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DRAG ME TO HELL / EEUU / 2009
Dirección: Sam Raimi
Guión: Sam Raimi e Ivan Raimi
Producción: Rob Tapert y Grant Curtis
Música: Christopher Young
Fotografía: Peter Deming
Montaje: Bob Murawski
Diseño de producción: Steve Saklad
Vestuario: Isis Mussenden
Interpretación: Alison Lohman (Christine Brown), Justin Long (Clay Dalton), Lorna Raver (Sra. Ganush), Adriana Barraza (Shaun San Dena), David Paymer (Sr. Jacks), Dileep Rao (Rham Jas), Bojana Novakovic (Ilenka)
Guión: Sam Raimi e Ivan Raimi
Producción: Rob Tapert y Grant Curtis
Música: Christopher Young
Fotografía: Peter Deming
Montaje: Bob Murawski
Diseño de producción: Steve Saklad
Vestuario: Isis Mussenden
Interpretación: Alison Lohman (Christine Brown), Justin Long (Clay Dalton), Lorna Raver (Sra. Ganush), Adriana Barraza (Shaun San Dena), David Paymer (Sr. Jacks), Dileep Rao (Rham Jas), Bojana Novakovic (Ilenka)
Hace poco hablaba de los viejos amores cinéfilos a propósito de Peter Jackson. Redondeo la jugada con algo que, para mí, no sólo ha sido un gozoso reencuentro en pantalla grande sino la confirmación de un talento ya tan universal como clásico: Sam Raimi y su reciente ARRÁSTRAME AL INFIERNO. No os voy a dar la brasa recapitulando los méritos primerizos de este cachondo mental con cara de seminarista, porque cualquier lector de Sesión Golfa debería salivar ante la simple mención de la trilogía EVIL DEAD, pero sí que quiero dar un repaso general a la (extrañísima e irregular) carrera de este tipo, capaz de hacernos vibrar de puro placer cinético con un Ash desatado motosierra y recortada en mano, pero también de hacernos roncar con los problemas existenciales de un Kevin Costner con gorra de beisbol (ENTRE EL AMOR Y EL JUEGO); capaz de hacer un ejercicio de mímesis caligráfica con el estilo de los Coen (UN PLAN SENCILLO) y de rodar un cartoon de carne y hueso único en la historia del cine (CRIMEWAVE); capaz de visualizar una de las mejores superproducciones de superhéroes (DARKMAN) y una de las peores (SPIDERMAN 3); capaz de rozar el ridículo más espantoso (RÁPIDA Y MORTAL), de colarnos un telefilm de sobremesa como prestigioso drama emocional (PREMONICIÓN) y, por último, muy capaz de llegar a la sublimación del arte de contar un cuento a medianoche (ARRÁSTRAME AL INFIERNO).
Con esta esquizofrenia estilística, entonces, ¿cuántos Sam Raimis hay filmando por el mundo? Pues hasta ahora uno solo, mutante; desde la última, una simbiosis perfecta de sí mismo. Y lo más gracioso es que el bueno de Raimi ha logrado su techo estilístico con su obra más pequeña en lustros, porque al lado de los mamotretos del Hombre-Araña, ARRÁSTRAME AL INFIERNO no es que sea una película pequeña, es que es diminuta. Hartito de productos prefabricados, ha pasado de armar todos los impersonales muebles del almacen de Ikea a pulir con mimo un precioso carillón artesanal en un garaje, disfrutando de cada detalle, y eso se nota a la legua. Se comenta el "regreso a los orígenes", y aunque algo de eso sí que hay, se trata más bien de volver a trastear con un juguete que estaba cogiendo polvo en un armario, pero no ya desde la pasión destroyer de un chaval sino desde la sabiduría cinematográfica adquirida en todos estos años y el redescubrimiento feliz de todo eso por lo que, en una ocasión, un imberbe Raimi cogió una cámara y la usó como si fuese un bate de beisbol.

Como todo en esta película es pequeño, minimalista, la historia también lo es: la maldición que una vieja gitana lanza sobre la pavisosa empleada de una sucursal bancaria por no concederle una demora en el pago de la hipoteca, y con ello perder su casa. El previsible ascenso de la chica en el banco (ascenso=ser impasible con los dramas ajenos) se ve truncado, claro, por los efectos que esta maldición tiene en la vida cotidiana de la muchacha, que poco a poco la va trastocando mental y físicamente hasta llevarla a un estado de paranoia incontrolable. Cuando, desesperada, acude en persona a pedir perdón a la vieja, es demasiado tarde: la gitana ha muerto, y con ello cualquier posibilidad de frenar los tremendos efectos de la maldición... Capitalismo VS Esoterismo en un combate a muerte, amigos... ¿quién saldrá victorioso?

Deliberadamente retro y artesanal, la progresión de la película funciona con la perfección añeja de ese carillón que os comentaba, plano a plano y secuencia a secuencia, nada falta y nada sobra en un asombroso ejercicio de in-crescendo narrativo pulido hasta el mínimo detalle en el que cada giro en la historia la hace avanzar impasible hasta ese aldabonazo final. ARRÁSTRAME AL INFIERNO es uno de esos casos (milagros) en los que cada escena es un tour de force en sí misma, pero que nunca desequilibra el conjunto. Os podría hablar de la extraordinaria secuencia del banco con la vieja, un ejemplo de maestría en la planificación digna del mejor Hitchcock, o de la cena con los padres del novio, simplemente perfecta en su creciente tensión, que va desde la normalidad al delirio en apenas 5 minutos. Cualquiera de los ataques de la Lamia, ese espíritu satánico que acosa a la prota (y que no es más que... ¡una sombra!), es asombroso por su sencillez, por su transparencia, por su efectividad. Y así con cualquier momento de la peli agarrado al azar, os lo seguro. Aunque como veis la historia es un ejemplo clásico de "cuento de miedo a medianoche", nada en la peli resulta acartonado (aunque sí artesanal, insisto), y eso es gracias al cachondo punto de vista con el que Raimi mira a la historia y a sus criaturas. Sin caer nunca, insisito, nunca en la parodia, el sentido del humor cafre y repugnantillo de Raimi campa a sus anchas por todo el metraje. Otro ejemplo de maestría: la secuencia del ataque de la vieja en el coche, rodada de tal manera que es capaz de provocar tanto el sobresalto, como la tensión y la carcajada, todo en uno, estirando el tempo narrativo como un chicle para que la cosa funcione como tiene que funcionar. Por supuesto, los toques hiperbólicos made in Raimi tampoco están ausentes en la función (¿qué hay más cartoon que a alguien le caiga un yunque en la cabeza y los ojos le salgan disparados de las órbitas?), pero perfectamente dosificados. Pienso también en la pobre Alison Lohman, y cómo tiene que soportar que Raimi le introduzca reiteradamente por la boca (con perdón) todo tipo de asquerosidades, vómitos, gusanos, babas de vieja... con una saña tan gozosa como chocante, retorciendo su imagen de actriz "sana, adolescente y pavisosa", algo así como si a la Hannah Montana esa le lanzasen boñigas de vaca durante todo un concierto, redondeando el festín con la juguetona banda sonora de Christopher Young.

Resumiendo, aunque seguro que muchos la tachan de paso atrás en la carrera más industrial de su director, que a muchos otros les parezca un producto algo caduco y trasnochado (incluso demasiado cutre en los trucajes respecto a lo que la industria tiene malacostumbrado al personal) y que la mayoría opine que es de esas obras menores en la filmografía de cualquier director con un mínimo de prestigio, ARRÁSTRAME AL INFIERNO, para un servidor, supone una joyita atemporal, una obra de autor incontestable y, hasta el momento, la cima estilística y narrativa de ese geniecillo inquieto llamado Sam Raimi. Evidentemente todo depende del interés que uno ponga en este tipo de cuentos de miedo, pero lo que es irrefutable es que, se mire por donde se mire, cinematográficamente la película es una auténtica maravilla hecha desde y para el disfrute y la diversión de cualquier aficionado al género. Una pasada.

