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DIAMOND FLASH / España / 2011
Dirección, guión, producción, fotografía y montaje: Carlos Vermut
Directora de Producción: Carmen Martín
Ayudante de Producción: Lola Martín
Ayudante de Dirección: Pablo Hernando y Alberto Carpintero
Intérpretes: Ángela Boix, Miquel Insua, Klaus, Rocío León, Eva Llorach, Victoria Radonic, Ángela Villar


Acabo de ver DIAMOND FLASH. Ahora estoy sentado en el sofá, jugando con las volutas de humo y escuchando a PONY BRAVO, y pienso: ¿tiene sentido hablar de "cine de culto" en la era de Internet?. ¿Ein?. Hace poco más de diez años, DIAMOND FLASH habría sido una película secreta, indescifrable, literalmente inaccesible, viviendo en recónditos festivales y sesiones golfas con olor a porro y naftalina. Una obra sólo disfrutada por unos privilegiados, un rumor que haría babear a cinéfagos omnívoros ansiosos de nuevos ídolos audiovisuales a los que adorar. Ahora cualquiera en cualquier punto del planeta puede acceder a DIAMOND FLASH con un sólo click, legal o alegal, mimetizando el ritual, pero, ay amigos, sin el menor esfuerzo y, probablemente, sin el culto humano acompañando en sala oscura. El culto ahora es instantáneo, incluso con pelis que todavía ni siquiera se han estrenado. No sé si tiene sentido pues hablar de "cine de culto", al menos tal y como lo disfrutábamos hace unos años, pero tengo claro que si hay un film español en la última década que se haya ganado a pulso tan difusa etiqueta, es DIAMOND FLASH

También es un thriller

Primera advertencia: no tenía ni repajolera idea hasta ahora de quién era Carlos Vermut, no estoy metido en el rollete indie megaexclusivo gafapastil (que parece que es su público natural), desconocía que era un prestigioso autor de cómics y cortometrajista y sólo me resultaba familiar su apellido. Como mucho, decir que la película me ha recordado, no sé por qué, algunos cómics de Daniel Clowes. Afronto virgen DIAMOND FLASH. Segunda cosa: mola enfrentar DIAMOND FLASH con esta bendita virginidad, y recomiendo desde ya que dejes de leer esto y te pongas por la labor. Esta película obliga a posicionarse, pues no tiene piedad ninguna con el espectador. Retazos de historias (nunca historias completas) que se entremezclan en aislados bloques narrativos como el homigón (toma paradoja), que exige subliminalmente una total concentración en el respetable, que pasaba por allí, un estado que ralla la hipnosis. No os digo nada si uno se ayuda con una pizca de hierba. Un estimulante desafío o un terrible suplicio, a elegir. 

Vermut: culpable

El desconcierto es total de principio a fin, usando el principio del collage como arma arrojadiza, porque, veamos, en DIAMOND FLASH confluye drama social y existencial, thriller, melodrama familiar, terror, algo de comedia y... ¡tachán!: cine de superhéroes. Todo ello con una parsimonia exasperante en la que el amigo Vermut ha sido poseído por el espíritu de un Ingmar Bergman del s.XXI adicto al cine de David Lynch, la música pop y los tebeos. Las distintas historias de la película se alinean una detrás de otra esperando su turno, más que un puzzle, un tetris que, por supuesto, debemos encajar a nuestro gusto tras ese abrupto final. Pistas metafóricas que suceden ante nuestros ojos mientras nuestra mente se biloca, un trozo encajando piezas, otro volando en espiral. Como toda buena obra onanista, DIAMOND FLASH es larga de cojones (le sobra media hora, fácil), y Vermut no tiene intención de facilitar las cosas en ningún momento. Bien por él. Los personajes hablan, hablan y apenas dejan de hablar un minuto. Vermut los encuadra con la fría delectación de un cirujano, sin implicarse demasiado pero con algunos hallazgos interesantes (la conversación en la cama de las dos amantes, que apenas comparten plano y cuya posición es de clara dominación-sumisión, relación que más tarde se invierte, o esos inquietantes planos a contraluz en el hotel abandonado). Ideas-personajes-diálogos es el terceto sobre el que se construye la película, lo que deja de lado un trabajo visual más elaborado (la película, mayormente, es fea) y que tiene fragmentos más logrados que otros, por lo que el interés fluctúa, siempre sin salir del letargo que esta peli produce. Algunas destacan por su potencia general (la lynchiana primera historia de los dos hermanos y las presuntas fotos), otras por su intensidad (pero que pinchan en su aspecto visual, tosco, plano y sin interés) y alguna que juega la baza de la sorpresa y el toque bizarro (el tronchante tarot de los animales prehistóricos, o la hilarante resolución del segmento de la tortura). Por supuesto, tour de force para los actores, que también basculan entre momentos de una naturalidad impresionante a otros algo forzados, culpa de ciertas lineas de diálogo discutibles. Y en medio de todo ello, entre viejos traumas, malos tratos, sospechas de pederastia, amores complejos y niñas desaparecidas, una especie de visión doméstica del superhéroe, desprovista de cualquier artificio (como la peli en sí) que, si no he entendido mal, entiende la heroicidad como patología, pero a mil kilómetros de las espectaculares debacles con mallas de los yanquis. 

También hablan por teléfono

Os decía antes que DIAMOND FLASH obliga a posicionarse. Pues vale, yo no lo pienso hacer. Recomendad la peli a vuestros mejores amigos o enemigos, a elegir, porque tanto cuatro como ocho cabezas sería una puntuación injusta para una película que vive bajo sus propias normas, un estimulante ejercicio de mirarse el ombligo que no tuvo conflictos entre productor, director, guionista y montador (todos Carlos Vermut), por descontado original, arriesgada e hipnótica, pero que aún no tengo claro si esto es gran cine o un capricho de estilo demasiado autista. En todo caso, merece que la señalemos con el dedo.



