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ZOMBIE 2 / Italia / 1979
Director: Lucio Fulci
Guión: Elisa Briganti y Dardano Sacchetti
Producción: Fabrizio de Angelis y Ugo Tucci
Música: Giorgio Tucci y Fabio Frizzi
F/X: Gianetto de Rossi
Intérpretes: Tisa Farrow, Ian McCulloch, Richard Johnson, Al Cliver, Olga Karlatos, Ugo Bologna
Director: Lucio Fulci
Guión: Elisa Briganti y Dardano Sacchetti
Producción: Fabrizio de Angelis y Ugo Tucci
Música: Giorgio Tucci y Fabio Frizzi
F/X: Gianetto de Rossi
Intérpretes: Tisa Farrow, Ian McCulloch, Richard Johnson, Al Cliver, Olga Karlatos, Ugo Bologna
Ya le he nombrado alguna vez, pero ya iba siendo hora de dedicarle algunas palabras a Lucio Fulci, el incombustible director italiano artífice de todo un subgénero dentro del propio subgénero zombie, consid
erado uno de los más feroces y sangrientos, repudiado por la crítica y buena parte del sector de aficionados "serios" (lo juro, existen). Aún recuerdo el comentario cuando, en la universidad, alguien sacó a relucir su nombre. La respuesta de mi docto profesor, tras el obligado rictus de repugnancia sólo con oir su nombre, fue: "tiene la misma entidad artística que una tabla de charcutero". Oh, craso error de base señor letrado, pues Lucio Fulci pertenece a esa rara casta de cineastas en las que sus defectos (que son muchos) entran en simbiosis con sus virtudes (que las tiene) hasta crear una simbiosis de fotogramas pestilentes que acaban fascinando, incapaz ya uno de discernir los límites entre "lo bueno" y "lo malo". Afortunadamente, en la videoteca de la facultad tenían una copia de NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIS.

Los italianos no tienen vergüenza, eso lo sabemos todos, especialmente en los 70. Hábiles como pocos para aprovechar aciertos ajenos (lo suyo es pura explotation), primero llegaron con los caníbales y los "falsos documentales" (¿alguien no ha visto todavía ese popular zurullo fílmico llamado HOLOCAUSTO CANIBAL?), después se dedicaron a sablear posesiones demoníacas y monstruos marinos. Al giallo, obviamente, lo dejo de lado, porque sin ser totalmente original, si que crearon escuela. Finalmente, se centraron en los zombies. En estas que el verdadero Pope Zombie por excelencia, George A. Romero, estrena su estupenda ZOMBI (DAWN OF THE DEAD), en comandita con el genial Dario Argento, y la cosa, coproducción italiana, tiene gran éxito. Fulci, que hasta entonces se dedicaba a imitar al propio Argento rodando giallos de segunda, ve la luz: esto es un filón. Ni corto ni perezoso se saca de la manga en un tiempo record ZOMBI 2 (otro de los títulos por los que podeis encontrar esta película, amigos), supuesta secuela-precuela de la de Romero, y la cosa casi cuela. Sin tener nada que ver en términos de producción con la original, los inversores de Fulci ven que la peli canta y que nadie se lo va a tragar, así que le obligan a rodar prólogo y epílogo en Nueva York, por aquello de hacerla más norteamericana. Porque, a pesar del título que el tarado de turno le puso en español, lo del terror zombi en Nueva York nos lo tenemos que imaginar, ya que un 80% de la película transcurre en una isla del Caribe. Por supuesto, la mayor parte del equipo técnico y artístico (a excepción de Fulci) tienen sus nombres americanizados, y para su distribución en los EEUU la película se tituló ZOMBIE FLESH EATERS (y con este ya tenemos tres). A la postre, el pistoletazo de salida de toda una serie infumable de subproductos lamentables que tomaron a esta película como bandera, infestando los cines de finales de los 70 y comienzos de los 80 de sangrientos delirios gore sin la más mínima calidad ni personalidad y expandiendo el virus del spaghetti-zombie a medio mundo.
Entremos en materia: ¿de qué va esto? Va de un velero sin tripulación que aparece en la bahía de Nueva York. Un par de polis sacados de Starsky & Hutch (la serie) investigan, con tan mala fortuna que a uno de muerde un gordo putrefacto que se escondía en el camarote. Un periodista guapete (para los estándares de los 70, se entiende) investiga a su vez esta muerte, y de pronto aparece la hija del dueño del barco, que parece una novicia virgen, muy preocupada porque no tiene noticias de su padre, científico, desde hace años. No hay problema, periodista y mocita embarcan rumbo a la isla tropical donde se supone trabajaba el doctor, no sin antes enrolarse con una pareja de aventureros en su yate: él no tiene oficio conocido más allá de marcar paquete, ella se dedica a sacar fotos submarinas con un tanguita de hilo y un horrendo gorro de baño, con tan mala suerte que se topa con un tiburón, que, a pesar de los alaridos subacuáticos de ella, parece más interesado en frotarse la panza con los corales que en devorarla. Afortunadamente, un zombie que andaba por allí (por allí me refiero al fondo marino) la salva del aprieto, luchando ferozmente a mordiscos contra el tiburón, lucha desigual porque en varios planos se puede ver que el escualo no tiene dientes. Alarmados por la experiencia, los cuatro llegan a la isla y se empiezan a escuchar tambores. Allí conocen a un antiguo colaborador del doctor, otro científico con un misterioso problema capilar (su barba cambia de densidad dependiendo de la secuencia) que se encuentra muy agobiado: al pobre se le mueren todos los pacientes nativos por una extraña enfermedad, además con la mala costumbre de volver a levantarse de sus mortajas, con lo que se pasa la vida bebiendo whisky y pegando tiros en la cabeza de sus pacientes revividos. A todo esto, el científico tiene una mujer que vive sola y asustada en su pedazo de casa isleña. Ella tiene la sana costumbre de ducharse con todas las ventanas abiertas. Evidentemente, un zombie se la quiere zampar y lo consigue, no sin antes atravesarle el ojo con una astilla de madera. El grupo de Scooby Doo descubre el percal y huye en su 4x4, pero como es de rigor, el coche se estrella en medio de la selva tropical, en realidad el jardín botánico de Roma. El periodista tiene la mala idea de hacerse un esguince en medio de un viejo cementerio colonial, y claro, los cadáveres de los conquistadores con apellidos hispanos se levantan de su tumba (muy despacio) y atacan (muy despacio) a sus víctimas. A la del tanga se la cepillan a la primera de cambio, pero los otros tres huyen hasta refugiarse en la iglesia, donde les espera el doctor con una anti-explicación de los hechos: "He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... e incluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano!" Nada más decir esto muere de una embolia, y los intrépidos llegan a la conclusión de que hay tanto vudú por metro cuadrado en la isla que esto no hay dios que lo pare, más que nada porque los tambores no han dejado de sonar desde que llegaron. Tras atrincherarse en la iglesia ante el acoso zombie, preparan unos cientos de cockteles molotov (aunque siempre tiran el mismo) y logran huir, pero ya sólo quedan dos: el periodista y la novicia. Ponen rumbo a Nueva York con el zombie del marcapaquete encerrado en la bodega del yate como prueba del horror, y en cuanto ponen la radio, sin molestarse en sintonizar, un locutor neoyorquino les informa de que la plaga zombie ya está asolando la ciudad. El último plano de la peli nos muestra a cuatro zombies caminando por el puente de Brooklyn en dirección a la ciudad, aunque a los habitantes no parece importarles mucho a juzgar por el tráfico que se vislumbra bajo el puente.
No es sólo que el delirium tremens argumental sea de órdago, es que además los diálogos basculan entre lo repetitivo y lo idiota, mientras los actores tratan de insuflar intensidad en vano. Ellas, sin excepción, se dedican al destete gratuíto y a quedarse paralizadas y chillar en cuanto perciben peligro. Fulci despliega su legendaria incapacidad para crear cualquier atisbo de suspense o in crescendo narrativo, y su obsesion por la casquería bruta en primer plano queda demostrada. Los recursos visuales setenteros campan a sus anchas durante todo el metraje (esos míticos zooms, esa música...). Sin embargo, y por increíble que parezca, la película tiene magia, ese algo intangible que hace que, a su manera, sea un pequeño clásico del cine de zombies. El italiano es capaz de teñir toda la película de una sordidez notable, un hálito nauseabundo más allá de sus carencias presupuestarias (lo que otros llaman caspa). Aquí los muertos se muestran como auténticos cadáveres en proceso de descomposición, y la parsimonia con la que Fulci planifica muchas escenas ayuda a subrayar esa desagradable sensación, una atmósfera malsana que casi se puede oler, perfectamente orquestada y coherente durante todo el metraje. Ojo, no es fácil hacer un cine "de atmósfera" dentro del terror, aunque esa atmósfera sea más bien pestilente. Además, secuencias como la del tiburón acaban convirtiéndose en algo casi onírico, fascinante por su aire bizarro digno del sueño de un demente. En conclusión, y todavía no sé bien por qué, la peli acaba funcionando a las mil maravillas: uno sabe que está viendo un bodrio, pero secuencia tras secuencia sigue pegado a la pantalla hasta los créditos finales, pues de un modo u otro, la película logra captar la atención. Misterios del Mondo Zombie.
NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIES fue la primera incursión en el género de Lucio Fulci, a la que se sumarían dos más, MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES y la deleznable ZOMBIE 3, que ni siquiera terminó de rodar. Desde entonces siempre se mantuvo fiel a las coordenadas del terror salvaje, rodando además la que yo considero su obra maestra, EL MÁS ALLÁ, un incomprensible thriller sobrenatural en el que potencia sus virtudes al máximo hasta llegar casi a la abstracción pura, al puro despliegue estético, en la que no se entiende nada del argumento pero que te mantiene hipnotizado y boquiabierto como una vaca mirando el tráfico. Eso que llaman "estilo personal". Lucio Fulci murió medio arruinado en 1996 víctima de una diabetes mal tratada (algunos hablan de suicidio), y como siempre, fue tras su desaparición cuando algunos pesos pesados del cine mundial empezaron a reivindicarle, en especial el idolatrado Quentin Tarantino, que en 1998 logró reestrenar EL MÁS ALLÁ en los USA con copia restaurada y todos los honores. Incluso el bueno de Robert Rodriguez le hizo un explícito homenaje-plagio a la escena de la "astilla en el ojo" en la maravillosa PLANET TERROR, estacazo que se lleva, por supuesto, el bueno de Tarantino en sus carnes. Lo dicho: a su manera un clásico que se merece su irrupción en la sección De Culto de Sesión Golfa, como una mosca muerta en un pastel de crema.
- Lo mejor: el despliegue en todo su esplendor del "estilo Fulci"
- Lo peor: todo lo demás
CABEZAS