- Lo mejor: ni le sobra ni le falta nada
- Lo peor: la excesiva utilización, en momentos muy puntuales, del estruendo para provocar el susto
CABEZAS

Entre punks adictos a la heroína y maldiciones gitanas cuelo esta cosilla francesa dirigida por el prestigioso ex-enfant terrible Olivier Assayas. Advierto que es la única peli que he visto de este hombre, y lo cierto es que no me ha parecido para tanto. Thriller tecnológico en ambiente megacorporativo internacional reforzado por un casting franco-norteamericano-nipón, esta es una de esas películas que prometen mucho y acaban dando más bien poco, y que, una vez más, confía en que las neuronas del espectador estén lo suficientemente adormecidas como para metérsela doblada en varias ocasiones. Pues no amigo Assayas, no cuela, y es una pena porque gran parte del (excesivo) metraje de DEMONLOVER es muy entretenido y lo suficientemente exótico e interesante como para crear una expectativas que acaban explotando en fuegos artificiales demasiado predecibles. Como os decía, la cosa comienza como un thriller ambientado en altas esferas empresariales en el que la traición y el engaño parecen ser el comportamiento habitual entre tiburones y tiburonas vestidos con trajes de Armani, enredados en peligrosos juegos de poder. Y es que la "escuala" principal de la peli, el personaje que interpreta con convicción la yanqui Connie Nielsen, es el gélido eje sobre el que pivota toda la función, revestida con una estética entre fría, publicitaria y plenamente colorista (en su segmento nipón). Curiosa en tanto nos muestra el modus vivendi de esta voraz fauna corporativa, y muy entretenida por los vericuetos argumentales y temáticos con los que se mueve (lo del porno nipón 3D es un puntazo), la cosa empieza a debilitarse cuando la Nielsen se pone el pasamontañas y de pronto nos vemos inmersos en MISIÓN IMPOSIBLE, tan-tan-tantantantan... De ahí al final, pues bueno, pretendida sordidez ("el lado oscuro de Internet", amigos), derrapes argumentales y neuronales, coqueteos con las snuff-movies, una particularmente ridícula conversación en un restaurante chino que se supone que es el clímax emocional y una parte final absolutamente verbenera y predecible, con una secuencia epílogo que pretende ser turbadora pero que en el fondo es más inocente que BARRIO SÉSAMO. No obstante y a pesar de sus desvaríos, no está tan mal. Ah, y con Chloë Sevigni, y Gina Gershon fumando yerba, una tipa que particularmente me encanta.
- Lo mejor: el planteamiento y el retrato del mundo corporativo internacional
- Lo peor: el desparramo del último tercio
CABEZAS

- Lo mejor: el planteamiento y el retrato del mundo corporativo internacional
- Lo peor: el desparramo del último tercio
CABEZAS


REPO MAN / EEUU / 1984
Dirección y guión: Alex Cox
Música: Steven Hufsteter e Iggy Pop
Fotografía: Robby Müller
Intérpretes: Emilio Estevez, Harry Dean Stanton, Olivia Barash, Tracey Walter, Sy Richardson, Susan Barnes, Fox Harris, Del Zamora
Dirección y guión: Alex Cox
Música: Steven Hufsteter e Iggy Pop
Fotografía: Robby Müller
Intérpretes: Emilio Estevez, Harry Dean Stanton, Olivia Barash, Tracey Walter, Sy Richardson, Susan Barnes, Fox Harris, Del Zamora

Quizás alguno de vosotros no conozcais a Alex Cox. Como tantas cosas en la vida, a veces los estímulos llegan por oleadas, y todo ha empezado con la lectura de POR FAVOR, MÁTAME (LA HISTORIA ORAL DEL PUNK), de Legs McNeil y Gillian McCain, desde ya la auténtica biblia sobre el movimiento punk contada en tiempo real por sus propios apóstoles. Mil birras desde aquí para el compañero Emil por el descubrimiento. Una cosa lleva a otra, y en mi fastuosa montaña de dvd´s comenzaron a brillar dos pelis, con sendos punkis en la portada: uno en segunda fila, anónimo y caricaturesco (REPO MAN) y otro en primer plano soltando un alarido, célebre y real como la vida misma (SID & NANCY). Ambas cintas, dirigidas por un señor llamado Alex Cox, tipo del que, hasta el momento, solo tenía referencias tangenciales, han rubricado con alegres escupitajos mi quicena punki. Como aunque no lo parezca soy un tipo ordenado, antes de empezar por la primera, dejadme que os hable un poco de Alex Cox.
En todos estos años, mis encuentros con este tipo han sido en plan "colega de"... Colega de John Waters, colega de Alex de la Iglesia, colega de Terry Gilliam... Gracias a ello, actor secundario en PERDITA DURANGO (uno de los polis fronterizos) y LOS CRÍMENES DE OXFORD (el profesor de matemáticas que se vuelve loco, lo mejor de la peli por cierto), coguionista de la primera versión de MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS... Poco a poco el círculo se va cerrando, y le veo por ahí de jovenzuelo y con cresta... mmm... se rumorea que groupie (gay) en sus tiempos mozos de The Clash y Sex Pistols y pseudo-mánager durante una temporada de The Pogues. Vaya. Por supuesto, también director de cine y documentalista (sus dos documentales versan sobre Akira Kurosawa y... el mito de Emmanuelle). Su productora se llama (literalmente) El Ángel Exterminador. Evidentemente, este tipo es carne de Sesión Golfa amigos.
De una trayectoria fílmica no ya errática sino surrealista, tras su inencontrable ópera prima SLEEP IS FOR SISSIES, el tipo dirige REPO MAN, lo que canónicamente se suele llamar una peli de culto, con la que, curiosamente, no es muy difícil toparse a las tantas de la madrugada en nuestras televisiones, cuando hasta las teletiendas agonizan. Así fue mi primer contacto, años ha, con esta peli, de la que sólo tenía un recuerdo difuso. Me la he repasado hace poco en una deslumbrante copia remasterizada y sólo os puedo decir una cosa: hay pelis fáciles de contar, otras aburridas de contar y unas pocas imposibles de contar. Por supuesto, REPO MAN pertenece a esta última especie. Y sí, el maromo de la portada es Emilio Estevez.

Digamos que REPO MAN es un thriller punk sobrenatural. Digamos que la cosa va de un tipo moribundo que atraviesa los EEUU con una cosa fluorescente en el maletero que desintegra a todo el que la mira (sólo os he contado los primeros 3 min de la peli, tranquilos). Digamos que Emilio Estevez es un punki light que se queda sin trabajo en el súper. Supongamos que, sin querer, roba un coche (repito: sin querer) y entra en contacto con una mafia casposa de "recuperadores" de vehículos compuesta por un grupo de frikis y sus rivales gansta-latinos. Digamos que una sociedad secreta gubernamental con trajes plateados y luces de colores persigue al tipo del coche exterminador. Supongamos que unos flipados de los ovnis también. Digamos que los colegas punkis del prota se enteran de que el coche vale 20 de los grandes y van tras él. Supongamos que al final el más colgado de todos los personajes tenía razón, que un bidón ardiendo debajo de un puente es fuente eterna de sabiduría, que realmente "no future" y que el caos es la vía más rápida para alcanzar la inmortalidad. Todo ello subrayado por una banda sonora vociferada por Iggy Pop. ¿Os ha quedado claro?

Ochentera y barata hasta la médula, REPO MAN hace gala durante todo su metraje de una libertad creativa y conceptual de muchos quilates. A pesar de la impresión que podais tener por su delirante argumento, seriedad poca: la película está contada con una ligereza y una tendencia a la comedia surrealista sorprendente, un poco en la vena de un John Landis en sus buenos tiempos, pero con un filo mucho más punki, of course, y sin menospreciar sus buenas persecuciones, tiroteos y enredos de todo tipo, hasta el punto de que en sus últimos 20 minutos es imposible seguir la avalancha de giros, situaciones y cambios de escenario a toda pastilla que el sr. Cox nos propone, muy en consonancia con el caos punk que, desde el principio, parece ser la base ideológica de REPO MAN. Un (quizás demasiado) tiernecito e imberbe Emilio Estevez adolescente, que no obstante aguanta el tirón estupendamente hasta hacer de Otto un personaje muy simpático, tiene la fortuna de estar secundado por uno de los mejores devora-escenas de los últimos 30 años: Harry Dean Stanton, genio y figura, actor soberbio haga lo que haga. Sumad a todo esto algunas lineas de diálogo geniales, un ritmazo frenético (sobre todo en su último tercio), un sentido del cachondeo tan sanote como destroyer y tendreis REPO MAN, una pequeña joyita ochentera tan anárquica como disfrutable, con esa extraña sensación de que, pese a todo, parece que Alex Cox sabe de lo que habla, por muy delirante que sea su discurso. En definitiva, un buen puyazo anti-sistema en plena era Reagan. A descubrirla ya.
- Lo mejor: lo dificil que es encontrar hoy en día películas tan libres como esta- Lo peor: no conectar con su anárquico discurso
CABEZAS