- Lo mejor: esa hermosa sensación de lo insólito

- Lo peor: esa bizarra sensación de que te has tirado más de dos horas contemplando bellos bustos parlantes

SIN CABEZAS, AMIGOS


EL MUNDO ES NUESTRO/España/2012
Así, claro y para empezar: EL MUNDO ES NUESTRO, salto al largo de Alfonso Sánchez, es una de las películas más insólitas del reciente cine español, por variadas razones y gozosos resultados. Levantada al margen de los cauces habituales de la ¿industria? (sin subvenciones fariseas y sin televisiones echando su financiero aliento en el cogote), promocionada por las redes sociales y "patrocinada" por un montón de entusiastas anónimos mediante una certera campaña de crowdfunding, retroalimentación que surge, precisamente, porque la pareja cómica formada por el propio Alfonso y su compinche Alberto López (Cabesa y Culebra respectivamente) ya habían dado mucho que hablar en internet. "Contra el terrorismo financiero, expropiación bancaria" es el lema de esta pequeña y rebelde joyita rebosante de frescura,  honestidad, ritmazo del copón, gracejo innato e ideas bien claras. Muestra palmaria de que ya no es necesario pasar por el aro para levantar proyectos, amigos. Con la aterradora realidad social como trasfondo y punto cardinal, Alfonso se rodea de una entrañable troupe de personajes, con un ojo puesto en el mítico dueto Berlanga/Azcona (salvando las distancias, pero ahí está) y otro en Tarantino, sacando el máximo partido a los escasos recursos, con una única localización y, si es necesario, tirando de cualquiera que pasase por la calle dispuesto a ponerse frente a la cámara para aportar su surrealista punto de vista al asunto. Gente común y desgraciada (o a la que han desgraciado), pobres diablos acogotados por las circunstancias y metidos en un lío del carajo, cabrones con pintas y humor negro a toneladas combinado con ternura y humanidad, pura esencia Azconiana, como decía, que tiene el buen criterio de, en lugar de clausurar la historia con mal rollo o desolación, dejar un huequito para la esperanza en medio de todo este caos, esta puta crisis planificada por demonios humanos en la que somos los títeres de un macabro experimento financiero a nivel planetario. No problemo. Cabesa y Culebra están al quite para iniciar su modesta revolución. Cine pequeño pero chulesco y vibrante, cine independiente de verdad, al que se le perdonan todos los desajustes propios de una opera prima. Segunda parte ya.

- Lo mejor: su honestidad e independencia en fondo y forma, desde su gestación hasta su distribución

- Lo peor: le falta un punto de poderío visual y algunas interpretaciones chirrían ligeramente

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SUDOR FRÍO/Argentina/2010
Si alguien me dice "cine argentino", fijo que pienso en una comedia o un melodrama comprometido y social, con mucho diálogo, poca personalidad visual y Ricardo Darín. Sí, es tan injusta (y certera) como cualquier otra generalidad, pero tan cierto como que al Yin siempre se le encara un Yang. Y el Yang, en este caso, es un mastuerzo que responde al nombre de Adrián García Bogliano, cineasta en activo desde 2004 que pasa por ser, a día de hoy, un lobo solitario que aúlla con orgullo su dedicación exclusiva al cine de género, perpetrando una filmografía malsana con la terquedad de una mula que, sistemáticamente, anda dando coces al sistema mainstrean de su propia industria. Para empezar, al bueno de Bogliano no se le caen los anillos por "adaptar" a la idiosincrasia porteña determinados dogmas de género muy yanqui (desde el rape & revenge de NO MORIRÉ SOLA hasta el torture porn de la que nos ocupa), ni tampoco se acobarda cuando tiene que rodar con presupuestos muy justos que, en algunos casos, rozan la indigencia. Cine de trinchera auténtico que, además, tiene la osadía de juguetear, desde una óptica muy puñetera (y arriesgada), hasta con el oscuro y nefasto pasado totalitario de Argentina. SUDOR FRÍO es una peli pequeña de muy bajo presupuesto con una única localización: la casa donde viven un par de ancianitos nada entrañables de repugnante pasado, que se dedican a torturar jovencitos, más por puro odio que por un par de McGuffins que no llevan a ningún sitio (la caja de dinamita) o son, directamente, absurdos (la fórmula en la pizarra). Con un guión más bien poco sutil, bastante tosco (siendo benévolos), Bogliano se las ingenia para que la sucesión de set-pieces funcionen a las mil maravillas, estirando el tempo narrativo hasta tensar los nervios del respetable (las dos secuencias de la nitroglicerina son canela pura), punteados por unos diálogos a ratos brillantes y otras tantas... desconcertantes. Extraña operación ya que SUDOR FRÍO está ribeteada por un sarcasmo que raya en el humor negro (el prota pide ayuda... ¡a sus ochocientos amigos de facebook!), pero sin caer nunca en la parodia. Entretenida y tremendamente efectiva, con el punto justo de gore y tensión, relativamente original dentro de los cánones del (sub)género, un paso más en una nutrida filmografía que ya es habitual en el circuito de festivales especializados. Además, el amigo Bogliano ha logrado colarse en la esperada y muy internacional THE ABC´S OF DEATH, dirigiendo una de sus ¡26! historias.

- Lo mejor: su relativa capacidad para insuflar aires frescos y porteños dentro de un subgénero tan trillado y poco estimulante

- Lo peor: sus ganchos argumentales, grasa dentro de un modesto bistec bien cocinado