erado uno de los más feroces y sangrientos, repudiado por la crítica y buena parte del sector de aficionados "serios" (lo juro, existen). Aún recuerdo el comentario cuando, en la universidad, alguien sacó a relucir su nombre. La respuesta de mi docto profesor, tras el obligado rictus de repugnancia sólo con oir su nombre, fue: "tiene la misma entidad artística que una tabla de charcutero". Oh, craso error de base señor letrado, pues Lucio Fulci pertenece a esa rara casta de cineastas en las que sus defectos (que son muchos) entran en simbiosis con sus virtudes (que las tiene) hasta crear una simbiosis de fotogramas pestilentes que acaban fascinando, incapaz ya uno de discernir los límites entre "lo bueno" y "lo malo". Afortunadamente, en la videoteca de la facultad tenían una copia de NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIS.
Los italianos no tienen vergüenza, eso lo sabemos todos, especialmente en los 70. Hábiles como pocos para aprovechar aciertos ajenos (lo suyo es pura explotation), primero llegaron con los caníbales y los "falsos documentales" (¿alguien no ha visto todavía ese popular zurullo fílmico llamado HOLOCAUSTO CANIBAL?), después se dedicaron a sablear posesiones demoníacas y monstruos marinos. Al giallo, obviamente, lo dejo de lado, porque sin ser totalmente original, si que crearon escuela. Finalmente, se centraron en los zombies. En estas que el verdadero Pope Zombie por excelencia, George A. Romero, estrena su estupenda ZOMBI (DAWN OF THE DEAD), en comandita con el genial Dario Argento, y la cosa, coproducción italiana, tiene gran éxito. Fulci, que hasta entonces se dedicaba a imitar al propio Argento rodando giallos de segunda, ve la luz: esto es un filón. Ni corto ni perezoso se saca de la manga en un tiempo record ZOMBI 2 (otro de los títulos por los que podeis encontrar esta película, amigos), supuesta secuela-precuela de la de Romero, y la cosa casi cuela. Sin tener nada que ver en términos de producción con la original, los inversores de Fulci ven que la peli canta y que nadie se lo va a tragar, así que le obligan a rodar prólogo y epílogo en Nueva York, por aquello de hacerla más norteamericana. Porque, a pesar del título que el tarado de turno le puso en español, lo del terror zombi en Nueva York nos lo tenemos que imaginar, ya que un 80% de la película transcurre en una isla del Caribe. Por supuesto, la mayor parte del equipo técnico y artístico (a excepción de Fulci) tienen sus nombres americanizados, y para su distribución en los EEUU la película se tituló ZOMBIE FLESH EATERS (y con este ya tenemos tres). A la postre, el pistoletazo de salida de toda una serie infumable de subproductos lamentables que tomaron a esta película como bandera, infestando los cines de finales de los 70 y comienzos de los 80 de sangrientos delirios gore sin la más mínima calidad ni personalidad y expandiendo el virus del spaghetti-zombie a medio mundo.
Entremos en materia: ¿de qué va esto? Va de un velero sin tripulación que aparece en la bahía de Nueva York. Un par de polis sacados de Starsky & Hutch (la serie) investigan, con tan mala fortuna que a uno de muerde un gordo putrefacto que se escondía en el camarote. Un periodista guapete (para los estándares de los 70, se entiende) investiga a su vez esta muerte, y de pronto aparece la hija del dueño del barco, que parece una novicia virgen, muy preocupada porque no tiene noticias de su padre, científico, desde hace años. No hay problema, periodista y mocita embarcan rumbo a la isla tropical donde se supone trabajaba el doctor, no sin antes enrolarse con una pareja de aventureros en su yate: él no tiene oficio conocido más allá de marcar paquete, ella se dedica a sacar fotos submarinas con un tanguita de hilo y un horrendo gorro de baño, con tan mala suerte que se topa con un tiburón, que, a pesar de los alaridos subacuáticos de ella, parece más interesado en frotarse la panza con los corales que en devorarla. Afortunadamente, un zombie que andaba por allí (por allí me refiero al fondo marino) la salva del aprieto, luchando ferozmente a mordiscos contra el tiburón, lucha desigual porque en varios planos se puede ver que el escualo no tiene dientes. Alarmados por la experiencia, los cuatro llegan a la isla y se empiezan a escuchar tambores. Allí conocen a un antiguo colaborador del doctor, otro científico con un misterioso problema capilar (su barba cambia de densidad dependiendo de la secuencia) que se encuentra muy agobiado: al pobre se le mueren todos los pacientes nativos por una extraña enfermedad, además con la mala costumbre de volver a levantarse de sus mortajas, con lo que se pasa la vida bebiendo whisky y pegando tiros en la cabeza de sus pacientes revividos. A todo esto, el científico tiene una mujer que vive sola y asustada en su pedazo de casa isleña. Ella tiene la sana costumbre de ducharse con todas las ventanas abiertas. Evidentemente, un zombie se la quiere zampar y lo consigue, no sin antes atravesarle el ojo con una astilla de madera. El grupo de Scooby Doo descubre el percal y huye en su 4x4, pero como es de rigor, el coche se estrella en medio de la selva tropical, en realidad el jardín botánico de Roma. El periodista tiene la mala idea de hacerse un esguince en medio de un viejo cementerio colonial, y claro, los cadáveres de los conquistadores con apellidos hispanos se levantan de su tumba (muy despacio) y atacan (muy despacio) a sus víctimas. A la del tanga se la cepillan a la primera de cambio, pero los otros tres huyen hasta refugiarse en la iglesia, donde les espera el doctor con una anti-explicación de los hechos: "He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... e incluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano!" Nada más decir esto muere de una embolia, y los intrépidos llegan a la conclusión de que hay tanto vudú por metro cuadrado en la isla que esto no hay dios que lo pare, más que nada porque los tambores no han dejado de sonar desde que llegaron. Tras atrincherarse en la iglesia ante el acoso zombie, preparan unos cientos de cockteles molotov (aunque siempre tiran el mismo) y logran huir, pero ya sólo quedan dos: el periodista y la novicia. Ponen rumbo a Nueva York con el zombie del marcapaquete encerrado en la bodega del yate como prueba del horror, y en cuanto ponen la radio, sin molestarse en sintonizar, un locutor neoyorquino les informa de que la plaga zombie ya está asolando la ciudad. El último plano de la peli nos muestra a cuatro zombies caminando por el puente de Brooklyn en dirección a la ciudad, aunque a los habitantes no parece importarles mucho a juzgar por el tráfico que se vislumbra bajo el puente.
No es sólo que el delirium tremens argumental sea de órdago, es que además los diálogos basculan entre lo repetitivo y lo idiota, mientras los actores tratan de insuflar intensidad en vano. Ellas, sin excepción, se dedican al destete gratuíto y a quedarse paralizadas y chillar en cuanto perciben peligro. Fulci despliega su legendaria incapacidad para crear cualquier atisbo de suspense o in crescendo narrativo, y su obsesion por la casquería bruta en primer plano queda demostrada. Los recursos visuales setenteros campan a sus anchas durante todo el metraje (esos míticos zooms, esa música...). Sin embargo, y por increíble que parezca, la película tiene magia, ese algo intangible que hace que, a su manera, sea un pequeño clásico del cine de zombies. El italiano es capaz de teñir toda la película de una sordidez notable, un hálito nauseabundo más allá de sus carencias presupuestarias (lo que otros llaman caspa). Aquí los muertos se muestran como auténticos cadáveres en proceso de descomposición, y la parsimonia con la que Fulci planifica muchas escenas ayuda a subrayar esa desagradable sensación, una atmósfera malsana que casi se puede oler, perfectamente orquestada y coherente durante todo el metraje. Ojo, no es fácil hacer un cine "de atmósfera" dentro del terror, aunque esa atmósfera sea más bien pestilente. Además, secuencias como la del tiburón acaban convirtiéndose en algo casi onírico, fascinante por su aire bizarro digno del sueño de un demente. En conclusión, y todavía no sé bien por qué, la peli acaba funcionando a las mil maravillas: uno sabe que está viendo un bodrio, pero secuencia tras secuencia sigue pegado a la pantalla hasta los créditos finales, pues de un modo u otro, la película logra captar la atención. Misterios del Mondo Zombie.
NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIES fue la primera incursión en el género de Lucio Fulci, a la que se sumarían dos más, MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES y la deleznable ZOMBIE 3, que ni siquiera terminó de rodar. Desde entonces siempre se mantuvo fiel a las coordenadas del terror salvaje, rodando además la que yo considero su obra maestra, EL MÁS ALLÁ, un incomprensible thriller sobrenatural en el que potencia sus virtudes al máximo hasta llegar casi a la abstracción pura, al puro despliegue estético, en la que no se entiende nada del argumento pero que te mantiene hipnotizado y boquiabierto como una vaca mirando el tráfico. Eso que llaman "estilo personal". Lucio Fulci murió medio arruinado en 1996 víctima de una diabetes mal tratada (algunos hablan de suicidio), y como siempre, fue tras su desaparición cuando algunos pesos pesados del cine mundial empezaron a reivindicarle, en especial el idolatrado Quentin Tarantino, que en 1998 logró reestrenar EL MÁS ALLÁ en los USA con copia restaurada y todos los honores. Incluso el bueno de Robert Rodriguez le hizo un explícito homenaje-plagio a la escena de la "astilla en el ojo" en la maravillosa PLANET TERROR, estacazo que se lleva, por supuesto, el bueno de Tarantino en sus carnes. Lo dicho: a su manera un clásico que se merece su irrupción en la sección De Culto de Sesión Golfa, como una mosca muerta en un pastel de crema.
- Lo mejor: el despliegue en todo su esplendor del "estilo Fulci"
- Lo peor: todo lo demás
CABEZAS