HEAVENLY CREATURES / Nueva Zelanda / 1994 Dirección: Peter Jackson
Guión: Peter Jackson y Frances Walsh
Música: Peter Dasent
Fotografía: Alun Bollinger
Intérpretes: Kate Winslet, Melanie Lynskey, Sarah Peirse, Diana Kent, Clive Merrison, Simon O´Connor, Jed Brophy, Peter Elliot

Es probable que Peter Jackson sea uno de los cineastas más mencionados en Sesión Golfa, es lo que tienen los viejos amores. Director de alcance y fama mundial a raíz de la fabulosa trilogía de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, es bueno recordar que antes de ese titánico tour de force al bueno de Jackson apenas le conocían dos grupúsculos de cinéfilos (o cinéfagos, tanto da): por una parte los gore-adictos cachondones que le descubrimos con su inenarrable, delirante, casposa, ultragore y megadivertida ópera prima MAL GUSTO, y que poco después vimos en BRAINDEAD el culmen y la muerte por puro exceso del propio género, por otra los que se fijaron en él a raíz de CRIATURAS CELESTIALES en los circuitos festivaleros. De hecho, fue con esta película con la que el neocelandés comenzó a labrarse cierto prestigio más allá de sus apocalipsis gore, genero en el que literalmente lo expulsó todo y en el que, lógicamente, ya poco más tenía que decir tras la apabullante BRAINDEAD, película sobresaliente se mire por donde se mire.

Peter Jackson siempre ha sido un enamorado de su tierra, algo que no es nada anecdótico si repasamos su carrera: desde su primer film, gran parte de ellas suceden en Nueva Zelanda, y todas se han rodado allí, incluso la americanizada THE FRIGHTENERS, gran parte de KING KONG y ese genial capricho cinéfilo en forma de falso documental como es FORGOTTEN SILVER, en el que para más inri se centraba en Colin McKenzie, supuesto cineasta paisano suyo creador del cine en color, el sonido y el travelling... mucho antes que todos los demás. Mantiene un equipo fijo de trabajo desde sus más tiernos comienzos, desde su coguionista habitual Frances Walsh hasta el equipo técnico casi casi al completo, un alarde de fidelidad bastante marciana en el mundillo. Todas sus pelis son, como mínimo, coproducciones neocelandesas. Los ingresos por turismo se han disparado tras el rodaje de los anillos. Se dice incluso que ha dado trabajo a través de su productora (Wingnut Films) y de su empresa de efectos visuales (Weta) a un 80% de los profesionales de su país y a todos los estudiantes en prácticas de audiovisuales. Si en Wellington no le ponen un monumento ya, al menos deberían declararle "industria cultural" en sí mismo o algo. Así no es de extrañar que poco tiempo después de terminar BRAINDEAD, Peter se fijase en un suceso que conmovió a la sociedad neocelandesa a mediados de los 50: el brutal asesinato de una mujer a manos de dos adolescentes, Pauline y Juliet, siendo la víctima además madre de la primera. Pauline dejó constancia de los dos tormentosos años de relación con su amiga Juliet en unos diarios que, y eso se avisa desde el principio en la peli, son la base sobre la que se sustenta la historia.

Efectivamente, bajo el (temible) epígrafe de "basado en hechos reales", que a mí invariablemente me trae a la mente imágenes de sofá y ronquidos, arranca la historia de CRIATURAS CELESTIALES, sólo para ser demolida a los pocos minutos porque, si hay algo de lo que carece la película, curiosamente, es de objetividad pseudoperiodística, algo que la honra y la hace aún más grande. Tras un curioso arranque documental, la imagen idílica se rompe con un alarido: dos chicas jóvenes gritan y corren ensangrentadas por un bosque, registradas por una cámara frenética en constante movimiento. Al contrario que muchos otros, que cuelan sin rubor opinión travestida de información, Peter Jackson no engaña a nadie y pone las cartas sobre la mesa: esto no va a ser un docudrama neutro ni un telefilm, esto es la narración totalmente subjetiva de un asesinato visto a través de los ojos, las palabras y los sentimientos de las asesinas, un punto de vista tan sincero como arriesgado. Ni más ni menos.

Así, al librarse de muchos estereotipos externos cuando el cine aborda estos espinosos asuntos, el orondo Jackson se lanza a la piscina con total libertad creativa, sin ceñirse a género alguno, logrando trasmitir esa mágica sensación de "pura vida" que traspasa la pantalla sin renunciar en ningún momento a la complejidad, tanto en el preciso dibujo de sus dos protagonistas como en el de los secundarios (sus familiares), lejos del estereotipo y con una carga de ambigüedad notable. Muy lejos del frio estigma documental, CRIATURAS CELESTIALES es un verdadero festival de emociones desatadas, muchas de ellas contradictorias, pero siempre tremendamente humanas y, ante todo, una arrebatadora historia... de amor. No puedo llegar a entender como algo tan diáfano y evidente es maquillado en algunos foros con epítetos tan tontos como "perturbadora amistad especial" o "inmersión a los abismos de la locura" y chorrosandeces así, allá ellos. Esta magnífica historia de la gestación de un crimen pasional adolescente, un acto tan puro en su génesis como atroz en su resultado, curiosamente, molesta a algunos espectadores por la absoluta falta de un juicio paralelo por parte del director, que para más inri riega la mayor parte de la película con una vitalidad, una luz abrumadora y una sensibilidad que se desparrama en cada fotograma, sin que por ello el crimen en sí resulte menos seco y brutal. Pura sabiduría narrativa, amigos.

Por supuesto, el extraordinario trabajo de sus dos protagonistas (y todos los secundarios) ayuda, y mucho, a que CRIATURAS CELESTIALES sea una peli tan deslumbrante. El debut de Kate Winslet es, sencillamente, espectacular. Siempre caminando por el mismo filo de la sobreactuación, pero controlando cada mínimo detalle, la inglesa consigue perfilar una Juliet que es como una locomotora vital siempre a punto de descarrilar, rebosante de vida, alegría y fantasía, extrovertida y un punto lunática, una fuerza de la naturaleza cuyo contrapunto, la retraída y callada Pauline, interpretada certeramente por la olvidada Melanie Lynskey, se acopla como un guante hasta conformar su reverso compatible, ambas funcionando como un Yin-Yang imparable, una unidad cómplice y potencialmente peligrosa. La dirección de Jackson, tan energética como de costumbre (esos movimientos de cámara imposibles) se beneficia además por una exquisita puesta en escena (algunas escenas del "Cuarto Mundo" parecen ya bocetos de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS) que en esta ocasión presta especial atención a los detalles y a la ambientación de la época, ribeteada con un delicado aliento poético (y musical) que multiplica por cien el disfrute de esta maravillosa película, y que no hace sino confirmar que Peter Jackson, más allá de la popularidad mediática con la que carga desde hace unos años, es uno de los autores fundamentales del cine moderno, pues creo que ya atesora en su carrera unas cuantas obras que, dentro de no mucho tiempo, serán consideradas clásicos. Tiempo al tiempo.
PD: tras el juicio y cinco años de prisión (eran demasiado jóvenes para sufrir la pena capital o la cadena perpetua), Juliet y Pauline fueron liberadas por separado con la condición de no volver a verse ni comunicarse jamás. Pauline desapareció de la vida pública para siempre, pero Juliet se convirtió en la célebre escritora de novela negra Anne Perry. Se cree que desde el juicio nunca volvieron a tener contacto.
- Lo mejor: que una película sobre un crimen atroz sea también un canto a la vida y la libertad
- Lo peor: que muchos sigan cegados sólo por el fulgor de los anillos
CABEZAS