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LOBOS DE ARGA/España/2011
Que una peli como LOBOS DE ARGA haya sido ninguneada por medios y público en su precario estreno, tras su cálida acogida en Sitges 2011 y su Premio del Público en Donostia, es una lamentable pero precisa imagen de cómo funciona la exhibición en España, sobre todo para el producto local. La solución a este drama es bien simple: que la gente se entere de que tu película existe. No hablaré del reciente y omnipresente ejemplo de LO IMPOSIBLE, ya que juega en otra liga a nivel de producción, pero sí de un pequeño milagro de taquilla: LAS AVENTURAS DE TADEO JONES, porque ni la dignísima película animada de Enrique Gato ni estos deliciosos licántropos gallegos merecen ser relegados al ostracismo ni a los prejuicios.  La diferencia entre una y otra sólo radica en la promoción:  modélica en el caso de Tadeo, inexistente para los entrañables monstruos peludos. Aunque a partir del año que viene sólo podrán hacer cine en España los diez que nunca han tenido problemas de financiación, y el resto tengamos que parapetarnos en las trincheras y el cine de guerrilla, porque la cultura es vista como algo despreciable desde las instituciones, el cine, como la vida, siempre se abre camino. Al mismo nivel que cualquier comedia de terror que nos pueda llegar, por ejemplo, de Inglaterra o los USA, LOBOS DE ARGA lucha desde su modestia y falta de pretensiones contra la carencia de cine de género en España, que es lo que construye de verdad industria, y por lo tanto fidelidad entre el personal. Cine hecho por y para un público amplio, sobre todo por sus conocidos rostros cómicos, pero capaz de llegar al corazoncito del aficionado a base de buen hacer y jugueteo constante con los elementos clásicos del cine de hombres-lobo: desde la maldición gitana hasta el entorno rural, hábilmente contextualizado en una atávica Galicia que, por cierto, tiene larga tradición en leyendas acerca de la licantropía. La película es ágil, frenética por momentos, apuntalada por el buen hacer del terceto protagonista, y las agradecidas apariciones de los secundarios, en especial el tremendo guardia civil que incorpora Luis Zahera. Gorka Otxoa, tipo simpático donde los haya, no deja de interpretar a una especie de PAGAFANTAS rural, con su perfecto sentido de timing cómico, aunque como era previsible, la película se la lleva de calle un contenido, extraordinario Carlos Areces. Es una pena que la peli resulte tan irregular en su conjunto, alternando secuencias a medio gas con otras realmente tronchantes, pues el guión pedía a gritos un par de vueltas más, lo que diferencia sustancialmente a una película apañada, divertida y perfectamente disfrutable como ésta de algo mucho más memorable. Pero que nadie se eche para atrás: LOBOS DE ARGA es la elección perfecta para una tarde de diversión sin prejuicios, punteada por esos deliciosos retro-efectos especiales lobunos, que a uno le hacen echar una lagrimilla recordando aquellos añejos films de Paul Naschy

- Lo mejor: la descacharrante secuencia que tiene que ver con maldiciónes, canibalismo y los dedos de Tomás

- Lo peor: un guión servido antes de terminarse de cocinar... y un poco más de gore trotón, por favor

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BATTLESHIP / EEUU / 2012
La televisión pública se ha quedado bien a gusto estos días con un demencial despliegue al minuto acerca de las elecciones en los USA (hasta cuatro enviados especiales, oiga), perfecta excusa para enmascarar lo que hiede mucho más cerca, a nuestro alrededor, desde alcaldesas no elegidas que eluden responsabilidades en spas de lujo hasta privatizaciones de hospitales en packs de cinco. Pues no se me ocurre otra cosa que tragarme BATTLESHIP, oiga. El tremendo atracón patriotero de las barras y estrellas amenaza con estomagarme más que una gala benéfica en el TDT Party. No importa, seguro que todos ellos comparten secreciones ante un buen cañón erecto, uno de los muchos que, orgullosos, se levantan enhiestos sobre las cubiertas de los destructores navales que superpueblan este engendro. Suelo hablar de cine mayormente en este rincón, pero aquí el cine ni hace acto de presencia ni se le espera. Completo desperdicio de dólares y tiempo (más de dos horas de boñiga audiovisual), BATTLESHIP es uno de esos productos infames y torticeros que tratan de colar ideología imperial bajo la apariencia de entretenimiento, una aniquilación neuronal infantiloide poblada por efebos díscolos de mandíbula cuadrada y pizpiretas efebas siliconadas donde encontrar un mínimo de inteligencia, ironía o, yo qué se, diversión, es misión imposible. Producto industrial como un bollo plastificado y caducado, parece dirigido por una aplicación de Windows Vista programada por Michael Bay, y donde las citas a Homero y Sun Tzu (lo juro) resultan tan obscenas como si las pronunciase Nacho Vidal entre embestida y embestida. Sí, pornografía de la destrucción y la aniquilación con excusas risibles hasta para un crío de ocho años, oda ultra de lo militar y la confrontación como único sentido a la existencia. Si no eres marine, no eres nada amigo. Ah, la figura de cera de Liam Neeson anda por ahí, impaciente por cobrar el cheque, y el arriba firmante Peter Berg confirma que si alguna vez fue una promesa (aún recuerdo el enajenante pase en la univesidad de la muy macarra VERY BAD THINGS), eso debió ocurrir en un universo paralelo. Ahora, que ya se han atrevido con HUNDIR LA FLOTA, a ver si alguien tiene los santos cojones de adaptar el TRAGABOLAS o el QUIÉN ES QUIÉN. Al menos en las pornos todos disfrutan, incluido el espectador. BATTLESHIT.

- Lo mejor: por un momento, cuando los vejetes veteranos ponen en marcha el acorazado, creí que Leslie Nielsen iba a hacer un cameo disfrazado de teniente coronel para tirarse un pedo... pero no

- Lo peor: en sí misma

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Ha pasado Halloween, apuntalado por la tragedia en Madrid en plena fiesta, descansen en paz esas cuatro criaturas y ardan en el infierno los responsables. También el Día de los Difuntos, la jornada más zombie del año, en el que se implora sin tapujos la resurrección de la carne. Aquí van tres pequeños apuntes de asuntos que están por venir y que dan mucho miedo. Comenzamos por el primer avance oficial del remake de EVIL DEAD, proyecto por el que no tenía ningún interés... hasta que he visto el trailer. Parece que han dejado de lado los apuntes irónicos de la obra maestra de Sam Raimi. Parece que pretenden aterrorizar de verdad al respetable. Y parece que la hemoglobina se va a desparramar con alegría. Ya veremos... Os dejo una curiosa comparativa del trailer original y el remake, a estrenar en primavera de 2013.





Miedo me da el trailer del inminente estreno de DRACULA 3D de Darío Argento, último intento por reverdecer laureles que, visto lo visto más bien parece un europastiche en relieve que ya nace caduco. En otros tiempos, Argento, además de psicotrónico, también era un maestro del cine... 



Y por último, lo que más miedo produce: que George Lucas haya vendido Lucasfilm a Disney, no por la saga galáctica en sí, que a estas alturas, francamente, me la trae al pairo (ya se anuncia nueva entrega para el 2015, y el fandom lubrica por las cuatros esquinas de la red), sino por la inquietante concentración de poder de la marca: Pixar, Marvel y ahora Lucasfilm, jugada maestra para una megacorporación que hace poco más de cinco años todo el mundo daba por muerta...


