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THE LORD OF THE RINGS
Nueva Zelanda-EEUU/2001-2002-2003

- Dirección: Peter Jackson
- Producción: Peter Jackson, Barrie M. Osborne, Tim Sanders, Frances Walsh
- Guión: Peter Jackson, Frances Walsh, Phillipa Boyens, Stephen Sinclair, basado en el libro de J. R. R. Tolkien
- Música: Howard Shore
- Fotografía: Andrew Lesnie
- Montaje: John Gilbert, D. Michael Horton, Jamie Selkirk
- Efectos Especiales: Richard Taylor para Weta Digital y Weta Workshop
- Diseño de Producción: Grant Major, Alan Lee, John Howe
- Vestuario: Ngila Dickson, Richard Taylor
- Intérpretes: Elijah Wood, Ian Mc Kellen, Viggo Mortensen, Liv Tyler, Sean Astin, Cate Blanchett, John Rhys-Davis, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Sean Bean, Ian Holm, Christopher Lee, Andy Serkis, Miranda Otto, Brad Dourif, Karl Urban, Bernard Hill, David Wenham, John Noble


Ayer se estrenó EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO, el regreso por todo lo alto de Peter Jackson al universo de Tolkien tras un turbulento desarrollo en la producción y el abandono de Guillermo del Toro, resulta interesante echar la vista atrás y recapitular sobre la trilogía original, a diez años vista ya del estreno de su primer fragmento: LA COMUNIDAD DEL ANILLO. Y quiero hablar de la trilogía al completo porque no tiene sentido considerar tres películas: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es una monumental pieza indivisible en sí misma, una titánica obra que, en su versión extendida, alcanza las 11 horas de metraje, lo que la convierte, de facto, en el film en lengua inglesa más largo de la historia del cine, seguido muy de lejos por el HAMLET de Kenneth Brannagh, que superaba las 4 horas. Y es una sola película, no tres, porque vista del tirón (o en sucesivas noches, como el homenaje que me acabo de pegar entre render y render) no hay manera alguna de distinguir una de otra: su perfecta coherencia en fondo y forma la configuran como un sólo relato estrenado en tres entregas, exactamente igual que la célebre novela de Tolkien. Así pues, bienvenidos a la Tierra Media, pequeños hobbits.


A pesar de no haber inventado nada, Tolkien seguramente sea el escritor más imitado del s.XX. Su vasta cosmogonía aglutina y bebe tanto de los clásicos grecorromanos (con LA ODISEA al frente) como de la tradición folclórica celta, nórdica y, en especial, los cantares de gesta medievales y el ciclo de mitos artúricos. Una fascinante argamasa que, aunque tampoco lo inventó, sí que puso de moda en todo el planeta eso que han llamado "fantasía heroica" o "espada y brujería". En fin, considero que EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es una de las magnas obras literarias del siglo pasado, mamotreto de más de mil páginas que, como todo clásico, nunca deja de tener vigencia en los temas que subyacen debajo de todo ese cacao épico poblado por hobbits, elfos, humanos, enanos, orcos, magos, trolls y demás criaturas sublimes o malolientes. El poder inevitablemente engendra corrupción, y la corrupción degrada al poderoso y a todo aquel que le rodea. Así que una simple obra de evasión y fantasía para adolescentes, un librito de escape nada más, ¿no?...


Por supuesto, desde el mismo momento de la publicación de EL RETORNO DEL REY, Hollywood acechaba. Se rumorea que los Beatles (!) fueron los que más cerca estuvieron de materializar una adaptación, en una combinación letal de flipe por la novela y por los psicotrópicos, proyecto en el que, atención, Paul sería Frodo, Ringo se pedía a Sam, George vestiría la batamanta de Gandalf y John haría de... Gollum (!!!). Se dice que incluso contactaron con Kubrick, que dio carpetazo al asunto con un tajante: "Esa novela es inadaptable". El siguiente intento serio (o el primer intento serio, más bien) llegó a comienzos los 70 de mano de John Boorman, que quería una visión oscura y muy realista (¿?) del asunto. Una vez más, problemas presupuestarios y logísticos dieron al traste con el asunto, aunque mucho del trabajo de documentación de Boorman se aprecia en EXCALIBUR, su obra maestra. A finales de la década, al fin, se estrena la primera adaptación (animada) a las órdenes del siempre infravalorado Ralph Bakshi, una tan interesante como frustrante adaptación de las dos primeras novelas que se saldó con un descalabro en taquilla, lo que impidió que el tercer libro llegase a las pantallas, un coitus-interruptus que, no obstante, Peter Jackson siempre ha reivindicado por activa y por pasiva. Durante más de dos décadas, el interés de los estudios por levantar la trilogía fue más bien tibio, aunque siempre estuvo ahí. No fue hasta el estreno de CRIATURAS CELESTIALES a mediados de los 90, cuando a Jackson le preguntaron cual sería su próximo proyecto, a lo que respondió sin despeinarse: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. Obviamente, todos en Hollywood tomaron por tarado al orondo cineasta neocelandés al que no conocía ni el Tato fuera del mundillo gore y el circuito festivalero.

La olvidada versión de Bakshi

El proceso de gestación y desarrollo del insensato proyecto de Peter Jackson es tan titánico, fascinante e inabarcable como la película en sí, fielmente documentado en los magníficos documentales que incluyen las versiones extendidas en DVD y Bluray. Antes de entrar en materia, hay que puntualizar un par de detalles: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS no es una película norteamericana, sino 100% neocelandesa, completamente al margen del sistema de estudios yanqui y rodada íntegramente en Nueva Zelanda con un 80% del equipo técnico natural de aquellas tierras. O, dicho de otro modo, es una película independiente levantada por un pequeño estudio propio (Wignut Films), cuya empresa asociada de efectos especiales, Weta, se escindió en dos Weta Digital y Weta Workshop para poder afrontar con garantías el proyecto. De hecho, la mayor parte del equipo de Jackson eran habituales en su filmografía, y se dice que reclutó a la mayor parte de estudiantes de cine de la isla para todos los apartados técnicos de la película, creando casi desde cero una industria inexistente. Curiosamente, la entonces escuálida Film Comission neocelandesa, que se llevó las manos a la cabeza por todos y cada uno de los estrenos previos del gamberro y cafre Jackson, se volcó en dar facilidades al proyecto. Se nombró un cargo administrativo temporal para la gestión, coordinación y logística de tan descomunal rodaje (un "Ministro del Señor de los Anillos", je) y se calcula que el PIB de Nueva Zelanda se ha incrementado cerca de un 15% desde entonces sólo por los ingresos generados por estos rodajes. Por otra parte, y al contrario de lo que pueda parecer, la trilogía está lejos de ser tan cara como aparenta: 250 millones de dólares no parece una cantidad muy desorbitada para una película de fantasía épica de 11 horas y con algunas de las imágenes más espectaculares e impresionantes que hasta entonces se habían visto en una pantalla de cine. La próxima entrega de IRON MAN, por poner sólo un ejemplo, tiene un presupuesto similar. Por supuesto, todo el mundo vaticinaba un soberano batacazo, máxime cuando las "tres" películas se rodaron a la vez, en una jugada con escasos precedentes que daba muestras, por si no había quedado claro, que Jackson y su equipo sabían muy bien qué se traían entre manos. Pero todas las bocas se cerraron, o más bien se abrieron en una mueca de asombro cuando el primer trailer vio la luz...