Peter Jackson siempre ha sido un enamorado de su tierra, algo que no es nada anecdótico si repasamos su carrera: desde su primer film, gran parte de ellas suceden en Nueva Zelanda, y todas se han rodado allí, incluso la americanizada THE FRIGHTENERS, gran parte de KING KONG y ese genial capricho cinéfilo en forma de falso documental como es FORGOTTEN SILVER, en el que para más inri se centraba en Colin McKenzie, supuesto cineasta paisano suyo creador del cine en color, el sonido y el travelling... mucho antes que todos los demás. Mantiene un equipo fijo de trabajo desde sus más tiernos comienzos, desde su coguionista habitual Frances Walsh hasta el equipo técnico casi casi al completo, un alarde de fidelidad bastante marciana en el mundillo. Todas sus pelis son, como mínimo, coproducciones neocelandesas. Los ingresos por turismo se han disparado tras el rodaje de los anillos. Se dice incluso que ha dado trabajo a través de su productora (Wingnut Films) y de su empresa de efectos visuales (Weta) a un 80% de los profesionales de su país y a todos los estudiantes en prácticas de audiovisuales. Si en Wellington no le ponen un monumento ya, al menos deberían declararle "industria cultural" en sí mismo o algo. Así no es de extrañar que poco tiempo después de terminar BRAINDEAD, Peter se fijase en un suceso que conmovió a la sociedad neocelandesa a mediados de los 50: el brutal asesinato de una mujer a manos de dos adolescentes, Pauline y Juliet, siendo la víctima además madre de la primera. Pauline dejó constancia de los dos tormentosos años de relación con su amiga Juliet en unos diarios que, y eso se avisa desde el principio en la peli, son la base sobre la que se sustenta la historia.

Efectivamente, bajo el (temible) epígrafe de "basado en hechos reales", que a mí invariablemente me trae a la mente imágenes de sofá y ronquidos, arranca la historia de CRIATURAS CELESTIALES, sólo para ser demolida a los pocos minutos porque, si hay algo de lo que carece la película, curiosamente, es de objetividad pseudoperiodística, algo que la honra y la hace aún más grande. Tras un curioso arranque documental, la imagen idílica se rompe con un alarido: dos chicas jóvenes gritan y corren ensangrentadas por un bosque, registradas por una cámara frenética en constante movimiento. Al contrario que muchos otros, que cuelan sin rubor opinión travestida de información, Peter Jackson no engaña a nadie y pone las cartas sobre la mesa: esto no va a ser un docudrama neutro ni un telefilm, esto es la narración totalmente subjetiva de un asesinato visto a través de los ojos, las palabras y los sentimientos de las asesinas, un punto de vista tan sincero como arriesgado. Ni más ni menos.

Así, al librarse de muchos estereotipos externos cuando el cine aborda estos espinosos asuntos, el orondo Jackson se lanza a la piscina con total libertad creativa, sin ceñirse a género alguno, logrando trasmitir esa mágica sensación de "pura vida" que traspasa la pantalla sin renunciar en ningún momento a la complejidad, tanto en el preciso dibujo de sus dos protagonistas como en el de los secundarios (sus familiares), lejos del estereotipo y con una carga de ambigüedad notable. Muy lejos del frio estigma documental, CRIATURAS CELESTIALES es un verdadero festival de emociones desatadas, muchas de ellas contradictorias, pero siempre tremendamente humanas y, ante todo, una arrebatadora historia... de amor. No puedo llegar a entender como algo tan diáfano y evidente es maquillado en algunos foros con epítetos tan tontos como "perturbadora amistad especial" o "inmersión a los abismos de la locura" y chorrosandeces así, allá ellos. Esta magnífica historia de la gestación de un crimen pasional adolescente, un acto tan puro en su génesis como atroz en su resultado, curiosamente, molesta a algunos espectadores por la absoluta falta de un juicio paralelo por parte del director, que para más inri riega la mayor parte de la película con una vitalidad, una luz abrumadora y una sensibilidad que se desparrama en cada fotograma, sin que por ello el crimen en sí resulte menos seco y brutal. Pura sabiduría narrativa, amigos.

Por supuesto, el extraordinario trabajo de sus dos protagonistas (y todos los secundarios) ayuda, y mucho, a que CRIATURAS CELESTIALES sea una peli tan deslumbrante. El debut de Kate Winslet es, sencillamente, espectacular. Siempre caminando por el mismo filo de la sobreactuación, pero controlando cada mínimo detalle, la inglesa consigue perfilar una Juliet que es como una locomotora vital siempre a punto de descarrilar, rebosante de vida, alegría y fantasía, extrovertida y un punto lunática, una fuerza de la naturaleza cuyo contrapunto, la retraída y callada Pauline, interpretada certeramente por la olvidada Melanie Lynskey, se acopla como un guante hasta conformar su reverso compatible, ambas funcionando como un Yin-Yang imparable, una unidad cómplice y potencialmente peligrosa. La dirección de Jackson, tan energética como de costumbre (esos movimientos de cámara imposibles) se beneficia además por una exquisita puesta en escena (algunas escenas del "Cuarto Mundo" parecen ya bocetos de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS) que en esta ocasión presta especial atención a los detalles y a la ambientación de la época, ribeteada con un delicado aliento poético (y musical) que multiplica por cien el disfrute de esta maravillosa película, y que no hace sino confirmar que Peter Jackson, más allá de la popularidad mediática con la que carga desde hace unos años, es uno de los autores fundamentales del cine moderno, pues creo que ya atesora en su carrera unas cuantas obras que, dentro de no mucho tiempo, serán consideradas clásicos. Tiempo al tiempo.
PD: tras el juicio y cinco años de prisión (eran demasiado jóvenes para sufrir la pena capital o la cadena perpetua), Juliet y Pauline fueron liberadas por separado con la condición de no volver a verse ni comunicarse jamás. Pauline desapareció de la vida pública para siempre, pero Juliet se convirtió en la célebre escritora de novela negra Anne Perry. Se cree que desde el juicio nunca volvieron a tener contacto.
- Lo mejor: que una película sobre un crimen atroz sea también un canto a la vida y la libertad
- Lo peor: que muchos sigan cegados sólo por el fulgor de los anillos
CABEZAS

No, a pesar de que va para un mes que no posteo, no estoy en búsqueda y captura, hermanos y hermanas. Asuntos laborales de esos muy absorbentes, como los pañales, me tienen abducido sin un mísero momento para disfrutar frente a las teclas. Muy pronto estaré de vuelta con un buen arsenal cinéfago de actualidad como ARRÁSTRAME AL INFIERNO, DISTRITO 9, una purga mental de nombre ANTICRISTO y alguna que otra delicia de culto recuperada de algún polvoriento almacén virtual... y ya de paso celebraremos como se merece haber rebasado las 10.000 visitas.Ya me he visto una buena ristra de pelis de Takashi Miike, ya estoy avisado pues, pero da igual: invariablemente este tipo es capaz de atizarme unos cuantos sopapos mentales con cada nuevo reto fílmico, y desde luego GOZU no es una excepción. Planteada como un relato minimalista de yakuzas en el que no hay disparos ni acción, desde la primera secuencia se nos pone sobre aviso sobre el particular universo Miike ("ese Chihuahua está adiestrado para matar yakuzas"), una escena delirante que, o bien te hace abrir los ojos como platos, o te hace abalanzarte sobre el botón de stop. La personal visión del mundo del japonés infecta cada fotograma de esta delirante película que bascula constantemente entre lo hilarante, lo grotesco, lo decididamente visceral (sin vísceras en este caso), lo absurdo, lo obsesivo, lo perturbador, lo poético, lo sexual y lo más abiertamente bizarro, una apología de la anormalidad como forma de comprender el mundo, arriesgadísima apuesta que en buena parte del metraje se cepilla cualquier atisbo de racionalidad y propone al espectador un auténtico reto, un combate a muerte contra su paciencia, dejándolo (dejándonos) sin GPS mental en un paraje con ecos constantes al cosmos onírico-surrealista de David Lynch, al delirio cárnico y escatológico de un David Cronenberg en sus mejores tiempos o incluso al laconismo verborreico de Quentin Tarantino. Enfermiza y caótica a partes iguales, pero con momentos realmente bellos y secuencias más que sorprendentes, sin embargo GOZU tiene un gran, gran problema: en su primera hora es tremendamente aburrida. Por mucho que conectes con esta delirante historia, Miike confía demasiado en la resistencia del respetable, construye un maremagnum de secuencias largas y aisladas entre sí que pueden funcionar por sí solas, pero que insertadas en el contexto resultan mediocres, desesperantes y con una alarmante falta de ritmo. Hay que aguantar el chaparrón amigos, porque mediada la peli (estamos hablando de una cinta de 130 minutos) la cosa al fin se focaliza (en su delirio) y tira para adelante hasta desembocar en uno de esos finales "made in Miike" que os aseguro que pasarán a formar parte de vuestra lista de "finales más epatantes de la Historia del Cine", lista en la cual Miike debe tener como cuatro o cinco, jejeje. Recordad, el punto de inflexión es la secuencia en la que un tío en calzoncillos con cabeza de vaca lame la cara del protagonista: de ahí en adelante es pan comido. Desde luego no es su mejor película, a pesar de que es de las más "prestigiosas" (yo me quedo con VISITOR Q , AUDITION o ICHI DE KILLER), pero el nipón se las arregla para rubricar su obra con una habilidad pasmosa, ese final ya mítico que, superado el estado de shock, resulta totalmente coherente con la ¿trama? que se había planteado desde el principio. Quizás esta no sea la mejor película con la que entrar en su personal universo, pero si no conoceis a Takashi Miike, ya estais tardando.
- Lo mejor: Miike es único
- Lo peor: lo de siempre en su cine, le sobran minutos por un tubo
CABEZAS