En medio de mi ataque de insomnio, ataque de zombies, ya iba siendo hora. Modesta producción yanqui rodada con pocos dólares, muchas ganas y gozosos resultados, DANCE OF THE DEAD se une a la cada vez más popular moda de mezclar comedia y muertos vivientes, moda que no seré yo quien critique, desde luego. Ambientada esta vez en el típico y tópico instituto yanqui, la peli consigue mezclar con salero lo que ya todos conocemos de esta (sub)cultura teenager, repasando uno por uno los estereotipos con la consabida plaga de cadáveres andantes biotipo Romero combinada con los hipervitaminados zombies postmodernos adictos al speed (atención a cómo salen algunos de ellos de las tumbas), pero con bastante más gracia de la esperada. Bien surtida como comedia adolescente, el meollo de la cuestión se centra en el consabido "baile de graduación", pero en esta ocasión los únicos que podrán hacer frente a los zombies serán los inadaptados que no consiguieron pareja para ir al baile, je, los demás sucumbirán bien pronto al festín. Afortunadamente, el tal Gregg Bishop consigue sacar tajada (nunca mejor dicho) de todo el maremagnum referencial que se trae entre manos y se las ingenia para regalarnos una entretenidísima comedia moderadamente gore en la que sus muchos defectos y lugares comunes (el profesor de gimnasia es patético, algunos efectos dejan mucho que desear...) no logran empañar momentos realmente inspirados, como esa pareja de adolescentes zombies enamorados que se comen a besos, literalmente, o la reinterpretación punk del dicho "la música amansa a las fieras". Diversión, desmadre y ritmazo para este pasatiempo zombie tan irregular como disfrutable.
Ah, y por cierto, no confundir con el estupendo episodio del mismo nombre que Tobe Hopper dirigió para la primera temporada de MASTERS OF HORROR, también con zombies.
- Lo mejor: ideal para zombiadictos con hambre
- Lo peor: está muy lejos de otras recientes joyas de su estilo como ZOMBIES PARTY o PLANET TERROR
CABEZAS