No tengo la menor duda: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es cine de autor, y aún más, un sueño cumplido, tras seis años de duro trabajo, realizado con un cariño, un mimo y un talento imposible de ver en cualquier blockbuster al uso. Casi dos años de desarrollo de guión, seguramente la tarea más jodida de todo el proceso, tratando de cuadrar y hacer justicia a esas más de mil páginas de novela, decenas de personajes determinantes en el relato y narraciones paralelas por doquier según avanza la historia con sus correspondientes subtramas que configuran una cosmogonía con sus propias reglas, culturas, idiomas, lineas temporales e intrahistoria. Un desafío, ante todo, para el que acudiría a la sala sin tener ni repajolera idea de quién era ese Tolkien. Aunque algunos fans se indignaron con ciertas licencias del guión, que nunca entenderán qué significa una adaptación y no una traslación (que si Tom Bombadil no aparece, que si se cambiaron algunas escenas de lugar, que si, ¡oh blasfemia! los elfos no pueden ser morenos...), no hay otra manera de definir el libreto que modélico. Aunque, efectivamente, en esas 11 horas se cuelan algunos momentos forzados, que no tienen nada que ver con la falta de literalidad con la novela sino con desajustes de algunas de las cientos de piezas del puzzle (el súbito enamoramiento entre Eowyn y Faramir es poco menos que ridículo, los diversos deux ex machina que ya existían en el libro siguen sin pulirse, como las tan convenientes apariciones de las águilas gigantes, y los tres sucesivos finales de la historia quizás sean algo excesivos), todo lo demás es sencillamente un asombroso ensamblaje, un mecanismo de relojería que sólo puede calificarse de portentoso. Y no sólo eso: me atrevo a decir que la ya de por sí señorial prosa de Tolkien alcanza por momentos en la película cotas realmente shakespearianas, de una belleza estremecedora, que elevan el poder de las palabras y la interpretación de los actores a cotas poco vistas en un presumible taquillazo. Pienso en la trágica muerte de Boromir, en las reflexiones de Gandalf en Moria acerca del valor de la existencia misma, o en todo lo que rodea a Lengua de Serpiente (extraordinario Brad Dourif, como siempre) y su pérfida manipulación en el palacio de Rohan. Es un guión tan bueno que resulta muy difícil, aun en los momentos más intrascendentes o relajados, encontrar un diálogo, monólogo o situación que esté vacía de contenido o, lo que es peor (y que cada vez me resulta más común en el cine mainstream), resulte pretenciosa o ridícula. Todo tiene un sentido, amigos, en muchas ocasiones coronado por un uso de las palabras que es pura hermosura. Un lujo.


Todo relato de aventuras es el relato de un viaje, exterior e interior, en el que sus personajes nunca son al final lo que eran al comienzo. EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, en su vertiente fantástica, quizás sea una de las narraciones que mejor han sublimado este maravilloso concepto. Demasiadas veces en el cine postmoderno usamos tal epíteto a la ligera, cuando su ensamblaje, mayormente, no es más que un bombardeo inmisericorde de imágenes lanzadas a la velocidad de la luz que se limitan a saturar los sentidos y muy poco el intelecto, o la emoción, tanto da. Cinéfago empedernido como siempre lo ha sido, Peter Jackson destila amor por el cine por cada poro, en cada secuencia, en cada plano. Cierto, es muy fácil sentirse simplemente abrumado por las increíbles imágenes de esta película, pero recomiendo al menos interesado pegarle un segundo visionado una vez superado el subidón de adrenalina. Entonces descubrimos el perfecto ritmo narrativo de la historia, su sensual alternancia de momentos absolutamente impresionantes por su magnitud e intensidad (el pasaje en Moria y las batallas del Abismo de Helm y Minas Tirith, que puntean respectivamente las tres entregas) con otros cotidianos e íntimos, calmados, que apelan directamente a la belleza de los sentidos y a la sensibilidad tan frágil, tan humana. Mucho se ha comentado del maniqueísmo de los personajes, pero no puedo estar de acuerdo, puesto que constantemente entra  en juego cierta duplicidad de significado, los opuestos enfrentados, incluso una inquietante ambigüedad: los frecuentes diálogos de Gollum consigo mismo son los más evidentes, puro dolor existencial de un mismo ser escindido (Gollum VS Smeagol, en especial aquella secuencia de EL RETORNO DEL REY en que, partiendo de un sólo plano, de un monólogo interior, con un sutil movimiento de cámara se transforma con limpieza en un diálogo plano-contraplano: magistral sr. Jackson); la estancia en los dominios de Galadriel, que consigue aunar en una misma secuencia placidez sobrenatural y un pavoroso peligro inminente (la angelical reina elfa, en el fondo, da bastante miedo); las dudas permanentes en la mirada de Aragorn, rehacio a cumplir el papel para el que ha nacido y del que huye, tratando de anular su verdadera esencia (Trancos VS Aragorn); la sutil alternancia de Gandalf entre la sabiduría mística y ciertos destellos de poder desbocado, magnificado con su misteriosa resurrección, quizás el pasaje más enigmático de toda la obra, que de hecho transforma al propio personaje (Gandalf el Gris VS Gandalf el Blanco); el remordimiento y dolor de Theoden tras liberarse de su hechizo (tras ser literalmente expulsado de su estado vital anterior) al ver a su primogénito muerto (una vez más, una secuencia hermosamente shakespeariana, con esas flores blancas brotando de las tumbas de sus antepasados); la progresiva degradación de Frodo, que ya ha visto "el otro lado" y, como un yonqui del anillo (labios agrietados incluidos), conoce y saborea su nueva fuente de poder a través de un viaje que, a pesar de su ambiguo final feliz, nunca tuvo retorno; el pérfido Saruman, trepa, ambicioso y carroñero, que antaño fue un mago sabio y bondadoso; la misión suicida del último bastión de defensa de regreso a Osgiliath, narrada en un hermoso montaje paralelo en la que mientras Pippin entona una triste balada y los caballeros marchan a una muerte segura el senescal Denethor disfruta de un lascivo banquete, masacre que Jackson, con cierto pudor y respeto, nos ahorra mediante una brillante elipsis... y un largo, largo etcétera. Toda la película está plagada de juegos con los "dobles", especialmente, como digo, en los remansos de tranquilidad, que en realidad casi nunca lo son, sólo lo parecen. Las épicas batallas, tan espectaculares ellas, también se libran dentro de casi todos los personajes, constantemente, que con frecuencia se observan a sí mismos reflejados (en la fuente de Galadriel, en un charco, en las ciénagas, a través del Palantir...). Lo que proyectamos como individuos, nuestra imagen, el espejo deformante nos lo devuelve con crueldad. No es casual que la representación de Sauron sea... un ojo, omnipotente y omnipresente.