- Lo mejor: Miike es único
- Lo peor: lo de siempre en su cine, le sobran minutos por un tubo
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ZOMBIE 2 / Italia / 1979
Director: Lucio Fulci
Guión: Elisa Briganti y Dardano Sacchetti
Producción: Fabrizio de Angelis y Ugo Tucci
Música: Giorgio Tucci y Fabio Frizzi
F/X: Gianetto de Rossi
Intérpretes: Tisa Farrow, Ian McCulloch, Richard Johnson, Al Cliver, Olga Karlatos, Ugo Bologna
Director: Lucio Fulci
Guión: Elisa Briganti y Dardano Sacchetti
Producción: Fabrizio de Angelis y Ugo Tucci
Música: Giorgio Tucci y Fabio Frizzi
F/X: Gianetto de Rossi
Intérpretes: Tisa Farrow, Ian McCulloch, Richard Johnson, Al Cliver, Olga Karlatos, Ugo Bologna
Ya le he nombrado alguna vez, pero ya iba siendo hora de dedicarle algunas palabras a Lucio Fulci, el incombustible director italiano artífice de todo un subgénero dentro del propio subgénero zombie, consid
erado uno de los más feroces y sangrientos, repudiado por la crítica y buena parte del sector de aficionados "serios" (lo juro, existen). Aún recuerdo el comentario cuando, en la universidad, alguien sacó a relucir su nombre. La respuesta de mi docto profesor, tras el obligado rictus de repugnancia sólo con oir su nombre, fue: "tiene la misma entidad artística que una tabla de charcutero". Oh, craso error de base señor letrado, pues Lucio Fulci pertenece a esa rara casta de cineastas en las que sus defectos (que son muchos) entran en simbiosis con sus virtudes (que las tiene) hasta crear una simbiosis de fotogramas pestilentes que acaban fascinando, incapaz ya uno de discernir los límites entre "lo bueno" y "lo malo". Afortunadamente, en la videoteca de la facultad tenían una copia de NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIS.

Los italianos no tienen vergüenza, eso lo sabemos todos, especialmente en los 70. Hábiles como pocos para aprovechar aciertos ajenos (lo suyo es pura explotation), primero llegaron con los caníbales y los "falsos documentales" (¿alguien no ha visto todavía ese popular zurullo fílmico llamado HOLOCAUSTO CANIBAL?), después se dedicaron a sablear posesiones demoníacas y monstruos marinos. Al giallo, obviamente, lo dejo de lado, porque sin ser totalmente original, si que crearon escuela. Finalmente, se centraron en los zombies. En estas que el verdadero Pope Zombie por excelencia, George A. Romero, estrena su estupenda ZOMBI (DAWN OF THE DEAD), en comandita con el genial Dario Argento, y la cosa, coproducción italiana, tiene gran éxito. Fulci, que hasta entonces se dedicaba a imitar al propio Argento rodando giallos de segunda, ve la luz: esto es un filón. Ni corto ni perezoso se saca de la manga en un tiempo record ZOMBI 2 (otro de los títulos por los que podeis encontrar esta película, amigos), supuesta secuela-precuela de la de Romero, y la cosa casi cuela. Sin tener nada que ver en términos de producción con la original, los inversores de Fulci ven que la peli canta y que nadie se lo va a tragar, así que le obligan a rodar prólogo y epílogo en Nueva York, por aquello de hacerla más norteamericana. Porque, a pesar del título que el tarado de turno le puso en español, lo del terror zombi en Nueva York nos lo tenemos que imaginar, ya que un 80% de la película transcurre en una isla del Caribe. Por supuesto, la mayor parte del equipo técnico y artístico (a excepción de Fulci) tienen sus nombres americanizados, y para su distribución en los EEUU la película se tituló ZOMBIE FLESH EATERS (y con este ya tenemos tres). A la postre, el pistoletazo de salida de toda una serie infumable de subproductos lamentables que tomaron a esta película como bandera, infestando los cines de finales de los 70 y comienzos de los 80 de sangrientos delirios gore sin la más mínima calidad ni personalidad y expandiendo el virus del spaghetti-zombie a medio mundo.
Entremos en materia: ¿de qué va esto? Va de un velero sin tripulación que aparece en la bahía de Nueva York. Un par de polis sacados de Starsky & Hutch (la serie) investigan, con tan mala fortuna que a uno de muerde un gordo putrefacto que se escondía en el camarote. Un periodista guapete (para los estándares de los 70, se entiende) investiga a su vez esta muerte, y de pronto aparece la hija del dueño del barco, que parece una novicia virgen, muy preocupada porque no tiene noticias de su padre, científico, desde hace años. No hay problema, periodista y mocita embarcan rumbo a la isla tropical donde se supone trabajaba el doctor, no sin antes enrolarse con una pareja de aventureros en su yate: él no tiene oficio conocido más allá de marcar paquete, ella se dedica a sacar fotos submarinas con un tanguita de hilo y un horrendo gorro de baño, con tan mala suerte que se topa con un tiburón, que, a pesar de los alaridos subacuáticos de ella, parece más interesado en frotarse la panza con los corales que en devorarla. Afortunadamente, un zombie que andaba por allí (por allí me refiero al fondo marino) la salva del aprieto, luchando ferozmente a mordiscos contra el tiburón, lucha desigual porque en varios planos se puede ver que el escualo no tiene dientes. Alarmados por la experiencia, los cuatro llegan a la isla y se empiezan a escuchar tambores. Allí conocen a un antiguo colaborador del doctor, otro científico con un misterioso problema capilar (su barba cambia de densidad dependiendo de la secuencia) que se encuentra muy agobiado: al pobre se le mueren todos los pacientes nativos por una extraña enfermedad, además con la mala costumbre de volver a levantarse de sus mortajas, con lo que se pasa la vida bebiendo whisky y pegando tiros en la cabeza de sus pacientes revividos. A todo esto, el científico tiene una mujer que vive sola y asustada en su pedazo de casa isleña. Ella tiene la sana costumbre de ducharse con todas las ventanas abiertas. Evidentemente, un zombie se la quiere zampar y lo consigue, no sin antes atravesarle el ojo con una astilla de madera. El grupo de Scooby Doo descubre el percal y huye en su 4x4, pero como es de rigor, el coche se estrella en medio de la selva tropical, en realidad el jardín botánico de Roma. El periodista tiene la mala idea de hacerse un esguince en medio de un viejo cementerio colonial, y claro, los cadáveres de los conquistadores con apellidos hispanos se levantan de su tumba (muy despacio) y atacan (muy despacio) a sus víctimas. A la del tanga se la cepillan a la primera de cambio, pero los otros tres huyen hasta refugiarse en la iglesia, donde les espera el doctor con una anti-explicación de los hechos: "He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... e incluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano!" Nada más decir esto muere de una embolia, y los intrépidos llegan a la conclusión de que hay tanto vudú por metro cuadrado en la isla que esto no hay dios que lo pare, más que nada porque los tambores no han dejado de sonar desde que llegaron. Tras atrincherarse en la iglesia ante el acoso zombie, preparan unos cientos de cockteles molotov (aunque siempre tiran el mismo) y logran huir, pero ya sólo quedan dos: el periodista y la novicia. Ponen rumbo a Nueva York con el zombie del marcapaquete encerrado en la bodega del yate como prueba del horror, y en cuanto ponen la radio, sin molestarse en sintonizar, un locutor neoyorquino les informa de que la plaga zombie ya está asolando la ciudad. El último plano de la peli nos muestra a cuatro zombies caminando por el puente de Brooklyn en dirección a la ciudad, aunque a los habitantes no parece importarles mucho a juzgar por el tráfico que se vislumbra bajo el puente.
No es sólo que el delirium tremens argumental sea de órdago, es que además los diálogos basculan entre lo repetitivo y lo idiota, mientras los actores tratan de insuflar intensidad en vano. Ellas, sin excepción, se dedican al destete gratuíto y a quedarse paralizadas y chillar en cuanto perciben peligro. Fulci despliega su legendaria incapacidad para crear cualquier atisbo de suspense o in crescendo narrativo, y su obsesion por la casquería bruta en primer plano queda demostrada. Los recursos visuales setenteros campan a sus anchas durante todo el metraje (esos míticos zooms, esa música...). Sin embargo, y por increíble que parezca, la película tiene magia, ese algo intangible que hace que, a su manera, sea un pequeño clásico del cine de zombies. El italiano es capaz de teñir toda la película de una sordidez notable, un hálito nauseabundo más allá de sus carencias presupuestarias (lo que otros llaman caspa). Aquí los muertos se muestran como auténticos cadáveres en proceso de descomposición, y la parsimonia con la que Fulci planifica muchas escenas ayuda a subrayar esa desagradable sensación, una atmósfera malsana que casi se puede oler, perfectamente orquestada y coherente durante todo el metraje. Ojo, no es fácil hacer un cine "de atmósfera" dentro del terror, aunque esa atmósfera sea más bien pestilente. Además, secuencias como la del tiburón acaban convirtiéndose en algo casi onírico, fascinante por su aire bizarro digno del sueño de un demente. En conclusión, y todavía no sé bien por qué, la peli acaba funcionando a las mil maravillas: uno sabe que está viendo un bodrio, pero secuencia tras secuencia sigue pegado a la pantalla hasta los créditos finales, pues de un modo u otro, la película logra captar la atención. Misterios del Mondo Zombie.
NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIES fue la primera incursión en el género de Lucio Fulci, a la que se sumarían dos más, MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES y la deleznable ZOMBIE 3, que ni siquiera terminó de rodar. Desde entonces siempre se mantuvo fiel a las coordenadas del terror salvaje, rodando además la que yo considero su obra maestra, EL MÁS ALLÁ, un incomprensible thriller sobrenatural en el que potencia sus virtudes al máximo hasta llegar casi a la abstracción pura, al puro despliegue estético, en la que no se entiende nada del argumento pero que te mantiene hipnotizado y boquiabierto como una vaca mirando el tráfico. Eso que llaman "estilo personal". Lucio Fulci murió medio arruinado en 1996 víctima de una diabetes mal tratada (algunos hablan de suicidio), y como siempre, fue tras su desaparición cuando algunos pesos pesados del cine mundial empezaron a reivindicarle, en especial el idolatrado Quentin Tarantino, que en 1998 logró reestrenar EL MÁS ALLÁ en los USA con copia restaurada y todos los honores. Incluso el bueno de Robert Rodriguez le hizo un explícito homenaje-plagio a la escena de la "astilla en el ojo" en la maravillosa PLANET TERROR, estacazo que se lleva, por supuesto, el bueno de Tarantino en sus carnes. Lo dicho: a su manera un clásico que se merece su irrupción en la sección De Culto de Sesión Golfa, como una mosca muerta en un pastel de crema.
- Lo mejor: el despliegue en todo su esplendor del "estilo Fulci"
- Lo peor: todo lo demás
CABEZAS

