lynn Bousman.
Guión: Darren Smith y Terrance Zdunich; basado en su obra teatral.
Producción: Daniel Jason Heffner, Carl Mazzocone, Oren Koules y Mark Burg.
Música: Darren Smith y Terrance Zdunich.
Fotografía: Joseph White.
Montaje: Harvey Rosenstock.
Diseño de producción: David Hackl.
Vestuario: Alex Kavanagh.
Interpretación: Alexa Vega (Shilo Wallace), Anthony Stewart Head (Nathan Wallace/Repo Man), Sarah Brightman (Blind Mag), Paris Hilton (Amber Sweet), Nivek Ogre (Pavi Largo), Terrance Zdunich (ladrón de tumbas), Bill Moseley (Luigi Largo), Paul Sorvino (Rotti Largo), Sarah Power (Marni), Jessica Horn (Jessica), Briana Buckmaster (Sherrie).
Guión: Darren Smith y Terrance Zdunich; basado en su obra teatral.
Producción: Daniel Jason Heffner, Carl Mazzocone, Oren Koules y Mark Burg.
Música: Darren Smith y Terrance Zdunich.
Fotografía: Joseph White.
Montaje: Harvey Rosenstock.
Diseño de producción: David Hackl.
Vestuario: Alex Kavanagh.
Interpretación: Alexa Vega (Shilo Wallace), Anthony Stewart Head (Nathan Wallace/Repo Man), Sarah Brightman (Blind Mag), Paris Hilton (Amber Sweet), Nivek Ogre (Pavi Largo), Terrance Zdunich (ladrón de tumbas), Bill Moseley (Luigi Largo), Paul Sorvino (Rotti Largo), Sarah Power (Marni), Jessica Horn (Jessica), Briana Buckmaster (Sherrie).

Un servidor no es especialmente fanático de los musicales, y mucho menos de aquellos perpetrados en los últimos 10 años durante la supuesta "resurrección" del subgénero. Cosas como CHICAGO me aburren soberanamente, y megataquillazos como MOULIN ROUGE me provocan sarpullido inmediato. Las historias no me interesan, y las canciones me suelen parecer inanes y bobas, en el mejor de los casos. Que yo recuerde ahora, sólo PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO, con su sana diversión megapetarda, y SWEENEY TODD, del gran Tim Burton, lograron dejarme pegado a la butaca en los últimos tiempos (y a ratos). Probablemente la grandiosa BLUES BROTHERS fue el último gran musical clásico, seguido quizás por BAILANDO EN LA OSCURIDAD de Lars Von Trier, aunque mis pulsiones con el cine de este elemento nórdico varían de un día a otro.

Curiosamente, el cine de terror (o el fantástico en su acepción más genérica) en raras ocasiones se ha mezclado con el musical. Desde luego el terror puro nunca como tal (y sería un interesante experimento), aunque la vasta iconografía del género ha tonteado varias veces con el asunto. La piedra de toque, evidentemente, la encontramos en la mítica THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW, y es precisamente a esta pequeña maravilla de culto hacia donde REPO pretende mirar con nostalgia y reflejarse digitalmente en pleno s. XXI. Presentada con mucho rollo de marketing y medidas de seguridad en el pasado festival de Sitges, precedida por una rumorología subterránea, REPO llamó la atención moderadamente para luego pasar sin pena ni gloria por la taquilla, tanto yanqui como hispana, fagocitada por el absurdo aluvión de estrenos que semana tras semana inundan las salas (y los reproductores caseros). Tras tanta expectación, pasotismo absoluto, una pena para una peli que, aunque no le llegue a la suela de los zapatos en cachondeo, desparpajo, imaginación y poca vergüenza a su referente setentero, sí que resulta totalmente disfrutable, divertida e incluso brillante a ratos.