Y esto, todo esto, es puro cine amigos. Cine que mira a los clásicos con devoción y respeto, que bebe a paladas de (y aquí los puretas me apedrean) LAWRENCE DE ARABIA o EL HOMBRE QUE PUDO REINAR, pero que exprime la tecnología al máximo (siempre al servicio de, no como fin en sí misma) y demuestra hasta dónde se puede llegar. Porque creo que EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es la película que rompió para siempre la gran barrera, el último muro de contención narrativa: desde entonces, si puedes imaginarlo, ya SÍ puedes rodarlo. Prescindiendo de miles de ejemplos de la elaboradísima técnica mixta de efectos especiales de la gente de Weta (se usaron maquetas, prótesis de latex, sofware de última generación, decorados a escala real, infografía, mattes, cromas y también efectos visuales tan básicos como la perspectiva forzada, cuyo origen se remonta a Melies, a veces todo en un mismo plano), yo me quedo con uno sólo: Gollum, la demostración de que, a la hora de la verdad, la técnica nos la sopla a todos y lo que importa es el resultado, la emoción. Gollum es una criatura infográfica y es tan real y relevante como cualquier otro de los personajes que pululan por la pantalla. Su origen binario se olvida al instante. Porque Gollum derriba la última frontera y aún es, a día de hoy, cuando ya estamos saturados de tanta cosa digital, una creación perfecta, insuperable, una obra de arte en sí misma, un milagro. Como asombroso es el casting al completo, sin grandes estrellas y buscando cierto poso teatral en sus intérpretes, ajustados cada uno de ellos a sus papeles como un guantelete de acero, entre los que destacan los más veteranos de la función, todos con larga trayectoria encima de las tabas y, ¡oh sorpresa!, con mucho Shakespeare a sus espaldas. Chistopher Lee, imponente (éste sí que es "la voz"), Ian Holm con su conmovedor Bilbo Bolsón, Bernard Hill detrás de un magnífico Theoden; el inmenso John Noble y su desequilibrado Denethor y, sobre todo, un Ian McKellen que nos regala al mejor Gandalf posible, matizado, siempre sutil, controlando cada mirada y cada gesto con esa maestría que sólo dominan los más grandes. Observad sus ojos. Un espectáculo. Hasta la pavisosa Liv Tyler es capaz de emocionar con la fragilidad etérea de Arwen.


EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es un hito en la historia del cine, por muchas razones. Han pasado más de diez años ya, y en estos momentos convulsos, cuando la fecha de caducidad de las grandes producciones cada vez es más estrecha, la épica, enorme película de Peter Jackson ya ha pasado la prueba del tiempo. A diez años vista, esta película no es susceptible de remakes, ni lo será, pues roza la perfección, sigue vigente y en el podium de la fantasía heroica, imitada hasta la saciedad por epopeyas como 300 o IMMORTALS, incluso por otras mediocridades como TROYA o BLANCA NIEVES: LA LEYENDA DEL CAZADOR.  Aunque no puedo negar que echo de menos al Jackson más soez y gamberro, y sonrío cada vez que le oigo hablar de una hipotética secuela de MAL GUSTO, su legado para la cultura popular es y siempre será EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. Sus inmortales imágenes siempre irán ya ligadas a la novela original, como una sola entidad. Como Gollum y su anillo. Como Rajoy y sus mentiras. Como ese anillo demoníaco que siempre veo cuando miro la bandera de la Unión Europea. Un clásico del cine lleno de cine, con todas las letras. Eterna y universal. Única.


- Lo mejor: las inalcanzables cotas de excelencia que mantiene a todos los niveles, técnicos y artísticos, su  magnética capacidad de conmover la mente y el corazón y de dejar imágenes imborrables, su respeto hacia la obra original, el cariño, pasión  y dedicación que desprende... prácticamente todo

- Lo peor: pequeños desajustes y arritmias sin importancia que nunca logran empañar una película de esta categoría

  
  CABEZAS




PARANORMAN / EEUU / 2012
La gente de Laika se lo está currando muy mucho. Único estudio de animación stop-motion capaz de competir de igual a igual con los caprichos de Tim Burton y con los ingleses Aardman, ya sorprendieron a medio mundo con la excepcional CORALINE, bajo la batuta de Henry Selick y adaptando un libreto nada menos que de Neil Gaiman. PARANORMAN supone, para empezar, un firme paso adelante para el propio estudio, que asienta su fórmula y desarrolla clausula de estilo, jugando con las características de un producto mainstream para todos los públicos pero también con ciertos y jugosos detalles que fácilmente la distinguen de los demás. Precisamente, un preciosista gusto por el detalle, quizás sólo al alcance de los magos de Pixar, y una gozosa tendencia a la alquimia con nuestros géneros y modos favoritos (aquí se revuelcan zombies costrosos de pura serie B, cine de horror gótico, destellos de humor negro y moraleja no babosa) levantan la película muy por encima de la media en un año más bien soso en animación. Como  ya ocurría en CORALINE (repitan conmigo: obra maestra), PARANORMAN es una especie de "película de terror para niños listos" que hará las delicias de los infantes mientras las mamás y papás más rancios se removerán incómodos en las butacas en determinados momentos. Huyendo del tono melifluo habitual que pretende idiotizar al respetable con masivas dosis de azúcar, Butler y Fell articulan una pequeña delicadeza animada de ritmo cadencioso pero trufada de momentos de acción que son pura filigrana (la persecución en el coche o la pacífica invasión zombie del pueblo) y secuencias de una belleza y emoción que me recuerdan al maestro Miyazaki (todo el enfrentamiento final entre los dos niños, de terrible poética manga-zen). Un primoroso cocktail al que ayuda especialmente esa mágica calidez tan propia del stop-motion, ese gusto por el detalle, una galería de personajes que, en muchos casos, no son lo que parecen (atención a la naturalidad con el que uno de ellos declara abiertamente su homosexualidad, jeje) y una militante postura a favor a de la "anormalidad". Lo mejor en cine de animación del año junto con BRAVE (a falta de ver FRANKENWEENIE). Delicatessen para niños raros, como nosotros.

PD: por cierto, estrenada en español con el casposo título de EL ALUCINANTE MUNDO DE NORMAN, que se carga de un plumazo el divertido juego de palabras de su original

- Lo mejor: su voluntad de no ser una película de animación de usar y tirar, como tanta saga interminable, y el palpable cariño con el que está realizada

- Lo peor: un guión algo desigual que da demasiadas vueltas en su tramo final, pero es que no siempre uno puede tener material de Neil Gaiman con el que deslumbrar...

  CABEZAS


DIAMOND FLASH / España / 2011
Dirección, guión, producción, fotografía y montaje: Carlos Vermut
Directora de Producción: Carmen Martín
Ayudante de Producción: Lola Martín
Ayudante de Dirección: Pablo Hernando y Alberto Carpintero
Intérpretes: Ángela Boix, Miquel Insua, Klaus, Rocío León, Eva Llorach, Victoria Radonic, Ángela Villar


Acabo de ver DIAMOND FLASH. Ahora estoy sentado en el sofá, jugando con las volutas de humo y escuchando a PONY BRAVO, y pienso: ¿tiene sentido hablar de "cine de culto" en la era de Internet?. ¿Ein?. Hace poco más de diez años, DIAMOND FLASH habría sido una película secreta, indescifrable, literalmente inaccesible, viviendo en recónditos festivales y sesiones golfas con olor a porro y naftalina. Una obra sólo disfrutada por unos privilegiados, un rumor que haría babear a cinéfagos omnívoros ansiosos de nuevos ídolos audiovisuales a los que adorar. Ahora cualquiera en cualquier punto del planeta puede acceder a DIAMOND FLASH con un sólo click, legal o alegal, mimetizando el ritual, pero, ay amigos, sin el menor esfuerzo y, probablemente, sin el culto humano acompañando en sala oscura. El culto ahora es instantáneo, incluso con pelis que todavía ni siquiera se han estrenado. No sé si tiene sentido pues hablar de "cine de culto", al menos tal y como lo disfrutábamos hace unos años, pero tengo claro que si hay un film español en la última década que se haya ganado a pulso tan difusa etiqueta, es DIAMOND FLASH

También es un thriller

Primera advertencia: no tenía ni repajolera idea hasta ahora de quién era Carlos Vermut, no estoy metido en el rollete indie megaexclusivo gafapastil (que parece que es su público natural), desconocía que era un prestigioso autor de cómics y cortometrajista y sólo me resultaba familiar su apellido. Como mucho, decir que la película me ha recordado, no sé por qué, algunos cómics de Daniel Clowes. Afronto virgen DIAMOND FLASH. Segunda cosa: mola enfrentar DIAMOND FLASH con esta bendita virginidad, y recomiendo desde ya que dejes de leer esto y te pongas por la labor. Esta película obliga a posicionarse, pues no tiene piedad ninguna con el espectador. Retazos de historias (nunca historias completas) que se entremezclan en aislados bloques narrativos como el homigón (toma paradoja), que exige subliminalmente una total concentración en el respetable, que pasaba por allí, un estado que ralla la hipnosis. No os digo nada si uno se ayuda con una pizca de hierba. Un estimulante desafío o un terrible suplicio, a elegir. 