erado uno de los más feroces y sangrientos, repudiado por la crítica y buena parte del sector de aficionados "serios" (lo juro, existen). Aún recuerdo el comentario cuando, en la universidad, alguien sacó a relucir su nombre. La respuesta de mi docto profesor, tras el obligado rictus de repugnancia sólo con oir su nombre, fue: "tiene la misma entidad artística que una tabla de charcutero". Oh, craso error de base señor letrado, pues Lucio Fulci pertenece a esa rara casta de cineastas en las que sus defectos (que son muchos) entran en simbiosis con sus virtudes (que las tiene) hasta crear una simbiosis de fotogramas pestilentes que acaban fascinando, incapaz ya uno de discernir los límites entre "lo bueno" y "lo malo". Afortunadamente, en la videoteca de la facultad tenían una copia de NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIS.
Los italianos no tienen vergüenza, eso lo sabemos todos, especialmente en los 70. Hábiles como pocos para aprovechar aciertos ajenos (lo suyo es pura explotation), primero llegaron con los caníbales y los "falsos documentales" (¿alguien no ha visto todavía ese popular zurullo fílmico llamado HOLOCAUSTO CANIBAL?), después se dedicaron a sablear posesiones demoníacas y monstruos marinos. Al giallo, obviamente, lo dejo de lado, porque sin ser totalmente original, si que crearon escuela. Finalmente, se centraron en los zombies. En estas que el verdadero Pope Zombie por excelencia, George A. Romero, estrena su estupenda ZOMBI (DAWN OF THE DEAD), en comandita con el genial Dario Argento, y la cosa, coproducción italiana, tiene gran éxito. Fulci, que hasta entonces se dedicaba a imitar al propio Argento rodando giallos de segunda, ve la luz: esto es un filón. Ni corto ni perezoso se saca de la manga en un tiempo record ZOMBI 2 (otro de los títulos por los que podeis encontrar esta película, amigos), supuesta secuela-precuela de la de Romero, y la cosa casi cuela. Sin tener nada que ver en términos de producción con la original, los inversores de Fulci ven que la peli canta y que nadie se lo va a tragar, así que le obligan a rodar prólogo y epílogo en Nueva York, por aquello de hacerla más norteamericana. Porque, a pesar del título que el tarado de turno le puso en español, lo del terror zombi en Nueva York nos lo tenemos que imaginar, ya que un 80% de la película transcurre en una isla del Caribe. Por supuesto, la mayor parte del equipo técnico y artístico (a excepción de Fulci) tienen sus nombres americanizados, y para su distribución en los EEUU la película se tituló ZOMBIE FLESH EATERS (y con este ya tenemos tres). A la postre, el pistoletazo de salida de toda una serie infumable de subproductos lamentables que tomaron a esta película como bandera, infestando los cines de finales de los 70 y comienzos de los 80 de sangrientos delirios gore sin la más mínima calidad ni personalidad y expandiendo el virus del spaghetti-zombie a medio mundo.
Entremos en materia: ¿de qué va esto? Va de un velero sin tripulación que aparece en la bahía de Nueva York. Un par de polis sacados de Starsky & Hutch (la serie) investigan, con tan mala fortuna que a uno de muerde un gordo putrefacto que se escondía en el camarote. Un periodista guapete (para los estándares de los 70, se entiende) investiga a su vez esta muerte, y de pronto aparece la hija del dueño del barco, que parece una novicia virgen, muy preocupada porque no tiene noticias de su padre, científico, desde hace años. No hay problema, periodista y mocita embarcan rumbo a la isla tropical donde se supone trabajaba el doctor, no sin antes enrolarse con una pareja de aventureros en su yate: él no tiene oficio conocido más allá de marcar paquete, ella se dedica a sacar fotos submarinas con un tanguita de hilo y un horrendo gorro de baño, con tan mala suerte que se topa con un tiburón, que, a pesar de los alaridos subacuáticos de ella, parece más interesado en frotarse la panza con los corales que en devorarla. Afortunadamente, un zombie que andaba por allí (por allí me refiero al fondo marino) la salva del aprieto, luchando ferozmente a mordiscos contra el tiburón, lucha desigual porque en varios planos se puede ver que el escualo no tiene dientes. Alarmados por la experiencia, los cuatro llegan a la isla y se empiezan a escuchar tambores. Allí conocen a un antiguo colaborador del doctor, otro científico con un misterioso problema capilar (su barba cambia de densidad dependiendo de la secuencia) que se encuentra muy agobiado: al pobre se le mueren todos los pacientes nativos por una extraña enfermedad, además con la mala costumbre de volver a levantarse de sus mortajas, con lo que se pasa la vida bebiendo whisky y pegando tiros en la cabeza de sus pacientes revividos. A todo esto, el científico tiene una mujer que vive sola y asustada en su pedazo de casa isleña. Ella tiene la sana costumbre de ducharse con todas las ventanas abiertas. Evidentemente, un zombie se la quiere zampar y lo consigue, no sin antes atravesarle el ojo con una astilla de madera. El grupo de Scooby Doo descubre el percal y huye en su 4x4, pero como es de rigor, el coche se estrella en medio de la selva tropical, en realidad el jardín botánico de Roma. El periodista tiene la mala idea de hacerse un esguince en medio de un viejo cementerio colonial, y claro, los cadáveres de los conquistadores con apellidos hispanos se levantan de su tumba (muy despacio) y atacan (muy despacio) a sus víctimas. A la del tanga se la cepillan a la primera de cambio, pero los otros tres huyen hasta refugiarse en la iglesia, donde les espera el doctor con una anti-explicación de los hechos: "He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... e incluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano!" Nada más decir esto muere de una embolia, y los intrépidos llegan a la conclusión de que hay tanto vudú por metro cuadrado en la isla que esto no hay dios que lo pare, más que nada porque los tambores no han dejado de sonar desde que llegaron. Tras atrincherarse en la iglesia ante el acoso zombie, preparan unos cientos de cockteles molotov (aunque siempre tiran el mismo) y logran huir, pero ya sólo quedan dos: el periodista y la novicia. Ponen rumbo a Nueva York con el zombie del marcapaquete encerrado en la bodega del yate como prueba del horror, y en cuanto ponen la radio, sin molestarse en sintonizar, un locutor neoyorquino les informa de que la plaga zombie ya está asolando la ciudad. El último plano de la peli nos muestra a cuatro zombies caminando por el puente de Brooklyn en dirección a la ciudad, aunque a los habitantes no parece importarles mucho a juzgar por el tráfico que se vislumbra bajo el puente.
No es sólo que el delirium tremens argumental sea de órdago, es que además los diálogos basculan entre lo repetitivo y lo idiota, mientras los actores tratan de insuflar intensidad en vano. Ellas, sin excepción, se dedican al destete gratuíto y a quedarse paralizadas y chillar en cuanto perciben peligro. Fulci despliega su legendaria incapacidad para crear cualquier atisbo de suspense o in crescendo narrativo, y su obsesion por la casquería bruta en primer plano queda demostrada. Los recursos visuales setenteros campan a sus anchas durante todo el metraje (esos míticos zooms, esa música...). Sin embargo, y por increíble que parezca, la película tiene magia, ese algo intangible que hace que, a su manera, sea un pequeño clásico del cine de zombies. El italiano es capaz de teñir toda la película de una sordidez notable, un hálito nauseabundo más allá de sus carencias presupuestarias (lo que otros llaman caspa). Aquí los muertos se muestran como auténticos cadáveres en proceso de descomposición, y la parsimonia con la que Fulci planifica muchas escenas ayuda a subrayar esa desagradable sensación, una atmósfera malsana que casi se puede oler, perfectamente orquestada y coherente durante todo el metraje. Ojo, no es fácil hacer un cine "de atmósfera" dentro del terror, aunque esa atmósfera sea más bien pestilente. Además, secuencias como la del tiburón acaban convirtiéndose en algo casi onírico, fascinante por su aire bizarro digno del sueño de un demente. En conclusión, y todavía no sé bien por qué, la peli acaba funcionando a las mil maravillas: uno sabe que está viendo un bodrio, pero secuencia tras secuencia sigue pegado a la pantalla hasta los créditos finales, pues de un modo u otro, la película logra captar la atención. Misterios del Mondo Zombie.
NUEVA YORK BAJO EL TERROR DE LOS ZOMBIES fue la primera incursión en el género de Lucio Fulci, a la que se sumarían dos más, MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES y la deleznable ZOMBIE 3, que ni siquiera terminó de rodar. Desde entonces siempre se mantuvo fiel a las coordenadas del terror salvaje, rodando además la que yo considero su obra maestra, EL MÁS ALLÁ, un incomprensible thriller sobrenatural en el que potencia sus virtudes al máximo hasta llegar casi a la abstracción pura, al puro despliegue estético, en la que no se entiende nada del argumento pero que te mantiene hipnotizado y boquiabierto como una vaca mirando el tráfico. Eso que llaman "estilo personal". Lucio Fulci murió medio arruinado en 1996 víctima de una diabetes mal tratada (algunos hablan de suicidio), y como siempre, fue tras su desaparición cuando algunos pesos pesados del cine mundial empezaron a reivindicarle, en especial el idolatrado Quentin Tarantino, que en 1998 logró reestrenar EL MÁS ALLÁ en los USA con copia restaurada y todos los honores. Incluso el bueno de Robert Rodriguez le hizo un explícito homenaje-plagio a la escena de la "astilla en el ojo" en la maravillosa PLANET TERROR, estacazo que se lleva, por supuesto, el bueno de Tarantino en sus carnes. Lo dicho: a su manera un clásico que se merece su irrupción en la sección De Culto de Sesión Golfa, como una mosca muerta en un pastel de crema.
- Lo mejor: el despliegue en todo su esplendor del "estilo Fulci"
- Lo peor: todo lo demás
CABEZAS