Ah, y por cierto, no confundir con el estupendo episodio del mismo nombre que Tobe Hopper dirigió para la primera temporada de MASTERS OF HORROR, también con zombies.
- Lo mejor: ideal para zombiadictos con hambre
- Lo peor: está muy lejos de otras recientes joyas de su estilo como ZOMBIES PARTY o PLANET TERROR
CABEZAS

UP / EEUU / 2009
Dirección: Pete Docter
Codirección: Bob Peterson
Guión: Bob Peterson y Pete Docter; basado en un argumento de Bob Peterson, Pete Docter y Tom McCarthy
Producción: Jonas Rivera
Producción ejecutiva: John Lasseter y Andrew Stanton
Música: Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Diseño de producción: Ricky Nierva
Doblaje original: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles F. Muntz), John Ratzenberger (Tom), Delroy Lindo (Beta), Jordan Nagai (Russell), Bob Peterson (Dug/Alpha), Elie Docter (Ellie)
Codirección: Bob Peterson
Guión: Bob Peterson y Pete Docter; basado en un argumento de Bob Peterson, Pete Docter y Tom McCarthy
Producción: Jonas Rivera
Producción ejecutiva: John Lasseter y Andrew Stanton
Música: Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Diseño de producción: Ricky Nierva
Doblaje original: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles F. Muntz), John Ratzenberger (Tom), Delroy Lindo (Beta), Jordan Nagai (Russell), Bob Peterson (Dug/Alpha), Elie Docter (Ellie)

Ya resulta hasta cansino repetirlo, pero no encuentro mejor manera de decirlo: hoy por hoy no conozco en el mundo ningún equipo creativo capaz de parir una tras otra películas del calibre, la profundidad, la sabiduría y el puro placer estético que transmite UP. Mientras otros estudios como Dreamworks las hacen como churros, aprovechando el momento coyuntural y alargando sagas hasta la extenuación (del espectador), ese equipo mágico que forma Pixar crea joyas atemporales que, con una precisión sobrenatural, acaban siendo cada año lo mejor de la cosecha cinematográfica mundial, y sin repetir historias ni personajes, pues a excepción de la segunda parte de TOY STORY, cada película con la marca Pixar es tan única, personal e intransferible como su precedente (o la próxima). Esperemos que su renovada unión con Disney (estuvieron a punto de separarse para siempre) no les haga caer en la tentación puramente industrial y sigan cuidando con tanto mimo cada una de sus obras.

Dicho esto, ¿qué narices es lo que tiene Pixar que coloca sus películas a años luz del cine de animación que se hace hoy en el mundo (con el permiso del sr. Miyazaki)? Para empezar, el sempiterno olvidado del cine de animación: el guión. Nunca, nunca en una película de Pixar la historia es una excusa para el epatante despliegue tecnológico, sino más bien al contrario, y UP no es una excepción. Trabajados y pulidos hasta el más mínimo detalle, sus historias son tan originales como clásicas, en el mejor sentido de la palabra, plenas de detalles y segundas lecturas, con unos diálogos milimétricos, un sentido del gag visual y del ritmo asombroso y un diseño de personajes sencillamente soberbio. Recapitulando un poco, tenemos la historia de un crítico gastronómico que abandona sus prejuicios al degustar una sopa cocinada por una rata; la triste historia de soledad y amor de un robot mudo en una Tierra devastada; las peripecias de una familia disfuncional con superpoderes; la aventura iniciática de un pececito tullido; la paradójica empatía entre dos monstruos proletarios y la niña a la que deben aterrorizar... y, en la que nos ocupa, la alucinante aventura de un vendedor de globos viudo de... ¡78 años! ¿Qué otra película recordais cuyo action-hero sea un irascible anciano artrósico con un andador y cuyo némesis resulte otro anciano aún más viejo? ¿Recordais alguna película infantil en la que se adivine un aborto? ¿Cómo es posible que la simple contemplación de un álbum de fotos pueda lograr tal carga emocional al espectador adulto? Porque esa es otra de las grandiosas virtudes de Pixar (y por ende de UP, claro): el talento asombroso para captar la atención de todos los públicos sin resultar ni empalagosos ni infantiloides ni aburridos, y sin recurrir a los habituales chascarrillos o guiños "solo para adultos" tan propios de sagas tipo SHREK, películas que son entretenidas pero que no pasarán la cruel prueba del tiempo pues son filmes anclados en un momento determinado y para su consumo rápido. Dentro de 50 años el personal habrá olvidado las aventuras del ogro verde, pero disfrutará como el primer día de las peripecias del sr. Fredicksen. Puro talento, pura alquimia, ese brillo intangible que diferencia lo que está hecho para perdurar.


Centrándonos en UP, quizás más que nunca se mastica la sabia mixtura entre la tradición y la innovación de la que ha hecho gala Pixar desde siempre, pero incluso más depurada. Un ejemplo genial: la increíble carambola que se sacan de la manga para que, en una peli en la que los animalillos no hablan, toda una jauría de perros sí lo hagan (y de qué manera) sin dejar de ser perros en un mundo de humanos. Otra muestra: el prólogo que abarca toda la historia previa del anciano, una hermosa historia de amor desde su niñez hasta el arranque de la historia, un prodigio de síntesis narrativa que por sí solo es una obra maestra, la mayor parte además contada sólo por imágenes, de una delicadeza y una emoción sobresaliente. Y es que, por encima de que el coprotagonista sea un niño, UP habla mucho más de las vivencias de un adulto (ya en su último tramo vital) que de un crío, reforzado además por ese tono de aventuras clásico que bebe mucho más de Julio Verne o de Wells que de cualquier insulsa modernez videoclipera, ¿cómo si no se puede explicar que nuestro protagonista parezca un Spencer Tracy anciano, y su némesis un viejo Kirk Douglas (con huyuelo incluído)?