Vermut: culpable

El desconcierto es total de principio a fin, usando el principio del collage como arma arrojadiza, porque, veamos, en DIAMOND FLASH confluye drama social y existencial, thriller, melodrama familiar, terror, algo de comedia y... ¡tachán!: cine de superhéroes. Todo ello con una parsimonia exasperante en la que el amigo Vermut ha sido poseído por el espíritu de un Ingmar Bergman del s.XXI adicto al cine de David Lynch, la música pop y los tebeos. Las distintas historias de la película se alinean una detrás de otra esperando su turno, más que un puzzle, un tetris que, por supuesto, debemos encajar a nuestro gusto tras ese abrupto final. Pistas metafóricas que suceden ante nuestros ojos mientras nuestra mente se biloca, un trozo encajando piezas, otro volando en espiral. Como toda buena obra onanista, DIAMOND FLASH es larga de cojones (le sobra media hora, fácil), y Vermut no tiene intención de facilitar las cosas en ningún momento. Bien por él. Los personajes hablan, hablan y apenas dejan de hablar un minuto. Vermut los encuadra con la fría delectación de un cirujano, sin implicarse demasiado pero con algunos hallazgos interesantes (la conversación en la cama de las dos amantes, que apenas comparten plano y cuya posición es de clara dominación-sumisión, relación que más tarde se invierte, o esos inquietantes planos a contraluz en el hotel abandonado). Ideas-personajes-diálogos es el terceto sobre el que se construye la película, lo que deja de lado un trabajo visual más elaborado (la película, mayormente, es fea) y que tiene fragmentos más logrados que otros, por lo que el interés fluctúa, siempre sin salir del letargo que esta peli produce. Algunas destacan por su potencia general (la lynchiana primera historia de los dos hermanos y las presuntas fotos), otras por su intensidad (pero que pinchan en su aspecto visual, tosco, plano y sin interés) y alguna que juega la baza de la sorpresa y el toque bizarro (el tronchante tarot de los animales prehistóricos, o la hilarante resolución del segmento de la tortura). Por supuesto, tour de force para los actores, que también basculan entre momentos de una naturalidad impresionante a otros algo forzados, culpa de ciertas lineas de diálogo discutibles. Y en medio de todo ello, entre viejos traumas, malos tratos, sospechas de pederastia, amores complejos y niñas desaparecidas, una especie de visión doméstica del superhéroe, desprovista de cualquier artificio (como la peli en sí) que, si no he entendido mal, entiende la heroicidad como patología, pero a mil kilómetros de las espectaculares debacles con mallas de los yanquis. 

También hablan por teléfono

Os decía antes que DIAMOND FLASH obliga a posicionarse. Pues vale, yo no lo pienso hacer. Recomendad la peli a vuestros mejores amigos o enemigos, a elegir, porque tanto cuatro como ocho cabezas sería una puntuación injusta para una película que vive bajo sus propias normas, un estimulante ejercicio de mirarse el ombligo que no tuvo conflictos entre productor, director, guionista y montador (todos Carlos Vermut), por descontado original, arriesgada e hipnótica, pero que aún no tengo claro si esto es gran cine o un capricho de estilo demasiado autista. En todo caso, merece que la señalemos con el dedo.



- Lo mejor: esa hermosa sensación de lo insólito

- Lo peor: esa bizarra sensación de que te has tirado más de dos horas contemplando bellos bustos parlantes

SIN CABEZAS, AMIGOS


EL MUNDO ES NUESTRO/España/2012
Así, claro y para empezar: EL MUNDO ES NUESTRO, salto al largo de Alfonso Sánchez, es una de las películas más insólitas del reciente cine español, por variadas razones y gozosos resultados. Levantada al margen de los cauces habituales de la ¿industria? (sin subvenciones fariseas y sin televisiones echando su financiero aliento en el cogote), promocionada por las redes sociales y "patrocinada" por un montón de entusiastas anónimos mediante una certera campaña de crowdfunding, retroalimentación que surge, precisamente, porque la pareja cómica formada por el propio Alfonso y su compinche Alberto López (Cabesa y Culebra respectivamente) ya habían dado mucho que hablar en internet. "Contra el terrorismo financiero, expropiación bancaria" es el lema de esta pequeña y rebelde joyita rebosante de frescura,  honestidad, ritmazo del copón, gracejo innato e ideas bien claras. Muestra palmaria de que ya no es necesario pasar por el aro para levantar proyectos, amigos. Con la aterradora realidad social como trasfondo y punto cardinal, Alfonso se rodea de una entrañable troupe de personajes, con un ojo puesto en el mítico dueto Berlanga/Azcona (salvando las distancias, pero ahí está) y otro en Tarantino, sacando el máximo partido a los escasos recursos, con una única localización y, si es necesario, tirando de cualquiera que pasase por la calle dispuesto a ponerse frente a la cámara para aportar su surrealista punto de vista al asunto. Gente común y desgraciada (o a la que han desgraciado), pobres diablos acogotados por las circunstancias y metidos en un lío del carajo, cabrones con pintas y humor negro a toneladas combinado con ternura y humanidad, pura esencia Azconiana, como decía, que tiene el buen criterio de, en lugar de clausurar la historia con mal rollo o desolación, dejar un huequito para la esperanza en medio de todo este caos, esta puta crisis planificada por demonios humanos en la que somos los títeres de un macabro experimento financiero a nivel planetario. No problemo. Cabesa y Culebra están al quite para iniciar su modesta revolución. Cine pequeño pero chulesco y vibrante, cine independiente de verdad, al que se le perdonan todos los desajustes propios de una opera prima. Segunda parte ya.

- Lo mejor: su honestidad e independencia en fondo y forma, desde su gestación hasta su distribución

- Lo peor: le falta un punto de poderío visual y algunas interpretaciones chirrían ligeramente