A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING/Inglaterra/2012
Atención a esta. Comedia netamente inglesa, presentada en Sitges 2012 (sin pena ni gloria), la propuesta más estrambótica y psicotrónica de la temporada. Nacida desde ya como obra de culto, y si no tiempo al tiempo, A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING (¡fantástico título!), ópera prima de sus desconocidos artífices, juega a la transmutación genérica de todos esos ingredientes que los golfos tanto apreciamos, sustentada como un auténtico one-man-show de su absoluta estrella: Simon Pegg. Veamos: un escritor de cuantos infantiles trata de alejarse de su encasillamiento con un ensayo sobre asesinos en serie. El problema es que el patético individuo vive encerrado en su mugriento apartamento con evidentes síntomas de "sindrome de Diógenes", en un constante estado de paranoia, convencido de que le quieren asesinar. Carne de diván, poco a poco descubrirá que toda su angustia existencial proviene de un trauma infantil relacionado con... una lavandería. Tendrá que encarar sus miedos atávicos, que van desde el pánico atroz a salir a la calle hasta enfrentarse a un serial killer real, armado con un cuchillo de cocina pegado a la mano y unos calzoncillos sucios. Dividida en tres actos bien diferenciados en estilo visual y tono, lo que puede ser su verdadero talón de Aquiles para algunos,  la cosa empieza como una abigarrada historia que bebe tanto del gótico paranoico victoriano de Poe (me recordó a ratos a una especie de versión urbanita-delirante de EL CUERVO, sin cuervo), como de los más barrocos delirios visuales terrygillianescos y, por extensión, ligeramente montyphytoniana. Kamikaze arranque que puede desorientar, pero que asienta con efectividad el trasfondo psicoanalítico de la historia en su conjunto, auténtico tour de force que continúa con el magnífico segmento en la lavandería, puntuado por una tronchante secuencia de transición en la que Jack/Pegg consigue reunir fuerzas vitales escuchando gansta-rap. Y partir de aquí, a pesar del radical cambio de escenario (o por ello) la película despega y nos regala unos veinte minutos realmente asombrosos, de lo más original y descojonante que he visto este año. Finalmente, ya vencido, rendido a la palícula, la función concluye con un tercer acto que, seguramente, sea el más "rutinario", teniendo en cuenta que es una larga secuencia cuasi teatral en el que vienen a juntarse nuestro pobre diablo, la chica, el psychokiller al fin (amante del hair metal ochentero), y un par de erizos animados en stop-motion. Amigos, ha quedado claro: es para amar u odiar, pero hay que verla. O algo así como lo que podría haber sido en los setenta una comedia dirigida por Mel Brooks y protagonizada por un Gene Wilder hasta el culo de ácido. Queremos más como esta.

- Lo mejor: el brillante, impagable set-piece central, o como el cotidiano acto de poner una lavadora se convierte en una angustiosa pesadilla

- Lo peor:  sus arranques de genio y delirio son intermitentes, por otra parte algo normal en una ópera prima

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DOOMSDAY BOOK/Corea del Sur/2012
Aprovechando su paso por la sección oficial de Sitges 2012, Asia regresa a Sesión Golfa. Ya iba siendo hora, porque prácticamente uno puede taparse los ojos, elegir una película surcoreana al azar y disfrutar, como mínimo, de una factura técnica sobresaliente y, seguramente, de una película notable. DOOMSDAY BOOK sigue el repunte actual de esas añejas películas de historias con un curioso terceto de mediometrajes que, en esta ocasión, tan solo tienen una leve premisa argumental común: el fin del mundo (más o menos). Dos directores para tres propuestas muy distintas entre sí (la última la dirigen a cuatro manos). La función arranca con BRAVE NEW WORLD, del amigo Kim Ji-woon (I SAW THE DEVIL y la absoluta maravilla de DOS HERMANAS, entre otras), una especie de sátira apocalíptica a vueltas con una plaga zombie y una extraña reinvención del mito de Adan y Eva, manzana putrefacta mediante. Con ese tono tan raro y tan coreano, que puede pasar del la comedia bufa al dramón en una misma secuencia, la peliculita de Ji-woon consigue salvar la papeleta precisamente por los elementos más sarcásticos (atención a los informativos y tele-tiendas), aunque los ingredientes del guiso no acaban de acoplarse demasiado bien (crítica social, reflexión sobre los alimentos que consumimos, parábola sobre el reciclaje...). Ideal para vegetarianos. Con THE HEAVENLY CREATURE la cosa se pone seria. El menos conocido Yim Pil-sung (HANSEL & GRETEL) filma una hermosísima y reflexiva historia que gira en torno a la posible reencarnación de Buda en un cyborg que vive en un templo rodeado de un grupo de monjes y monjas, que le consideran su maestro. Por supuesto, la megacorporación dueña del robot opina que su máquina está defectuosa y deben destruirla. De tono pausado y transfondo existencial, su primorosa puesta en escena  funciona como un bálsamo para el espíritu, un precioso cuento que bebe tanto de las famosas novelas robóticas de Asimov como de los complejos animes cyberpunk de Mamoru Oshii (GHOST IN THE SHELL, AVALON etc). Quizás su serio tono discursivo sea el único escollo para disfrutar por completo de esta delicada y preciosa miniatura. La última es HAPPY BIRTHDAY, sin duda la más loca y delirante de las tres, digna de aparecer en cualquier libro de Douglas Adams. La cosa va de (y si te quieres sorprender, deja de leer ahora mismo) un armageddon planetario provocado por un objeto que impacta contra la Tierra, que resulta ser una gigantesca bola 8 de billar (tal cual) que una niña compró en una página web alienígena, que por paradojas de la relatividad y los agujeros de gusano ha provocado la destrucción del planeta... ¿o no? Tierna a la vez que demencial, si uno es capaz de tragarse la premisa sin rechistar (¡yo lo hice!), es la más arriesgada del terceto y, por lo tanto, puede ser la más indigesta. No obstante, comparte con la primera su cachondeo generalizado y esa visión esperpéntica de los mass media (atención al tronchante último informativo de la historia). Impactante plano final, por cierto. Así pues, DOOMSDAY BOOK resulta más una estimulante curiosidad que una película para los anales, algo lastrada por cierta arritmia y lo poco conjuntada de sus tres historias. Pero ya sabéis: es coreana...