En fin, como ya he dicho por estos lares más de una vez, Pixar no pincha ni a propósito, y UP no es la excepción, manteniendo el nivel y, una vez más, haciéndonos soñar despiertos hurgando en los sentimientos puros, ese abanico existencial que, en definitiva, nos habla de la necesidad de todos nosotros de encontrar el camino hacia ese paraíso inalcanzable, tenga éste la forma que tenga. De las tres pelis más memorables que he visto este año en pantalla grande, dos son de animación... por algo será.

PD: y por supuesto, atentos al corto que antecede a la peli, esa deliciosa tradición única en su especie. Una vez más sin palabras, una vez más un derroche de imaginación. Chapeu!
- Lo mejor: la jodida intensidad emocional de algunos tramos, el maravilloso sentido de la aventura... todo
- Lo peor: que en muchos foros sigan discriminando al cine de animación, como si fuera algo "a parte", sin dejarle jugar en la misma liga que al resto, cuando la animación simplemente es una técnica para contar historias, nada más
CABEZAS

Antes de marcharme el fin de semana a remojarme el trasero en el mar, y dedicarle un buen destripe como se merece a UP!, la última maravilla de Pixar, termino esta oleada de comedias que han invadido Sesión Golfa con, probablemente, la más friki de todas: FANBOYS, un tributo de fans de STAR WARS a los fans de STAR WARS con forma de road-movie adolescente. Pero que no se me asuste el personal, si no perteneces a esta especie, también puedes disfrutarla amigo, porque FANBOYS derrocha encanto, nostalgia, fetichismo y gamberrismo a partes iguales. Con una premisa bastante cachonda que arranca meses antes del estreno de la horripilante EPISODIO I: LA AMENAZA FANTASMA (la panda de frikis atraviesan todo EEUU para colarse en el famoso rancho Skywalker para verla antes de su estreno), la peli se beneficia de un ritmo constante que nunca decae y las mil y una peripecias que estos descerebrados sufren, incluído un casino en Las Vegas en pleno simposium de treekies y un viaje de peyote orquestado por Danny Trejo, el habitual chicano de Robert Rodriguez. Por supuesto, las referencias a la saga galáctica (a la original, se entiende) son continuas, algunas bastante ingeniosas, y todo, todo el metraje está plagado de sabrosos cameos, por una vez bien dosificados y algunos bastante sorprendentes, incluso de los míticos actores que participaron en las tres primeras entregas: obviamente, olvidaos de Harrison Ford y Mark Hamill, pero al aficionado medio no le será nada difícil descubrir a otros cuantos "galácticos". Como parece que últimamente está en todas, también se deja caer por aquí el tremendo Seth Rogen, haciendo... dos papeles!! (en uno de ellos irreconocible, por cierto), e incluso el mismísimo George Lucas deja oir su voz en un momento de la película. Ah, y no os perdais el cameo de otro ilustre "fanboy" a las puertas de un urinario y, sobre todo, la última frase de la película... genial! Ideal para una de esas tardes tontorronas.
- Lo mejor: es tan entretenida como entrañable, te provoca una sonrisa perpetua durante hora y media
- Lo peor: un poco mas de caña al fenómeno fan que trata no hubiese venido mal
CABEZAS

- Lo mejor: es tan entretenida como entrañable, te provoca una sonrisa perpetua durante hora y media
- Lo peor: un poco mas de caña al fenómeno fan que trata no hubiese venido mal
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VICKY.CRISTINA.BARCELONA / EEUU-España / 2008
Vaya tela. De Woody Allen me gusta casi todo, en mayor o menor medida, pero VICKY.CRISTINA.BARCELONA me parece uno de los momentos más bajos de la filmografía del neoyorkino, un patinazo tremendo que llegó incluso a irritarme a ratos. Para empezar, me molesta esa torpe voz en off que no aporta nada a la historia, que se dedica a subrayar algo que ya estamos viendo o a sacarse de la manga reflexiones sin fundamento narrativo para tratar de coser trozos de una historia en el fondo bastante insustancial. Me cansa sobremanera la obsesiva insistencia por mostrar Barcelona como si de un publirreportaje se tratase, por no hablar de la avalancha de tópicos "spanish" guitarrita española en mano, en la que no falta ni Albeniz ni Paco de Lucía, omnipresentes en la banda sonora. Me irrita ese rollo snob que, oh dios mío, roza la pedantería en los diálogos, algo bastante extraño en el viejo Woody. Me aburren las reflexiones culturales, esputadas sin pizca de gracia ni salero y llenas de tópicos, como los propios personajes, demasiado artificiosos. Scarlett Johansson me demuestra una vez más que, más allá de su potente presencia física, es una actriz de recursos muy limitados. Y lo que es peor de todo, apenas esbozo un par de sonrisas en hora y media de aburrimiento esperando que la película pegue ese subidón inesperado, ese giro genial... que nunca llega. Cierto, con la aparición del personaje de Penélope Cruz la película remonta ligeramente el vuelo, pero no lo suficiente para salvar del naufragio este desastre. Apenas unos minutos de autentica química entre ella y Javier Bardem que hacen saltar chispas y dan brillo a una obra sin gracia, sin sustancia ni inteligencia, y que en el fondo parece una revisión del "landismo" setentero, pero en plan bohemio y soñador. Un auténtico fiasco.
- Lo mejor: los toma y daca verbales de Bardem y Penélope, mezclando idiomas
- Lo peor: ¿se supone que es una comedia?
CABEZAS

- Lo mejor: los toma y daca verbales de Bardem y Penélope, mezclando idiomas
- Lo peor: ¿se supone que es una comedia?
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Lo confieso: mi reencuentro con Kevin Smith ha sido vía la "factoría Appatow" que últimamente tan buenos ratos me hace pasar, y en concreto vía Seth Rogen, lo que son las cosas. Después de aquel horror edulcorado-babosil de nombre JERSEY GIRL desconecté por completo del orondo barbudo, incluso sigo sin haber catado CLERKS II, y alguna otra. Afortunadamente, con ZACK & MIRI MAKE A PORNO las cosas vuelven a su estado natural, o al menos en parte. Sin ser nada del otro jueves, la película es muy entretenida, está llena de palabras malsonantes cada 30 segundos y resulta felizmente soez por momentos. Por supuesto, las obsesiones personales del sr. Smith también están aquí (empezando por STAR WARS y terminando por la presencia de sus "habituales"), y nos regala un par de secuencias realmente brillantes y algunos diálogos chispeantes con esas ingeniosas réplicas a la velocidad de la luz marca de la casa. Seth Rogen sigue en su linea, o sea, muy bien, y es la espléndida Elisabeth Banks la que se lleva el gato al agua con su chispeante trabajo, ambos con una química en pantalla digna de mención. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que no hay sorpresas: el guión, en especial en su segunda mitad, avanza con el piloto automático en una única dirección, cada vez más convencional; lo que se presupone rompedor (o al menos bastante friki, como puede ser el mundillo del porno casero) acaba siendo plano y muy poco aprovechado y, para rematar la faena, la película acaba abrazando de pleno esa categoría tan peligrosa como es la "comedia romántica", con su dosis de ñoñería y moraleja imprescindible. Así, aún siendo, repito, una película perfectamente disfrutable, ¿HACEMOS UNA PORNO? acaba convirtiéndose en un deslucido híbrido entre el viejo Kevin Smith, la nueva comedia americana y el romanticismo conservador hollywoodiense... ¿Otro patinazo de Kevin Smith? No del todo, pero el que busque reencontrarse con la vieja gloria indie en todo su esplendor seguramente se va a llevar un chasco.
Ah, por cierto, si no la veis en versión original subtitulada os vais a perder la mitad de los chistes.
- Lo mejor: Zack y Miri calentándose con un bidón en el que queman las facturas sin pagar
- Lo peor: serán cosas mías, pero mosquea ese tufillo rancio que acaba desprendiendo la película
CABEZAS