  CABEZAS

SUDOR FRÍO/Argentina/2010
Si alguien me dice "cine argentino", fijo que pienso en una comedia o un melodrama comprometido y social, con mucho diálogo, poca personalidad visual y Ricardo Darín. Sí, es tan injusta (y certera) como cualquier otra generalidad, pero tan cierto como que al Yin siempre se le encara un Yang. Y el Yang, en este caso, es un mastuerzo que responde al nombre de Adrián García Bogliano, cineasta en activo desde 2004 que pasa por ser, a día de hoy, un lobo solitario que aúlla con orgullo su dedicación exclusiva al cine de género, perpetrando una filmografía malsana con la terquedad de una mula que, sistemáticamente, anda dando coces al sistema mainstrean de su propia industria. Para empezar, al bueno de Bogliano no se le caen los anillos por "adaptar" a la idiosincrasia porteña determinados dogmas de género muy yanqui (desde el rape & revenge de NO MORIRÉ SOLA hasta el torture porn de la que nos ocupa), ni tampoco se acobarda cuando tiene que rodar con presupuestos muy justos que, en algunos casos, rozan la indigencia. Cine de trinchera auténtico que, además, tiene la osadía de juguetear, desde una óptica muy puñetera (y arriesgada), hasta con el oscuro y nefasto pasado totalitario de Argentina. SUDOR FRÍO es una peli pequeña de muy bajo presupuesto con una única localización: la casa donde viven un par de ancianitos nada entrañables de repugnante pasado, que se dedican a torturar jovencitos, más por puro odio que por un par de McGuffins que no llevan a ningún sitio (la caja de dinamita) o son, directamente, absurdos (la fórmula en la pizarra). Con un guión más bien poco sutil, bastante tosco (siendo benévolos), Bogliano se las ingenia para que la sucesión de set-pieces funcionen a las mil maravillas, estirando el tempo narrativo hasta tensar los nervios del respetable (las dos secuencias de la nitroglicerina son canela pura), punteados por unos diálogos a ratos brillantes y otras tantas... desconcertantes. Extraña operación ya que SUDOR FRÍO está ribeteada por un sarcasmo que raya en el humor negro (el prota pide ayuda... ¡a sus ochocientos amigos de facebook!), pero sin caer nunca en la parodia. Entretenida y tremendamente efectiva, con el punto justo de gore y tensión, relativamente original dentro de los cánones del (sub)género, un paso más en una nutrida filmografía que ya es habitual en el circuito de festivales especializados. Además, el amigo Bogliano ha logrado colarse en la esperada y muy internacional THE ABC´S OF DEATH, dirigiendo una de sus ¡26! historias.

- Lo mejor: su relativa capacidad para insuflar aires frescos y porteños dentro de un subgénero tan trillado y poco estimulante

- Lo peor: sus ganchos argumentales, grasa dentro de un modesto bistec bien cocinado

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LOBOS DE ARGA/España/2011
Que una peli como LOBOS DE ARGA haya sido ninguneada por medios y público en su precario estreno, tras su cálida acogida en Sitges 2011 y su Premio del Público en Donostia, es una lamentable pero precisa imagen de cómo funciona la exhibición en España, sobre todo para el producto local. La solución a este drama es bien simple: que la gente se entere de que tu película existe. No hablaré del reciente y omnipresente ejemplo de LO IMPOSIBLE, ya que juega en otra liga a nivel de producción, pero sí de un pequeño milagro de taquilla: LAS AVENTURAS DE TADEO JONES, porque ni la dignísima película animada de Enrique Gato ni estos deliciosos licántropos gallegos merecen ser relegados al ostracismo ni a los prejuicios.  La diferencia entre una y otra sólo radica en la promoción:  modélica en el caso de Tadeo, inexistente para los entrañables monstruos peludos. Aunque a partir del año que viene sólo podrán hacer cine en España los diez que nunca han tenido problemas de financiación, y el resto tengamos que parapetarnos en las trincheras y el cine de guerrilla, porque la cultura es vista como algo despreciable desde las instituciones, el cine, como la vida, siempre se abre camino. Al mismo nivel que cualquier comedia de terror que nos pueda llegar, por ejemplo, de Inglaterra o los USA, LOBOS DE ARGA lucha desde su modestia y falta de pretensiones contra la carencia de cine de género en España, que es lo que construye de verdad industria, y por lo tanto fidelidad entre el personal. Cine hecho por y para un público amplio, sobre todo por sus conocidos rostros cómicos, pero capaz de llegar al corazoncito del aficionado a base de buen hacer y jugueteo constante con los elementos clásicos del cine de hombres-lobo: desde la maldición gitana hasta el entorno rural, hábilmente contextualizado en una atávica Galicia que, por cierto, tiene larga tradición en leyendas acerca de la licantropía. La película es ágil, frenética por momentos, apuntalada por el buen hacer del terceto protagonista, y las agradecidas apariciones de los secundarios, en especial el tremendo guardia civil que incorpora Luis Zahera. Gorka Otxoa, tipo simpático donde los haya, no deja de interpretar a una especie de PAGAFANTAS rural, con su perfecto sentido de timing cómico, aunque como era previsible, la película se la lleva de calle un contenido, extraordinario Carlos Areces. Es una pena que la peli resulte tan irregular en su conjunto, alternando secuencias a medio gas con otras realmente tronchantes, pues el guión pedía a gritos un par de vueltas más, lo que diferencia sustancialmente a una película apañada, divertida y perfectamente disfrutable como ésta de algo mucho más memorable. Pero que nadie se eche para atrás: LOBOS DE ARGA es la elección perfecta para una tarde de diversión sin prejuicios, punteada por esos deliciosos retro-efectos especiales lobunos, que a uno le hacen echar una lagrimilla recordando aquellos añejos films de Paul Naschy

- Lo mejor: la descacharrante secuencia que tiene que ver con maldiciónes, canibalismo y los dedos de Tomás

- Lo peor: un guión servido antes de terminarse de cocinar... y un poco más de gore trotón, por favor

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BATTLESHIP / EEUU / 2012
La televisión pública se ha quedado bien a gusto estos días con un demencial despliegue al minuto acerca de las elecciones en los USA (hasta cuatro enviados especiales, oiga), perfecta excusa para enmascarar lo que hiede mucho más cerca, a nuestro alrededor, desde alcaldesas no elegidas que eluden responsabilidades en spas de lujo hasta privatizaciones de hospitales en packs de cinco. Pues no se me ocurre otra cosa que tragarme BATTLESHIP, oiga. El tremendo atracón patriotero de las barras y estrellas amenaza con estomagarme más que una gala benéfica en el TDT Party. No importa, seguro que todos ellos comparten secreciones ante un buen cañón erecto, uno de los muchos que, orgullosos, se levantan enhiestos sobre las cubiertas de los destructores navales que superpueblan este engendro. Suelo hablar de cine mayormente en este rincón, pero aquí el cine ni hace acto de presencia ni se le espera. Completo desperdicio de dólares y tiempo (más de dos horas de boñiga audiovisual), BATTLESHIP es uno de esos productos infames y torticeros que tratan de colar ideología imperial bajo la apariencia de entretenimiento, una aniquilación neuronal infantiloide poblada por efebos díscolos de mandíbula cuadrada y pizpiretas efebas siliconadas donde encontrar un mínimo de inteligencia, ironía o, yo qué se, diversión, es misión imposible. Producto industrial como un bollo plastificado y caducado, parece dirigido por una aplicación de Windows Vista programada por Michael Bay, y donde las citas a Homero y Sun Tzu (lo juro) resultan tan obscenas como si las pronunciase Nacho Vidal entre embestida y embestida. Sí, pornografía de la destrucción y la aniquilación con excusas risibles hasta para un crío de ocho años, oda ultra de lo militar y la confrontación como único sentido a la existencia. Si no eres marine, no eres nada amigo. Ah, la figura de cera de Liam Neeson anda por ahí, impaciente por cobrar el cheque, y el arriba firmante Peter Berg confirma que si alguna vez fue una promesa (aún recuerdo el enajenante pase en la univesidad de la muy macarra VERY BAD THINGS), eso debió ocurrir en un universo paralelo. Ahora, que ya se han atrevido con HUNDIR LA FLOTA, a ver si alguien tiene los santos cojones de adaptar el TRAGABOLAS o el QUIÉN ES QUIÉN. Al menos en las pornos todos disfrutan, incluido el espectador. BATTLESHIT.