- Lo mejor: su variedad de registros, tonos y sensaciones

- Lo peor: su excesiva variedad de registros, tonos y sensaciones


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LAST DAYS HERE/EEUU/2011
En breve seguiré con el particular repaso a Sitges 2012 (aún hay tela que cortar), pero antes debo hacer un receso fantastiquero para entrar en LAST DAYS HERE, el último rockumentary con el que me he topado, ese subgénero documental que se desvía hacia todas las mutaciones del rock más durete, pletórico en los últimos tiempos. Dejando de lado el punk, que tiene un par de obras de cabecera, ANVIL resulta, seguramente, la gran obra maestra del género, apasionante; LEMMY un documento encantador sobre el tipo más auténtico del universo; además hay brillantes estudios transversales como la dupla METAL: A HEADBANGER´S JOURNEY / GLOBAL METAL o GET THRASHED, por no hablar de irregulares análisis del black metal (el incompleto pero interesante UNTIL THE LIGHT TAKE US o el absolutamente amarillista SATAN RIDES THE MEDIA) o el revelador y muy célebre METALLICA: SOME KIND OF MONSTERS. Si tras toda esta caterva de personajes y sonidos furiosos ya nos hemos dado cuenta de que la mítica y tronchante SPINAL TAP se quedaba más bien corta, esperad a ver LAST DAYS HERE. Una película es genial cuando el qué y el cómo entran en simbiosis, en perfecta comunión. Un documentalista (que también es un cineasta, amigos) es genial cuando sabe sacarle lo máximo a una buena historia. Y, por diox, que la historia de LAST DAYS HERE es la bomba. Los que hemos deglutido con ansia viva todo ese proto-metal setentero ya conocíamos a PENTAGRAM (potentorros y carismáticos, pero eternos segundones) y a su líder espiritual, Bobby Liebling, figura central del documental. En especial tras la "resurrección" que Relapse Records hizo en 2001 de sus demos, la fenomenal recopilación FIRST DAZE HERE-THE VINTAGE COLLECTION. Sabíamos de su errática carrera y sus problemas adictivos, apenas nada en comparación con lo que narra este monumento.

El triunfo y la gloria deslumbra, pero rara vez emociona. La plenitud y la felicidad apestan, amigos. Y la historia vital de Liebling es tan extrema, tan exagerada, tan dura y desoladora que parece ficción. Parece escrita por un guionista cenizo tratando de rizar el rizo con cada nueva secuencia. Bigger than life, que dicen los yanquis. Ver cómo Bobby se ha convertido en un zombie adicto al crack que con cincuenta y pico años vive aislado en el sótano de sus padres, coqueteando cada día con la muerte, y que se cree víctima de una infección parasitaria de origen desconocido, no es un espectáculo ni agradable ni divertido ni ligerito para pasar la tarde. Pero ese es sólo el terrible punto de partida. Por extraño que parezca a priori, por mucho que la muerte siempre esté rondando, LAST DAYS HERE es un sincero y desgarrador retrato de vida pura. Tal cual. De amistad incondicional, de oportunidades perdidas, de amores truncados y reencontrados: del amor de los seres más cercanos, del amor por el rock y la energía sobrenatural que lleva implícito, de la búsqueda de un amor plenamente romántico, y de ese impulso vital tan difuso que hace que Bobby logre vivir otro día más. Rodeado de pentagramas satánicos (of course) y visiones apocalípticas, Bobby, junto con Argott y Fenton, dibujan un retrato humano de una autenticidad y una fragilidad estremecedora. Una historia tan apasionante y sincera, con tantos "giros de guión" y sorpresas (aquí lo improbable sucede), incluso con un emocionante climax final musical que hace de LAST DAYS HERE una de las experiencias cinematográficas más intensas de la temporada, una dura película llena de empatía y afecto y, como he leído por ahí, un sabio ensayo sobre la mala suerte, sobre el contubernio cósmico y el sabotaje personal. Una maravilla que, curiosamente, no te deja el cuerpo destrozado, sino que termina con una gratificante (y algo surrealista) imagen que hace que llegues al final del camino con una sonrisa. La vida se abre camino. Imprescindible.

- Lo mejor: el emocionante tratamiento cinematográfico del documental, con su desarrollo, nudo y desenlace, que potencia al máximo la ya de por sí potente historia que se narra

- Lo peor: se echa en falta un análisis más profundo de la escena musical de los setenta, para entender mejor el papel que jugaron Pentagram por entonces


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Bobby, vivito y coleando, en 2011...

Pequeño paréntesis de Sitges. Como ya ha empezado el éxodo de los mejores cineastas surcoreanos en los USA, un pequeño avance de algo de lo que se nos avecina. Park Chan-wook con la muy psicológica STOKER y Kim Ji-woon con Swarzenegger (!!) de regreso en el desparramo de THE LAST STAND.

LOVELLY MOLLY/EEUU/2012
Por mucho que le pese, al cubano afincado en los USA Eduardo Sánchez siempre se le recordará por ser coautor de aquel ya lejano pelotazo titulado EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR, película que puso de moda en medio mundo esa agotada plaga (ver V/H/S) que se ha dado en llamar found footage. El bueno de Sánchez, tras vivir una temporada de las rentas y explotar el filón de la bruja tanto en su lamentable secuela (en tareas de producción) como en una poco vista serie de televisión, no tardó demasiado en retomar su carrera, ya en solitario, con un curioso par de películas que no abandonaban del todo el estilo granuloso, apresurado y de falsa apariencia amateur del film que le hizo famosete por un tiempo. Tanto ALTERED como la exótica y moderadamente aterradora SEVENTH MOON, rodada en China, explotaban este filón de la cámara hiperactiva y aires documentales, pero es en LOVELLY MOLLY donde de nuevo a tirado de grabaciones de cámara doméstica, al menos en parte. Tan minimalista como las anteriores, por esta vez el cubano deja los elementos sobrenaturales a un lado y se toma un valium para contar el descenso a los infiernos de la esquizofrenia de la encantadora Molly, una chavala que sufre en sus prietas carnes el ominoso acoso (sexual y del otro) de una entidad que proviene de su atormentado pasado y que nunca sabremos hasta qué punto es real. Sucia, atmosférica, de hechuras indies, ritmo pausado y paulatinamente agobiante, más propia de un terror psicológico vertiente REPULSIÓN o LA SEMILLA DEL DIABLO, (qué casualidad, de Polanski) que del burdo muestrario de sustos al uso, la cosa se enriquece lo justo con los insertos de video-diario que la pobre criatura va grabando durante su pesadilla, una Molly a la que la debutante Gretchen Lodge se abandona en cuerpo y alma y que supone la mejor arma de la película. Sin ser memorable, LOVELLY MOLLY cumple su objetivo y funciona como buena muestra de que cuando hay algo que contar e ideas claras el formato es lo de menos (vaya, justo lo contrario de V/H/S). Eduardo Sánchez es uno de esos tipos que, sin estar en la primera división del género, sigue labrando una filmografía interesante y personal paso a paso sin estridencias. Seguro que lo mejor está por llegar.