Ah, por cierto, si no la veis en versión original subtitulada os vais a perder la mitad de los chistes.
- Lo mejor: Zack y Miri calentándose con un bidón en el que queman las facturas sin pagar
- Lo peor: serán cosas mías, pero mosquea ese tufillo rancio que acaba desprendiendo la película
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Mirad un momento el poster: nieve y zombies nazis. Pues eso es exactamente lo que nos ofrece esta remota producción noruega donde se demuestra, básicamente, que los nórdicos tienen sentido del humor. Concisa, directa y al grano, a pesar de la consabida media hora inicial de puro trámite y presentación de personajes, donde caben todos los tópicos (el friki cinéfilo, la calentorra, el tímido, el responsable, la hippie, el lugareño misterioso, la cabaña aislada, la antigua maldición...), la película explota cual gozosa piñata gore en el mismo momento en el que, a plena luz del día, el batallón de nazis zombies hace su aparición. A partir de este momento, festival del humor sangriento rigurosamente absurdo donde cualquier atisbo de verosimilitud brilla por su ausencia (ni falta que hace) y los protagonistas se convierten en un trasunto de Correcaminos humanos perseguidos por la horda de nazis putrefactos, pero con un plus de inventiva visual y dominio del gag físico, rozando casi el cine mudo por momentos, cosa que se agredece y mucho. Intestinos saltarines a ritmo de cartoon nórdico que rinde sentida pleitesía, otra vez, a los grandes del género y que ofrece exactamente lo que promete, cerveza en ristre y en buena compañía: pura diversión y despiporre sangriento a ritmo de heavy metal capaz de arrancar unas buenas carcajadas. Chapeau.
- Lo mejor: toda la traca final, of course
- Lo peor: en las secuencias nocturnas no se ve nada
CABEZAS

- Lo mejor: toda la traca final, of course
- Lo peor: en las secuencias nocturnas no se ve nada
CABEZAS


SEXYKILLER / España / 2008
Dirección: Miguel Martí
Guión: Paco Cabezas
Producción: Jaume Roures y Tedy Villalba
Música: Fernando Velázquez.
Fotografía: Carles Gusi
Montaje: David Pinillos
Dirección artística: Llorenç Miquel
Vestuario: Paco Delgado
Interpretación: Macarena Gómez (Bárbara/Sexykiller), César Camino (Tomás), Alejo Sauras (Álex), Ángel de Andrés (inspector), Juan Carlos Vellido (profesor de anatomía), Juan Díaz (Jesús), Nadia Casado (Clara), Fernando Ramallo (Ángel), Ramón Langa (decano)
Guión: Paco Cabezas
Producción: Jaume Roures y Tedy Villalba
Música: Fernando Velázquez.
Fotografía: Carles Gusi
Montaje: David Pinillos
Dirección artística: Llorenç Miquel
Vestuario: Paco Delgado
Interpretación: Macarena Gómez (Bárbara/Sexykiller), César Camino (Tomás), Alejo Sauras (Álex), Ángel de Andrés (inspector), Juan Carlos Vellido (profesor de anatomía), Juan Díaz (Jesús), Nadia Casado (Clara), Fernando Ramallo (Ángel), Ramón Langa (decano)

Ya iba siendo hora, ha tardado en llegar pero ya la tenemos aquí. Tras unos cuantos intentos más bien desastrosos (UNA DE ZOMBIS en los terrenos de la serie B, casposa, KÁRATE A MUERTE EN TORREMOLINOS, de pleno en la serie Z, atroz), por fin tenemos nuestra "comedia gore patria", o si lo preferís, la respuesta cañí, 20 años después, a los desparramos de unos primerizos Sam Raimi o Peter Jackson, salvando las distancias en ambos casos. Clarísimo lo debía tener su guionista Paco Cabezas al escribir este delirium-tremens berbenero y absurdo, realmente tonto por momentos, y muy claro el sosainas de Miguel Martí a la hora de desplegar recursos de todo tipo para plasmar en imágenes semejante insensatez. La consigna: "esto es lo que hay, ni más ni menos".

Sorprendente cambio de registro en el mentado Cabezas (con ese apellido tan "Sesión Golfa", caramba) tras su estimable y seriota APARECIDOS, SEXYKILLER es un auténtico bombón para cualquier aficionado a la hemogoblina desatada, el ritmo frenético, los juegos referenciales, el gag más físico que verbal y a cierta regocijante estupidez, así que nadie se deje engañar: si no conectas a los 5 minutos de película, mejor apaga y vámonos, porque "esto es lo que hay".

Probablemente este comentario golfero sea bastante más entusiasta que la calidad de la peli en sí, lo sé, pero no puedo ocultar lo mucho y bien que me lo pasé en esa hora y media. Evidentemente, la película no funciona al 100% durante todo el metraje, y a la postre queda muy lejos en desparpajo y frescura que los clásicos gore que todos tenemos en mente, incluso en desparramo de sangre (ni punto de comparación con BRAINDEAD, por ejemplo). Algunos gags y chistes funcionan muy bien, otros son simplemente pésimos. Durante su tramo central (lo que los cinéfilos americanófilos llaman "segundo acto") el guión pega un bajón considerable y la historia serpentea a la deriva sin rumbo abusando de la reiteración, pero rápidamente se ve subsanado por un inesperado giro argumental que no sólo transforma la narración, sino toda la película en sí, ese tipo de quiebro delirante que un servidor recibe con sonoros aplausos y otra cerveza. Es en esta última parte donde pienso que SEXYKILLER despliega sus mejores bazas y se convierte en una gozosa experiencia multirreferencial rayando el surrealismo, y picoteando sin rubor de la mentada BRAINDEAD (los clásicos son los clásicos amigos), pero también de los delirios médicos de RE-ANIMATOR y de joyitas escondidas de la serie B ochentera como NIGHT OF THE CREEPS (de la que se sablea, por cierto, hasta una magistral linea de diálogo).