- Lo mejor: por un momento, cuando los vejetes veteranos ponen en marcha el acorazado, creí que Leslie Nielsen iba a hacer un cameo disfrazado de teniente coronel para tirarse un pedo... pero no

- Lo peor: en sí misma

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Ha pasado Halloween, apuntalado por la tragedia en Madrid en plena fiesta, descansen en paz esas cuatro criaturas y ardan en el infierno los responsables. También el Día de los Difuntos, la jornada más zombie del año, en el que se implora sin tapujos la resurrección de la carne. Aquí van tres pequeños apuntes de asuntos que están por venir y que dan mucho miedo. Comenzamos por el primer avance oficial del remake de EVIL DEAD, proyecto por el que no tenía ningún interés... hasta que he visto el trailer. Parece que han dejado de lado los apuntes irónicos de la obra maestra de Sam Raimi. Parece que pretenden aterrorizar de verdad al respetable. Y parece que la hemoglobina se va a desparramar con alegría. Ya veremos... Os dejo una curiosa comparativa del trailer original y el remake, a estrenar en primavera de 2013.





Miedo me da el trailer del inminente estreno de DRACULA 3D de Darío Argento, último intento por reverdecer laureles que, visto lo visto más bien parece un europastiche en relieve que ya nace caduco. En otros tiempos, Argento, además de psicotrónico, también era un maestro del cine... 



Y por último, lo que más miedo produce: que George Lucas haya vendido Lucasfilm a Disney, no por la saga galáctica en sí, que a estas alturas, francamente, me la trae al pairo (ya se anuncia nueva entrega para el 2015, y el fandom lubrica por las cuatros esquinas de la red), sino por la inquietante concentración de poder de la marca: Pixar, Marvel y ahora Lucasfilm, jugada maestra para una megacorporación que hace poco más de cinco años todo el mundo daba por muerta...


A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING/Inglaterra/2012
Atención a esta. Comedia netamente inglesa, presentada en Sitges 2012 (sin pena ni gloria), la propuesta más estrambótica y psicotrónica de la temporada. Nacida desde ya como obra de culto, y si no tiempo al tiempo, A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING (¡fantástico título!), ópera prima de sus desconocidos artífices, juega a la transmutación genérica de todos esos ingredientes que los golfos tanto apreciamos, sustentada como un auténtico one-man-show de su absoluta estrella: Simon Pegg. Veamos: un escritor de cuantos infantiles trata de alejarse de su encasillamiento con un ensayo sobre asesinos en serie. El problema es que el patético individuo vive encerrado en su mugriento apartamento con evidentes síntomas de "sindrome de Diógenes", en un constante estado de paranoia, convencido de que le quieren asesinar. Carne de diván, poco a poco descubrirá que toda su angustia existencial proviene de un trauma infantil relacionado con... una lavandería. Tendrá que encarar sus miedos atávicos, que van desde el pánico atroz a salir a la calle hasta enfrentarse a un serial killer real, armado con un cuchillo de cocina pegado a la mano y unos calzoncillos sucios. Dividida en tres actos bien diferenciados en estilo visual y tono, lo que puede ser su verdadero talón de Aquiles para algunos,  la cosa empieza como una abigarrada historia que bebe tanto del gótico paranoico victoriano de Poe (me recordó a ratos a una especie de versión urbanita-delirante de EL CUERVO, sin cuervo), como de los más barrocos delirios visuales terrygillianescos y, por extensión, ligeramente montyphytoniana. Kamikaze arranque que puede desorientar, pero que asienta con efectividad el trasfondo psicoanalítico de la historia en su conjunto, auténtico tour de force que continúa con el magnífico segmento en la lavandería, puntuado por una tronchante secuencia de transición en la que Jack/Pegg consigue reunir fuerzas vitales escuchando gansta-rap. Y partir de aquí, a pesar del radical cambio de escenario (o por ello) la película despega y nos regala unos veinte minutos realmente asombrosos, de lo más original y descojonante que he visto este año. Finalmente, ya vencido, rendido a la palícula, la función concluye con un tercer acto que, seguramente, sea el más "rutinario", teniendo en cuenta que es una larga secuencia cuasi teatral en el que vienen a juntarse nuestro pobre diablo, la chica, el psychokiller al fin (amante del hair metal ochentero), y un par de erizos animados en stop-motion. Amigos, ha quedado claro: es para amar u odiar, pero hay que verla. O algo así como lo que podría haber sido en los setenta una comedia dirigida por Mel Brooks y protagonizada por un Gene Wilder hasta el culo de ácido. Queremos más como esta.

- Lo mejor: el brillante, impagable set-piece central, o como el cotidiano acto de poner una lavadora se convierte en una angustiosa pesadilla

- Lo peor:  sus arranques de genio y delirio son intermitentes, por otra parte algo normal en una ópera prima

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DOOMSDAY BOOK/Corea del Sur/2012
Aprovechando su paso por la sección oficial de Sitges 2012, Asia regresa a Sesión Golfa. Ya iba siendo hora, porque prácticamente uno puede taparse los ojos, elegir una película surcoreana al azar y disfrutar, como mínimo, de una factura técnica sobresaliente y, seguramente, de una película notable. DOOMSDAY BOOK sigue el repunte actual de esas añejas películas de historias con un curioso terceto de mediometrajes que, en esta ocasión, tan solo tienen una leve premisa argumental común: el fin del mundo (más o menos). Dos directores para tres propuestas muy distintas entre sí (la última la dirigen a cuatro manos). La función arranca con BRAVE NEW WORLD, del amigo Kim Ji-woon (I SAW THE DEVIL y la absoluta maravilla de DOS HERMANAS, entre otras), una especie de sátira apocalíptica a vueltas con una plaga zombie y una extraña reinvención del mito de Adan y Eva, manzana putrefacta mediante. Con ese tono tan raro y tan coreano, que puede pasar del la comedia bufa al dramón en una misma secuencia, la peliculita de Ji-woon consigue salvar la papeleta precisamente por los elementos más sarcásticos (atención a los informativos y tele-tiendas), aunque los ingredientes del guiso no acaban de acoplarse demasiado bien (crítica social, reflexión sobre los alimentos que consumimos, parábola sobre el reciclaje...). Ideal para vegetarianos. Con THE HEAVENLY CREATURE la cosa se pone seria. El menos conocido Yim Pil-sung (HANSEL & GRETEL) filma una hermosísima y reflexiva historia que gira en torno a la posible reencarnación de Buda en un cyborg que vive en un templo rodeado de un grupo de monjes y monjas, que le consideran su maestro. Por supuesto, la megacorporación dueña del robot opina que su máquina está defectuosa y deben destruirla. De tono pausado y transfondo existencial, su primorosa puesta en escena  funciona como un bálsamo para el espíritu, un precioso cuento que bebe tanto de las famosas novelas robóticas de Asimov como de los complejos animes cyberpunk de Mamoru Oshii (GHOST IN THE SHELL, AVALON etc). Quizás su serio tono discursivo sea el único escollo para disfrutar por completo de esta delicada y preciosa miniatura. La última es HAPPY BIRTHDAY, sin duda la más loca y delirante de las tres, digna de aparecer en cualquier libro de Douglas Adams. La cosa va de (y si te quieres sorprender, deja de leer ahora mismo) un armageddon planetario provocado por un objeto que impacta contra la Tierra, que resulta ser una gigantesca bola 8 de billar (tal cual) que una niña compró en una página web alienígena, que por paradojas de la relatividad y los agujeros de gusano ha provocado la destrucción del planeta... ¿o no? Tierna a la vez que demencial, si uno es capaz de tragarse la premisa sin rechistar (¡yo lo hice!), es la más arriesgada del terceto y, por lo tanto, puede ser la más indigesta. No obstante, comparte con la primera su cachondeo generalizado y esa visión esperpéntica de los mass media (atención al tronchante último informativo de la historia). Impactante plano final, por cierto. Así pues, DOOMSDAY BOOK resulta más una estimulante curiosidad que una película para los anales, algo lastrada por cierta arritmia y lo poco conjuntada de sus tres historias. Pero ya sabéis: es coreana...