Proyecto personal de su director, un tipo tan poco personal que en su currículum sólo destacan unas cuantas secuelas de la célebre franquicia de gorno SAW (lo siento, me quedé en la 2ª), REPO: THE GENETIC OPERA es una autoadaptación de un cortometraje previo basado en una obra de teatro. ¿Las claves del asunto? Muy sencillo: construir una auténtica opera-rock con una estética adaptada a los tiempos que corren, y seguir a pies juntillas las convenciones de género añadiendo unos toquecillos gore. Si por algo destaca REPO, desde luego, es por ser un musical puro, tan puro que, al contrario que en la mayoría de casos, en los que las canciones irrumpen en la narración, generalmente de forma bastante tosca, aquí un 99% de la película está cantada y musicada. Toda ella. De principio a fin. Cada diálogo forma parte de un (en ocasiones) denso entramado musical que nunca se detiene, mutando de secuencia en secuencia según las necesidades de cada acto. Todos los actores/personajes expresan sus vivencias y emociones mediante canciones, algo tan arriesgado que por momentos amenaza con saturar al pobre espectador, bastante saturado ya con la multiforme y pastichera estética visual. Es una ópera-rock porque lo que vamos a escuchar, mayormente, es rock en muchas formas y texturas. Desde un inofensivo aunque resultón punk-pop tipo Avril Lavigne (la energética "Seventeen") hasta devaneos pseudo-industriales ("Zydrate Anatomy"), pasando por arrebatos gótico-metálicos con voces operísticas ("At the opera tonight") y cachondas desviaciones techno-cabareteras o alardes electro-dark casi bailongos (la estupenda "Chase de morning", columna vertebral de una de las mejores secuencias de la peli). Todo moderadamente oscurillo, neogótico y sexy, dando forma y fondo a una especie de entorno retro-futurista abigarrado y bacorro que lo mismo bebe de Terry Gilliam que de cualquier video-clip de NINE INCH NAILS o juguetea con iconografía soviética e imágenes de cómic animado. Aunque la textura digital no funciona todo lo bien que debiera por su ocasional (y feo) aspecto sintético, Darren se las arregla con mucho ingenio para hacer que casi todo luzca como tiene que lucir. Aunque no hay grandes coreografías (al modo hollywoodiense), la planificicación y puesta en escena es lo suficientemente efectiva para que uno se vaya tragando número tras número hasta llegar a una curiosa parte final en la que, sorprendentemente, todo ocurre encima de un escenario, literalmente, en una nueva y arriesgada carambola metaliguística que acaba resultando tan extraña como hipnótica.

Para dar de comer aparte son los actores, todos entregados a sus papeles con una pasión digna de mención, a pesar de lo ridículo y bizarro de algunas situaciones. Y todos y todas cantan de verdad, señores. La pequeña Alexa Vega (la chavalita de los SPY KIDS de Robert Rodriguez) sostiene sofre sus frágiles hombros el mayor peso dramático de la peli, rodeada (literalmente) por un elenco perfecto. Anthony Head borda a su padre, ese Repo con doble identidad y traumático pasado, Terrance Zdunich alardea de cuerdas vocales y poderío en cada una de sus set-pieces como ladrón de tumbas, Paris Hilton (sí, ella) se pasea con modelitos sadomaso arriba y abajo con total naturalidad hasta que, al fin, nos muestra su verdadera (y repugnante) cara, pero dejo a Paul Sorvino para el final... increíble. Actor de prestigio y carácter, este orondo sexagenario defiende su crucial papel con una energía (y unas cuerdas vocales) digna de un quinceañero, lanzándose a la piscina de cabeza y dándolo todo, y además matizando su personaje poco a poco hasta llevarlo a terrenos muy cercanos al drama en esa tremenda coda final en la que la historia al fin muestra sus cartas como lo que quiere ser: una tragedia familiar de tintes clásicos. Toma castaña. Por ello, y para sorpresa del respetable, REPO se va olvidando paulatinamente de toda la parafernalia genérica y argumental en un futuro distópico (tráfico de órganos, operaciones de cirugía ilegales, megacorporaciones en la sombra) para centrarse por completo en los tres personajes principales y en su triste historia.

No tengo ni idea si REPO: THE GENETIC OPERA será recordada de alguna manera dentro de unos años o si logrará ese evidente estatus de peli de culto que vorazmente parece perseguir, pero os puedo asegurar que, pese a sus aristas y devaneos, es una obra bastante atípica, fresca, disfrutable y con una banda sonora y canciones muy currada, creativa y muy muy por encima de la media en un musical moderno al uso. Merece la pena echarle un vistazo.
- Lo mejor: las canciones, menos mal
- Lo peor: no desparrama tanto como debiera
CABEZAS

Os dejo con el trailer, para abrir boca...
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