En medio de mi ataque de insomnio, ataque de zombies, ya iba siendo hora. Modesta producción yanqui rodada con pocos dólares, muchas ganas y gozosos resultados, DANCE OF THE DEAD se une a la cada vez más popular moda de mezclar comedia y muertos vivientes, moda que no seré yo quien critique, desde luego. Ambientada esta vez en el típico y tópico instituto yanqui, la peli consigue mezclar con salero lo que ya todos conocemos de esta (sub)cultura teenager, repasando uno por uno los estereotipos con la consabida plaga de cadáveres andantes biotipo Romero combinada con los hipervitaminados zombies postmodernos adictos al speed (atención a cómo salen algunos de ellos de las tumbas), pero con bastante más gracia de la esperada. Bien surtida como comedia adolescente, el meollo de la cuestión se centra en el consabido "baile de graduación", pero en esta ocasión los únicos que podrán hacer frente a los zombies serán los inadaptados que no consiguieron pareja para ir al baile, je, los demás sucumbirán bien pronto al festín. Afortunadamente, el tal Gregg Bishop consigue sacar tajada (nunca mejor dicho) de todo el maremagnum referencial que se trae entre manos y se las ingenia para regalarnos una entretenidísima comedia moderadamente gore en la que sus muchos defectos y lugares comunes (el profesor de gimnasia es patético, algunos efectos dejan mucho que desear...) no logran empañar momentos realmente inspirados, como esa pareja de adolescentes zombies enamorados que se comen a besos, literalmente, o la reinterpretación punk del dicho "la música amansa a las fieras". Diversión, desmadre y ritmazo para este pasatiempo zombie tan irregular como disfrutable.
Ah, y por cierto, no confundir con el estupendo episodio del mismo nombre que Tobe Hopper dirigió para la primera temporada de MASTERS OF HORROR, también con zombies.
- Lo mejor: ideal para zombiadictos con hambre
- Lo peor: está muy lejos de otras recientes joyas de su estilo como ZOMBIES PARTY o PLANET TERROR
CABEZAS

Ah, y por cierto, no confundir con el estupendo episodio del mismo nombre que Tobe Hopper dirigió para la primera temporada de MASTERS OF HORROR, también con zombies.
- Lo mejor: ideal para zombiadictos con hambre
- Lo peor: está muy lejos de otras recientes joyas de su estilo como ZOMBIES PARTY o PLANET TERROR
CABEZAS