Dejo para el final otro de los grandes aciertos de la película: su reparto. Si bien todos los actores parece que saben qué tipo de película están rodando, lo que es un alivio, que los imprescindibles cameos están bien dosificados (es increíble cómo Ramón Langa puede hacerlo tan mal en tan pocos segundos), y que ver al gran (en todos los sentidos) Angel de Andres haciendo de zombie vale su peso en oro, la que se lleva la palma es su protagonista, Macarena Gómez, totalmente convincente en su trasunto de una especie de Paris Hilton psicópata y cañí, y que consigue insuflar a su personaje una vida, una energía, una simpatía asesina y una potencia digna de elogio, y que además logra algo inaudito, sólo al alcance de los más grandes: hacer de la sobreactuación un arte. Imposible sería imaginar SEXYKILLER ya sin Macarena, por lo que ella solita suma una cabeza al cómputo global de esta película irregular pero plenamente gozosa y a años luz de otros intentos lamentables del pasado. Antes muerta que sencilla.

- Lo mejor: su simple existencia ya es algo para celebrar... ¡segunda parte ya!... y Macarena, claro
- Lo peor: con más esmero podría haber sido mucho mejor
CABEZAS

Echadle un vistazo al teaser...
Rodrigo García, para el que no lo sepa, es el hijo del ilustre Gabriel García Márquez, otra demostración más de que el talento no se hereda. Artífice de un par de dramas "de mujeres" con cierto prestigio festivalero (la etiqueta no es mía) que atufan a ese rollo de "tío sensible que comprende el alma femenina" (al menos la que yo he visto), con PASSENGERS pretende metérsela doblada al respetable usando el envoltorio de un estilizado thriller psicológico made in Shyamalan o algo así, más falso y artificial que cualquier plano secuencia de Garci. Con una aséptica y correcta factura visual el bueno de Rodrigo nos lleva de la manita por un "complejo" drama psicológico que abarca un accidente de avión, a sus supervivientes y a una inexperta psicóloga. Ella se encarga de atender los rollos postraumáticos de los afortunados mientras se enamora de uno de sus pacientes, hasta que poco a poco los integrantes de la terapia de grupo comienzan a desaparecer y ella comienza a cuestionar su propia cordura... y vosotros ya sabeis de qué va esto, ¿no? Pues el sr. García piensa que el público es medio idiota, y deja para el final ese giro tan sobado esperando epatar, cuando sólo consigue el bostezo, porque:
- A: el quiz de la cuestión se adivina desde el minuto 30
- B: la historia de amor es tan boba y falta de interés como sus enamorados
- C: estamos hartos de manuales de autoayuda de todo a 100, del "carpe diem" y de que los muertos se lo pasen mucho mejor al otro lado que a este, aunque no sepan que están muertos... ups, se me ha escapado...
- Lo mejor: los secundarios con las jetas de David Morse y Dianne West
- Lo peor: es taaaaaan predecible y taaaaaan correcta...
CABEZAS

- A: el quiz de la cuestión se adivina desde el minuto 30
- B: la historia de amor es tan boba y falta de interés como sus enamorados
- C: estamos hartos de manuales de autoayuda de todo a 100, del "carpe diem" y de que los muertos se lo pasen mucho mejor al otro lado que a este, aunque no sepan que están muertos... ups, se me ha escapado...
- Lo mejor: los secundarios con las jetas de David Morse y Dianne West
- Lo peor: es taaaaaan predecible y taaaaaan correcta...
CABEZAS

Inauguro Zombiexpress con esta cosa de inmediatas resonancias lovecraftianas y nefastos resultados. El desconocido Dan Gildark nos propone su particular versión de la mitología del genio de Providence mezclada con una soporífera historia de traumas infantiles filogays (tal cual os lo cuento) carente de cualquier atisbo de misterio, tensión, horror y presupuesto. La película va dando unos bandazos tan aburridos como el tren de la bruja: ahora investigo sectas, después recupero a mi amor adolescente, de pronto veo salamandras gigantes, es hora de reivindicar mi condición sexual ante los pueblerinos, debo impedir el fin del mundo, alguien me ha robado las lentillas mientras dormía... En fin, un absoluto galimatías embutido en un cansino y constante tono azul con algunas secuencias que dan vergüenza ajena (cualquiera que implica a la ¿actriz? esa de Sensación de Vivir y a las salamandras gigantes), recursos arty de parbulario (ese niño atontado mirando el televisor con niebla) y una absoluta falta de coherencia. Todo aquí pretende estar tan sugerido que no está, para más inri con un tramo final sableado del final de EN LA BOCA DEL MIEDO del maestro John Carpenter, sobra decir que a años luz de esa maravilla, esa sí, plenamente lovecraftiana. Otra decepción más que destroza sin rubor material del escritor norteamericano, y encima con una de sus más míticas creaciones en el título, ya les vale. Seguiremos esperando a Guillermo del Toro y su archianunciada adaptación de EN LAS MONTAÑAS DE LA LOCURA, que lo mismo cuando se deje de trajinar hobbits al fin se decide a rodar.
- Lo mejor: es tan torpe que hasta se ve con cariño
- Lo peor: utilizar el gancho del título como excusa de colarnos un pseudo drama gay (¿?)
CABEZAS


Aviso para navegantes: dado que se preveo un verano laboral intenso, lo que significa ausencia vacacional, lo que significa que gran parte del tiempo casero que me quede libre lo voy a dedicar a ponerme al día con la montaña de DVD´s que me esperan junto a la tele, pretendo inaugurar la nueva sección ZOMBIEXPRESS, que básicamente serán comentarios breves y concisos acerca de (casi) todo lo que espute mi pantalla, y que llegarán en oleadas. Por supuesto, combinaré esta faceta telegráfica con los comentarios habituales más extensos de pelis que realmente me motiven para ello.
Sigan atentos a su pantalla...
Sigan atentos a su pantalla...
THE FALL / EEUU - India - Inglaterra / 2006 Dirección: Tarsem
Guión: Dan Gilroy, Nico Soultanakis y Tarsem
Producción: Tarsem
Música: Krishna Levy
Fotografía: Colin Watkinson
Montaje: Robert Duffy
Diseño de producción: Ged Clarke
Vestuario: Eiko Ishioka
Interpretación: Lee Pace (Roy Walker), Catinca Untaru (Alexandria), Justine Waddell (Evelyn), Julian Bleach (Mystic), Leo Bill (Charles Darwin), Marcus Wesley (Otta Benga), Robin Smith (Luigi), Daniel Caltagirone (Sinclair/Gobernador Odio), Ronald France (Otto), Kim Uylenbroek (doctor/Alejandro Magno), Emil Hostina (padre de Alexandria/bandido).
Hoy toca indignarme un poco. Aprovechando la reciente edición de DVD de esta película, que casi se podría considerar un estreno teniendo en cuenta que en salas la dejaron vivir poco más de 15 días, lanzo preguntas al éter: ¿quién decide qué se estrena y qué pasa a engrosar las grasientas estanterías videocluberas (o e-muleras)? ¿qué se publicita y que se esconde? ¿qué criterios siguen los distribuidores, en concreto? ¿por qué no dejan que películas como THE FALL aguanten un poco el tirón y acaben encontrando su público en pantalla grande? Me niego a creer que la única guía sea la supuesta comercialidad de una cinta, puesto que THE FALL no es menos comercial que esas afrancesadas comedias de qualité, ni que la última sensación festivalera iraní de "niño-busca-padre-en-el-desierto", ni que la penúltima comedieta cañí con adolescentes en celo. Entonces... ¿quién es el capullo cegato que relegó a esta película al ostracismo?...