- Lo mejor: ese plano de resonancias mitológicas en el que Molly se entrega a la oscuridad en pelota picada... y lo que surge de allí y la abraza...

- Lo peor: la sensación de estar esperando algo con mucha paciencia y que nunca llega

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V/H/S / EEUU / 2012
Esto de la moda del found footage (metraje encontrado) se está desmadrando. Si bien ya ha tocado (casi) todos los géneros posibles, de la aventura a la ciencia-ficción, pasando por el thriller e incluso el cine bélico, parece que el terror es la parcela en la que este discutible estilo se encuentra más cómodo y tiene mejor respuesta entre un público, digamoslo claro, cada vez menos exigente. Si tras el exitazo de la apañada y poco más PARANORMAL ACTIVITY y todas sus aburridas secuelas el tema de las cintas de video con bicho dentro se ha desparramado como la peste, V/H/S supone la prueba palmaria de que la cosa está ya muy agotada. Estrenada este año en Sitges, con la cansina campaña promocional amarillista a toda mecha (que si en Sundance el personal se desmayaba, que si una ambulancia en la puerta, bla, bla, bla), vista y deglutida, no acabo de entender como una película tan sosa, mediocre y falta de incentivos puede llegar a ser un hype mundial. Siguiendo el gancho en los créditos de mi amado-odiado Ti West, V/H/S trata de arrancar con un formato relativamente original en el estilo: una película de episodios. Como en cualquier film con esta estructura, la calidad del conjunto depende mucho de las partes, y aquí la han pifiado casi por completo. De sus 5 historias (6 si contamos la no-historia principal que funciona como cutre-masilla del resto), apenas una, la última (10/31/98), consigue levantar el vuelo de una película cansina, aburrida, insustancial, más bien poco inquietante, con una alarmante falta de ritmo e ideas ingeniosas y, además, larga, muy larga. No creo que merezca la pena analizar en profundidad una por una las historias, pues todas ellas buscan la autocomplaciencia del aficionado (parece que sólo con el baile de San Vito de la cámara y sus texturas amateurs uno ya tiene la obligación de acojonarse y aplaudir la propuesta: pues no), dando muy pocas alegrías o sorpresas y más bien mucho bostezo y miradas furtivas al reloj, transitando por lugares comunes y refritos de clichés sin nada nuevo que aportar. Obviando la estupidez supina de la historia "principal", TAPE 56, que no hay por dónde cogerla, la cosa arranca de forma sólo resultona con AMATEUR NIGHT, con un par de ideas e imágenes de impacto. Después llega SECOND HONEYMOON, la de Ti West, que fiel a su estilo se dedica a filmar la nada durante 20 minutos hasta llegar, como es marca de fábrica, a un final torpe y apresurado. Prescindible. TUESDAY THE 17TH es una tontería sin el mayor interés que ser una especie de slasher campestre al uso que homenajea la saga de Jason. Muy mala. Con THE SICK THING THAT HAPPENED TO EMILY WHEN SHE WAS YOUNGER la cosa se anima ligeramente: el formato cambia a las grabaciones de un videochat, y la historia, con un final incomprensible, es bastante marciana y tiene un par de momentos de susto que funcionan. Si uno consigue llegar a estas alturas del metraje, aleluya, la cosa remonta con la última historia, 10/31/98, la mejor de todas, aunque sólo sea porque es la única entretenida, divertida y loca, y porque tiene algunas ideas visuales de enjundia. Repito, absurdo hype mayormente prescindible. Y además, muy feo. Bah...

- Lo mejor: dos historias pasables de seis, poca cosa

- Lo peor: lo aburrida, larga y falta de ideas que acaba siendo... y que aun así algunos por ahí la pongan por las nubes... me estoy haciendo viejo

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CHAINED / EEUU / 2012
Como todos los años, recién clausurado el Festival de Sitges, vamos a hacer un somero repaso a lo más granado que por allí se ha visto y oído. A nuestro ritmo. Y comenzamos con CHAINED, la esperada película de Jennifer Lynch, la revoltosa hija del demiurgo David Lynch, que pasito a pasito se está labrando una curiosa carrera que, como mínimo, uno tiene que tildar de interesante. Con un primer paso en falso tremebundo como fue BOXING HELENA, un vergonzante bodrio que partía de una suculenta idea pero que se internaba en los abismos del ridículo desde el minuto uno, quince años tardo Jennifer, nada menos, en estrenar la juguetona, estupenda SURVEILLANCE, triunfadora en Sitges 2008. Después llegó HISSS, una marcianada bollywoodiense que aún tengo en mis cuentas pendientes. Finalmente y sin mucho estruendo, la pequeña Lynch regresa al festival que más la aprecia con su cuarta obra: una de psicópata/s. La figura del tarado asesino generosamente traumado, aislado del mundanal ruido, nativo de un entorno tipo "sótano llenomierda", sufridor y sádico a un tiempo, ha sido tan omnipresente en las dos últimas décadas que a uno ya se le hartazga el gaznate cada vez que alguien vuelve a proponer, otra vez, al psychokiller obeso y sus derivas masacrantes. Afortunadamente para todos, la perversa Jennifer maneja con soltura un par de ases en la manga: por un lado, aquí la policía / FBI / pariente vengativo, y la obligatoria investigación, brilla por su ausencia. Por lo tanto, se aleja del slasher al uso. Al fin. Gracias. Durante un ochenta por ciento del metraje Jennifer encierra a sus dos criaturas (y a nosotros con ellas) entre las cuatro paredes de esa casa, configurando una especie de crónica diaria y costumbrista del psicópata y, aquí viene el segundo as, también de su esclavo-pupilo. Ya se nos ha contado del derecho y del revés que todo asesino psicopático tiene un pasado del que provienen sus manías destructivas: CHAINED no es una excepción, pero plantea además un retorcido giro al asunto, un trasunto de "educación para la anti-ciudadanía" que acaba esputándonos a la cara que, efectivamente, el mal también se enseña, se imparte, y por tanto, se aprende. Tremendamente misógina en superficie gracias a los repugnantes discursos de Bob (bravo Jennifer por tu osadía y riesgo: te van a caer palos por todas partes), partiendo de un extrañamente extraño guión, mrs. Lynch, que sabe que tiene un armazón sólido con el el construir, atempera sus armas visuales y, de nuevo, demuestra al respetable que aquí hay cineasta para rato. Contenida en todos sus apartados y sin alardes por la cara, sin necesidad de plasmar marca de estilo porque sí (aunque podemos atisbar algún detallito heredado de papá), nuestra directora favorita echa mano de texturas ocres, interiores desolados, una calculada y hermosa puesta en escena, un sentido del ritmo prodigioso que sabe aunar flashbacks, narraciones paralelas y elipsis con tremenda elegancia, y una dirección de actores precisa como un bisturí, para absorber nuestras neuronas hasta ese seco y nihilista final, supongo que lo más discutible de la cinta. Ah, y Vicent D´Onofrio, mejor actor en la edición de este año, por supuesto. Cualquier otra cosa hubiese sido un escándalo.