UP / EEUU / 2009
Dirección: Pete Docter
Codirección: Bob Peterson
Guión: Bob Peterson y Pete Docter; basado en un argumento de Bob Peterson, Pete Docter y Tom McCarthy
Producción: Jonas Rivera
Producción ejecutiva: John Lasseter y Andrew Stanton
Música: Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Diseño de producción: Ricky Nierva
Doblaje original: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles F. Muntz), John Ratzenberger (Tom), Delroy Lindo (Beta), Jordan Nagai (Russell), Bob Peterson (Dug/Alpha), Elie Docter (Ellie)
Codirección: Bob Peterson
Guión: Bob Peterson y Pete Docter; basado en un argumento de Bob Peterson, Pete Docter y Tom McCarthy
Producción: Jonas Rivera
Producción ejecutiva: John Lasseter y Andrew Stanton
Música: Michael Giacchino
Montaje: Kevin Nolting
Diseño de producción: Ricky Nierva
Doblaje original: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles F. Muntz), John Ratzenberger (Tom), Delroy Lindo (Beta), Jordan Nagai (Russell), Bob Peterson (Dug/Alpha), Elie Docter (Ellie)

Ya resulta hasta cansino repetirlo, pero no encuentro mejor manera de decirlo: hoy por hoy no conozco en el mundo ningún equipo creativo capaz de parir una tras otra películas del calibre, la profundidad, la sabiduría y el puro placer estético que transmite UP. Mientras otros estudios como Dreamworks las hacen como churros, aprovechando el momento coyuntural y alargando sagas hasta la extenuación (del espectador), ese equipo mágico que forma Pixar crea joyas atemporales que, con una precisión sobrenatural, acaban siendo cada año lo mejor de la cosecha cinematográfica mundial, y sin repetir historias ni personajes, pues a excepción de la segunda parte de TOY STORY, cada película con la marca Pixar es tan única, personal e intransferible como su precedente (o la próxima). Esperemos que su renovada unión con Disney (estuvieron a punto de separarse para siempre) no les haga caer en la tentación puramente industrial y sigan cuidando con tanto mimo cada una de sus obras.

Dicho esto, ¿qué narices es lo que tiene Pixar que coloca sus películas a años luz del cine de animación que se hace hoy en el mundo (con el permiso del sr. Miyazaki)? Para empezar, el sempiterno olvidado del cine de animación: el guión. Nunca, nunca en una película de Pixar la historia es una excusa para el epatante despliegue tecnológico, sino más bien al contrario, y UP no es una excepción. Trabajados y pulidos hasta el más mínimo detalle, sus historias son tan originales como clásicas, en el mejor sentido de la palabra, plenas de detalles y segundas lecturas, con unos diálogos milimétricos, un sentido del gag visual y del ritmo asombroso y un diseño de personajes sencillamente soberbio. Recapitulando un poco, tenemos la historia de un crítico gastronómico que abandona sus prejuicios al degustar una sopa cocinada por una rata; la triste historia de soledad y amor de un robot mudo en una Tierra devastada; las peripecias de una familia disfuncional con superpoderes; la aventura iniciática de un pececito tullido; la paradójica empatía entre dos monstruos proletarios y la niña a la que deben aterrorizar... y, en la que nos ocupa, la alucinante aventura de un vendedor de globos viudo de... ¡78 años! ¿Qué otra película recordais cuyo action-hero sea un irascible anciano artrósico con un andador y cuyo némesis resulte otro anciano aún más viejo? ¿Recordais alguna película infantil en la que se adivine un aborto? ¿Cómo es posible que la simple contemplación de un álbum de fotos pueda lograr tal carga emocional al espectador adulto? Porque esa es otra de las grandiosas virtudes de Pixar (y por ende de UP, claro): el talento asombroso para captar la atención de todos los públicos sin resultar ni empalagosos ni infantiloides ni aburridos, y sin recurrir a los habituales chascarrillos o guiños "solo para adultos" tan propios de sagas tipo SHREK, películas que son entretenidas pero que no pasarán la cruel prueba del tiempo pues son filmes anclados en un momento determinado y para su consumo rápido. Dentro de 50 años el personal habrá olvidado las aventuras del ogro verde, pero disfrutará como el primer día de las peripecias del sr. Fredicksen. Puro talento, pura alquimia, ese brillo intangible que diferencia lo que está hecho para perdurar.


Centrándonos en UP, quizás más que nunca se mastica la sabia mixtura entre la tradición y la innovación de la que ha hecho gala Pixar desde siempre, pero incluso más depurada. Un ejemplo genial: la increíble carambola que se sacan de la manga para que, en una peli en la que los animalillos no hablan, toda una jauría de perros sí lo hagan (y de qué manera) sin dejar de ser perros en un mundo de humanos. Otra muestra: el prólogo que abarca toda la historia previa del anciano, una hermosa historia de amor desde su niñez hasta el arranque de la historia, un prodigio de síntesis narrativa que por sí solo es una obra maestra, la mayor parte además contada sólo por imágenes, de una delicadeza y una emoción sobresaliente. Y es que, por encima de que el coprotagonista sea un niño, UP habla mucho más de las vivencias de un adulto (ya en su último tramo vital) que de un crío, reforzado además por ese tono de aventuras clásico que bebe mucho más de Julio Verne o de Wells que de cualquier insulsa modernez videoclipera, ¿cómo si no se puede explicar que nuestro protagonista parezca un Spencer Tracy anciano, y su némesis un viejo Kirk Douglas (con huyuelo incluído)?

En fin, como ya he dicho por estos lares más de una vez, Pixar no pincha ni a propósito, y UP no es la excepción, manteniendo el nivel y, una vez más, haciéndonos soñar despiertos hurgando en los sentimientos puros, ese abanico existencial que, en definitiva, nos habla de la necesidad de todos nosotros de encontrar el camino hacia ese paraíso inalcanzable, tenga éste la forma que tenga. De las tres pelis más memorables que he visto este año en pantalla grande, dos son de animación... por algo será.

PD: y por supuesto, atentos al corto que antecede a la peli, esa deliciosa tradición única en su especie. Una vez más sin palabras, una vez más un derroche de imaginación. Chapeu!
- Lo mejor: la jodida intensidad emocional de algunos tramos, el maravilloso sentido de la aventura... todo
- Lo peor: que en muchos foros sigan discriminando al cine de animación, como si fuera algo "a parte", sin dejarle jugar en la misma liga que al resto, cuando la animación simplemente es una técnica para contar historias, nada más
CABEZAS

Antes de marcharme el fin de semana a remojarme el trasero en el mar, y dedicarle un buen destripe como se merece a UP!, la última maravilla de Pixar, termino esta oleada de comedias que han invadido Sesión Golfa con, probablemente, la más friki de todas: FANBOYS, un tributo de fans de STAR WARS a los fans de STAR WARS con forma de road-movie adolescente. Pero que no se me asuste el personal, si no perteneces a esta especie, también puedes disfrutarla amigo, porque FANBOYS derrocha encanto, nostalgia, fetichismo y gamberrismo a partes iguales. Con una premisa bastante cachonda que arranca meses antes del estreno de la horripilante EPISODIO I: LA AMENAZA FANTASMA (la panda de frikis atraviesan todo EEUU para colarse en el famoso rancho Skywalker para verla antes de su estreno), la peli se beneficia de un ritmo constante que nunca decae y las mil y una peripecias que estos descerebrados sufren, incluído un casino en Las Vegas en pleno simposium de treekies y un viaje de peyote orquestado por Danny Trejo, el habitual chicano de Robert Rodriguez. Por supuesto, las referencias a la saga galáctica (a la original, se entiende) son continuas, algunas bastante ingeniosas, y todo, todo el metraje está plagado de sabrosos cameos, por una vez bien dosificados y algunos bastante sorprendentes, incluso de los míticos actores que participaron en las tres primeras entregas: obviamente, olvidaos de Harrison Ford y Mark Hamill, pero al aficionado medio no le será nada difícil descubrir a otros cuantos "galácticos". Como parece que últimamente está en todas, también se deja caer por aquí el tremendo Seth Rogen, haciendo... dos papeles!! (en uno de ellos irreconocible, por cierto), e incluso el mismísimo George Lucas deja oir su voz en un momento de la película. Ah, y no os perdais el cameo de otro ilustre "fanboy" a las puertas de un urinario y, sobre todo, la última frase de la película... genial! Ideal para una de esas tardes tontorronas.
- Lo mejor: es tan entretenida como entrañable, te provoca una sonrisa perpetua durante hora y media
- Lo peor: un poco mas de caña al fenómeno fan que trata no hubiese venido mal
CABEZAS

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- Lo peor: un poco mas de caña al fenómeno fan que trata no hubiese venido mal
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