Dicho esto, vamos al tema: THE FALL es la segunda obra de un director yanqui de origen hindú (sí amigo Shyamalan, no estás solo) que responde por Tarsem Singh, acortado aquí a simplemente Tarsem, forjado en el mundo del videoclip (ya oigo temblar a algunos) y coleguita de Spike Jonze y David Fincher quienes, por cierto, son los productores ejecutivos de la cinta. Seguro que algunos de vosotros recuerda LA CELDA, aquella película tan extraña protagonizada por Jennifer Lopez, que venía a ser una especie de revisión del cine de psicópatas (tipo Hannibal Lecter) pero en plan psicoanalítico-lisérgico. Si la visteis seguro que la recordais, pues hay imágenes allí que no se olvidan con facilidad, muy por encima de su rutinario guión. Afortunadamente, la asombrosa capacidad visual de Tarsem permanece intacta y supervitaminada en THE FALL (sólo teneis que echar un vistazo a las fotos del post), con el añadido, además, de que están sustentadas por una historia mucho más interesante por su audacia estructural y su arrítmico y extraño in-crescendo.

Se podría decir que THE FALL es un cuento de hadas sin hadas, una revisión del relato clásico de aventuras en clave psicológica, o una curiosa mezcla entre LA PRINCESA PROMETIDA, LAS MIL Y UNA NOCHES y EL BARÓN DE MUNCHAUSSEN en su faceta "imaginada", tamizada por una pausada historia iniciática en la que una niña y un joven actor asimilan con dolor una de las enseñanzas básicas de la vida: aprender a caer. Una caída, precisamente, es lo que desencadena el relato, plasmado en un asombroso prólogo en blanco y negro: un joven especialista de cine tiene un accidente en un rodaje (estamos en los albores del cine) y es ingresado en un hospital de L.A. Pronto se hace amigo de Alexandria, una niña de origen hindú que también está allí, convaleciente por un brazo roto. Lo que comienza de forma casi casual, un cuento inventado por este actor para entretener a la cría durante las aburridas tardes en el hospital, poco a poco va creciendo en magnitud e intensidad hasta abarcar subtramas en las que ambos, actor y niña, se involucran en el relato, dejando aflorar poco a poco vivencias personales (traumáticas, por supuesto) y mezclando sus vidas y sus pasados en un cuento apasionante de incierto final, pues una de las cosas más hermosas de THE FALL es que la narración "imaginaria" que sostiene la trama "real" se va construyendo paso a paso y sobre la marcha, sacando a la luz asuntos muy feos y mutando poco a poco de un luminoso y hermosísimo cuentecillo oriental en otra cosa bastante más dolorosa, en la que los desengaños, la muerte y la ausencia de los seres queridos afloran como un iceberg que amenaza con torpedear el supuesto "final feliz" que esta historia debía tener... y no digo más al respecto.

Desde luego, no se puede decir que THE FALL sea una película de aventuras al uso, ni siquiera un drama al uso. Deliberadamente arrítmica en su mezcla entre los dos mundos con los que juega constantemente (que a la
postre acaban siendo el mismo, por supuesto), tanto el universo cotidiano como su reflejo imaginario parecen a veces entorpecerse, pero nunca se llegan a estancar. Evidentemente, la película es ante todo un auténtico festín visual. El absoluto dominio de Tarsem del encuadre, de la calidad cromática (¡esos colores, por dios!) y de la composición de la imagen es, sencillamente, apabullante, dejándonos boquiabiertos con las imágenes que desfilan ante nuestros ojos, de una belleza absoluta. Además, la película tiene una cualidad que la hace única en el 2009 y que la alejan radicalmente de otras como 300, por ejemplo: prácticamente un 90% se rodó en escenarios naturales y en parajes reales (4 años de rodaje, 27 países diferentes) y los trucajes son tan artesanales como en los comienzos del cine, o dicho de otro modo, nada de ordenadores y efectos digitales, todo aquí es óptico o mecánico y, aunque el espectador no tenga por qué saberlo, algo de esa artesanía visual tan pura se filtra en la sensación final que uno recibe, esa cualidad orgánica que otorga a la película una calidez insospechada. Además, el bueno de Tarsem no descuida a los actores (ni una sola estrella en el reparto: otro punto a su favor) y consigue, en especial de la niña, una interpretación tan natural y encantadora, tan pura, que en ocasiones parece que la cría está improvisando unos diálogos para nada improvisados. ¿Qué les dan de comer a los niños-actores yanquis? ¿Por qué los nuestros parecen replicantes cabezones adictos a la morfina?Terminando, muchas cosas caben en THE FALL, y la mayoría de ellas están en su sitio: sentimentalismo no sentimentaloide, aventura, drama, comedia y un apabullante "sentido de la maravilla" presente en todo el relato, al final una declaración de amor al noble arte de contar historias (en la forma que sea) y de disfrutar escuchándolas, algo tan milenario y tan inherente al ser humano como respirar.
- Lo mejor: la apabullante belleza y su intenso y emocionante tramo final
- Lo peor: el ritmo es extraño, cuando no lento
CABEZAS


Siguiendo el sabio consejo del sr. Ydol, he añadido a la sección Parque Temático etiquetas con las cabezas que a lo largo de estos meses he ido otorgando a las 48 películas que se han dejado caer ya por estos lares. Permitidme este pequeño acto de onanismo fílmico, porque los resultados son curiosos:
- Ganan por goleada las 7 cabezas, lo que me lleva a pensar que, o soy muy benévolo repartiendo cabezas o sólo comento películas que me gustan.
- Las 10 cabezas se las lleva en exclusiva INLAND EMPIRE, con dos cojones.
- La mínima hasta el momento ha sido de 2 cabezas, que van para sendos bodrios: MAX PAYNE y PATHFINDER (EL GUÍA DEL DESFILADERO).
- Tenemos una rara avis con PLANET TERROR, única película del blog sin calificar.
Dicho queda.
- Ganan por goleada las 7 cabezas, lo que me lleva a pensar que, o soy muy benévolo repartiendo cabezas o sólo comento películas que me gustan.
- Las 10 cabezas se las lleva en exclusiva INLAND EMPIRE, con dos cojones.
- La mínima hasta el momento ha sido de 2 cabezas, que van para sendos bodrios: MAX PAYNE y PATHFINDER (EL GUÍA DEL DESFILADERO).
- Tenemos una rara avis con PLANET TERROR, única película del blog sin calificar.
Dicho queda.
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