- Lo mejor: su variedad de registros, tonos y sensaciones

- Lo peor: su excesiva variedad de registros, tonos y sensaciones


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LAST DAYS HERE/EEUU/2011
En breve seguiré con el particular repaso a Sitges 2012 (aún hay tela que cortar), pero antes debo hacer un receso fantastiquero para entrar en LAST DAYS HERE, el último rockumentary con el que me he topado, ese subgénero documental que se desvía hacia todas las mutaciones del rock más durete, pletórico en los últimos tiempos. Dejando de lado el punk, que tiene un par de obras de cabecera, ANVIL resulta, seguramente, la gran obra maestra del género, apasionante; LEMMY un documento encantador sobre el tipo más auténtico del universo; además hay brillantes estudios transversales como la dupla METAL: A HEADBANGER´S JOURNEY / GLOBAL METAL o GET THRASHED, por no hablar de irregulares análisis del black metal (el incompleto pero interesante UNTIL THE LIGHT TAKE US o el absolutamente amarillista SATAN RIDES THE MEDIA) o el revelador y muy célebre METALLICA: SOME KIND OF MONSTERS. Si tras toda esta caterva de personajes y sonidos furiosos ya nos hemos dado cuenta de que la mítica y tronchante SPINAL TAP se quedaba más bien corta, esperad a ver LAST DAYS HERE. Una película es genial cuando el qué y el cómo entran en simbiosis, en perfecta comunión. Un documentalista (que también es un cineasta, amigos) es genial cuando sabe sacarle lo máximo a una buena historia. Y, por diox, que la historia de LAST DAYS HERE es la bomba. Los que hemos deglutido con ansia viva todo ese proto-metal setentero ya conocíamos a PENTAGRAM (potentorros y carismáticos, pero eternos segundones) y a su líder espiritual, Bobby Liebling, figura central del documental. En especial tras la "resurrección" que Relapse Records hizo en 2001 de sus demos, la fenomenal recopilación FIRST DAZE HERE-THE VINTAGE COLLECTION. Sabíamos de su errática carrera y sus problemas adictivos, apenas nada en comparación con lo que narra este monumento.

El triunfo y la gloria deslumbra, pero rara vez emociona. La plenitud y la felicidad apestan, amigos. Y la historia vital de Liebling es tan extrema, tan exagerada, tan dura y desoladora que parece ficción. Parece escrita por un guionista cenizo tratando de rizar el rizo con cada nueva secuencia. Bigger than life, que dicen los yanquis. Ver cómo Bobby se ha convertido en un zombie adicto al crack que con cincuenta y pico años vive aislado en el sótano de sus padres, coqueteando cada día con la muerte, y que se cree víctima de una infección parasitaria de origen desconocido, no es un espectáculo ni agradable ni divertido ni ligerito para pasar la tarde. Pero ese es sólo el terrible punto de partida. Por extraño que parezca a priori, por mucho que la muerte siempre esté rondando, LAST DAYS HERE es un sincero y desgarrador retrato de vida pura. Tal cual. De amistad incondicional, de oportunidades perdidas, de amores truncados y reencontrados: del amor de los seres más cercanos, del amor por el rock y la energía sobrenatural que lleva implícito, de la búsqueda de un amor plenamente romántico, y de ese impulso vital tan difuso que hace que Bobby logre vivir otro día más. Rodeado de pentagramas satánicos (of course) y visiones apocalípticas, Bobby, junto con Argott y Fenton, dibujan un retrato humano de una autenticidad y una fragilidad estremecedora. Una historia tan apasionante y sincera, con tantos "giros de guión" y sorpresas (aquí lo improbable sucede), incluso con un emocionante climax final musical que hace de LAST DAYS HERE una de las experiencias cinematográficas más intensas de la temporada, una dura película llena de empatía y afecto y, como he leído por ahí, un sabio ensayo sobre la mala suerte, sobre el contubernio cósmico y el sabotaje personal. Una maravilla que, curiosamente, no te deja el cuerpo destrozado, sino que termina con una gratificante (y algo surrealista) imagen que hace que llegues al final del camino con una sonrisa. La vida se abre camino. Imprescindible.

- Lo mejor: el emocionante tratamiento cinematográfico del documental, con su desarrollo, nudo y desenlace, que potencia al máximo la ya de por sí potente historia que se narra

- Lo peor: se echa en falta un análisis más profundo de la escena musical de los setenta, para entender mejor el papel que jugaron Pentagram por entonces


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Bobby, vivito y coleando, en 2011...

Pequeño paréntesis de Sitges. Como ya ha empezado el éxodo de los mejores cineastas surcoreanos en los USA, un pequeño avance de algo de lo que se nos avecina. Park Chan-wook con la muy psicológica STOKER y Kim Ji-woon con Swarzenegger (!!) de regreso en el desparramo de THE LAST STAND.

LOVELLY MOLLY/EEUU/2012
Por mucho que le pese, al cubano afincado en los USA Eduardo Sánchez siempre se le recordará por ser coautor de aquel ya lejano pelotazo titulado EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR, película que puso de moda en medio mundo esa agotada plaga (ver V/H/S) que se ha dado en llamar found footage. El bueno de Sánchez, tras vivir una temporada de las rentas y explotar el filón de la bruja tanto en su lamentable secuela (en tareas de producción) como en una poco vista serie de televisión, no tardó demasiado en retomar su carrera, ya en solitario, con un curioso par de películas que no abandonaban del todo el estilo granuloso, apresurado y de falsa apariencia amateur del film que le hizo famosete por un tiempo. Tanto ALTERED como la exótica y moderadamente aterradora SEVENTH MOON, rodada en China, explotaban este filón de la cámara hiperactiva y aires documentales, pero es en LOVELLY MOLLY donde de nuevo a tirado de grabaciones de cámara doméstica, al menos en parte. Tan minimalista como las anteriores, por esta vez el cubano deja los elementos sobrenaturales a un lado y se toma un valium para contar el descenso a los infiernos de la esquizofrenia de la encantadora Molly, una chavala que sufre en sus prietas carnes el ominoso acoso (sexual y del otro) de una entidad que proviene de su atormentado pasado y que nunca sabremos hasta qué punto es real. Sucia, atmosférica, de hechuras indies, ritmo pausado y paulatinamente agobiante, más propia de un terror psicológico vertiente REPULSIÓN o LA SEMILLA DEL DIABLO, (qué casualidad, de Polanski) que del burdo muestrario de sustos al uso, la cosa se enriquece lo justo con los insertos de video-diario que la pobre criatura va grabando durante su pesadilla, una Molly a la que la debutante Gretchen Lodge se abandona en cuerpo y alma y que supone la mejor arma de la película. Sin ser memorable, LOVELLY MOLLY cumple su objetivo y funciona como buena muestra de que cuando hay algo que contar e ideas claras el formato es lo de menos (vaya, justo lo contrario de V/H/S). Eduardo Sánchez es uno de esos tipos que, sin estar en la primera división del género, sigue labrando una filmografía interesante y personal paso a paso sin estridencias. Seguro que lo mejor está por llegar.