- Lo mejor: la confirmación de que Jennifer Lynch ya ha roto el cordón umbilical, de que es una tía tan raruna como valiente, y de que nos va dar muchas alegrías en el futuro

- Lo peor: que CHAINED pase desapercibida entre la maraña psicopática habitual

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Por diox, ¡qué ganas de ver esto ya! Que desde la repelotuda HALLOWEEN 2, seguimos en dique seco. 
Se estrena en el próximo festival de Toronto.
A falta de trailer oficial, unas pocas imágenes...


THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO / EEUU / 2009

No sabía que en realidad existía, servidor pensaba que ya era uno de esos proyectos abortados que nunca ven la luz. Así que os podéis imaginar la sorpresa cuando, el otro día, me topé con ella por pura casualidad. Alaridos histéricos, saltos de alegría y cerveza derramada por toda mi guarida. Las primera peli de animación de Rob Zombie, amigos. Todos sabéis quién es Rob Zombie, pero por si acaso hay en la sala algún marciano... ok... Rob Zombie es uno de los gurús de este rincón golfero, junto con Terry Gilliam, David Lynch, John Carpenter y otros cuantos. Tipo renacentista en pleno s. XXI, creador total nacido del cadáver de su banda de metal industrial groovy WHITE ZOMBIE, luego simplemente ROB ZOMBIE (mucho más bailonga), diseñador gráfico e ilustrador, guionista de cómics, realizador de sus propios videoclips y, desde hace unos años y para regocijo de todos sus fans, guionista y director de cine, capaz de dejar su particular huella en todos y cada uno de estos campos. Y aviso para navegantes: su breve filmografía no tiene desperdicio. Lo dicho: autor total. Además, admirador convicto y confeso de la animación. Un puto crack. Basado en cómic propio, EL SUPERBEASTO, una suerte de luchador mexicano calentorro y delirante capaz de cualquier cosa por echar un buen polvo y comer alitas de pollo picantes, secundado en sus aventuras por la neumática y tuerta  Suzi X y su salido robot de compañía. Su adaptación al cine estuvo dando vueltas por los estudios un tiempo hasta que, finalmente y por pura cabezonería del amigo Rob, la película se estrenó directamente en DVD con una calificación R (Restricted) por parte de la censura yanqui por su alto contenido sexual, procaz y violento. Un triunfo, vamos. Para empezar, la película es un ejemplo palmario de ese expediente X que muchos llaman "animación para adultos", esa cosa, sin entrar en el porno, de la que muchos hablan pero que muy pocos han visto, a excepción de esos magníficos animes que todos tenemos en la cabeza. Tengo la garganta seca de repetirlo, pero aquí va otra vez: la animación no es un género, sino una técnica audiovisual para contar historias, por lo tanto el abanico temático al que debe aspirar es infinito, tanto como en la imagen real. La totalitaria y abusona maldición Disney hizo que, desde siempre, se asocie con cine infantil, o familiar a lo sumo. Una estupidez suprema que se mantiene hasta hoy. Fin de la pataleta.

Zombie meet Avery meet Bakshi

El cómic original
THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO no es para niños y, probablemente, tampoco para un 80% de los adultos del planeta. Hoy estamos más que acostumbrados a los alardes técnicos en animación, en especial 3D, y cada vez más alejados mentalmente de lo que fue la animación tradicional 2D,  cuyo reducto casi se reduce a animes, alguna marcianada europea puntual y series de televisión de calidad cada vez más baja que exprimen franquicias hasta el vómito. Y precisamente por esto, SUPERBEASTO es un soplo de aire fresco en toda la jeta, pura animación old school que ignora por completo las moderneces y el rollete hiperestilizado actual para abrazar con un malsonante eructo aquellos cartoons hilarantes y supersónicos de Hanna-Barbera o la Warner, que mira de reojo a maestros de la pura energía cinética desatada como Tex Avery y, sobre todo, y esto es lo más molón, a un tipo que todavía tiene pendiente el reconocimiento que se merece: Ralph Bakshi. La sombra del autor de FRITZ THE CAT, HEAVY TRAFFIC o FIRE & ICE gravita sobre toda la película de Rob Zombie, para regocijo de todo amante de la animación adulta, soez, transgresora, sexual, bruta y malencarada. Porque sí, SUPERBEASTO es una verdadera muestra de cine libertario, por momentos brillante, a ratos muy tonto, otras veces sorprendente, que requiere del espectador atención total. Al principio cuesta entrar en la propuesta de Zombie, pero una vez que estás dentro... el disfrute es total. Por supuesto, nos movemos en un hilarante universo serie Z plagado de superheroes salidos, villanos histriónicos (Dr. Satan/Paul Giamatti, desatadísimo), ejércitos de zombies nazis, strippers con incontinencia vaginal y modales de camionero y un guión guarro y delirante, todo ello disparado a la velocidad de la luz con un montaje abrupto y desquiciado, una auténtica avalancha de chistes verbales y visuales imposible de asimilar de una sola tacada. Gore en abundancia, tacos cada cinco segundos, erecciones mecánicas y biológicas y tetas, muchas tetas. También suculentos cameos, muchos salidos, directamente, del propio universo-Zombie. Y muchas canciones a cada cual más cachonda, perfectamente integradas en la trama, lo que, además, la convierten casi en un musical con sobredosis de speed.