- Lo mejor: ese plano de resonancias mitológicas en el que Molly se entrega a la oscuridad en pelota picada... y lo que surge de allí y la abraza...

- Lo peor: la sensación de estar esperando algo con mucha paciencia y que nunca llega

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V/H/S / EEUU / 2012
Esto de la moda del found footage (metraje encontrado) se está desmadrando. Si bien ya ha tocado (casi) todos los géneros posibles, de la aventura a la ciencia-ficción, pasando por el thriller e incluso el cine bélico, parece que el terror es la parcela en la que este discutible estilo se encuentra más cómodo y tiene mejor respuesta entre un público, digamoslo claro, cada vez menos exigente. Si tras el exitazo de la apañada y poco más PARANORMAL ACTIVITY y todas sus aburridas secuelas el tema de las cintas de video con bicho dentro se ha desparramado como la peste, V/H/S supone la prueba palmaria de que la cosa está ya muy agotada. Estrenada este año en Sitges, con la cansina campaña promocional amarillista a toda mecha (que si en Sundance el personal se desmayaba, que si una ambulancia en la puerta, bla, bla, bla), vista y deglutida, no acabo de entender como una película tan sosa, mediocre y falta de incentivos puede llegar a ser un hype mundial. Siguiendo el gancho en los créditos de mi amado-odiado Ti West, V/H/S trata de arrancar con un formato relativamente original en el estilo: una película de episodios. Como en cualquier film con esta estructura, la calidad del conjunto depende mucho de las partes, y aquí la han pifiado casi por completo. De sus 5 historias (6 si contamos la no-historia principal que funciona como cutre-masilla del resto), apenas una, la última (10/31/98), consigue levantar el vuelo de una película cansina, aburrida, insustancial, más bien poco inquietante, con una alarmante falta de ritmo e ideas ingeniosas y, además, larga, muy larga. No creo que merezca la pena analizar en profundidad una por una las historias, pues todas ellas buscan la autocomplaciencia del aficionado (parece que sólo con el baile de San Vito de la cámara y sus texturas amateurs uno ya tiene la obligación de acojonarse y aplaudir la propuesta: pues no), dando muy pocas alegrías o sorpresas y más bien mucho bostezo y miradas furtivas al reloj, transitando por lugares comunes y refritos de clichés sin nada nuevo que aportar. Obviando la estupidez supina de la historia "principal", TAPE 56, que no hay por dónde cogerla, la cosa arranca de forma sólo resultona con AMATEUR NIGHT, con un par de ideas e imágenes de impacto. Después llega SECOND HONEYMOON, la de Ti West, que fiel a su estilo se dedica a filmar la nada durante 20 minutos hasta llegar, como es marca de fábrica, a un final torpe y apresurado. Prescindible. TUESDAY THE 17TH es una tontería sin el mayor interés que ser una especie de slasher campestre al uso que homenajea la saga de Jason. Muy mala. Con THE SICK THING THAT HAPPENED TO EMILY WHEN SHE WAS YOUNGER la cosa se anima ligeramente: el formato cambia a las grabaciones de un videochat, y la historia, con un final incomprensible, es bastante marciana y tiene un par de momentos de susto que funcionan. Si uno consigue llegar a estas alturas del metraje, aleluya, la cosa remonta con la última historia, 10/31/98, la mejor de todas, aunque sólo sea porque es la única entretenida, divertida y loca, y porque tiene algunas ideas visuales de enjundia. Repito, absurdo hype mayormente prescindible. Y además, muy feo. Bah...

- Lo mejor: dos historias pasables de seis, poca cosa

- Lo peor: lo aburrida, larga y falta de ideas que acaba siendo... y que aun así algunos por ahí la pongan por las nubes... me estoy haciendo viejo

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CHAINED / EEUU / 2012
Como todos los años, recién clausurado el Festival de Sitges, vamos a hacer un somero repaso a lo más granado que por allí se ha visto y oído. A nuestro ritmo. Y comenzamos con CHAINED, la esperada película de Jennifer Lynch, la revoltosa hija del demiurgo David Lynch, que pasito a pasito se está labrando una curiosa carrera que, como mínimo, uno tiene que tildar de interesante. Con un primer paso en falso tremebundo como fue BOXING HELENA, un vergonzante bodrio que partía de una suculenta idea pero que se internaba en los abismos del ridículo desde el minuto uno, quince años tardo Jennifer, nada menos, en estrenar la juguetona, estupenda SURVEILLANCE, triunfadora en Sitges 2008. Después llegó HISSS, una marcianada bollywoodiense que aún tengo en mis cuentas pendientes. Finalmente y sin mucho estruendo, la pequeña Lynch regresa al festival que más la aprecia con su cuarta obra: una de psicópata/s. La figura del tarado asesino generosamente traumado, aislado del mundanal ruido, nativo de un entorno tipo "sótano llenomierda", sufridor y sádico a un tiempo, ha sido tan omnipresente en las dos últimas décadas que a uno ya se le hartazga el gaznate cada vez que alguien vuelve a proponer, otra vez, al psychokiller obeso y sus derivas masacrantes. Afortunadamente para todos, la perversa Jennifer maneja con soltura un par de ases en la manga: por un lado, aquí la policía / FBI / pariente vengativo, y la obligatoria investigación, brilla por su ausencia. Por lo tanto, se aleja del slasher al uso. Al fin. Gracias. Durante un ochenta por ciento del metraje Jennifer encierra a sus dos criaturas (y a nosotros con ellas) entre las cuatro paredes de esa casa, configurando una especie de crónica diaria y costumbrista del psicópata y, aquí viene el segundo as, también de su esclavo-pupilo. Ya se nos ha contado del derecho y del revés que todo asesino psicopático tiene un pasado del que provienen sus manías destructivas: CHAINED no es una excepción, pero plantea además un retorcido giro al asunto, un trasunto de "educación para la anti-ciudadanía" que acaba esputándonos a la cara que, efectivamente, el mal también se enseña, se imparte, y por tanto, se aprende. Tremendamente misógina en superficie gracias a los repugnantes discursos de Bob (bravo Jennifer por tu osadía y riesgo: te van a caer palos por todas partes), partiendo de un extrañamente extraño guión, mrs. Lynch, que sabe que tiene un armazón sólido con el el construir, atempera sus armas visuales y, de nuevo, demuestra al respetable que aquí hay cineasta para rato. Contenida en todos sus apartados y sin alardes por la cara, sin necesidad de plasmar marca de estilo porque sí (aunque podemos atisbar algún detallito heredado de papá), nuestra directora favorita echa mano de texturas ocres, interiores desolados, una calculada y hermosa puesta en escena, un sentido del ritmo prodigioso que sabe aunar flashbacks, narraciones paralelas y elipsis con tremenda elegancia, y una dirección de actores precisa como un bisturí, para absorber nuestras neuronas hasta ese seco y nihilista final, supongo que lo más discutible de la cinta. Ah, y Vicent D´Onofrio, mejor actor en la edición de este año, por supuesto. Cualquier otra cosa hubiese sido un escándalo.

- Lo mejor: la confirmación de que Jennifer Lynch ya ha roto el cordón umbilical, de que es una tía tan raruna como valiente, y de que nos va dar muchas alegrías en el futuro

- Lo peor: que CHAINED pase desapercibida entre la maraña psicopática habitual

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Por diox, ¡qué ganas de ver esto ya! Que desde la repelotuda HALLOWEEN 2, seguimos en dique seco. 
Se estrena en el próximo festival de Toronto.
A falta de trailer oficial, unas pocas imágenes...