Captain Spaulding también sale
Superbeasto, rey del gansta-pop

Como es habitual, Rob Zombie se rodea del "equipo habitual" para dar voz a sus animadas criaturas, desde su compañera, cómplice y musa Sheri Moon hasta el chicano más feo de la galaxia, Danny Trejo. Y muchos más. Así pues, a pesar de ser un proyecto realmente marciano en su filmografía (lo sería en cualquier filmografía), THE HAUNTED WORLD OF EL SUPERBEASTO encaja perfectamente en el corpus creativo del amigo Zombie, una joyita plenamente disfrutable siempre que te dejes llevar por su inagotable energía cinética, sus constantes chistes de pollas, tetas y polvos, su irreverencia total y sus cien mil referencias a lo que viene a ser la contracultura más underground de los últimos 50 años, que sabe conjugar inteligencia y estupidez con una fórmula que es pura alquimia. Ahí es nada. A descubrirla inmediatamente.

Rob y Sheri, grabando

- Lo mejor: ¿cine de animación tradicional para adultos? ¿película de Rob Zombie? Doble gozo

- Lo peor: por momentos es muy, muy, muy idiota... ¿esto es malo?

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HELL / Alemania / 2011

La alemana no es una cinematografía muy dada al fantastique precisamente. Con el patrocinio del megalómano Ronald Emmerich a la producción, Tim Fehlbaum propone otra de esas road movies postapocalípticas que tanto se llevan ahora, una mezcla curiosa entre el añejo cine de catástrofes y las pelis de carretera. En plan rápido, me vienen a la cabeza cosas como INFECTADOS, THE ROAD, MONSTERSSTAKE LAND... y un largo etcétera, donde las calamidades naturales (como en la excelente TAKE SHELTER) se alternan con todo tipo de plagas mutantes (zombies, vampiros, caníbales, extraterrestres...). Una alegría. Realmente HELL no ofrece nada nuevo excepto la misma premisa argumental, un planeta devastado por la inusitada actividad de la tormentas solares, que han elevado la temperatura media en diez grados y los alimentos, el agua y el combustible ya escasean. Casi una precuela intimista y barata de MAD MAX, amigos. Funcional, entretenida, muy correcta y muy bien rodada,  muy germana ella, con un certero y sencillo dibujo de personajes y los elementos imprescindibles para hacer avanzar la acción, la película de Fehlbaum se beneficia de su áspero tono sobrio, contenido y sin excesos, jugando la baza, cuando llega el momento, de encerrar la acción entre cuatro paredes con la mirada puesta en esas granjas pobladas por disfuncionales familias psicopáticas que tan bien conocemos, con un elaborado envoltorio visual que es, de lejos, lo mejor de la película. Merecido premio a la Mejor Fotografía en el pasado festival de Sitges.

- Lo mejor: su abrasadora, polvorienta y sobreexpuesta atmósfera

- Lo peor: nada nuevo bajo el sol (abrasador)

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THE DIVIDE / EEUU / 2011

Seguimos con la segunda oleada franchute. Tras la grata sorpresa de THE TALL MAN y la relativa decepción de LIVIDE (en breve en Sesión Golfa), llega la primera incursión yanqui del amigo Xavier Gens, artífice de uno de los puntales que conmocionaron al aficionado hace unos años, la barbárica FRONTIERE´S. Por entonces ya me pareció que Gens era el más norteamericanófilo de la panda (perdón por el palabro, pero también tiene una cosa llamada HITMAN que...), tanto en estilo visual (muy potentorro, of course) como en influencias, que miraban básicamente al survival setentero pasado por un tamiz videoclipero, todo ello con un trasfondo que buscaba, dicho finamente, llamar la atención (y es que los nazis rurales siempre son muy resultones). Tras visionar THE DIVIDE, sigo pensando lo mismo, aunque con un nuevo matiz: Gens busca la polémica y el escándalo a toda costa, y su discurso unidireccional tiene cierto componente amarillista un tanto chusquero. Sería el SÁLVAME DELUXE de la nouvelle horreur vague, para entendernos. ¿Razones? THE DIVIDE presenta un escenario de sobras conocido, un encierro postnuclear en un bunker blindado. Nada que no hayamos visto ya mil veces, rodado con nervio (buen prólogo), tensión y garra, aunque el dibujo de personajes se diluye en lo de siempre: Gens lleva la consabida máxima "el hombre es un lobo para el hombre" a su paroxismo, pero sin verdadera reflexión al respecto, tomando en exclusiva el tren de las bajas pulsiones, la demencia y el horror más puro. O dicho de otro modo: una misantropía que, insisto, no nace de la reflexión sino de las vísceras, y probablemente de las ganas de llamar la atención. Es una visión respetable, por supuesto, y bien coherente en sí misma (que ella tenga que revolcarse literalmente en mierda propia y ajena para salvar el culo es paradigmático), pero todo es muy sesgado e, insisto, nace del evidente deseo de epatar a toda costa. Dicho esto, que me resulta algo mosqueante, la película es una nueva muestra del ojo clínico de esta peña para el impacto inmediato y la oscura belleza de lo infame y lo sórdido. Densa y asfixiante en su primer tramo, el mejor, comandado por un magnético y troglodita Michael Biehn, Gens tira por la vía rápida para que el proceso de degradación de esta comuna humana aislada sea lo más espectacular y repugnante posible, hasta en lo físico. Progresivamente demencial, la película trata de jugar al "más salvaje todavía, amigos" cada quince minutos lo que, en realidad, le acaba restando impacto al invento. Así pues, film para amantes de las emociones fuertes y estómagos curtidos, blanco perfecto para mojigatos y escandalizados de serie, pero muy bien armada y ejecutada en general aunque, al final, resulta de lo más epidérmica en su conjunto y superficial en su tratamiento del horror humano, del que, sospechosamente, Gens acaba haciendo espectáculo. Curiosamente, su hermoso epílogo, brillante por su sencillez de concepto y por puro contraste con lo anterior, cuenta lo mismo que todo el metraje precedente sin necesidad de alaridos, tiroteos, desmembramientos, violaciones ni cucarachas mutantes. Sin ser una maravilla, merece la pena echarle un vistazo. 

- Lo mejor: aunque tiene un discurso muy sensacionalista, en intensidad, furia y atrevimiento está a años luz de sus mojigatas hermanas yanquis, y eso es para aplaudir

- Lo peor: esa sensación de cortometraje estirado que gravita sobre toda la película

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